Autor: alejandrofrango.com

  • EL MEJOR DE LOS MUNDOS POSIBLES (Segunda Parte)

    Vayamos ahora tan sólo un poco más atrás. Al Siglo XIII y hablemos de dos caminantes; uno de ellos es un místico alemán, Meister Eckhardt de Hochem nacido en 1260, por supuesto en el Sacro Imperio Romano Germánico. Monje dominico, teólogo, filósofo, filólogo, autor de “Tratados y Sermones”, “Opus Tripartium”, “Cuestiones Parisienses”, “El Fruto de la Nada”.

    Las que siguen son algunas ideas que aprendí al leerlo:

    “La naturaleza nunca destruye nada, a menos que dé algo mejor”

    “Un hombre rico es el que nada quiere, nada sabe y nada tiene”

    “Quien quiera ver a Dios, que sea ciego”.

    En la introducción a sus “Tratados y Sermones”, Vol.1 de la Editorial Watkins, Londres 1979, con firma de M.O.C. Welshe se nos informa: “Debe haber pasado también una enorme cantidad de tiempo, en los caminos. Viajando a pie como era la costumbre en su orden, de un lugar a otro; a Colonia, a París, a Estrasburgo, de Suiza a través de Alemania del norte, Holanda, Bohemia y finalmente cuando se aproximaba a los 70 años de edad hacia Avignon enfrentando todos los peligros e incomodidades de semejantes viajes a través de montañas y bosques llenos de ladrones del camino. La vida no era fácil ni confortable, ni segura en semejantes jornadas que el acometía cada tanto”.

    El otro caminante, también del Siglo XIII no es ni rey, ni monje, ni poeta, ni filósofo; es alguien de la Sociedad Anónima, digamos que su nombre es Pierre. Supongamos que son las 4 de la mañana a comienzos del otoño en algún poblado de Francia, digamos a unos 200 kilómetros de París. Pierre y tres de sus diez hijos, los mayores de 12, 11 y 10 años se levantan, beben del caldero ennegrecido que cuelga de la cchimenea, un resto de lo que ha quedado de la noche anterior: un guiso de legumbres, hojas de acedera y huesos de cordero. Pierre corta una hogaza de pan, otras tres para sus hijos. Ese pan, untado con el caldo será su almuerzo, su sopa del día. Regresarán después de una jornada de trabajo de 14 horas a comer de la misma olla el mismo caldo y dejar nuevamente embarazada a su mujer.

    Un tiempo después, Pierre ha cargado su carro con leña, ha tomado la decisión de viajar a París, sabe que le llevará dos semanas llegar a la capital. Sabe que los caminos están infestados de asaltantes. A los pocos días de marcha ha contraído la gripe. Siente la fatiga. Sabe que a los 38 años ya no es joven. Sus pies deformados por los toscos botines que calza, aumentan sus dolores. Le quedan tres dientes, su columna vertebral está encorvada. Un ojo le llora constantemente, producto de una esquirla en la fragua del herrero. Su cuerpo huele,tiene mal aliento, pequeños restos de materia fecal seca bordean su ano; sus axilas atraen moscas.

    Sabe que a su regreso es probable que alguno de sus hijos haya muerto de hambre.

    Por el olor fétido que le llega del valle, sabe que está cerca de París. Al caer la tarde ya está frente a Notre Dame, todavía en andamios. Lo asustan las imágenes de demonios, de gárgolas que parecen haber sido construídas ex profeso para él, se sabe pecador, se sabe condenado al fuego eterno. El Tribunal del Santo Oficio es implacable, hay soplones por todo el reino.

    Alrededor de la Catedral una numerosa caterva de mendigos, lisiados, ciegos, rameras y borrachos plenos de pulgas y garrapatas, con úlceras sangrantes se apretujan para darse calor. Varios perros ladran anunciando su llegada no esperada por nadie.

    Pasa el carruaje de algún cardenal y sus queridas, lo escoltan varios caballos entorchados, montados por jinetes de uniforme. Después de un rato de dar vueltas, lo vence el cansancio y se duerme sobre los leños cuya aspereza amortigua con mantas tejidas y pieles de oso. Tal vez sueñe con hogueras donde arde un sentenciado o con un ahorcado por quien clama inútilmente su familia o con el recuerdo de los lobos devorando un cadáver.

    Un Dios omnipresente y vigilante acecha en cada esquina.

    Al amanecer escucha un murmullo que va en aumento, se oyen carruajes, gritos, mujidos, ladridos. Le cuesta darse cuenta dónde está. La piedra rojiza de la iglesia y unas nubes negras que se mueven con una rapidez inusual, le recuerdan que está en Paris, donde se toman decisiones, se tejen intrigas, se acumula oro y se asesina por una pieza de charcutería. Se levanta dolorido a orinar detrás de un árbol, ve que unos chiquillos corren con dos leños que le han robado, los persigue, los han dejado caer, la fatiga en el pecho le provoca dolor. Se siente gordo y viejo, 38 es una edad crítica. De alguna misteriosa manera, sabe que éste será su último viaje.

    Después de varias horas de andar ha conseguido, al fin, vender la leña. Ha entrado en una taberna. Bebe vino rústico y dulzón, come pan y carne hervida. En el mercado se surte de algunos productos: un gallo, unas piezas de didanderie, una maza; ya tendrá tiempo de comprar quesos por el camino de regreso.

    Sin embargo, la muerte lo encontrará a los pocos días. La fiebre es alta, ha vomitado sangre. Agonizante verá como se llevan su caballo, luego de haberle vaciado el carro. Un curita joven se apiada de él, le da agua y los santos óleos y hará que lo entierren en una zanja en un descampado.

    A los pocos meses mujer e hijos se habrán olvidado de él.

    Con el tiempo se olvidarán de tí, lector. También de mi, después de lo que contaré de mi encuentro con Funes, en el muelle de Pacheco.

  • EL MEJOR DE LOS MUNDOS POSIBLES (Primera Parte)

    Estamos en el siglo XVII en la fría Alemania.

    Hay un hombre que es matemático, filósofo, teólogo, científico, bibliotecario, profesor; es un hombre con dudas y que según Diderot, es el hombre que más ha leído. Es el hombre que polemiza con Isaac Newton por la paternidad del cálculo infinitesimal. Es el hombre que ha sentado los cimientos del sistema binario, que es la base del edificio que hoy llamamos virtualidad.

    Es un habitante de esos dos mundos que se debaten entre la afirmación de una verdad, en tanto ella sea resultado de la experimentación y el dogma religioso de la fe. Es, y lo padece, un hombre de razón, pero de fe luterana. Es un hombre, como todos los de ese siglo, que aún le teme al poder de la iglesia; es un hombre que comparte el horizonte cultural en el que surge la modernidad, post Reforma y Contrarreforma; es un primus inter pares de Francis Bacon (1561 – 1626), Galileo Galilei (1564 – 1642), Johannes Kepler (1571 – 1630), William Harvey (1573 – 1657), Thomas Hobbes (1588 – 1679), René Descartes (1596 – 1650), Blas Pascal (1623 -1662), Baruch Spinoza (1632 – 1677), John Locke (1632 – 1704), Robert Boyle (1627 – 1691), Christian Huygens (1629 – 1695), Isaac Newton (1643 – 1727), “el siglo del genio”, como lo denominara Alfred North Whitehead, el glorioso siglo XVII; que tal vez haya sido la época que le dio al ser humano la conciencia de su mayoría de edad y la experiencia del vértigo que tal conciencia produce. El razonamiento, la experimentación, el análisis de los espasmos políticos, la economía, el sistema solar, la medicina, el alma, la teología, la religión serán redefinidos y de cuyo resultado surgirá una concepción del mundo y del universo que tendrá en la literatura y el teatro las sublimes palabras de Miguel de Cervantes Saavedra (1547 – 1616) de Alcalá de Henares y de William Shakespeare (1564 – 1616) de Stratford upon Avon. Me refiero a Gotfried Leibniz (1646 – 1719), nacido en el Sacro Imperio Romano Germánico, quien en su “Teodicea” , expresa que “vivimos en el mejor de los mundos posibles”. La razón para tal aseveracioón, es que dadas una cantidad infinita de mundos posibles, Dios escogió este que tenemos, por lo tanto ha de ser el mejor.

    No vivo por azarosas circunstancias del destino en el desafiante siglo XVII, ni en la fría Alemania, sino en la pasional, subtropical y reiterativa (calesita) Argentina y creo efectivamente en lo sostenido por Leibniz, pero no en sus fundamentos. Mi creencia no se sustenta en la elección divina simplemente porque me resulta demencial pensar en un concepto de caracter universal y además con el atributo de la omnipresencia, pero si además le atribuyen la posibilidad de elección, estaríamos frente a una flagrante contradicción, sólo comprensible y hasta cierto punto justificable, por el temor a lo que la vengativa y celosa Iglesia de Roma pudiera ocasionarle al hombre Leibniz. Dios (en esa concepción de lo divino) no opta, no baraja alternativas, su condición de creador “ex nihilo”, hace que todo fluya como si fuera un río; el primero, el único, la suprema fuente de toda razón y justicia. Ese torrente no opta por donde fluir, tan sólo fluye y al hacerlo, va creando el lecho. El curso. El caudal, los accidentes, las orillas, la flora, la fauna; todo lo que hay. Ese derrame, esa brutal eyaculación, es Dios. Es como si el río al que vengo a diario tuviera opciones; no las tiene, tan sólo fluye. Luego ocurre la historia, donde sí, lo único que hacemos los humanos es optar, ya que no creamos de la nada, no nos cabe no elegir, no gozamos de ese privilegio, no poseemos la condición divina de no tener que pensar, el privilegio divino de la irresponsabilidad. Fluimos por lechos dados, en los que muchos se dejan llevar por las aguas, otros, flotan indiferentes y los más osados nadan contra corriente como los salmónidos y ante el peligro del oso hambriento que acecha, algunos retroceden: Leibniz, Galileo, Kant. Otros avanzan y son masacrados: Bruno, Hus, entre nosotros Tupac Amaru o son perseguidos: Spinoza, Meisler.

    Algunos llegan a una isla paradisíaca y gozan. Hedonistas in extremis se zambullen en los que les tocó en suerte, sin culpa alguna. Son pródigos con los iguales, celosos custodios de su privacidad, de sus fiestas, de su culinaria, mecenas de artistas y científicos. Son conscientes de que pudieron haber tenido otra suerte, pudieron haber sido mosquitos, les tocó ser leones: pues a rugir.

    También están los hipócritas:llegan a la isla paradisíaca; es más hicieron lo imposible para llegar; participan de los privilegios con plena conciencia, pero sienten culpa; observan la miseria que los rodea. Saben que pudieron haber sido mosquitos, buscaron y consiguieron ser leones, pero en vez de rugir se “solidarizan” con los mosquitos. No rugen, no pican; peor aún rugen a escondidas, simulan picar. En Argentina son nacionales y populares: cambiaron la confesión por el psicoanálisis; tienen casas en Miami o José Ignacio y depósitos en Merryl Lynch, son los que declaman que “peronistas somos todos”. Hay versión francesa, “la gauche caviar”, versión británica “champagne socialist” y versión estadounidense “limousine liberals”. Ni en eso son originales.

    A cada instante optamos.

    He optado por el liberalismo, por ser un solitario, por viajar como forma de vida, por no formar una familia, (he querido ser Wakefield). El día que me sienta una carga, pues habrá llegado el momento de dejarme caer del trineo como el esquimal viejo. Esa es mi responsabilidad ante mi opción por el liberalismo. Detesto todo lo que sea control de pensamiento, palabra y obra. El estado es un mal necesario y pretendo que sea el mínimo tolerable en función de la convivencia.

    Ya escucho el griterio de los partidarios de optar por la pobreza, por la compasión, por los desplazados de un sistema sin corazón, encarnado en el Vaticano (populismo de sotana) y sucursales en todos los regímenes autocráticos de derecha (fascismos variopintos), o de izquierda (caudillismos latinoamericanos): populismo de látigo y billetera donde el líder nos llevará hacia la liberación.

    Escucho un enardecido abucheo, y ¿entonces cuál es la solución? ¿Donald Trump?. ¿el disciplinado capitalismo de estado de China?, ¿el zarismo sin corona de Putin?

    Bob Marley cantaba “Total destruction, the only solution”, y tenía razón, lo cual no es ninguna solución. No la hay. Sostener que vivimos en el mejor de los mundos posibles, es sobre todo una actitud ante la vida, donde prima lo erótico por sobre lo tanático. En una segunda instancia implica aceptar nuestras limitaciones. Somos tan sólo un mamífero bípedo cuya racionalidad está mezclada con prejuicios, esperanzas, fantasías, que muchas veces rayan la superstición, el delirio, cuando no la locura al imponer una supuesta e incomprobable trascendencia al final del tiempo vital. El promedio de vida humana hoy, es de 71 años y 4 meses, con pico de mayor expectativa en Andorra: 83 años y 5 meses y de menor en Zambia: 37 años y 5 meses. El record de longevidad lo tuvo en Francia una dama llamada Jeanne Calment que falleció en 1997 a los 122 años. Ese es el tiempo con el que contamos; por ahora no hay más.

    Si aceptamos esta realidad, veamos algunos ejemplos muy simples para fundamentar el mejor mundo posible en el que vivimos con respecto al pasadso. El evidente progreso material se debió al erotismo individual por sobre las estructuras de poder. Aquí van algunos ejemplos del orden personal y otros de caracter social: Entre los años 1953 – 1958, mi padre al volante de un Chrysler 1938, negro, inmenso, de cuatro puertas, manejaba los 404 kilómetros entre La Lucila y Mar del Plata en 8 horas. En Samborombón, ya habíamos preguntado varias veces ¿cuánto falta?

    En 1957, mis tíos partieron de Ezeiza a New York. El avión a hélices hacía escalas en Montevideo, San Pablo, Río, Caracas, Panamá y Miami: el vuelo duraba 28 horas y a los 15 días volvieron.

    En la década del 30, mi abuelo materno era un exitoso empresario hotelero marplatense que tenía una casa aquí en la capital, en Palermo. El abuelo despedía a mi abuela y a sus cuatro hijos que venían en tren a Buenos Aires, mientras tanto él, con el chofer, dos perros, varias escopetas, víveres, tambores de nafta, cargaba el Overland y abriendo tranqueras por un camino de tierra, se demoraba entre 8 y 10 días en reencontrarse con su familia. Además de gozar del viaje y de la cacería, sospecho que era una manera de soportar su matrimonio.

    Dejemos lo personal, veamos algunos ejemplos históricos: Es Viena, es 1770. María Antonieta Juana Josefa de Habsburgo Lorena, Archiduquesa de Austria, futura reina consorte de Francia, por su casamiento con el delfín, luego Luis XVI, es la hija número 15 y anteúltima de Francisco I del Sacro Imperio Romano Germánico y Gran Duque de Toscana y de María Teresa I, Archiduquesa de Austria, Reina de Hungría y Reina de Bohemia. María Teresa tiene 14 años, parte en carroza real con oropeles de oro, terciopelo y laca, asentados en toscos elásticos desde Viena a París a casarse con el futuro Rey francés. Son 1235 kilómetros, a razón de 50 kilómetros diarios, le debe haber llevado entre 25 y 30 días llegar a destino. Me inquieta saber cuántas veces habrá preguntado “¿cuánto falta?” y no para llegar al mar, sino a su matrimonio arreglado con un chico de 14 años que resultó impotente y que provocó que en 1793, a los 37 años, la guillotina cercenara su noble y peinada cabeza de su blanco y bien vestido torso.

    Retrocedamos unos años y crucemos el Canal de la Mancha. Estamos en la corte de Isabel I, de la que es activo “entreteneur”, un tal William Shakespeare que escribió toda su enormísima obra con pluma de ganso, embebida en tintas pringosas, en hojas de aún peor calidad, sin electricidad ni calefacción. Yo escribo mis bitácoras en estupendas hojas donde la Mont Blanc se desliza como el esquí en Saint Moritz y cuando tecleo, lo hago en una computadora de última generación. En el húmedo verano sanisidrense, en una pequeña pero acogedora casa de 70 metros cuadrados y 113 años de antigüedad, cerca del río que amo, rodeado de bellos libros, con aire acondicionado y en invierno, abrigado por calefacción a gas y chisporroteante chimenea alimentada con quebracho colorado de Santiago del Estero, buenos vinos, comida sana, y en el mejor de los casos, de poder las letras de mis bitácoras, llegar a libro, éste no podría ser más que una nota a pie de página del peor soneto (si es que lo hubiere) de ese tal William Shakespeare, quien dejó el planeta en 1616 y por lo tanto jamás cobró derechos de autor por el universo que creó ya que la primera ley de Copyright se sancionó en 1702, en la tierra que lo vio nacer. Ese mismo reino en 1603 era una potencia de segundo orden; se comía mal y no todos los días, la ropa era de cuero y los zuecos de madera; como así también los platos. Los utensilios, sólo cuchillo y cuchara, la mano era el tenedor y olvídense de la servilleta. La mayoría era analfabeta; hombres y mujeres eran obligados a ser miembros de la iglesia nacional; los herejes quemados en la pira, así como eran torturados los sospechosos de traición. En 1714, ese mismo reino era la potencia más fuerte del mundo. La ropa era de percal, hilo y seda; aparecen la porcelana y el vidrio para adecentar las mesas. Se come carne fresca en invierno gracias a la introducción de plantas de raíz; se bebe té, cholate, café, ginebra y oporto. La disidencia protestante es legalmente aceptada, la iglesia ya no puede quemar ni el estado torturar. En el Castillo de Chatsworth, los Cavendish, Duques de Devonshire, instalan el baño con agua corriente fría y caliente. Hasta aquí lo que nos dice el historiador Christopher Hill en su claro y contundente “El Siglo de la Revolución”. Deseo agregar que Thomas Hobbes va a ser tutor y luego secretario de los Cavendish, que solían agasajar a sus invitados con la “turtle soup”. El precio de cada tortuga que venía del Caribe, era de 20 libras, y se servía una por comensal; 20 libras era el sueldo anual de Hobbes. Hoy hay un XV Duque de Devonshire, los sueldos de los filósofos siguen siendo similares a la comparación mencionada (basta cotejar el ingreso de cualquier pateador de pelotas de cuero, con el sueldo de un científico). Hay hechos que se repiten.

    Lo que sí cambió las cosas en Gran Bretaña, fue la Gloriosa Revolución del más glorioso Siglo XVII, que es uno de los acontecimientos que me permite afirmar que vivimos en el mejor de los mundos posibles.

  • CONCEPTOS DE AXEL SELLARS

    Un libro es un trabajo (por lo general individual), que se hace social al publicarse; es un hecho político en tanto se mete en el mercado (las librerías y bibliotecas reales y virtuales). Es una provocación que apunta a un lector, a todos: a que lo lean, lo gocen, lo critiquen, lo recuerden o en su defecto lo olviden o lo regalen.

    Un escritor debe arrojar el libro al circuito, como un Turuwal arroja un boomerang al aire (no te olvides que mi origen está en Nueva Gales del Sur), opino que el escritor debe dejarlo ir y que se defienda por sus propios medios, un libro es como un hijo. Lo has concebido, lo has corregido, vuelto a corregir, (17 veces pasó a mano, la mujer de Tolstoi, su novela “La Guerra y la Paz”), bueno ya está, que vuele. Me preguntás ¿qué género es el que prefiero? Todos y ninguno, a cesta altura del partido, y tal vez en consonancia con el tiempo en que vivimos creo que sería una construcción donde el autor narre sus experiencias, exponga sus ideas, sus sueños, sus lecturas, que tenga algo de ensayo, algo de novela, algo de crónicas de viajes reales o fantásticos, algo de lo fragmentario de Walter Benjamin, como en “Libro de los Pasajes”; o tal vez, mejor aún, algo así como los “Excerpta” o “Extractos” o “Meditaciones” de Marco Aurelio, a los que él solía referirse como “Toxitanus”, es decir “cosas para mí mismo”.

    Me preguntás sobre cómo veo a la Argentina: vos sabes que después de los maravillosos años que pasé en tu país, “hasta de una mujer me supe aviar”, pero no sólo para una noche como dice el narrador de “Hombre de la esquina rosada”, ya que es la madre de mis dos hijos, pensé que la Argentina es algo así como ese extraño mamífero australiano: el Ornitorrinco (si mal no recuerdo Abelardo Castillo y Liliana Heker dirigieron una excelente revista dedicada mayormente al cuento, precisamente con ese nombre).

    El ornitorrinco es un mamífero semi acuático, mezcla de pato, castor, nutria, que además pone huevos. En el agua sus patas son como remos, pero en tierra contrae la membrana y aparecen uñas largas. La hembra no tiene pezones, con lo que la leche para alimentar a las crías le sale por los poros del abdomen . Es el único mamífero venenoso, los machos tienen un espolón que causa terrible dolor a los humanos. Su nombre en inglés es Platipus, es decir pie plano. Cuando fue enviado a Inglaterra se pensó que era un engendro hecho por alguien, supusieron algún bromista con mucho “sense of humor” que había juntado partes de varios animales como para atraer la atención o burlarse de los científicos.

    Tal vez un libro sobre la Argentina, debería ser el equivalente a lo que es el ornitorrinco entre los mamíferos: biografía, ensayo, novela, relato, cuento, oralidad escrita, confluencia, instalación, archipiélago, vagabundeo, cruce de caminos, laberinto. Me cabe “Ornitorrancia”. Si todo junto como en el ornitorrinco, la más rara conjunción entre las 4237 variedades de mamíferos.

  • UN CONSEJO NO PEDIDO ES UNA INVASIÓN

    Sabio consejo, me gustó desde que lo escuché por primera vez; suelo repetirlo y a veces, sin que nadie me lo pida.

    AUTOCRÍTICA: habiendo sido maestro en primaria, profe en secundaria y en terciaria, teniendo edad de Viejo Vizcacha, habiendo recorrido una vasta superficie del planeta; quiero decir habiendo curtido muchas experiencias, me suelen pedir consejos sobre temas varios. Con gusto me explayo sobre los requerimientos solicitados. Me agrada actuar como “sabio”, “Master of all Masters habidos y por haber allende los mares y el sistema planetario todo”, “God”; lo cual es parte de un juego entre queridos amigos con los que hay secretoa de estado.

    CRÍTICA: El problema comienza cuando alguien “se la cree”, ahí aparece el drama: los políticos todos se la creen; los religiosos, casi todos, los famosos casi todos, los arrogantes salvadores, todos. No frecuento políticos, hago un culto de la amistad, y los políticos no tienen amigos, sólo tienen intereses. No practico ninguna religión ya que para mi Dios es concepto ordenador; no conozco personalmente a famosos, sólo los veo por alguna pantalla. Me detengo ahora en aquellos arrogantes con complejo de salvadores, “los que desean ayudar desinteresadamente y te quieren imponer su prodigalidad con la mejor de las intenciones”. Se agradece la atención, se rechaza la oferta y si persisten se termina la relación. Soy de los que cree que el dinero se hace con creatividad, con esfuerzo y con trabajo; y no dando o recibiendo dádivas o subsidios.

    LOS SISTEMAS: Vivimos en sociedad, que es un complejo sistema de relaciones e intereses, intrigas, fidelidades y traiciones, pactos, celos, envidia, lucha de EGOS. Es aquí donde se complejiza en demasía la situación: la propaganda comercial, la publicidad subniminal, las noticias de la prensa y hasta los comentarios sobre el pronóstico del clima: “Día horrible en Buenos Aires; frío y lluvias toda la semana; pues se agradece la info, saldré con paraguas, bufanda y guantes, se rechaza la opinión: lluvia y frío para mí hacen un día bellísimo. Compre aquí. Viaje allá. Vuele por. Deposite aquí. Vote por. Muérase en tal cementerio, pero si no quiere morirse hágase socio de Sanatorios Rompeortus (la primera cuota duele, después se acostumbra). El camino al socialismo es por aquí. Liberación: sígame. El Estado presente. No más patrones. Comunidad Organizada. Iglesia somos todos. Revolución. Dios, Patria, Familia. Los lunes 2×1 en yogures.

    CONCLUSIÓN: Todos los individuos que más admiro son o han sido solitarios que se retiran a lugares plenos de naturaleza a pensar, a escribir, a pintar y cada tanto reciben a algunos individuos que de una u otra manera han elegido caminos similares. La representación pictórica que para mí mejor expresa lo que acabo de escribir es la tela de Caspar David Friedrich (1774 – 1840) “Caminante ante un mar de niebla” de 1818, que forma parte de la colección del Kunsthalle de Hamburgo. Pero que cada uno siga su camino, que lo nuestro es un laberíntico trayecto al Cementerio Parque “Polvo y Olvido”, donde siempre hay y habrá lugar para otro más.

  • MARSUPIALES

    Marsupium, Marsupio que significa bolsa/ bolso.

    “El viejo de la bolsa” expresión con que ‘jugando’ se asustaba a los niños, algo así como el cuco. “La bolsa o la vida”, expresión referida al hampa, supuestamente los ladrones callejeros asaltaban haciendo uso de esa expresión y apuntando con un arma a la ocasional víctima. también está la bolsa de las compras, la Bolsa de Comercio, centro de operaciones bursátiles, la bolsa de Sanae Takaichi (1961), Primera Ministra de Japón desde octubre de 2025, cuya gran y elegante bolsa se ha convertido en un signo de poder en la funcionaria, los bolsos de López, ex Secretario de Obras Públicas que fue filmado llevando bolsos con 9.000.000 de dólares a un hogar de monjas cercano a Luján, los bolsos de los cuadernos del ciudadano Oscar Centeno, cuadernos donde con rigurosidad han quedado registrados los robos de 13 funcionarios públicos y de 64 hombres de negocios muy importantes, y que dieron origen a un trabajo de investigación y posterior denuncia del periodista Diego Cabot y por fin la bolsa o marsupio de las más de 270 especies de estos animales que dan a luz a un feto vivo pero poco desarrollado llamado “joey” que termina su desarrollo en el marsupio, los más conocidos son el canguro, el koala, el wombat, la comadreja o zarigüeya, el demonio de Tasmania, los walabies,los Kirchner. Este último es un marsupial autóctono, asentado en Santa Cruz pero luego expandido por gran parte del territorio nacional. Los Kirchner también han dado a luz a fetos vivos poco desarrollados éticamennte y de intelecto enfermo, conocidos popularmente como militantes kukas, el más notorio ejemplar es Cristina Fernández de Kirchner, jefa de la asociación ilícita , condenada en 204 hechos quien dio a luz a Máximo y adiestró y cobijó a De Vido, López, Baratta, Lazarte, Llorens, Olazagasti, Uberti y una larga lista que da un total de 13 funcionarios y 64 hombres de negocios cuyas edades oscilan entre los 50 y 87 años. Remito al lector a la lista completa de estos deleznables marsupiales publicada por el diario La Nación en su edición del 9 de noviembre de 2025, sección Política página 13. Vergonzoso ejemplo para la gente de 15 a 25 años a quienes ésta espuria casta suele criticar por sus costumbres. Es de esperar que purguen sus delitos con la prisión que marca la ley y que “en conjunto, enfrentan penas que suman un mínimo de 80 años y un máximo de 419 años”, según lo publicado por el diario La Nación arriba mencionado.

  • KAREN

    Karen era suiza, de Brig, un cantón italiano.

    -Ahora entiendo, (como si entendiera algo), no parecés la típica suiza, sos más quilombera.

    -¿Qué es quilombera?

    -Así como sos vos, chillona, no sé más tana, casi como en casa, en Buenos Aires.

    -¿Cuantos suizos conocés?, una… una señora que me daba estampillas.

    -Contundente prueba científica, para juzgar a toda una cultura.

    -Sí perdón, tenés razón.

    Nos arrimamos, nos acariciamos y me besó y toscamente y con timidez me fui soltando. Karen era castaña, maciza, de enormes ojos oscuros, tenía 18 años y ya lo había hecho con su novio Gert. Nos abrazamos, me quitó la remera, le quité la suya. El calor de sus pechos fuertes, redondos, me contagiaron una energía y un deseo largamente imaginado.

    Nos levantamos desnudos y yo grité, fue un grito a las piedras, a los Andes, fue un alarido fuerte como llegado de un tiempo lejano, casi un aullido animal.

    -Quilombo hacés Alejo, y nos reímos y nos pusimos a gritar juntos y ahí anduvimos abrazados por las terrazas y lo queríamos hacer todo el tiempo, y cuando uno de los dos decía “quilombo”, nos desnudábamos y nos transformábamos en quilomberos seriales en Sacsayhuaman y en Kenco y en el albergue en Cuzco cerca de San Blas y nos despedimos con lágrimas y risas y prometimos amarnos toda la vida.

    No nos vimos nunca más, pero siempre la recuerdo y me digo: algún día en un avión a Chicago, o caminando por el Perito Moreno o en un bistró en Oslo. Nunca sucedió y tal vez no suceda, tal vez sea mejor, pero el agradecimiento, la ternura que me inspira su recuerdo no han dejado de acompañarme.

  • ENCUENTROS CON AXEL SELLARS

    Axel (el Profe australiano de Literatura del Nacional, del que les hablé en este blog el 14 de octubre, ese fue el artículo número 16, éste de hoy es el número 100, pero como nadie los lee, yo les digo). Decía, Axel, tenía la particularidad asombrosa de decir cosas estrafalarias y aún ridículas con seriedad académica y otras veces a los asuntos serios les daba un tratamiento cargado de ironía. Ejemplo de esto último, fue cuando hablando de la Argentina, remató una interminable discusión diciéndonos: Muchachos, lo que están afirmando sobre vuestro país lo sintetiza ejemplarmente Samuel Beckett: “Vuelve a intentarlo, vuelve a fracasar, fracasa mejor”.

    Ejemplo de lo primero, fue una reunión en San Isidro con un grupo de estudiantes australianos, que habían venido por un intercambio. Tratamos “Moby Dick”, nosotros debíamos leer en inglés y ellos traducir al español. Al llegar a la clasificación de los cetáceos, en el Capítulo XXXII “Cetología” causó hilaridad la mención de la Sperm Whale, cuya traducción más aceptada es Cachalote, pero que a la edad que teníamos entonces nos gustaba traducir literalmente. Apenas una chica de Sidney dijo Ballena Esperma, varios miraron a John, un chico muy alto, jugador de rugby y comenzaron a llamarlo Cachalote. Axel se puso serio a explicar la denominación y de cómo se le extraía el codiciano esperma al cetáceo.

    “Arrimado el cachalote al barco ballenero -dijo- se lo enlaza con una gruesa soga de fibras de henequén de Yucatán, las que poseen un efecto a la vez narcotizante y erótico que se incrementa con el continuo mecerse del mar. Esa soga y una serie de poleas y aparejos que remedan por su complejidad los diseños del jesuita Athanasius Kircher (1602 – 1680) de su máquina del movimiento perpetuo y en gran medida los dibujos de William Gaddis (1922 – 1998) que ilustran su novela “Agape se Paga” que trata sobre la introducción de la pianola y la materialización del sueño democrático de que cualquiera puede ser un artista. El cachalote -prosiguió Axel- (después de ese enjundioso paréntesis que nadie entendió), es elevado hasta una altura donde lo aguardan seis marineros, cuyo comportamiento a bordo, de acuerdo al capitán, no había sido del todo correcto y en castigo debían cumplir con la tarea de aliviar al cetáceo. El cachalote excitado por los efluvios de las fibras de henequén, se encontraba ya con su miembro erecto y los marineros abrazados a la piel del mismo lo sacudían hacia arriba y hacia abajo hasta provocar la eyaculación, chorro de fuerza descomunal que se envasaba en un cubo de piel de búfalo, pero claro, a veces el oleaje hacía que la puntería no fuera precisa y la eyaculación golpeaba de lleno en el pecho o rostro de un marinero y éste era arrojado al mar. Muchas de las muertes -proseguía Axel- que oficialmente, eran anotadas en las bitácoras, como “decesos por accidente de caza en alta mar”, se conocían en el argot marinero como Erratium Guascasium Cachalotorum, también llamada PMM (Paja Marina Mortal) y todo esto Axel lo contaba con la misma seriedad con que nos había explicado el relato “Guayaquil” de Borges, que cuando el Doctor Zimmermann de la Universidad del Sur,le dice a su interlocutor (y narrador) en esa entrevista en la casona de la calle Chile entre dos historiadores, que parodia aquella otra entre San Martín y Bolívar en la ciudad de Guayaquil, que él, Zimmermann, se nutría de textos y por tanto a veces erraba, en cambio, dice Zimmermann “en usted vive el interesante pasado”, y que cuando el narrador aclara que Zimmermann “pronunciaba la ‘ve’ casi como si fuera una ‘efe’, como hacen los germanos, decía Axel, ese “fife”no era el lunfardo argentino por copular, sino una referencia histórica al condado de Fife en Escocia, del cual James Mac Duff, era el IV Conde y amigo y contacto de San Martín, para la gesta libertadora de América del Sur. O cuando nos explicó la constante inflación del país, no con teorías económicas sino haciendo uso de la terminología psicológica de Carl Gustav Jung, decía Axel que la sociedad argentina, conformaba una “personalidad inflada”, que consiste en una exagerada valoración de la propia importancia, que suele compensarse con profundos sentimientos de inferioridad, que terminan en una impotencia colectiva. Agregaba luego, en una suerte de amalgama de saber enciclopédico refinado y la jerga arrabalera, “muchachos, cuando un argentino se raja un pedo, está convencido de haber tirado la bomba atómica” y así nos enseñaba, nos hacía reir, nos hacía pensar.

  • NÚMEROS

    Han dicho, los que saben, que Pitágoras, de Samos (570 – 490) dijo que “todo es número”, que probablemente signifique que está tratando de establecer una cierta armonía como la que rige el universo, en un rango que va desde la música hasta el movimiento de los planetas. A las 6.36 am regresé a casa después de los 10 kilómetros en bicicleta hoy 23/12/25 con una temperatura de 22 grados centígrados. Hasta aquí mucho número.

    Acabo de desayunar con una rodaja de pan de centeno con un triángulo de Roquefort Societé, que me ha traído de Fauchon en París una amiga, acompañé con dos huevos revueltos, manteca y pimienta negra. Los huevos son de una granja en Luján y se venden como de “gallinas felices”, que no se que quiere decir, pero a mi me suena como que el gallo las elige como concubinas especiales. En este párrafo todo fue ingesta y especulación sobre el erotismo gallinaceo, así que Pitágoras, nada de números a menos que consideremos que yo (1) toma el desayuno (1) con rodaja (1), con queso azul(1) con forma de triángulo(3) lados y (2) huevos revueltos y (3) tazas de café y que hoy es 23/12/2025 que precede a Nochebuena y a Navidad, que es el cumpleaños 2025 de Jesús- Cristo que da origen a la era cristiana que viene marcando desde el Occidente cristianizado desde que Constantino en el 313 lo legaliza mediante el Edicto de Milán y luego con Teodocio I en 380 es oficializado como religión de estado. Roma no es el primer estado en reconocer al cristianismo como religión oficial; fue Armenia en el año 301 , año importante ya que en septiembre de ese mismo año se funda la república de San Marino, que es la de mayor antigüedad en el planeta y que acaba de cumplir 1724 años. Una reflexión final, sin duda hay que tener un poder político de una inmensa envergadura para imponerle al mundo la ficción de que hoy es 23 de diciembre de 2025 existiendo pueblos como el chino, el judio y el musulman para tan sólo nombrar a 3 con muchísimos más años. Otra reflexión más y es la número 2, ¿No estará pasando por la blonda cabeza de Donald Trump, imponer un cambio de fechas y comenzar un nuevo tiempo con su figura como marcando una época? Tengo para mí que sí ha pasado por su cabeza, espero que sólo quede en los pliegues de su casi octogenario cerebro. Ahora sí la última y van 3, cuando Pitágoras dijo lo que dicen que dijo: “todo es número” era ciudadano de Samos gobernada por el dictador Polícrates, definido por Bertrand Russell en su “Historia de la Filosofía Occidental” Cap.III como “un viejo rufián que se transformó en inmensamente rico y tenía una poderosa fuerza naval”. Digo esto sin animosidad alguna pero el “magnate” Donal Trump(así se lo nombra en la prensa) acaba de anunciar ayer la construcción de dos barcos de guerra enormes jamás vistos en el mundo y que serían los primeros de un proyecto en dos etapas , en la primera se botarían hasta 10 barcos de este tipo hasta completar en la segunda etapa el número de 25. Según sus palabras 100 veces más poderosos que los conocidos hasta aquí.

    Los remito a mi artículo en este mismo blog “Relatividad del Tiempo” y les recomiendo la la lectura de “30 de Febrero” de Olivier Marchon.

    Hasta la vista, baby (se dijo en Terminator 2)

  • LOS OTROS ANIMALES

    El viaje es también el encuentro con otras especies. De pronto cobran presencia, irrumpen. Muchos de ellos están en la tierra antes que nosotros.

    Es 1964. Venimos de Chile, es un camión frigorífico, viene vacío, nos llevan en la caja. Por horas se hace de noche. Vamos a los barquinazos por la Cordillera de los Andes. Después de varias horas, el conductor y su acompañante, deben haber pensado que tal vez necesitábamos orinar. Aliviados, vemos un luminoso atardecer frente a una laguna plena de flamencos. Las pinceladas celestes, los picos nevados y el rosa fuerte del plumaje de las aves, son un cuadro de Seurat donde se ve, sin que esté presente a un esbelto y barbado personaje que parece acariciar las patas rojas de los flamencos.

    Es 1969, es Escuintla, es Guatemala, son las siete de la tarde. Todos los cables, todas las ramas de los árboles, cualquier cornisa, las cúpulas de las iglesias, son el albergue transitorio de miles de golondrinas que descansan en su travesía San Juan de Capistrano- Buenos Aires.

    Caleta Xeljá, Yucatán, nadamos en un crater poblado de peces de todos los colores; estamos nadando en un ramo de flores.

    India, camino por un sendero con Gary. Llegamos a la orilla de un río correntoso, no hay puente, no hay balsa ni bote; hay gente en cuclillas, esperando; no hablan inglés, sonríen; también decidimos esperar, sin saber qué. Del otro lado, un elefante, guiado por su Mahout cruza el río con pasajeros, se bajan, ocupamos sus lugares sobre el lomo gris. Ese gigante sumiso se hundió en el agua hasta el abdomen, sorteó rocas y piedras rodantes y nos depositó en la otra orilla.

    A las afueras de Calcuta, dos yacks, negros, lanudos, pastan en un descampado de un Parque Nacional. De pronto se inquietan. Se acerca un tigre de Bengala: “olor a caramelo y a tigre”.

    Década del 80, campo en el Uruguay, cerca de Arroyo Durazno. Destapamos un pozo ciego; adentro, en una profunda negrura, lagartos, una colonia de lagartos.

    Es 1990, voy en auto desde Candonga a La Cumbre, provincia de Córdoba. En una curva, un cóndor intenta remontar con un corderito entre sus garras. La sorpresa fue triple, la frenada hace derrapar el auto, el cóndor se asusta, afloja las garras, el cordero huye despavorido, el cóndor se eleva; paz en la tierra, ternero con su madre, llego a tiempo a mi almuerzo en Juva. Estimo que si el cóndor hubiese podido hablar, me habría dicho de todo menos gracias.

    Tandil, provincia de Buenos Aires, es julio es 2010; ha nevado; las miles de palomas descansando en los cables, postes y ramas de los árboles de la plaza central me transportan a Escuintla.

    Es 1980, es Sri Lanka, es la Laguna Baticaloa. Alguien informa “aquí hay peces que hablan”, son como loros pero que nadan. “Shit”, grita un inglés, “Shit!, “Shiiitttt”, al rato con un sonido que emula al croar de los sapos, escuchamos desde el agua “iit”, “shiii”, “shii”, la carcajada es total. Un francés grita “merde”, “merde”, “merde”, se hace un largo silencio, “shii”, “shii”, “shii”. Ahora sí, el francés mira con ira al inglés “Merde”.

    Es 2003, es Los Ángeles, es California, verano caliente, 6 de la mañana, nado en la pileta de la casa de un amigo (que dejó de creer en Dios cuando se enteró que también había creado a los mosquitos). Aparece un halcón, impresiona, se acerca a un nido, un conjunto de ramitas y de hojas caen al agua desde el árbol, se lleva en el pico a un polluelo que trina.

    Es 2014, es Abu Dabi, es el Hospital de halcones. Sostengo en mi brazo a un halcón encadenado, está en observación, tengo la mano enguantada con cuero y metal, tengo carne roja, siento mi mano enfundada temblar como tiembla el piso cuando hay un terremoto. Es voraz, no tiene duda alguna.

    Es 2005, es New York, es Central Park. Mi amiga Patricia no puede entender mi deleite ante las ardillas; “they are rats”, me dice con asco.

    Es 2011, es Vancouver, es Canadá, en dos horas vi al menos seis racoons. Daban la sensación de estar paseando.

    Es 2015, son las Islas Galápagos, es Ecuador, nunca me sentí tan en minoría: un paraíso de otras especies.

    Es el estado de Rajastán, es 1980, a 10 kilómetros de Jaipur, es Galta, el templo de los monos, no me extenderé, lo dice mejor Octavio Paz en “El Mono Gramático”.

    Es 1984, es la Pampa de Achala, caminamos perdidos en la bruma helada que baja de las cimas, nos enfrentamoa a perros bravos. Seguimos andando.

    Es Trincomalee, Sri Lanka, es la playa, es 1980. Calor denso, buenos tragos, muchos tragos, la arena infestada de víboras, nos rescata un bañero en un jeep.

    Aeropuerto de Anchorage, Alaska, espero vuelo a Vancouver. Leo a Jack London con inmenso placer. Se sientan frente a mí el padre, la madre, hija, hijo, tía, todos excedidos de peso: grandes vasos de café, muffins, bolsas (3) de Mc Donalds Quarter Pound, bananas (6), pote enorme de jugo de naranja, potes de yogurt descremado (2), bowls de ensalada de frutas, bolsas de Chex Mix (2), estuche doble de M & M, vaso gigante de Coca Cola Light, botella de jugo de frambuesa. Al rato llega otro miembro del grupo familiar, aportó dos bananas más, algo parecido a un alfajor pero del tamaño de un pandereta, otra bolsa de Chex Mix y una botella de Doctor Pepper. Por suerte viajan en business.

    Calle José Hernández, cerca de estación Acassuso, tapa de hierro, estimo que de desagües pluviales, es diciembre, 42 grados, salen a la superficie cientos de cucarachas.

    Bajada de Charbonnier, sierras de Córdoba, contemplo con alegría una horonda perdiz y seis crias que siguen a su madre en el cruce de la senda.

    Es Pinamar, es el verano de 1983, cena en boliche frente al mar, vela, espumante, bella mujer. Cruza la cabriada a sus espaldas, una rata del tamaño de un gato. Miro azorado. ¿Pasa algo?

    Es 2013, es San Martín de los Andes, frente al ventanal se acerca un ciervo. Es marzo, está fresco, la televisión acaba de anunciar “Habemus Papam”. El ciervo huye.

    Es San Isidro, panel de una de las ventanas de mi casa, es el invierno de 2018, hace unos días que un pequeño reptil ¿lagartija?, ¿gueco?, está adherido al vidrio. Es curioso, pero me gusta que esté ahí. ¿Qué hace?, también él se preguntará qué hago inclinado sobre libros frente a la chimenea encendida. Su cola, enorme para su tamaño, está quieta en forma de signo de interrogación. Hoy antes de acostarme, lo busqué y ya no estaba. Tampoco lo encontré en el piso, en el pasillo exterior, ni en paredes adyacentes. No sé por qué se habrá quedado una semana con la ñata contra el vidrio. ¿Habrá dejado huevos? Ojalá se halle correteando por ahí. Ya no hay más signo, permanece la pregunta.

    Es 1971, carretera Transamazónica en construcción, vamos en camión de Manaos a Brasilia. De pronto ahí en medio de una calzada de tierra, algo grande obstruye el paso, el camión lo elude y acelera. Es un pavo, nos dicen. Sigo pensando que era la cabeza y parte del torso de un hombre.

    Es Galle, Sri Lanka, me quedo dormido en una hamaca. Algo me despierta, algo que camina sobre mi pecho desnudo. Es una araña del tamaño de mi mano. Parezco una estatua. Se tomó su tiempo. Soy una estatua, la primera que suda.

    Calígula, Emperador de Roma nombró cónsul a Incitato, su caballo. Un Rey de Inglaterra, Ricardo III a los alaridos, ofrecía su reino por un caballo, fue su último día antes de morir en la batalla de Bosworth, el 22 de agosto de 1495.

    Pebete, Enano blanco, Griffe, Jacky, Amelie, Boyi, Enano, Frida, Oliver (así con mayúsculas), perros y gatos que estuvieron cerca. Importantes.

    Medianoche en Benarés, estado de Uttar Pradesh, 49 grados centígrados, me defiendo con un palo, del ataque de tres perros que a los saltos me muestran sus dientes. Al fin se abre una puerta.

    Raras son las especies que escapan de toda vida colectiva: el visón, el leopardo, la marta, el tejón, yo, ha dicho Pascal Quignard. Yo.

    En el momento que escribo estas líneas un pececito cerca de las Islas Galápagos, cruza el umbral del infierno, porque otro pez le devoró la cola; dejó escrito Witold Gombrowicz en “Diario Argentino”.

    Robert Bontine Cunninghame Graham (Londres 1852 – Buenos Aires 1936), para nosotros Don Roberto, dedica su libro “los Caballos de la Conquista” de 1930 al querido caballo que rescató de su trabajo tirando de un tranvía en Glasgow y ofreciéndole el más placentero de pasear su aristocrática figura hasta el Parlamento de Londres. La dedicatoria dice “A Pampa, mi negro argentino, a quien monté por 20 años sin ninguna caída. Quiera la tierra yacer sobre él tan delicadamente, como él supo hacerlo sobre ella”, Y en el monumento erigido en Escocia a la memoria de don Roberto, muy cerca de la propiedad familiar de Ardoch, está la bella cabeza de Pampa esculpida en bronce. Sin conocer estos datos, frené bruscamente el auto, retrocedí y ahí estaba, Pampa, fiel a su amigo. Fue una fría y soleada tarde de mayo de 1978.

    En el Arca de Noé, no hubo pingüinos, claro no se había descubierto América; dicen.

    Por la casa de Saussine, construida en 1826, en el Gard, Provence, Francia, todas las mañanas, a las 6, pasaba el pastor con su rebaño, en dirección al pueblo abandonado de Puech. También solía visitarnos un zorro, matador de nuestras gallinas, y un día me topé con un jabalí, en la terraza donde almorzábamos en verano. Sucedía todos los años, era el circuito que los jabalíes hacían desde los bosques alemanes, hasta España.

    Es el verano europeo de 2016, es Orlen, de 1300 habitantes, a unos 25 kilómetros de Wiesbaden y a 40 de Frankfurt. Paseamos por el bosque cercano a la casa donde me alojo, en tierras que fueron de los Orange-Nassau, por donde pasaron las Cruzadas y los romanos dejaron en los lindes del bosque, sus torres de vigía y su pétreo coliseo, y de pronto, ahí, en un sendero veo las huellas de los jabalíes que veía en Saussine en 1980.

    Caminar por San Isidro a medianoche, en un día laborable, es permitirse ver una realidad diferente a la cotidiana. Los encuentros son de otro tipo: en la Plaza Pueyrredón, una lechuza sale del hueco de uno de los plátanos que la circundan. Su ulular me sorprende. A ella también le debe resultar extraño que un humano ande caminando a una hora donde la noche le pertenece. Muchas veces, más de lo que la gente cree, uno se topa con comadrejas. Abundan, las he visto cruzar Roque Saénz Peña, caminar por Barrio Parque Aguirre, en el Paseo de los Tres Ombúes, en calles de Beccar.

    Todos los días una bandada de gaviotas “cocineras”, cruza de mañana el cielo, y al atardecer vuelven chirriando en dirección al río. También he visto una pareja de flamencos volando muy alto, en una bella tarde de otoño. Eran dos lanzas tajeando la tela celeste del cielo.

    Tarde de invierno, calle 33 Orientales, bajo de San Isidro. En el pequeño pantanal, un pato negro ha pescado un pez; la bella garza blanca lo ve y se lo arrebata: Beaudelaire “gracias Dios mío por no haberme hecho negro, mujer, judío, homosexual”.

    En el playón del aeropuerto de Cape Town, hay un gran elefante de bronce. En la Avenida de los Corrales en Mataderos, hay un toro del mismo material en la vereda; hay otro en Manhattan entre bancos y financieras. El aeropuerto de New Orleans, lo tiene a Louis Armstrong tocando salvajemente la trompeta y de noche, desde cualquier rincón de la ciudad se lo escucha. En la plazoletra exterior del Hotel Four Seasons de Buenos Aires, hay varios caballos de chapa, diseñados en simulado galope. En la rotonda de Márquez y Fondo de la Legua, en San Isidro, también hay caballos. A la entrada de la ciudad de Pajala, en Suecia, hay una enorme lechuza en un pedestal. En Barcelona, hay un pez gigante de Frank Gerhy. Madrid, Moscú y Berlín, tienen al oso como símbolo. Cualquier ciudad o pueblo argentino tiene en la plaza central a un caballo con un general o coronel sobre el corcel montado. En Parque Lezama, una loba de bronce amamanta a Rómulo y Remo. Miles de zuricatas se cruzan en todas direcciones, al atravesar la estepa de Mongolia. Se ven también, tropillas de caballos salvajes; en total hay 40 millones,los ciudadanos son 3 millones.

    Hay fotos de mis viajes a camello en Marruecos, sobre un reno en Mongolia, a caballo en Helsingfords, en Patagonia.

    Aún huelo al zorrino que aparecía todas las noches, bajo una ventana de una casa cerca del mar. En el charco del molino de la misma casa, se juntaban sapos.

    “La que nunca ha querido a los animales, ni les ha tenido compasión”, escribió Fernando Vallejo en “La Puta de Babilonia”

    San Antonio de Areco, un gallo empezó a cantar a las 3.30 de la mañana. Alas 8 aún cantaba.

    De niño parece que una visita al zoológico de Buenos Aires, me hizo pedir “camello, jirafa”, no paré hasta conseguirlos, tenía dos años y nos mudamos a la casa que estaban construyendo. En el jardín vi mi primera lombriz y una caravana interminable de hormigas coloradas con las que soñé muchas noches.

    En el camino a Chaltén se nos cruza un guanaco asustado; tan asustado como el chofer que clavó los frenos.

    Camino rural en Escocia, vamos a Inverness, la manada de ovejas nos detiene media hora en el cruce del puente de piedra.

    Calle Paraná, límite entre los partidos de Vicente López y San Isidro, debe haber sido 1957/58, ha muerto un caballo, ha quedado en la línea alquitranada que divide los dos municipios. Después de una semana seguía descomponiéndose. Las autoridades discutían a quien correspondia la remoción del cadaver.

    Algo enorme cruzó frente al barco, es el Pacífico, es 1973.

    En 1592, cuenta Borges, en “Arte de Injuriar”, había reñidero de osos en Londres, han sido reemplazados por la violencia urbana.

    Muy cerca de Torres del Paine, en Chile, hay un gran rebaño de guanacos. A lo lejos, apartado, más bien aislado e ignorado hay otro guanaco. El guardaparques nos explica que es el macho que perdió. Pienso en Kafka.

    En verano mi casa se puebla de insectos, los insoportables mosquitos, unas pequeñas hormigas coloradas y las prehistóricas y desagradables cucarachas. El otro día al entrar en casa, piso a una cucaracha que deseaba acompañarme al interior y ahí quedó el cadaver. Menos de dos horas más tarde un ejército de hormigas coloradas había devorado todo el organismo, dejando tan sólo las alas que quedaron com un chal muy liviano que el viento hizo desaparecer. Me impresionó la velocidad de la ingesta.

    En cuanto al bípedo implume, si bien soy muy crítico de la condición humana, sigo pensando que la mayoría es buena gente. Me arrebataron 100 dólares de la mano en La Habana, entraron ladrones en mi casa en Londres, me hicieron trampa con el cambio en Cartagena de Indias, me robaron un auto en Martínez, me intentaron asaltar en San Telmo, pero le dí tantas trompadas que salió corriendo y se le cayó su celular, yo me rompí una uña. Me roba siempre el Estado.

  • DEJARSE LLEVAR

    Me agrada, cada tanto, dejarme llevar por los pasos que doy. No por el instinto, que es otra situación. Es como cuando en un momento de la escritura, después de varias horas, hay algo que parece que hubiera sido escrito, no por uno, sino por, no sé algunos hablan de las musas. Salgo a caminar por el barrio ya estoy en la calle Lasalle, en el bajo de San Isidro; muy bien hasta ahí estuve escribiendo, pero ¿cómo doblé por la calle Brasil? A los pocos metros se hace de tierra y después de una curva corta, se termina la calle en una casa particular, pero para el otro lado, por detrás del edificio pegado a la estación Las Barrancas llego a un playón y estoy en estación abandonada en la Patagonia; es el escenario perfecto para que Alejandro Fadel filme otra escena para su extraordinario y sutil homenaje a Blaise Cendrars (1887 – 1961), tal vez otra decapitación antes de que el Monstruo le cercene la mano a Cruz.

    Algo similar me ocurrió en Bombay (hoy Mumbai) cuando los pasos que daba por la costanera, giraron y me llevaron a ese decrépito, húmedo, fétido, antro prostibulario de Falkland Road. Jaulas de bambú atestadas de mujeres que pujan por atraer a algún cliente. Sensación de estar en el infierno. Deambulé pensando que estaba en algún film de Fellini. Vi, sin embargo unos brillantes ojos verdes que aún no he olvidado. No la pude imaginar llegando siquiera a los 25 años.

    Otra caminata similar, dejé que me ocurriera en Habana Vieja. Desgastada callejuela llena de óxido marino, salitre, mugre y cables tendidos, donde mujeres-niñas se regalan a rubios europeos, pidiéndoles que las saquen de la isla revolucionaria. En esa noche de tristeza llegué al Hotel Habana Libre, nombre revolucionario del Hilton. En el televisor, Fidel Castro no paró de hablar durante cinco horas: una letanía digna de un hijo de los jesuitas, que chapeaba (mintiendo) haber nacido el mismo día que Ignacio de Loyola (otro soldado de Cristo) ¿Qué dijo? Revolución, Revolución, REVOLUCIÓN, lo que venía diciendo desde 1959.

    El fundador de la Cia. de Jesús, nació un 23 de octubre. El fundador de la Cia. Revolucionaria un 13 de agosto. REVOLUCIÓN: “Nací el mismo día”.