Tu tía Sara era mi tía Ana, quiero decir que de alguna manera tu familia era como mi familia. Por alguna razón perdí la confianza muy rápidamente en la resolución de los problemas colectivos, que cuando sucede a una temprana edad, esa falta de confianza significa que los mayores sabían tanto como uno de cuál era la manera de resolverlos. Al principio pensé que era la incapacidad de mis padres, con el tiempo me di cuenta que lo que pasaba en casa, pasaba en la tuya, en la de los primos, en la de los vecinos, en el colegio, en el país, en el mundo. Tu tía Sara, Sammy, era igual a mi tía Ana. Es curioso, ante cualquier iniciativa: ir al campo, ir al club, hacer un asado, salir de vacaciones, mi hermana reaccionaba con entusiasmo y una alegría que a mi me causaban exactamente la reacción opuesta. Me daba la impresión que ella salía a una autopista, yo, en cambio, ante un evento social veía el alambre tendido entre dos torres y en el medio un vacío y ahí me tenía que poner a hacer equilibrio, lo curioso es que ella siempre chocaba, yo cruzaba y llegaba al otro extremo, tenso como la cuerda que me sostenía.
La tía Sara, tu tía, te provocaba Sammy, lo mismo que a mi, Ana, mi tía. Vos sentiste lo mismo que yo el día que ella me preguntó cuando era mi Bar Mitzva y a vos tía Ana te preguntó ante mi traspiración cuando tendrías tu Primera Comunión.
Estoy aquí apoyado en la balaustrada del Brooklyn High Promenade mirando la orilla de en frente y pensando en vos y en nuestra infancia, allá en Buenos Aires. Es la primera vez que estoy aquí sin las Torres. Hay un vacío ahí en frente, como el que siento dentro de mí. La primera vez que las ví fue inmediata la asociación con las tablas de la ley, sí, las tablas que Moises recibiera de Dios, con los 10 Mandamientos. Se acabó un mundo, sí ya sé que el mundo se acaba a cada instante, pero la caída de las Torres, es realmente la caída de un paradigma. Se rompió la ley, quedó el vacío, ya no hay ley de Dios, se acabó el recibir un mandato que viene de otra instancia, no porque la instancia fuera creíble para mí, pero era una ficción universal donde robar, matar, desear la mujer del prójimo, mentir tenían un peso social. Desde el cielo hoy se cayó un paradigma y quedó GroundZero.
Sara hizo un silencio cuando entendió que yo no era judío, similar al suspiro de Ana cuando se enteró que vos nunca harías la comunión y ahí nos hicimos más amigos que nunca si bien no lo hablamos. Porque no hacía falta, uno empieza a hablar para explicar lo inexplicable, uno está en una permanente explicación con aquellos a quien uno no siente.
