Categoría: Opiniones

  • SOMBRAS CHINESCAS

    Sigiloso, contundente, se derramó como una copiosa nevada sobre un glaciar milenario. Imperceptible, artero, poderoso, invasivo, letal. Irrumpió como el Dios implacable de los hebreos. Coronado, como nuestra sien de laureles, me privó del tren Transiberiano, planeado para mayo 2020. Mis libros, mi casa, el río y el muelle de Pacheco, son ahora, el nuevo mapa de mis aventuras. Las singladuras, que van llenando mis bitácoras, dan cuenta de esos avatares que hoy hacen mis días. La bicicleta reemplaza trenes y aviones.

    En primavera y verano salgo a las 6, en otoño e invierno una hora después. Escucho las noticias por radio y nombres de la política nacional y mundial, cifras del Covid, femicidios (uno cada 30 horas), resultados deportivos y temperaturas se cuelgan del manubrio de la bicicleta. Por suerte una huidiza comadreja, la aristocrática elegancia de una garza, el ataque mortal de un gavilán mixto al cogote de una cotorra me distraen de esa fauna de burócratas, influencers, goles, ectopascales.

    Opté por un circuito, siempre el mismo, como para emular al río en el que nunca nos bañamos en las mismas aguas. Hay días que el río parece un mar. Sopla el viento del sur, olas espumosas revientan contra el cemento del muelle alejando por igual, de la orilla, a pájaros y pescadores. Desde el muelle, miro hacia las casas en las barrancas. Techos y balcones semi ocultos por árboles centenarios. Araucarias, robles, tilos, palmeras, jacarandaes, ombúes, palos borrachos, las omnipresentes tipas.

    Han tirado abajo la casa de Orlando Williams, escucho las topadoras limpiar el terreno, anuncian 10 lotes de “Vivienda Unifamiliar Agrupadas”. Demolieron “Los Pájaros” en la bajada de Colón, ladrillos blancos y torreón de pizarra negra, fueron reemplazados por cristal y cemento. Tirar abajo, construir. ¿Cuántas veces ha cambiado mi piel? ¿Cuántas veces ha cambiado el signo monetario nacional en sólo 50 años? Lo que no cambia es el río, impertérrito, se dirige al océano.

    Hoy en cambio, el río es un lago, se percibe que llega el otoño. El río parece decir, “estoy así porque se me canta”. Hay dos garzas ¿Son las mismas de estos días? Parecen signos de interrogación ¿…..? Los abre la blanca, los cierra la garza mora. ¿Qué las inquieta? porque las garzan ven que han caído árboles, no pueden no escuchar las topadoras, perciben cuando el río es mar y cuando es lago, ven a los juncos trabados en su balanceo por bolsas de plástico. Cuando me acerco se alejan. Dos mujeres, charlan en un banco de cemento, frente al río. Me recuerdan a las garzas que veré en pocos minutos ¿estarán mirando la salida del sol? Mientras, el Robot Perseverancia ha llegado a Marte.

    Ya las veo caminar con elegancia. Lo hacen con el cuello erguido, que al rato se interroga como ayer.

    ¿Quién diseña el mundo que habitamos? ¿Silicon Valley? ¿Wuhan? Hay veces cuando voy en la bici, que me veo como si yo fuera un espectador que ve pasar a un hombre en una bicicleta que pedalea aun a oscuras por la calle Rivera Indarte frente a la Quinta de Pueyrredón, pero no soy yo el que va montado, sino la imagen que tengo de un noticiero en canal 7, blanco y negro donde mostraban al Rey de Suecia pedaleando por una calle de Estocolmo; se podía leer Lord Nelson Hotel y el nombre de la calle Gamla Stan, donde muchos años después me hospedaría por el recuerdo de aquella imagen. Las películas en blanco y negro siempre me remiten a pre o post guerra.

    Hay veces, en el diario pedaleo al muelle de Pacheco que me concentro en los árboles. Manchas amarillas de los ginko bilobas, rojos robles canadienses, ombúes verdes; semáforo natural que advierte, prohibe y faculta a continuar. Hoy son las veletas, lo que atrae mi atención. Veo la figura de un gallo, que mudo cacarea a la salida del sol, veo también un pescado, un venado y un ferroso cazador, una cigüeña, luego undragón en una casa estilo Tudor:”weather vane”. En el borde una mansarda giraba un bergantín “giroutte”.

    Otro día el río es una pintura de Joseph Mailord William Turner quien nació en Covent Garden el 23 de abril de 1775 y murió en Cheyne Walk en Chelsea el 19 de diciembre de 1851, estudió con Joshua Reynolds, en Margate, en el estuario del Támesis y que hoy, apoyado en mi bicicleta, que reemplaza al Transiberiano, evoco en un día “blurred” que insinúa a Buenos Aires, allá en el otro extremo del estuario. Covent Garden, Cheyne Walk, mis espacios por dos años, que hoy son parte de mí, que están en mi memoria como “blurred”.

    Hoy es 14 de julio, día de la Revolución libre, igualitaria, fraterna. El río, las aves y la ciudad al fondo son un gigantesco collage con trazos de Grosz, Otto Dix, Max Beckmann, Christian Schad, Carl Grossberg. El río es hoy puro Neue Sachlichkeit, tiene la tensa y expectante calma de la efímera República de Weimar, la que antecede a la pesadilla de la noche hitleriana.

    Hoy es un día calmo, no hay brisa, no hay olas, el río es un espejo, es la carátula del vinilo de Pink Floyd “I Wish you were here”. Hoy hay paz, es como si la sombra chinesca de esta peste fuera un mal sueño.

    Esta ubicación geográfica, a mitad camino entre la gran ciudad y el delta ¿es acaso un indicio de mi ubicación en el mundo?, ser un espectador ¿soy ajeno a la avidez por el dinero, la fama, la pareja? ¿Pretendo como Heráclito, Whitman, Nietzsche tan sólo caminar interrogando? ¿Soy sólo un diletante exponente de la clase media, y por tanto sordomudo que no sabe darse a entender por escrito? Cuando esto concluya y todos salgan a emborracharse, a drogarse, a vivir la orgía postergada ¿seré uno de los que se retira escéptico, como Bertrand Russell de Trafalgar Square en 1945? Estas preguntas me hago aquí en el muelle, del que me retiro apenas el golpeteo de las olas contra los pilotes, es tapado por voces que todo lo invaden.

    Mismo día, son las 13 horas, asado en barrio de Nordelta, jardín que termina en laguna. He llegado en auto con torta de chocolate. Somos varios, hay niños, adolescentes y nosotros. Hay una señora de comunión dominical, empresarios, abogados (siempre hay abogados), uno es el Gordo, de risa contagiosa, parlanchín, con casa en Miami, dinero (mucho) en Merryl Lynch, es peronista, abanderado de lo nacional y popular; su porfolio de relaciones abarca todo el arco político, no hay ministro, embajador, senador, gobernador que no nombre en éste y otros ágapes en que me lo suelo encontrar. A todos llama sus amigos sin percatarse que los políticos sólo tienen intereses.

    “Han arruinado el país, hace más de 70 años que quedamos entrampados entre el peronismo a secas, el de Menem y el delos K”, dice, sacada, la comulgante y deja la mesa para tomar sol junto a sus nietas. “No te enojes Amalia, que Bergoglio ahora va a imponer la señal de la cruz como “en el nombre del Padre, del Hijo y del espíritu de Perón”.

    Nos reímos y se produce una discusión entre el Gordo y un empresario que se eleva hasta: “Y no jodas Juan Manuel;le espeta el Gordo; que el golpe de estado a Perón se terminó de gestar en el altillo de la casa de Victoria Ocampo, donde Rojas y otros gorilas como vos, interrumpieron un proceso de desarrollo nacional y la mayor distribucíon de ingresos a los trabajadores de la historia argentina “. Intervino Gastón, un ex embajador: “Es posible que haya sucedido lo que acabás de decir, pero si chicaneamos, hagámoslo con seriedad, valga el oxímoron. Lo que pudo haber sucedido en lo de Victoria Ocampo, fue un retruco a lo acontecido en septiembre de 1930 en Florida al 500, en la casa de Matías Sánchez Sorondo, cuando el día anterior al golpe contra Yrigoyen, se reúnen el General Uriburu y su edecán, el entonces Capitán Perón, para terminar de ajustar detalles. Sánchez Sorondo fue el primer Ministro del Interior de Uriburu. Sánchez Sorondo era fascista, antisemita, padre de Marcelo, apólogo de Franco y de Mussolini y “by the way” (a Gastón le encanta mechar algún giro británico entre tanto populismo expreso), y abuelo de Monseñor Sánchez Sorondo, mano derecha del Papa Francisco”.

    La llegada de la torta de chocolate impuso una tregua. Nos retiramos cuando el sol dejaba un brillo final en el agua, empezaba a refrescar y una suerte de bruma se quedó con la laguna.

    El Covid me ha privado del cine, hace más de un año que no traspongo los límites de la zona entre Tigre y Vicente López, ya no doy clases. El turismo ha desaparecido.

    Tal vez el encierro me incite a dejare de ser ágrafo.

  • LIVIANO DE EQUIPAJE

    Nunca tuve mayor sensación de libertad que el día que todas mis pertenencias cabían en un mediano bolso de mano con el que iba caminando por un sinuoso camino de 2 km de extensión, rodeado a ambos lados por las matas espinosas que los habitantes del Gard (Provenza) llaman “la garrigue” desde la gran casa construída en 1826 donde viví dos años hacia la ruta Ales Nimes para llegar a Avignon, a tomar el tren para París, para seguir a Luxemburgo donde abordaría el avión para Colombo (Sri Lanka) con escala en Moscú, para pasar 6 meses en India y Nepal. Caminaba bien temprano en la mañana de marzo de 1980 y esa voz interior que nos habita iba diciendo:”todo lo que tengo va en este bolso; unas pocas prendas, dos libros, un cuaderno, una cámara de fotos y la felicidad de no tener que cerrar con llave ninguna puerta, ni dejar a nadie a cargo de nada, ni preocuparme de nadie, no hay mayor libertad que esto”. Pienso hoy diciembre del 2025 en aquella caminata (que por otra parte tenía como escenario histórico el Pont Du Gard y el circo romano de Nimes) preludio del gran viaje, porque leí algo que dijo Cicerón (106 – 43 AC)que expresa inequívocamente lo sentido por mí en aquel tiempo: “Todas mis pertenencias las llevo conmigo” .

    En 20 siglos un filósofo, defensor acérrimo de la República Romana, enfrentado a Julio César, y a Marco Antonio orador de fuste con sus discursos políticos contra Catilina, enemigo de la República (las Catilinarias) que le hicieron perder la cabeza que fue exhibida chorreante de sangre en el foro romano. Y un ignoto argentino trotamundo, perteneciendo al mismo universo cultural: el despojamiento como la mayor posesión, lo único que uno lleva consigo es: La Libertad.

    Varias preguntas ¿Hay progreso en el mundo?

    ¿O es que sólo participo de una visión europea – argentina de la realidad y el mundo Inca, Maya, Hindú, Chino, Mongólico, Árabe, Africano, de Oceanía, de desiertos, campos helados, selva amazónica y senderos del Himalaya son tan sólo un espiar por el ojo de la cerradura y volver a lugar conocido? ¿Qué sé de las ciudades romanas de Lepis Magna y Sabratha, que hoy están en territorio de Libia y que son las ruinas romanas mejor conservadas del planeta, o qué se de la vida cotidiana en Capadocia donde estuve dando vueltas? ¿Qué se de Jartum, capital de Sudán, país con más habitantes que la Argentina y más pirámides que Egipto? ¿Qué se de Etiopía, uno de los estados más antiguos del planeta, cuna del café que tanto bebo y sitio donde se encontraron los restos de Lucy, un Australopithecus de hace más de 3 millones de años y el tal vez, al menos por ahora ,más lejano antecesor humano? ¿Qué se de los marsupiales (entre ellos el canguro) que se originó en América y que a través de lo que hoy es La Antártida llegaron a Australia donde sólo hoy los puedo ver y que cruzaron la pampa cuando aún no era húmeda ni pastaban Aberdeen Angus, ni crecía la soja en ella?

    ¿Es que sé algo, o tan sólo soy un inquieto ignorante argentino, y ya que estamos para finalizar con humor ignorante y argentino son anagramas, con las mismas nueve letras escribimos dos conceptos que no tienen nada que ver uno con otro, ¿o sí ? y esto lo digo sin ironía alguna, el anagrama sólo es aplicable a mí y no a los millones de argentinos que veneran a Perón como estadista y a Eva como jefa espiritual de la Nación y que siguen creyendo que Dios es argentino y que es más fácil que pase un camello por el ojo de una aguja, que entre un rico en el reino de los cielos y otras muchas cosas argentinas.

  • PARÍS, 1979

    Paseamos, Claire y yo por la orilla del Sena. Es invierno y ha comenzado a nevar.

    ¿Nieva en Buenos Aires?

    No, creo que sólo una vez, en 1918. Me gustaría ver nevar desde el muelle de Pacheco y mirar hacia el perfil de Buenos Aires y verla así, gris y con copos abrigándola con esta helada frazada blanca que hoy cubre París, pero no, no nieva.

    Pasamos frente a una casa donde han esculpido los perfiles de Eloísa (1092 – 1164) y de Abelardo (1079 – 1142).

    Es una historia de amor bizarro; me dice Claire. Abelardo era el intelectual codiciado por la clase alta para ser preceptor de sus hijos. Eloísa era hija de un hombre poderoso. Ella era una joven culta, libre, políglota, versada en matemáticas, filosofía y ciencia; una mujer que desafiaba a su tiempo. El padre le encarga a su tío, el canónigo Fulbert, para que contrate a Abelardo como maestro para guiar a su hija.

    Y así fue que entre algoritmos, teorías cosmológicas y lecturas, un buen día, Fulbert los sorprende en el escritorio libándose los sexos en éxtasis celestial.

    ¿Y entonces?

    Se vino el eclipse. Alejaron a los amantes. Abelardo desterrado de París, habita una pobre posada en las afueras de la capital. Una noche, helada como esta, varios esbirros de Fulbert entran en el aposento de Abelardo, lo emasculan. Mientras el pobre grita de dolor y se desangra, los sicarios meten en un morral pene y testículos como prueba de haber cumplido la tarea. Eloísa es confinada a un convento de clausura.

    A la noche comemos en 15 Rue de la Tournelle, civet de canard, bebemos Chateau Cheval Blanc Gran Cru Classe, contemplando Notre Dame desde arriba, como si estuviéramos en el cielo.

    Pensá, Alejo, que hasta el siglo XIX las iglesias eran los edificios más altos de la ciudad; la arquitectura también marcaba la jerarquía. El mundo no es un paraíso, es la historia que siempre es humana y a pesar de tantas cosas sigo sosteniendo que vivimos en el mejor de los mundos posibles y ello es así por abrir puertas y no por cerrarlas, por la libertad de prensa, la libertad de comercio, la libertad de elección y expresión sexual, la libertad de enseñanza, la libertad de trasladarse, la libertad de peticionar, la libertad a ser juzgados por tribunales probos e independientes del poder político, en fin La Libertad y ello se debe al liberalismo que siempre fue denostado por la representación de la única monarquía absoluta que aún queda en Europa, cuyo monarca es elegido por 128 cardenales en conciliábulos secretos, donde a la mujer no se le permite siquiera celebrar misa, donde la mujer consagrada es virgen y ha concebido sin mácula alguna porque parece que el amor que une dos cuerpos para engendrar un hijo o gozar es maculado, que significa: sucio, sudoroso, oloroso, húmedo y sobre todo placentero y saludable. Por si mi responsabilidad por esta opción no ha quedado clara, anoto aquí lo que Nicolas Shumway en su “Historia de una Pasión Argentina” dice al respecto en el capítulo III titulado “De cómo el liberalismo se volvió una mala palabra”. Transcribe allí Shumway unos pasajes del libro “El Liberalismo es Pecado: cuestiones candentes”, publicado en 1884 por el padre Félix Sardá y Salvay y que fue reeditado y algo modificado para el público argentino en 1885 por un cura argentino, Antonio Fernández Moya, con el título “El Liberalismo es pecado de Herejía: explicado con preguntas y respuestas” (como para que nos demos cuenta). Sigue diciendo Shumway, “el padre Félix comienza su libro con esta definición del liberalismo”: “Principio liberales son: la absoluta soberanía del individuo con entera independencia de Dios y de su autoridad; soberanía de la sociedad con absoluta independencia de lo que nazca de ella misma, soberanía nacional, es decir, el derecho del pueblo para legislar y gobernarse con absoluta independencia de todo criterio que no sea el de su propia voluntad expresada por el sufragio primero y por la mayoría parlamentaria después, libertad de pensamiento sin limitación alguna en política, en moral o en Religión; libertad de imprenta así mismo absoluta, libertad de asociación con iguales anchuras. Estos son los llamados principios liberales en su más crudo radicalismo… El fondo común de ellos es el racionalismo individual, el racionalismo político y el raccionalismo social. Derívanse de ellos la libertad de cultos más o menos restringida, la supremacía del Estado en sus relaciones con la Iglesia, la enseñanza laica o independiente sin ningún lazo con la Religión. El matrimonio legalizado y sancionado por la intervención única del Estado, su última palabra, la que todo lo abarca y sintetiza, es la palabra secularización, es decir, la no intervención de la Religión en acto alguno de la vida pública, verdadero ateísmo social, que es la última consecuencia del liberalismo”.

    Es que de eso se trata. Eso establece nuestra Constitución Nacional. Es el individuo el valor supremo, sin sujeción a corporación religiosa, militar o sindical alguna, esos resabios medievales con tufo a Comunidad Organizada que definen al peronismo como la Iglesia Católica sin sotana.

    No hace tanto (1966), un tal Caggiano, a la sazón cardenal primado, fue invitado a firmar el Acta de Asunción del gobierno de la Revolución Argentina; pomposo nombre para un incivil y salvaje golpe de estado. Mucho más cerca aún, el Presidente Alfonsín denuncia un pactomilitar sindical.

  • MEMORIA

    Pero también es cierto que por las calles de New York donde me vino la idea del iceberg, yo no era un rompehielos sino otro inmenso bloque helado, flotando a la deriva, que guardaba bajo la superficie mi secreto y que mi memoria era el tronco al que me aferraba para no hundirme en el mar y que en la necesidad de viajar también hay algo de “I would prefer not to”. Es mi soporte para intentar eludir el inevitable “naufragué, venía navegando bien”, que Nietzsche toma prestado de Schopenhauer y que representa lo que para otros el dinero, la fama, el sexo.

    Caminar New York, Londres, India, ir a Alaska, Mongolia, Falkinas es ser consciente que camino por futuras Machu Picchus, Babilonias, Capadocias, Troyas, Bizancios. Saber de alguna misteriosa manera que la humanidad y toda nuestra historia somos como Petit haciendo equilibrio en el cable tendido entre las Torres Gemelas, pero 10 minutos antes que el primer avión se estrellara contra una de ellas. La memoria que soy, es a un tiempo la asociación entre Wakefield y Bartleby, una lucha constante entre Heráclito y Parménides, un río al que entro que eternamente no es el mismo; aunque Walter Benjamin me dice que “el recuerdo puede hacer de lo incumplido (la felicidad), algo cumplido, y de lo cumplido (el dolor) algo incumplido”.

    Quien sea que esté narrando “Funes el Memorioso”, señala que ” tal vez todos sabemos profundamente que somos inmortales y que tarde o temprano, todo hombre hará todas las cosas y sabrá todo”.

  • MERCADO DE HACIENDA

    Es una fría y destemplada mañana de invierno, es 2018; tomo el tren de las 5.15 am en la estación San Isidro. Al pasar las estaciones, veo como se van encendiendo las luces en los departamentos de los edificios. En una hora cuando este tren esté volviendo hacia Tigre, la gente irá poblando estos coches, ahora casi vacíos; ni siquiera los celulares se atreven a interrumpir el sueño de los pasajeros. La nutrida caravana de mendigos, tullidos reales y ficticios, profesionales de la lástima, vivillos, vendedores ambulantes y raperos saben que a esta hora no hay mercado para sus ofertas. Los rigen las mismas reglas que a Wall Street, ningún agente de bolsa se presentaría a estas horas a las puertas del número 11 de aquella calle del bajo Manhattan.

    Donde si hay mercado es hacia donde me dirijo, el Mercado de Hacienda de Liniers, en Mataderos. Chequeo en el celular: 11366 animales que serán puestos a la venta a partir de las 8 horas. Voy a mostrar el proceso de comercialización a dos turistas belgas a quienes encuentro en un hotel de Recoleta. Es una de mis tareas. Nos esperan un auto y el chofer.

    Ya va amaneciendo al entrar en la avenida General Paz rumbo a los Corrales. Al igual que en Manhattan, aquí hay un toro de bronce, está en una plazoleta frente a una carnicería cercana a la entrada del centenario mercado.

    Más allá de lo laberíntico de las pasarelas en altura donde nos entreveramos con rematadores, carniceros, matarifes juzgando la calidad de estos miles de vacunos guiados por los reseros hasta el pesaje, después de la venta y de ahí hasta los camiones que los llevarán al faenado; me gusta instalar la idea que estamos asistiendo a una ópera, donde tañen campanas anunciando la obertura; irrumpe el coro de mujidos, repiquetea el martillo del rematador sobre la baranda como un invasivo timbal, el chirriar de las puertas de las balanzas suenan a desafinados violines, el tronar de los cascos de los caballos y los cientos de tenores, barítonos y sopranos que incitan a las vacas a marchar forman la escenografía de este teatro salvaje.

    He visto una pintura de Bacle de 1832 “Corrales del Abasto”, donde se ve al fondo la casilla del juez del matadero: son los ojos del estado, los ojos de Don Juan Manuel, cuya esposa Doña Encarnación Ezcurra, es la patrona de los carniceros.

    Asteriones simple, negros y colorados. Lo imagino a Borges, como un Teseo criollo conduciendolos hacia su destino final.

  • DE HÉROE A CHANTA NACIONAL

    “El perro se está haciendo un festín”, le dice un pescador a otro, en el muelle de Pacheco. “¿Qué está comiendo? ¿es un pollo? “.”No , es un pavo del Amazonas”.

    Contemplo desde la biciclerta, apoyada sobre la baranda del muelle, al perro arrastrando algo que efectivamente me parece que es un pavo, pero ¿pavo del Amazonas, aquí en el río de la Plata? Se me ocurrió pensar en una criatura mitológica para “El Libro de los Seres Imaginarios” de Borges.

    Emprendo el regreso a casa. Me detengo en la Plazoleta de Rivera Indarte y Rubén Darío. Quiero saber a quién se honra. Entre clidias, el inmenso roble y el dañado ombú, encuentro una placa. “Plazoleta Tcnel. Obregoso, héroe de la Independencia Argentina y de Perú” ¿Otro más?

    Wikipedia me informa que José de Obregoso vivió entre 1795 y 1877, se lo ve barbado con 21 medallas engalanando su uniforme. Nominado para recibir un premio militar por su trayectoria valiente en varios frente de batalla, se lo premia con 10000 pesos, lo que le sirve para saldar la hipoteca de su humilde casa en Belgrano. Esa gloria repentina lo insta a reclamar sueldos adeudados por el estado. Ahí se descubre que nadie lo recordaba en el Ejército, que jamás había combatido en las batallas donde dijo haberlo hecho, y que no era porteño como solía presentarse, sino que había nacido en Trujillo, Perú. ¿Otro mentiroso?

    En el prólogo al “Libro de los Seres Imaginarios” de Borges y Margarita Guerrero, fechado en Martínez en 1967, se lee:”El nombre de este libro justificaría la inclusión del príncipe Hamlet, del punto, de la línea, de la superficie, del hipercubo, de todas las palabras genéricas y, tal vez de cada uno de nosotros y de la divinidad. En suma del universo” que incluye al Teniente Coronel Obregoso.

    El noble guerrero se inventó una historia heroica. Nosotros la Historia Nacional, o ¿habrá sido el vencedor de Pavón, quien la inventó, con lo cual inventó La La La Nación?

    El pavo del Amazonas, si existe. Descubro que es un ave arbórea, cuyo color es azulado o pardo, amarillento y moteado, con papada rojo brillante que responde al nombre científico de Penélope Jacquacu. Si Obregoso llegó al Panteón Nacional, también es posible que el pavo haya llegado flotando en una isla de camalotes, para que el perro se deleitase con algo más exquisito que los residuos que pueblan la orilla del río.

  • PEDALEANDO CON IRA

    “En las fronteras acecha la barbarie, en el interior la situación es ruinosa, un estado en bancarrota paga su mala gestión, ahogando en impuestos a sus ciudadanos, mientras sanguinarias conspiraciones, enfrentan a los candidatos. Por si ello fuera poco, sucesivos brotes de peste asolan la capital y las provincias” Estoy en un zoom con una amiga argentina que vive en Boston.

    “¿Es esa la situación en el país?” me comenta angustiada.

    “No, lo dijo Plotino hablando de Roma en el año 230”.

    Seguimos hablando de Donald Trump, “No va a haber traspaso de mando, igual que allá”, me dice.

    Salgo con la bici, voy al muelle. Estamos terminando la pandemia.

    A finales de los años 70, asistí a unas clases de Michel Foucault en el College de France inaugurado en 1530. Habló de biología, habló del estado, comenzaba a esbozar lo que completaría en “La Voluntad de Saber”, se acaba el estado territorial y comienza el estado poblacional. Soberanía y nación serán reemplazados por biopolítica, me pareció entender. Pfizer, Sputnik, Oxford Astra Zeneca, Synopharm, Moderna, Covishield, Jansen, Cansino, virus, pandemia, holocausto, me recuerda esa voz que nos constituye.

    Pedaleo con vigor, con ira.

    Son las 6.45 am, tenue llovizna, nadie en las calles. La que informa la temperatura en la radio, cada vez que llueve, adjetiva “día feo en Buenos Aires y alrededores, así seguirá toda la semana, horrible”, la demandaría por discriminación, para mí son los días más bellos, con el horizonte bien negro que exalta el color marrón del agua que ya veo desde la loma de Roque Saénz Peña, giro a la derecha, Quinta Bosque Alegre – Gay Foorest -, me digo, como si fuera la gallega del Waze, a la izquierda en José C. Paz, paso frente a la casa del ex Presidente Macri, curioso, su reiterativo “sí se puede”, siempre me pareció que iba dirigido, más que a los que lo votamos, a su italiano padre. “Sí se puede viejo, sí se puede y espero que vivas para que veas cuando un peronista me coloque la banda presidencial”. Pues no se pudo y la “exitosa abogada” lo vio por TV, izquierda en calle Vicente López y luego todo a la derecha por la senda costera.

    Derecha, izquierda, público, privado, absolutismo, democracia, todo me huele a naftalina.

    Debería haberme quedado en casa, está lloviendo, esto no es llovizna, esto no es que aumentó el dólar, es que el peso hoy vale menos que ayer, pero más que mañana. No, no es lo mismo, pero pedalear con viento en contra y lloviendo al amanecer, un domingo, sólo se me puede ocurrir a mí, lo único que falta es que me resfríe, neumonía bilateral, Covid, hospital, Parque Memorial, sólo asistió al entierro un perro vagabundo, orinó sobre mi tumba, Boris Vian, muerto de risa se ocultaba detrás de un ombú. Hoy en Londres hay dos grados bajo cero, llueve y hay probabilidades de nevadas. De estar viviendo allá, estaría saliendo del 78 de Onslow Gardens en South Kensington en el Mini Cooper verde, tomaría la M4 rumbo a Rye y almorzaría en The Mermaid, viendo crepitar las llamas de la chimenea, pero se me ocurrió volver, ser Ulises y narrar mis aventuras. Llegué al puerto de Buenos Aires desde Génova tres semanas antes de la gloriosa recuperación de las Malvinas, “they were, they are and they will be”, mejor sigo pedaleando, ya está parando, ha salido el sol. Ya sale vapor de los charcos, en minutos dengue, zika, chicungunia, no les digo, la biopolítica otra vez, o ¿me estaré poniendo hipocondríaco?

    Llegué al muelle de Pacheco; ahora un sol que platea el río, sin embargo allá, en la ciudad está oscuro, es el momento en que el perfil de Buenos Aires se pone negro, da la impresión de ser una ciudad de ébano, en vez de cemento, acero, vidrio, hierro. ¿Buenos Aires se pone negro o negra?, ciudad negra, puerto negro ¿Qué sos Buenos Aires negra o negro? ¿Qué carajo quisiste ser Buenos Aires? ¿La reina del Plata, Mi Buenos aires querido, la cuna del tango, la capital de un imperio que nunca fue, la París del Sur, la ciudad más europea de Latinoamérica, la New York hispanoparlante? ¿No te da vergüenza Buenos Aires, en lo que te has convertido? Eras la única ciudad del mundo con una sucursal de Harrods desde 1913, ni New York, ni Toronto, ni Sidney, ni Wellington, ni Cape Town tuvieron ese gusto, y hoy de noche, indigentes sin techo ni trabajo arrancan los marcos de cobre de las vidrieras vacías de lo que en su momento fue la mejor tienda del continente.

    Cuando estudiaba dereccho, lo que hoy es el barrio Padre Mujica, ex Villa 31; a mediados de los 60, era un asentamiento de no más de 10000 personas, hoy es una ciudad de entre 40000 y 50000 habitantes, (San Martín de los andes tiene 45000). Fue la iglesia la que le pidió a Menem que lo frenara al Intendente Dominguez y sus topadoras en el proyecto de erradicación de la villa. Si fuera preocupación por los pobres, hasta los apoyaría; lo terrible, lo hipócrita, lo increíblemente canalla es que es amor por la pobreza.

  • APRIL 3rd 1043 – 6th MAY 2023

    Tal vez haya llovido en Winchester el 3 de abril de 1043, como llovió en Londres el 6 de mayo de 2023. En esos 980 años ha caido mucha lluvia sobre tierras británicas. Con lluvia o sin ella en esas fechas fueron respectivamente coronados reyes: San Eduardo el Confesor (1004 – 1066), quien un año antes de morir, inaugura la Abadía de Westminster, donde se acaba de entronizar a Carlos III(1948) con la Corona de San Eduardo. Todo igual y al mismo tiempo todo distinto. Eduardo el Confesor fue santificado, entre otras cosas, porque aun casado, no dejó de ser virgen, Carlos tiene como reina a su ex amante.

    Churchill decía “No hay historia, sólo biografía”.

    La enviada especial a Londres del diario La Nación, Luisa Corradini, concluye la nota sobre la coronación: “A Carlos III, el reinado no le será fácil. No sólo porque lo hace bajo la sombra omnipresente de su madre Isabel II que sigue siendo para sus súbditos un modelo irremplazable; sino porque a los 74 años, aun queriendo hacer ejercicio de modernidad, es, definitivamente el representante de una generación pasada de moda y de un mundo que está en vias de desaparición”.

    Lapidario final, sobre todo, para un lector como yo, que nací el mismo año que el monarca recién coronado. Es como si cada piedra de la imponente Abadía de Westminster, fundada por el Rey San Eduardo, el Confesor en 1065, cayeran una tras otra sobre mí, precisamente en el momento en que después de 14 horas de estar escribiendo, tengo la vista irritada, me duele la espalda y en el instante de levantarme de la silla, un punzante dolor en la pierna izquierda, me ha dejado paralizado. Después del primer estupor tomo mi I Phone, tecleo “nervio ciático”, que parece haber estado esperando por 74 años hacer notar su presencia en mi cuerpo como Carlos de Windsor, la suya en el trono.

    El nervio ciático abarca desde la parte baja de la espalda, pasando por las caderas y los glúteos, hasta llegar a cada pierna. La ciática generalmente ocurre cuando una hernia de disco o el crecimiento excesivo de un hueso ejerce presión sobre una parte del nervio… y así continúa una descripción excata de lo que me sucede y no estando acostumbrado al dolor, protesto,me enfado y me insulto y no termino nunca de aceptar lo que me han dicho todas las mujeres que he conocido que son seres más realistas que los nosotros: “la vida es así”, “hay que aceptar las cosas como son”. Soy de los que creen que nada “es así”, sino que “hasta ahora han sido así y que todo es movimiento”. Pero debo reconocer que a pesar de mis lecturas, viajes y opiniones, mi alegría al caminar por Himalaya, viajar en el techo del tren en Siligury, remar doce días por el Amazonas con el remo corazón, caminar la Pampa de Achala, volar en planeador, helicóptero, aviones cargueros y globos aerostáticos. Bien todo esto y lo que tengo planeado hacer ha sufrido un cachetazo, una trompada contundente y me doy cuenta que no sé aceptar que “la vida es así” y entonces al leer eso de “pasado de moda y a punto de desaparecer”, me provoca tanta indignación como cuando veo a Donald Trump regocijarse mirando a sus partidarios tomar por asalto el Capitolio de la democracia fundadora de la modernidad, o cuando Cristina Kirchner o Jair Bolsonaro no asisten al traspaso de mando a sus respectivos sucesores, o el Papa Bergoglio afirma que “la propiedad es un derecho secundario” por más que el Estado Vaticano que él preside afirma poseer 5250 edificios y ninguno de ellos está situado en el Bronx, La Matanza o Bethnal Greene y entonces el salvaje apasionado (más no violento) que me habita, me transforma en la antítesis del filósofo estoico que pretendo ser sin conseguirlo y en vez de aceptar “que esto también va a pasar” como le dice el botones del hotel a Julia Roberts en “La Boda de mi Mejor Amigo” que la ha dejado desolada, despojada y vacía; me pongo de pie -a pesar del dolor- me calzo los guantes de box, me enfrento a la bolsa de arena y con bronca, rabioso, iracundo, le pego, le pego, le pego y no dejo de pensar, sin embargo, que hace 2500 años un griego muy sabio y muy pobre anotaba en la tablet de su tiempo: “Byos (arco) tiene nombre de vida y efecto de muerte”, y exhausto solicito un turno para una resonancia magnética que parece que es lo que hay que hacer y ya más calmo me siento y me repito que a pesar de los años, aun no sé que estoy haciendo aquí, ni por qué soy argentino, nacido a mitad del siglo XX, por qué nací varón, ni por qué respondo a mi nombre y mucho menos por qué me ha costado siempre tanto aceptar la realidad tal cual es y no como yo quisiera que fuera. Seguiré viajando, leyendo, balbuceando mis opiniones, por más que en mi equipaje, además de pocas prendas, las bitácoras y algún libro, tenga que agregar algún paliativo para la ciática porque me faltan muchos kilómetros y porque la libertad individual no estará en mí pasada de moda y mucho menos en vías de extinción, a pesar de mi conciencia: “Memento Mori”.

    Estamos viviendo otro mundo donde los valores de la democracia liberal se encuentran entre paréntesis, donde autócratas de todo tipo parecen querer imponer su voluntad a sus pueblos, el mundo es más virtual que real, el planeta ha sufrido la plaga global del Covid, Rusia ha entrado en Ucrania con igual salvajismo a como Hitler lo hiciera en el centro de Europa en el siglo XX o como Hernán Cortés en México en el siglo XVI, o como los bárbaros en Roma en el siglo V. Los narcotraficantes se han apoderado de ciudades importantes de América, la omnipresencia de los celulares es equivalente a la del ombligo, las redes invaden todo, el Chat GPT es materia de consulta como lo fuera el oráculo de Delfos en el siglo VIII antes de la cristiandad, la IA es materia de estudio y preocupacióin ya que está modificando el concepto de trabajo, ocio y hasta de humanidad, casi sin saberlo, como sí , en cambio “Lo supieron los arduos alumnos de Pitágoras, la mano que esto escribe renacerá del mismo vientre”, como reiteró Homero que después fue Shakespeare, antes de ser Borges.

  • EL OMBÚ: EL NO CLUB

    Escribir sobre “EL OMBÚ”, es escribir sobre la niñez y la adolescencia y en alguna medida sobre la historia argentina. “EL OMBÚ”, era desde el punto de vista físico, un amplio terreno baldío, remanente de un loteo, poblado por añosos ombúes. Desde el punto de vista institucional, era la anomia total. Era el club de barrio pero sin socios adherentes, sin Presidente, ni comisión directiva, sin estatutos, ni propósito, ni misión alguna. Sin “club house”, sin vestuarios, sin cuota de ingreso, ni mensualidad. Sin instalaciones de ningún tipo.

    Era el NO CLUB.

    Ni nuestras hermanas, ni nuestras madres, ni después nuestras novias pisaron jamás EL OMBÚ, como si hubiera sido un ultraconservador club inglés. Tampoco los mayores, que sólo se atrevían a mirarnos desde el borde del terreno cuando jugábamos al futbol. EL OMBÚ cumplió la función que cumplen las plazas en los pueblos de provincia o en ciertos barrios de la Capital Federal, la espontánea reunión de los chicos vecinos.

    En la niñez (digamos entre los 7 y 11 años), fue trepar a los ombúes, hacer chozas con ramas, hojas, tablas, lonas que podrían haber sido de los tehuelches, eran, sin embargo siempre de los cheyenes, los sioux o los pieles rojas que atacaban el fuerte donde con revólveres y rifles nos defendíamos; era hacer fogatas, ensuciarnos, rasparnos rodillas y codos, volver a casa traspirados, con picaduras de lo que llamábamos bichos colorados, llegar con el cuerpo ampollado por las ortigas, las gatas peludas (orugas verdes), traíamos adheridos a las ropas hormigas, bichos bolitas y tatadioses. Había zonas que eran la ‘tierra incógnita’:eran casas linderas a las que solíamos entrar o porque eran escondites inexpugnables para los indios o porque de pronto habíamos decidido dejar la guerra y jugar a las escondidas. Cuando llegaba diciembre y comenzaba el Gran Premio de Turismo de Carrtera, trazábamos unas inmensas autopistas con puentes y montículos que simulaban sierras, montañas, precipicios peligrosos donde hacíamos correr unos autos de plástico a los que preparábamos con plomo, masilla, ruedas delanteras más grandes que las traseras que sujetábamos con tapitas de frascos de penicilina que íbamos a pedirle al farmaceútico, padre de uno de los chicos habitués del no club EL OMBÚ.

    Cada tanto armábamos una cancha de bolitas y hacíamos un hoyo y nos quedábamos horas revolcados en la tierra donde minutos antes corrían veloces nuestros autos.

    A partir de nuestros doce años y durante todo el colegio secundario, EL OMBÚ fue futbol, sólo futbol y nada más que futbol. Ahí había algunas reglas. Por lo general, durante la mañana, era el turno de los más chicos, pero después del almuerzo y durante toda la tarde jugaban los de 18 ó 20 años, que eran hermanos mayores y algunos personajes cuyos apodos eran Lenteja, Tito y unos hermanos, Pedro y Matosas, que eran unos correntinos borrachos que aparecieron un día vaya uno a saber de dónde, y cómo, que se quedaron varios años durmiendo a la intemperie, acurrucados en los huecos de los enormes ombúes que a la mañana seguían siendo las chozas de los indios y cowboys que nos continuaron.

    Alguna vez un circo con león jubilado y payaso de geriátrico se instaló en EL OMBÚ por corto tiempo, cosa que por un lado nos fascinaba, pero que también vivimos como una expropiación; hecho corregido rápidamente por algún inspector municipal, que puso las cosas en orden. EL OMBÚ, éramos nosotros.

    Era tal la confianza que se le tenía, que si faltábamos de casa, sabían donde estábamos, era el ámbito que nos contenía, nuestro refugio, nuestra casa en común.

    EL OMBÚ quedaba en La Lucila, la más pequeña localidad del partido de Vicente López, en ese elegante y plácido sector que va desde las vías del Ferrocarril Mitre a la Avenida del Libertador, luego venía el sitio vacío del palacio, la barranca, el río al que le falta una orilla; el Mar Dulce, según Juan Díaz de Solís, Almirante de la flota española quien lo navega por primera y última vez en 1516, ya que fue apaleado y comido crudo por los aborígenes (“en que ayunó Juan Díaz, y los indios comieron”), nos narró Borges.

    La Lucila tiene nombre de estancia, de chacra o de quinta, y fue las tres cosas. ‘Suerte de Estancia’, otorgada en gracia por Juan de Garay, luego chacra en el paraje de Los Olivos, y por último quinta, donde se inaugura el Palacio encargado a Pablo Pater, oriundo de Dijon, llegado al país en 1907, quien trabaja en él entre 1911 y su inauguración oficial en 1916, hasta que desaparece bajo la picota en 1945. En 29 años, se hace escombros, polvo, nace un fantasma. Se sabe, nada tiene mayor presencia que lo que no se ve.

    Sin saberlo, entonces, ese predio de EL OMBÚ, era lo que restaba aún sin edificar de un propiedad, que sintetizaba en gran medida la historia de nuestro país, ya que las tierras habían pertenecido a Lucila Marcelina Anchorena de Urquiza, quien las había recibido como regalo de su hermano Nicolás Paulino Anchorena, fallecido sin herederos; una fracción de 13 hectáreas y 49 centiáreas, lindera con la parcela de Juan Nepomuceno Anchorena y Josefa Aguirre, padres de Lucila Marcelina. Esta parcela había sido herencia de Nicolás Anchorena casado con Estanislada Arana, la abuela que crió a Fabián Gómez y Anchorena Conde de El Castaño, (pero esa es una historia muy larga, los remito a “Cinco Dandys Porteños” de Pilar de Luzarreta, que les va a encantar). Lucila Marcelina se casa con el Coronel Alfredo Froilán de Urquiza, algo así como si una Lancaster se casara con un York; pero claro no siendo nuestra sociedad una monarquía, no dio origen a ningún Tudor; lo que nos privó de un Henry VIII.

    Lancaster, rosa roja; York, rosa blanca. Federales y Unitarios, para nosotros Rosas y Urquiza.

    El Palacio Paz. El Palacio Anchorena. El Palacio Ortiz Basualdo. El Palacio Álzaga Unzué. El Palacio Pereda. El Palacio Errázuriz Alvear. El Palacio Bosch Alvear. El Palacio Alvear Ortiz Basualdo. El Palacio Armstrong Alvear. El Palacio Madero Unzué. El Palacio Peña Unzué. El Palacio Fernández Anchorena. El Palacio Duhau.

    Mucho palacio no hace riqueza. Mucha agua no hace un mar. Mucho tronco rugoso no hace un árbol. Mucho territorio no hace grandeza. Mucha verborragia no hace literatura.

    Vida y muerte ocurren en espacios ínfimos o son provocados por agentes de difícil visualización cuando no invisibles al ojo humano. Vayan como ilustración los siguientes ejemplos:

    En arácnidos, la viuda negra mide 3,8 cm y tiene un diámetro de 0,64 cm. Al terminar el apareamiento, no besa agradecida al macho, sino que lo pica y lo mata. El Corona Virus, que es sólo visible con el microscopio electrónico tiene un tamaño de entre 0,06 a 0,14 micras. El estado soberano más pequeño del mundo es el Vaticano. Su superficie es de 0,44 Km 2, es decir 44 hectáreas. Una gota de agua en el interior de una nube, mide 20 micras, es decir 0,02 mm. Al caer en forma de lluvia ya aumenta su tamaño a 2000 micras, es decir 2 mm. Un espermatozoide mide 0,05 mm y sólo se ve a través del microscopio; en cambio, el óvulo mide 0,14 mm y es visible al ojo humano. La bodega Romanee-Conti, productora entre otros del Romanee Conti Gran Cru, Cotes de Nuit; sin duda el vino más caro del mundo (unos 14.000 dólares), aunque ciertas añadas han alcanzado los 90.000 dólares por botella, genera esa calidad insuperable en la mínima superficie 1 Ha, 80 a, 50 ca.

  • GIRAR Y GIRAR

    Si como creo, es la naturaleza la que se repite, no sólo en volcanes que entran en erupción, mares que cse encrespan, ciclos de glaciación y fuegos devastadores, especies que desaparecen, transformación de dinosaurios en aves, ciclos estacionales, tiempos de bonanza y guerras, sino también tipologías humanas (meros EGOS) que se reiteran: nacerán Homeros y Alejandros, Jesuses y Constantinos, Montaignes y Richelieus. El mundo gira y nos hace girar. Los hechos suceden con independencia de nosotros. Me gusta pensar que es la naturaleza que pasa y nos encuentra en situación de ser por mero accidente Shakespeare o Boris Johnson.

    La cultura EGOlatra, mera proyección de nuestra insignificancia ha puesto el acento, precisamente en el EGO y así sostenemos que es Julio César quien ha llegado a Britannia, cuando en realidad es la naturaleza que requiere la evolución de Britannia para que devenga Inglaterra, para que se produzca la Guerra de los 100 Años, para que el Príncipe Negro combata en Poitiers, para que Shakespeare escriba Henry II, para que nazca Thomas Hobbes, para que Elizabeth I derrote a Felipe II, para que España catolice a América, para que Tupac Amaru sea descuartizado, para que haya guerras de independencia, para que surjan tiranos absolutos, para que yo sea un mero memorioso de acontecimientos insignificantes. La naturaleza requiere de la producción de nuestros EGOS, para cumplir sus fines, que no podemos vislumbrar con claridad cuáles sean pero que indefectiblemte no son los mezquinos intereses que nos hacen ser en el peor de los casos Heliogábalo, Hitler, Maduro y en el mejor Dante, Beethoven, Joyce, Borges. Y para que ello suceda, para generar esos EGOS es necesario que Hitler odie a Wittgenstein porque éste lo supera en inteligencia cuando compartían el mismo colegio; que Beethoven sea sordo, para no distraerlo de su tarea de seguir llenando de música el mundo; que Borges sea ciego para no ver a su patria envilecida; que Joyce tenga por padre a un alcoholico para querer huir de Irlanda, para que yo me cargue de una memoria enciclopédica que me impide pensar y me bata a duelo en el muelle de Pacheco en San Isidro y le aseste una herida mortal a Funes, el memorioso.