Autor: alejandrofrango.com

  • EN LOS BORDES

    Tu tía Sara era mi tía Ana, quiero decir que de alguna manera tu familia era como mi familia. Por alguna razón perdí la confianza muy rápidamente en la resolución de los problemas colectivos, que cuando sucede a una temprana edad, esa falta de confianza significa que los mayores sabían tanto como uno de cuál era la manera de resolverlos. Al principio pensé que era la incapacidad de mis padres, con el tiempo me di cuenta que lo que pasaba en casa, pasaba en la tuya, en la de los primos, en la de los vecinos, en el colegio, en el país, en el mundo. Tu tía Sara, Sammy, era igual a mi tía Ana. Es curioso, ante cualquier iniciativa: ir al campo, ir al club, hacer un asado, salir de vacaciones, mi hermana reaccionaba con entusiasmo y una alegría que a mi me causaban exactamente la reacción opuesta. Me daba la impresión que ella salía a una autopista, yo, en cambio, ante un evento social veía el alambre tendido entre dos torres y en el medio un vacío y ahí me tenía que poner a hacer equilibrio, lo curioso es que ella siempre chocaba, yo cruzaba y llegaba al otro extremo, tenso como la cuerda que me sostenía.

    La tía Sara, tu tía, te provocaba Sammy, lo mismo que a mi, Ana, mi tía. Vos sentiste lo mismo que yo el día que ella me preguntó cuando era mi Bar Mitzva y a vos tía Ana te preguntó ante mi traspiración cuando tendrías tu Primera Comunión.

    Estoy aquí apoyado en la balaustrada del Brooklyn High Promenade mirando la orilla de en frente y pensando en vos y en nuestra infancia, allá en Buenos Aires. Es la primera vez que estoy aquí sin las Torres. Hay un vacío ahí en frente, como el que siento dentro de mí. La primera vez que las ví fue inmediata la asociación con las tablas de la ley, sí, las tablas que Moises recibiera de Dios, con los 10 Mandamientos. Se acabó un mundo, sí ya sé que el mundo se acaba a cada instante, pero la caída de las Torres, es realmente la caída de un paradigma. Se rompió la ley, quedó el vacío, ya no hay ley de Dios, se acabó el recibir un mandato que viene de otra instancia, no porque la instancia fuera creíble para mí, pero era una ficción universal donde robar, matar, desear la mujer del prójimo, mentir tenían un peso social. Desde el cielo hoy se cayó un paradigma y quedó GroundZero.

    Sara hizo un silencio cuando entendió que yo no era judío, similar al suspiro de Ana cuando se enteró que vos nunca harías la comunión y ahí nos hicimos más amigos que nunca si bien no lo hablamos. Porque no hacía falta, uno empieza a hablar para explicar lo inexplicable, uno está en una permanente explicación con aquellos a quien uno no siente.

  • UNDERGROUND

    From the very first moment they open an eye,

    They have to know they belong downstairs.

    Algunos atribuyen esta sentencia a quien en Londres concibió el subterráneo como medio de transporte público. Otros, ateos y mal intencionados a Dios.

    Hay en lo lejano visible un camión rojo enorme, en lo profundo un gesto de dolor y un ¿por qué? no pronunciado porque hay un tiempo en que uno carece de lengua y todo lo que siente lo expresa con el cuerpo. Luego las palabras de los otros nos cuentan esa historia que aparece en sueños y que hoy forma parte de la prehistoria personal.

    En los tweets suena el grito del cavernícola herido por el colmillo del mamut que acaba de matar.

    En lo profundo invisible, más no velado, hay lombrices, hay una caravana de hormigas, hay una carcajada, hay ternura, hay calles, hay trenes, hay camellos y jirafas y palabras que circulan, que te dicen, que te explican, que te envuelven, que te abrigan, que te duelen, hay memoria y memoria de memorias.

    Más abajo el misterio que nos hace tolerarnos y a veces, muy pocas amarnos, otras querer matarnos. En la superficie, hay espacio, camino, sol, un río tan vasto como el deseo insaciable por saber. Pero hay también en la orilla del mar, ahí en la arena de la infancia una lengua que no habla porque alguien la cortó de un cuerpo: una lengua que no habla pero dice.

    A un tiempo somos Goya pintando “Saturno devorando a su hijo”, Saturno, el hijo y Goya comiendo, mirando a “Saturno devorando a su hijo”.

    La familia acaba de llegar a su casa recién construida en los suburbios del norte de Buenos Aires. Pisos de roble, canteros esperando poblarse de colores, chimenea de ladrillos, los dos niños, matrimonio y barrio, todo con olor a nuevo, todo augura un futuro de esperanza.

    Esas dos largas cuadras que separaban la casa del jardín de infantes “The Doll’s House” eran un cuadro descriptivo del país que comenzaba a padecer. El mapa no es el territorio, pero el barrio era un croquis elemental con líneas señalando al progreso sin límites, pero con un pasado laberíntico, quebrado, no del todo comprendido, pleno de misterios. El barrio era un iceberg, bello en la superficie, amenazador en lo invisible. El barrio era un barco navegando por un mar infinito. Ahí estaba el desafío. Y el barrio fue el Titanic que en 1912 se había hundido en las gélidas aguas del mar del Norte. De 1912 data la Ley Saénz Peña, un baño de realismo ante un mapa que se había poblado rápida y desordenadamente, sobre un territorio pleno de icebergs.

    En esas dos cuadras que eran el mundo, ambas orillas de las calles hacían referencia a barcos que de alguna manera decían que en un tiempo todos habían venido del agua: Alferez Hipolito Bouchard, Comandante Rosales, eran el núcleo central, pero ahí pegadas estaban Moreno (se necesitó tanta agua para apagar tanto fuego) y un poco más allá Paraná, gran divisoria de aguas, límite sobreentendido de la geografía de la niñez. También había otros nombres que mentaban geografías lejanas: españoles, italianos, franceses, alemanes, portugueses,ingleses, árabes, judíos, húngaros, polacos, criollos.

    En lo profundo invisible, en los terrenos baldíos, la orilla del río, el fondo de los cajones, en los placares, en el altillo, en los silencios, en la historia que nos han contado, hay siempre un misterio.

    Al tiempo se hizo un largo silencio, acompañado luego por un murmullo al que siguió la voz grave del locutor con música fúnebre:”A las 20,25 la señora Eva Perón, jefa espiritual del movimiento ha entrado en la inmortalidad”. Un tiempo después- la cronología tiene otro ritmo en la niñez; se pudo ver en la novísima pantalla del televisor: aviones, humo, gritos, corridas, heridos, muertos, el murmullo ensordecía y Perón dejó de ser Presidente y hubo una cañonera paraguaya en que Mario Amadeo depositó a Perón y en el negocio de café donde yo iba a comprar caramelos, que se llamaba Morocco atendido por un atildado alemán al que arrestaron que se llamaba Joseph Mengele según algunos y según otros era Martin Bormann y se prohibió nombrarlo, (a Perón) el periodismo se dejó cortar la lengua y apeló a eufemismos: ex dictador, tirano prófugo; esa lengua fue anticipo de la que encontraría en la playa de la infancia, ya de adulto en una fría y soleada mañana de octubre de 1977, poco antes de partir para Londres para proseguir los estudios y ponerme a viajar y viajar y viajar para intentar entender.

  • AVATARES DEL SER Y DEL ESTAR EN RELACIÓN A LA SOLEDAD

    Hay personas que están solas y personas que son solas, así como hay individuos que son jubilados y otros que están jubilados. También hay personas que están ciegas y personas que son ciegas.

    Soy de los que creen que la rotunda afirmación de algo, encubre la negación de esa contundente afirmación. Soy un amante de la soledad, gozo con el silencio, me encanta viajar solo; todos los días salgo a andar en bicicleta por la orilla del río desde San Isidro a Olivos y regreso entre las 6 y las 7 am. Creo que los pájaros ya saben que deben despertarse y comenzar a musicalizar el día cuando me ven pasar. Cada vez que alguien me pregunta por qué soy soltero, respondo como lo hacía Vanessa Redgrave a su interlocutor Ian Holm en esa excelente película de David Hare “El Extraño de Wetherby”: “Porque le tengo terror a la soledad”. Esa esencial solitud que me define, me hace un excelente anfitrión, al punto que además de las compras, la cocina y la preparación de la mesa, siempre dibujo y escribo el menú, que luego los invitados se llevan de recuerdo; gozo de la conversación; hago un culto de la amistad y mis estudiantes antes de que me jubilara a los 70 años tenían la puerta abierta de casa para el estudio y la investigación y seguidamente una agradable comida.

    Acabo de decir que estoy jubilado, pero si alguno me pregunta ¿Usted ES jubilado? pongo mi peor cara, como para que se note y explico que decir que estoy jubilado indica un estado frente a la actividad rentada, pero no un acto de mi esencia, no es algo que me defina. Conozco ,sin embargo, gente que desde muy joven su máxima aspiración era jubilarse, e hicieron trampas como para engañar al sistema previsional: esos individuos SON jubilados y por lo general no se les escapa una idea creativa.

    Hay personas que han perdido la vista, son no videntes, están ciegos, pero han visto y ven con una claridad conceptual que ilumina el escenario completo de su tiempo, en Grecia, Homero ciego, nos invita a pasear y deleitarnos con nuestros antepasados fundadores del Occidente que habitamos. Entre nosotros Jorge Luis Borges (1899-1986), es para mí el escritor que mejor me ha conducido en mis caminatas por Buenos Aires, me ha guiado por la literatura inglesa, me ha emocionado, me ha hecho pensar, suelo agradecerle, lo llamo “nuestro Shakespeare”. Por otra parte, es verdad aquello de que no hay peor ciego que el que no quiere ver; me corrijo, hay uno peor, es aquel que tiene al oro y al poder por un fin y no por un medio y otro aún más ciego el dogmático, aquel que ha elevado una idea opinable a ideología.

    Leía hoy en una entrevista a David Foster Wallace (1962-2008) su respuesta a la pregunta ¿Qué te gustaría que hiciera tu escritura? formulada por Hugh Kennedy para la Whiskey Island Magazine en 1993 “Toda buena escritura de alguna manera se interesa en y actúa como un antídoto contra la soledad. Todos estamos terriblemente solos” Amo a David Foster Wallace y me sentí profundamente conmovido al enterarme que el 12 de septiembre de 2008, a los 46 años se suicida ahorcándose en el garage de su casa. Toda su obra me parece el trabajo de un genio, lo era objetivamente, baste tan sólo recordar que a los 23 años se gradúa summa cum laude en Literatura Inglesa presentando como tésis una novela, su brillante “La Escoba del Sistema”, y summa cum laude en Filosofía con una tesis sobre el Fatalismo en Richard Taylor. Los extremos se tocan y en seres con extrema conciencia chocan; las palabras de Zadie Smith (Londres 1975) comentando el relato de David “El suicidio como una especie de regalo” son su sentido homenaje a su admirado y querido amigo, dice Smith “El relato es un recordatorio de que existen almas desesperadas que sienten que su no existencia, en sentido literal, sería un obsequio para quienes las rodean. Debemos suponer que David era una de ellas”.

    Creo posible que algunos estén terriblemente solos. Sé, en cambio que todos podemos ser maravillosamente solos.

  • TELL THEM I HAVE HAD A WONDERFUL LIFE

    No creo que el savonés León Pancaldo (Savona, Italia) 1482 – Buenos Aires (Río de la Plata, hoy República Argentina 1540) haya podido haber expresado semejante sensación , que sí dijo Wittgenstein en 1951; entre otras cosas porque Pancaldo no hablaba inglés, en consecuencia habrá dicho Di’ loro che ho avuto una vita meravigliosa, pero tampoco lo dijo, porque en el Río de la Plata, ahí no más de que Pedro de Mendoza fundara la Ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Santa María de los Buenos Aires y Pancaldo intentara hacer el primer negocio de comercio ultramarino, no le pagaron la mercadería, lo estafaron, el tano quebró y se murió. Tanta Santísima Trinidad y tanta Santa María no pudieron evitar una estafa que terminó con su vida. Por el contrario, yo podría decir lo que dijo Wittgenstein: Deciles que no sólo he tenido una vida maravillosa, sino que la sigo teniendo. Todo esto viene a cuento por la lectura de “La Amante de Wittgenstein”, novela de David Markson (1927-2010) de 1988, que me pareció muy interesante y muy agradable de leer, como todas las que he leído escritas por él. La novela, formalmente es una prolongada trenza de acontecimientos, algo así como la vida misma, entendida ésta wittgenstianamente como: LA CABEZA DE UNO ES EN CIERTO SENTIDO EL MUNDO ENTERO y sin duda como la trenza de acontecimientos que me llevó a su lectura. Vengo releyendo toda la obra de Wittgenstein y también acompañé la por momentos árida lectura con la novela de Thomas Bernhard “El Sobrino de Wittgenstein”, la biografía de Ray Monk “Ludwig Wittgenstein” y la biografía novelada de Bruce Duffy “El Mundo tal como lo Encontré”. La prosa de Wittgenstein me llevó a la poesía y ésta me recordó la escueta prosa, casi un conjunto de maravillosos tweets que son las novelas de Markson “La Soledad del Lector”; “Esto no es una novela” y “La última Novela” y descubrí (no lo sabía)que también había escrito “La Amante de Wittgenstein”, donde en su asociativa trenza aparece la ciudad de Savona que es la capital de la Liguria. Savona es una vieja ciudad que fue aliada de Cartago durante la segunda Guerra Púnica, fue sometida por Roma en el 180 AC, destruida por el Rey longobardo Rotari en el 641, pero recupera su dignidad en tiempos de Carlomagno y se constituye en ciudad libre en 1191 y llega a su máximo esplendor en el siglo XV cuando recibe el nombre de “Ciudad de los dos Papas” ya que de la familia Della Rovere salieron los Papas Sixto IV (1414.1448) y su sobrino Julio II (1443-1513).

    A la ciudad se le atribuye el desarrollo y producción del jabón sólido, tal vez para limpiar las acciones de Julio II, conocido como “el Papa Terrible”.

    León Pancaldo, oriundo de Savona, circunnavega el mundo en la expedición de Magallanes y es uno de los sobrevivientes del viaje. En 1537 su espíritu emprendedor hizo que se embarcara en lo que iba a ser el primer intento de comerciar con el Perú navegando por el recién descubierto estrecho que lleva el nombre de su ex capitán, Hernando de Magallanes, pero resultó que el piloto confundió el estrecho y encalló en la ría de Gallegos y León Pancaldo decidió probar fortuna en el Río de la Plata donde encontró la estafa, la ruina, la quiebra, la ira, el desconsuelo y la muerte. Tal vez un anticipo de lo que vendría y de lo que hoy es, o no es acaso una estafa que un ciudadano que durante 30 años y 6 meses haya aportado dinero para jubilarse y hoy cobre 397.000 pesos cuando un servidor público con el cargo de senador cobre 10.000.000 de pesos que salen del bolsillo del jubilado que es quien le paga el sueldo, uno que es el Señor Ciudadano a él que es el Sirviente Público.

    León Pancaldo fue el primero, yo lamentablemente no seré el último. (Este artículo al igual que la estafa continuará).

  • LA CALESITA

    Es Buenos Aires, es digamos 1835, digamos también que ha llovido intensamente, y que las aguas del Río de la Plata han entrado en la ciudad debido a la sudestada. Todo es un barreal, todo está como pegoteado. Las paredes blancas del barrio del Alto quedan maculadas por gotones marrones, una suerte de tela de Jackson Pollock pero de lodo y mierda pintada por carruajes y cabalgaduras. Barro mezclado con sangre en las cercanías del Matadero de la Convalescencia.

    Digamos que es Cuaresma y que “la iglesia ha ordenado vigilia y abstinencia”, ¿por qué?, porque “la iglesia tiene por delegación directa de Dios, el imperio material sobre conciencias y estómagos, que en manera alguna pertenecen al individuo”. Digamos que “las campanas, comienzan a tocar rogativas, por orden del muy católico Restaurador”. Digamos ahora que es una mañana de mayo de 1993, y que me paseo por pasillos atestados de libros que Ricardo Rodriguez con dedicación ejemplar desempolva todos los días, mientras su mujer Etelvina Furt le alcanza unos mates. Estoy en “Los Talas”, entre Luján y Navarro, estancia que fue de Mariano Biaus desde 1824 y que es parte de la primera merced otorgada a Juan de Vergara en 1635 por el Gobernador Pedro Esteban Dávila y donde Esteban Echeverría, esbozó las líneas entrecomilladas, que con el tiempo puliría para escribir “El Matadero” en su exilio en Montevideo en 1840, pero que recién se publicaría en 1871, 20 años después de su muerte por Juan María Gutierrez.

    Echeverría, perseguido por Rosas, se guarece en Los Talas, donde escribe “La insurrección del Sur”, parte de “La Cautiva “y se cree que la “Apología del Matambre”. La dictadura de Rosas, expropia Los Talas y queda bajo administración del estado entre octubre de 1840 y mayo de 1850.

    “Los abastecedores, buenos federales y por lo tanto buenos católicos”. “La casilla donde se ubica el recaudador de impuestos y se asienta el juez del matadero, personaje importante, caudillo de los carniceros y que ejerce la suma del poder en aquella pequeña república por delegación del Restaurador”. “Viva el Restaurador y la heroica Doña Encarnación Ezcurra, patrona muy querida de los carniceros”, escribirá Echeverría y describirá el degüello de un niño con un lazo, una pelea por menudencias, la vejación de un unitario”.

    Dirá David Viñas que la literatura argentina comienza con Rosas y con una violación. Una mazorca anal, o estará más próximo al encuentro de las palabras y las cosas, decir “le metieron un choclo por el culo”; al menos esa fue la intención pero el pobre sujeto reventó antes debido a los apremios ilegales a los que fuera sometido. La violación de derechos no tuvo límites.

    Rosas , el padre fundante gobernó con mano de hierro, con la suma del poder público, como condición para aceptar el cargo de Gobernador. La aprobación de la Legislatura y la permisibilidad de “el pueblo de Buenos Aires (que) atesora una docilidad singular para someterse a toda especie de mandamiento”, nos recuerda Echeverría.

    Errar entre libros (he leído algunos miles), errar por el mundo (he visitado hasta ahora 68 países). El viajero, el gitano, el nómade, el que quiere ver desde la cima el curso del río, pero que bajando al valle quiere trepar a lo más alto de la montaña. No pertenecer a ningún lugar o querer estar en todas partes. Desterritorializarse. El judío errante, el lector insaciable; no tener nada para ser todo; algo de eso hay en el que vaga. ¿Irresponsabilidad? ¿Eternización de la adolescencia? Me han hecho estas observaciones; las escucho atentamente, pero hay algo que repiquetea en mi cerebro, son las palabras de Aristóteles en La Política:”El hombre es un animal social, el que vive solo es una bestia, o un sabio” Tal vez sea una bestia como el visón, el jaguar, la marta, el hurón, Pascal Quignard. Creo, sin embargo que hay algo más profundo en esta errancia que tiene que ver con una respuesta a mi eterna pregunta ¿Qué estoy haciendo aquí? pero ya más enfocado a lo cultural nacional y no a lo filosófico: ¿Qué significa ser argentino? ¿Qué significa ser miembro de una sociedad que intentó crecer como liberal, habiendo copiado nuestra Constitución de la Constitución de los Estados Unidos, de corte liberal y protestante después de interminables guerras civiles y una dictadura de 22 años de un monarca absoluto y despiadado que representó al absolutismo como en los mejores tiempos del mismo, cuando el monarca era el representante terrenal de una jerarquía celestial.

    El cónsul inglés en Buenos Aires, Woodbine Parish dice de Rosas, que no hay monarca en Europa que tenga semejante poder soibre vida y propiedades de sus ciudadanos. Nos recuerda Shumway que Nicolás Anchorena, el poder detrás del trono, sostenía que había que volver a la instauración del Pontífice Católico, como un rey universal. Bien eso fue Rosas a nivel local y gobernó con la suma del poder público durante los años fundantes del país. Tan así fue que ese absolutismo marcó a fuego a sus sucesores, para quienes parlamentar ha sido siempre sinónimo de debilidad. Su vencedor en Caseros, fue descripto por Borges “Llegó a Palermo con galera y poncho colorado, Urquiza, el otro Rosas”. Alberdi describe a Mitre como a un Rosas con Frac. La calesita como metáfora de la historia del país, del mío, del tuyo, del nuestro.

    Es agosto de 2019, 31 de agosto, acabo de dejar a un matrimonio de norteamericanos en un hotel de Recoleta. Pasamos el día en un campo en San Antonio de Areco. Acaban de suceder unas elecciones, llamadas Paso, que han dejado en una suerte de limbo al gobierno que las perdió ampliamente y al potencial futuro Presidente del principal partido opositor “Frente por todos”, que es básicamente la unidad del partido peronista.

    Tomo el tren en Retiro.

    El público del tren del sábado al atardecer, no es el mismo al de cualquier día hábil en ese horario. El del sábado a la tarde es un conjunto heterogéneo de gente que viene de trabajos informales (changas) o free lance, como es mi caso, estudiantes universitarios, parejas de jubilados que vienen de alguna recreación dde la tercera edad, guardias de seguridad que vuelven a sus casas y otros que van a ocupar sus lugares, parejas de jóvenes de clase media baja, algún venezolano exiliado que trata de hacerse de algún peso tocando la guitarra, gente mayor, muchos solos. Sube en Nuñez una pareja y sus dos hijas, estimo de 2 y de 4 años. La más pequeña va dormida en un cochecito, la otra mira los dibujos de un libro que le alcanzó su padre. Bellos, muy sonrientes, se los nota muy bien, con ropas gastadas, y en el caso del padre , andrajosa. Ambos chequean sus celulares y, ella comenta un mensaje recién recibido que les provoca una carcajada. Se los ve muy pobres, me da la impresión que habitan una villa o barrio carenciado de Virreyes. Son exponentes de un conglomerado suburbano que subsiste desde hace años como puede, son parte de los que han votado al candidato de la oposición ganadora que, curiosamente también fue votada por gente de clase media alta de Palermo y Recoleta. Con todo esto en mi cabeza, llego a casa y voy a mi bitácora del año 2017 que registra mi viaje a Marruecos, algo de ese bello, aparentemente feliz grupo familiar me remonta a una imagen en la Kasbah de Imlil al pie de las montañas Atlas a unos 1800 metros de altura, al inicio del desierto a unos 100kilómetros de Marrakesh, donde me alojé unos días. Anoté entonces:”Es Imlil, es Marruecos, es marzo 2017; desde la ventana de mi cuarto veo a un grupo de mujeres, rodeadas de niños que juegan y gritan. Las mujeres acaban de venir del río donde han lavado la ropa, la tienden, sale humo por la chimenea de la casa pobre en la que viven. Al atardecer las mujeres recogen la ropa que se ha secado, llegan los hombres, son pastores. Se hace silencio, la luna resalta el perfil de la casa con la chimenea humeante. Años haciendo lo mismo. La vida campesina de los súbditos de un monarca que cuando viaja por el mundo es recibido por reyes, presidentes y primeros ministros. Planos, visiones, concepciones dispares de la vida: pastores, niños, reyes, turistas”. Tengo anotado en la bitácora un pensamiento de Virginia Woolf, “Estoy sola en un mundo hostil. El rostro humano es atroz”.

    El rostro de aquellos pastores, los rostros de la familia del tren, no tenían nada de atroz, eran rostros bellos, es gente que no trasunta angustia. Sin embargo lo de la atrocidad del rostro humano me queda grabado en algun lugar de mi cerebro. Cuando pienso en los 73 millones de seres humanos que se tragaron las dos guerras mundiales, para tan sólo citar dos eventos entre los miles que documenta la historia, las palabras de Virginia Woolf cobran contundencia.

    Es curioso, ya que mencioné las elecciones en el país, que ayer estaban en las columnas de los diarios: los rostros de los políticos, las palabras de los mismos son atroces, plenas de huecas promesas para lois pastores de Imlil, para la familia del tren.

  • MONEDITAS

    Es 1998, estoy en La Habana; es 1999, estoy en New York; es 1980, estoy en cualquier ciudad de la India. El común denominador de las tres caminatas, es el dinero, la omnipresente plata y como si fueran las dos carátulas, la pobreza y la riqueza; aquello por lo que se ha movido, se mueve y se moverá este maravilloso e incomprensible planeta que forma parte de la Vía Láctea, que es una galaxia espiralada que contiene al sistema solar, donde la Tierra ni siquiera ocupa el centro de la misma, sino un brazo menor llamado Orión.

    Malecón de La Habana; Raquelita y Luisito (así se llaman entre ellos), son hermanos y están atareados en desenmarañar un nudo gordiano en el hilo de nylon marrón, enrrollado a una lata de Tropicola (versión revolucionaria de la norteamericana Cola), con la que intentan pescar. La línea tiene anzuelo, tiene plomada pero no tiene pescado. Ellos tampoco tienen comida suficiente. Nos abordan sonrientes, se los ve muy alegres y maduros. Hablan como si tuvieran una edad mayor a la que aparentan. Al rato, casi cuando nos estamos yendo, viene el pedido de un dolar.

    Habana Vieja, me siento a la mesa de un bar en la galería, pido un mojito. “Regálame esos tenis “(por mis zapatillas), me dice un muchacho de alrededor de 20 años. “Amigo, los tenis”, insiste ante mi indeferencia. “Monedita”, me pide un mendigo. Se acerca un hombre empujando a otro en silla de ruedas. Me extiende una caricatiura (supuestamente de mí), está firmada “René”. El que empuja la silla insiste imperativo: “Monedita, para René”.

    Es marzo, es 1980, es cualquier lugar en la India: los mendigos, lisiados, ciegos, amputados son legión. Las manos extendidas ante un occidental son lo primero que uno ve al salir del hotel, de un restaurante, al bajar de un taxi, de un tren o tan sólo al caminar. El primer día doy moneditas a casi todos -son de una denodada insistencia. A la noche, me doy cuenta que he dado en limosna, un importe equivalente a lo que cuesta un dia en donde me hospedo. Me digo: detesto la pobreza el asistencialismo, la menesterosidad y ahí se acabó; aunque seis meses en India hace 45 años no han borrado de mi memoria, ni de las calles de Madurai, Bangalore o Delhi el persistente “Rupee!, Rupee!, Rupee Baba!

    New York City, Lexington Ave., nieva, es enero es 1999; acabo de salir de tienda elegante con bolsa cde compras. Un rubio, alto, blanco, joven Wasp, en ojotas, sin medias, agita un vaso de aluminio con las moneditas dentro bailando ruidosamente y acompaña con Change!, Change!, Change!

    Leo en “La Hoguera de las Vanidades” de Tom Wolfe: “Soy tan sólo una pequeña niña de Carolina del Sur, pero mi marido tiene 100 millones de dólares y un departamento en la Quinta Avenida”

    ……………

    ……………

    “Dijo que lo llamaste y le vendiste 3 millones de bonos a 102. También dijo que le dijiste que los compremos rápidamente porque estaban subiendo. Esta mañana estaban a 100”.

    Moneditas.

    Desde el primer día que la leí, la leyenda me sonó a imperativa obediencia IN GOD WE TRUST, aunque me pareció una mejor ficción que el sonsonete “es más facil que pase un camello por el ojo de una aguja, que entre un rico en el reino de los cielos”. Nací en la cultura del camello; Tom Wolfe debe haber leído la ficción del dolar apenas guardó su primer billete en la alcancía de su niñez.

    Camino hasta el subte; tren número 3 hacia Brooklyn. Bajo en Clark Station, camino por Pierpont hasta Brooklyn High Promenade. En frente Manhattan, me siento a contemplar la ciudad, desde la quietud de este barrio que contrasta con el hormigueo nervioso de allá abajo. Abro el libro de cuentos de James Salter; leo “American Express”: “Tal como había dicho, la ciudad estaba dividida entre los que iban hacia arriba y los que iban hacia abajo, entre los que abarrotaban los restaurantes y los que andan por la calle, entre los que esperaban y los que no necesitaban hacerlo, entre los que tenían tres candados en la puerta y los que subían en ascensor desde el vestíbulo con espejos de plata y revestimiento de nogal”

    Pienso en Heráclito:”El camino hacia arriba y hacia abajo, es uno y el mismo”.

    Por todas partes moneditas, rupees, dolar.

    En todo sistema, en todas las épocas históricas el mismo espanto, por ese espanto aún hay dioses o tal vez porque la galaxia más próxima a nosotros es Andrómeda que en noche cerrada se puede ver sin necesidad de telescopio. Llegar al centro de Andrómeda nos llevaría 2.500 millones de años luz.

  • PRAGA

    Es Praga, es julio, es 2016: desde el centro de la plaza, al lado de Juan Hus (1369-1415), a mi espalda la iglesia de Tyn, miro hacia el Castillo, pienso en Kafka saliendo del palacio Kinsky. Se me ocurre que tal vez un día de 1911 estaba lloviendo, como está lloviendo ahora, torrencialmente. Me imagino a Kafka, viendo lo que entonces eran las bases del monumento a Juan Hus que se termina de construir en 1915, con la mirada desafiante a la imponente iglesia de Tyn; al igual que Giordano Bruno, mirando de la misma manera hacia el Vaticano desde Campo di Fiore.

    Pienso en Kafka mirando hacia el Castillo y lo pienso Gregorio Samsa ante la majestuosidad de su ciudad, lo pienso sintiéndose una frágil figura caminando hacia el barrio judío en dirección al río. La lluvia cesa súbitamente así como había comenzado. Lluvia de verano.

    Estoy en un café con “La Carta al Padre”, en una edición española de tipografía color sepia e ilustrado con fotos familiares; así aparece un Kafka niño, uno en el colegio secundario, la universidad, aparece su madre, obviamente el poderoso y amenazante destinatario de la carta, sus novias eternas, sus tres hermanas: Elli, Vali y su adorada Ottla, las tres asesinadas por los nazis. Cierro el libro y camino hacia la sinagoga Staronová, del siglo XIII, la más antigua de Europa, después camino hasta el cementerio, voy pensando en el Golem de Borges y en el Golem de Meyrink y visito la tumba de Judá León, que era rabino en Praga y mi “locutor interior”, como suele decir Marcelo Cohen, cita a Baudelaire “Gracias Dios mío por no haberme hecho mujer, homosexual, judío, negro”. En silencio camino lentamente: es mi homenaje a Franz.

  • DEL OTRO LADO

    Es la Banda Oriental, es Montevideo, es 2010, cada tanto me gusta vernos desde la otra orilla. Es como el lado de acá y el lado de allá, pero no tan lejos. Es como Esteban Echeverría y Florencio Varela pero sin Rosas, es como Onetti pero al revés. Es como Alicia pero por agua. Es como mudarte frente a tu casa donde viviste 25 años. Es otra vez como Wakefield.

    Esta calesita viene rotando sobre si misma y girando alrededor del sol. ¿Estamos hablando del mismo cielo, el Faraón que le pide a sus sabios que le dibujen las estrellas y yo recostado en el tejado, escuchando pasar las barcas areneras por este río? ¿Verían la misma luna Shakespeare y Cervantes?

    Estoy en Atlántida, llueve torrencialmente. Me refugio en un café cuyo dueño es un alemán, que dice estar harto de Alemania y que detesta a Angela Merkel. “Aquí hay paz”, dice.

    Estoy viajando a Colonia, mirando pasar el campo. Tomo un ómnibus hasta la entrada a Conchillas, una ex factoría inglesa (así la presenta el folleto de la oficina de turismo). En un minibús entro en Conchillas donde la compañía británica C.H. Walker explotó del lado de acá la cantera para obtener los materiales necesarios para construir del lado de allá el puerto que se llamará Madero.

    En 1910, Conchillas era un poblado inglés donde muchos empleados de la compañía se hicieron hombres de campo. Es cuando se produce el naufragio del Sophia del que se salva David Evans (1861-1938), el cocinero, emprendedor exitoso al punto que hace acuñar su propia moneda en la casa A. N. Bares.

    Llego a la orilla cercana del río, converso con Jean René, un francés de alrededor de 70 años, navegante solitario, que hace dos meses amarró su barco, para desde acá contemplar el lado de allá, que par él es Normandía. “Je cherche la paix”, me dice. Los que descansan en paz en el cementerio, al que me acerco, son Kent, Salisbury, Mc Cullock, Pyrke, Meyer, Hellsruch, según anuncian las lápídas. Me siento en la orilla del río y veo con total nitidez los edificios que están frente a mi casa del lado de allá, en San Isidro. La costa del lado de acá se eleva a 35 y hasta 40 metros; la del lado de allá, tan sólo a 8 metros.

    Duermo en Carmelo, en el hotel Los Muelles, en la habitación 301, en el bello ático con vista panorámica, sobre el Arroyo Las Vacas, el campo.

    Cruzo en lancha al lado de allá, a casa.

    Viajar es permitirse ser “otro”, ponerse entre paréntesis, es despojarse del EGO, ser nadie, tal vez encontrarse. Leo en “El Hacedor”: “Un hombre se propone la tarea de dibujar el mundo. A lo largo de los años, puebla un espacio con imágenes de provincias, de reinos, de montañas, de bahías, de naves, de islas, de peces, de habitaciones, de instrumentos, de astros, de caballos y de personas. Poco antes de morir descubre que ese paciente laberinto de líneas traza la imagen de su cara”

    Aún sigo poblando mis bitácoras.

  • REFLEXIONES SOBRE EL BLOG

    Comencé a escribir en este blog hace hoy un mes, y me siento como un naufrago colocando mensajes dentro de una botella y arrojándolos al mar. ¿Qué envía un naufrago? SOS, estoy aquí en una isla, vengan a rescatarme, esto del blog se le parece bastante; escribo artículos con intención de que me lean, quiero ser leído ¿quiero que alguien me salve? ¿estoy pidiendo socorro? Al blog no lo leen ni mis amigos.

    Conclusión: 1. Escribo notas poco interesantes. 2. La gente está en la suya. Si la situación es la indicada con el 1, debo mejorar, trabajar más. De ser 2. pues ante esto no puedo hacer nada, cada cual tiene sus ocupaciones, deseos, problemas, afectos que atender. Bien, entonces, hoy que acabo de terminar de leer la novela de David Markson (1927-2010) “La Amante de Wittgenstein”, de quien he leído, subrayado, anotado y releído “La Soledad del Lector”, “Esto no es una Novela” y “La Última Novela” que me encantaron y si se me permite (y soy consciente que un consejo no pedido es una invasión) recomiendo (como total nadie lee lo que escribo, no siento que estoy invadiendo a nadie). Bien, intentaré mejorar la escritura, el artículo de hoy se titula “Carta de un Gorila Apasionado a una/o Zurdita/o Hipócrita”. Es obvio que el Gorila Apasionado soy yo. Nunca fui peronista. Cuando Perón fue expulsado del poder, yo tenía 7 años, en junio de ese año mis padres habían comprado un televisor Sylvania importado de Estados Unidos, que fue toda una novedad en el barrio de La Lucila y todos los chicos amigos venían a casa a ver “Cisco Kid” seguido de “La Patrulla del Camino”. El noticiero de la noche (19 horas, me parece recordar) mostraba una caja fuerte violentada y una mano sacando 30 centavos del interior, una voz con cierto patetismo decía “Así han quedado las arcas del Estado, debido al saqueo del hoy tirano prófugo”. Eso fue en septiembre de 1955. Fui a mi cuarto, abrí mi alcancía que tenía tres billetes colorados de 10 pesos con la cara de San Martín, varios color violeta de 1 peso, creo que con la imagen de la justicia y muchas monedas de 50, 10 y 5 centavos. No podía creer que yo fuera más rico que la Argentina. Algo no me parecía correcto en esa ecuación.

    Mi madre, mi padre, mis abuelos y tíos (salvo dos) eran no peronistas y una tía ultra católica Gorila con mayúscula. Frente a casa vivían los Marini, el padre era el “delator de manzana”, dos padres de amigos habían perdido sus puestos en el Banco Nación uno y otro en la Marina Mercante. El día que cayó Perón, algunos vecinos se juntaron en la vereda de los Marini a cantar el himno portando una bandera argentina. Mi madre volvió a contarnos que cuando Evita murió, los empleados públicos fueron obligados a vestir de luto, y ella que era profesora de Filosofía en un colegio del Estado, entró en el aula vestida de colorado y una rosa amarilla en la solapa; los estudiantes la aplaudieron de pie y el rector le llamó la atención, pero nada grave pasó. Mi padre trabajaba en el Banco de Londres y solía nombrar a Perón como “John Sunday Big Pear”. Cuando juró Lonardi yo pregunté si ahora iba a haber “lonardistas”, mi tía ultra católica, se emocionó y aseveró que el nuevo Presidente era muy católico y se persignó. Al poco tiempo cuando asumió Aramburu, la misma tía dijo algo que tenía que ver con las logias; por mi cabecita de siete años y “Cisco Kid” pasó la Logia Lautaro de San Martín. Toda mi niñez, adolescencia, juventud, edad adulta tuvo y tiene todavía como telón de fondo al peronismo: Perón en el balcón de la Casa Rosada, Perón en la cañonera paraguaya, Perón y Stroessner, Perón en el exilioi Perón e Isabelita, Perón en la España de Franco, Perón y el Brujo recibiendo en Puerta de Hierro, si vuelve o no vuelve, Montoneros, lucha armada, Vandor, los militares, la CGT, los curas villeros, si vuelve o no le da el cuero, revolución, la matanza de Ezeiza y llegamos a los 70 y con la muerte de Perón y el gobierno de López Rega e Isabelita, ya había yo pasado de “no peronista” a “anti peronista”. Me gradué en Filosofía en la UBA una semana antes del golpe militar del 76 (cuento eso en este Blog, que nadie lee en el artículo subido el 6 de octubre con el título de Sapere Aude) Lo demás es conocido: Extremismo de derecha y de izquierda, y en el medio la mayoría, cada cual atendiendo su juego como en el Don Pirulero: trabajando, estudiando, amando, casándose, teniendo hijos, educándolos, leyendo, escribiendo, viajando; estas tres últimas actividades han sido y son mi vida y me definen como un liberal estudioso, muy lector y viajador (no me extenderé, lo cuento en todos los artículos de este blog, que como nadie lee sintetizo: de Alaska a Antártida recorrí todo el continente menos Venezuela, viví dos años en Londres, dos en el sur de Francia, recorrí India y Nepal durante seis meses, viajé por Asia y Europa, sólo estuve en Marruecos y República Sudafricana y no conozco Oceanía. Enseñe Filosofía y paralelamente durante 31 años (1989-2020) fui guía de turismo. Festejé el retorno a la racionalidad democrática con Alfonsín, me entusiasmé con Menem, sólo por un rato, me decepcioné con de la Rua, me pareció vergonzoso la manera en que el peronismo se hizo del poder con Duhalde y luego con los Kirchner (zurditos hipócritas) me transformé en Gorila, me volví a entusiasmar con Macri y a desilusionar, con Fernández inútil, corrupto, genocida de 120000 argentinos muertos por covid, golpeador de su mujer y eterno adjunto penalista y su vice (zurdita hipócrita, genocida de 120000 argentinos muertos por covid y ejemplo de GRASA IRREDENTA NAC & POP) ya me convertí en Gorila Apasionado, cosa que hoy estimo está mal porque me ha llevado a un extremo que no me place, pero me superó la eterna calesita argentina del Bartlebyano “I would prefer not to” (preferiría no hacerlo). Vengo votando las cuatro últimas elecciones por La Libertad Avanza y mi iracundia se parecía a veces a la de Milei. Esto ha sido la síntesis, viene ahora la Carta Abierta:

    Zurdita/o Hipócrita y Grasa Irredenta/o,

    Defino, no tengo nada en contra de los ciudadanos de izquierda, gente que respeto y algunos a los que quiero mucho, son de izquierda y hablamos y discutimos civilizadamente; en cambio zurdita/o es indicativo de desprecio. Hipócrita, es obvio (la palabra viene del griego: actor, farsante, intérprete) el que simula ser, el que detrás de la máscara es otra cosa, el que esconde, también despreciable. Grasa Irredento, es indicativo de repulsa total y si estuviéramos en la Grecia Clásica, pasivo a ser desterrado de la polis.

    Todo es opinable en la vida, creo que el liberalismo capitalista ha permitido que todos los que no tuviéramos titulos nobiliarios, (nuestros antepasados del XVIII y XIX)nos convirtiéramos en burgueses que gracias a la educación laica y gratuita o paga, a las constituciones que garantizaron el ejercicio de las profesiones liberales, la industria y el comercio lícitos, la libre expresión y publicación del pensamiento sin censura previa, el libre culto de las religiones, el libre acceso a un pasaporte que permitiera viajar y un largo etcétera de derechos, garantías y obligacioines, Revolución Norteamericana, Revolución Francesa, paulatina descolonización, Revolución Industrial e ingresáramos en un circuito virtuoso generador de riqueza, cultura, bienestar, refinamiento que permitió que surgieran los derechos sociales y la conciencia que cada vez más ciudadanos tengan una vida mejor y digna de ser vivida. A partir de 1930, y por un complejo panorama internacional que estalló en Europa como Segunda Guerra Mundial, entramos en un circuito de golpes de estado, autoritarismo, doctrina social de la iglesia, alianza militarismo, dogmatismo, verticalismo que en nuestro país se llamó y llama Movimiento Peronista y que siempre defino como “la iglesia católica sin sotana”, amante de la Comunidad Organizada y los gremios Combatiendo al Capital; tan intenso y constante ha sido el combate que ya llegamos a 26 millones de poibres, con todo lo que ello implica. A partir de la década del 70 un número grande de adolescentes universitarios, muchos de ellos educados en colegios católicos, lectores de “Cristianismo y Revolución” fundadab y dirigida por el ex seminarista García Elorrio, admiradores del Che Guevara y la Revolución Cubana, adoctrinados por el padre Mujica y curas villeros, no hicieron el Wooidstock orgiástico de amor libre, yerba y rock and roll y se embarcaron en la orgía de sangre de la guerrilla; algunos en la práctica y fueron muertos en combate o encarcelados sin juicio y torturados o arrojados al mar desde aviones militares; los demás, los que no se embarcaron más que en el hueco cacareo revolucionario, progresaron económicamente asistiendo a la universidad pública, se hicieron propietarios, usaron del Estado para enriquecerse, vociferando ser los dueños de los derechos humanos, se instalaron en Recoleta, veranearon en Punta del Este, edificaron en Jose Ignacio o compraron en Miami donde guardan su dinero Combatiendo al Capital. A esos los llamo Zurditas/os y si les gusta /es, hipócritas y si son funcionarios públicos GRASAS IRREDENTOS.

    Mi presente está a la espera de que estos 95 años que van desde el 6 de septiembre de 1930 con el General Uriburu y su edecán el Capitán Juan Perón entrando en la Casa Rosada y los 80 años de peronismo en todas sus variantes, pero en particular el nefasto zurdaje hipócrita grasa kirchnerista queden fuera de toda posibilidad de retorno.

    Es mi deseo que al menos me puteen.

  • ENERO 1979, SCILLY ISLANDS

    El rotar de las paletas del Boeing CH 47 Chinook de British Airways, me hacen pensar en lejanos cañonazos que impactaron en estas costas desde las temibles embarcaciones de la Armada Invencible. Toda la costa de Cornwall y no sólo las Islas Scilly a donde nos dirigimos en este enero frío de 1979 fue amedrentada por las agresivas velas hinchadas con la gran cruz color rojo sangre, mensajeras del castigo, no sólo de Felipe II, fiel custodio de la fe católica, sino también del Gran Inquisidor español, Gaspar de Quiroga, embarcado en una de ellas con sus esbirros y sus fierros con que horadaban cráneos, torniquetes con púas, látigos de siete lenguas con virolas de plomo, muñequeras y tobilleras de cuero para descuartizamientos públicos y ejemplarizadores para que nunca nadie más osara rebelarse contra la única verdad revelada. Eran los tiempos oscuros de 1588, momento acordado con el papado para escarmentar a quien se había insubordinado, desafiante y racional frente a la autoridad de Roma.

    La señora Hobbes, embarazada, angustiada por infidelidades de su marido y por la tensión amenazadora de la escuadra Invencible termina pariendo a su hijo Thomas el 5 de abril, varios días antes de lo previsto.

    La estrategia de Isabel I, las embravecidas olas del mar británico, la suerte, o la lectura de que Dios bendecía su obrar, hicieron que la Armada Invencible fuera derrotada y que miles de marineros españoles llegaran a la costa.

    Con los años Thomas Hobbes dedicará su “Leviatán” a Sir Sidney Godolphin de Godolphin, quien junto a su hermano Francis, pagando un canon anual a la corona, pasarán a tener el usufructo de las islas y la responsabilidad de defenderlas ante un segundo posible intento de invasión católica. Star Castle de 1593 es parte de la respuesta de Isabel I a ese posible futuro.

    Camino por un terreno lomado con pastizales que me llegan hasta la rodilla. A un lado St. Mary, un pequeño poblado, chimeneas humeantes, un mercado de granjeros, productores de flores, activo y colorido; es tiempo de “picking” (los hombres) y “packing” (las mujeres). Hacia el otro lado el Océano Atlántico, casi infinito, brumoso, plagado de naufragios y vida animal submarina, que siento ajena, misteriosa, amenazante, letal.

    Pienso en otras islas lejanas; pero un atisbo de sol, los pastos altos bailando impulsados por una brisa que vino de una escena de “Far from the Madding Crowd”, la novela de Thomas Hardy que Schlesinger hizo película (“Lejos del Mundanal Ruido”), me llevan nuevamente al mar. Me gustan los límites entre la tierra y el agua, por instantes creo ver el muelle de Pacheco frente al río, que parece un mar marrón y a ratos un lago de la Patagonia.

    El viaje, por momentos es como un collage de Basquiat, de pinceladas que se superponen, casi con furia enloquecedora; otras veces es un patchwork de escenas, que unidas generan una colcha que cobija; por instantes se transforma en una trenza de imágenes, sensaciones, fantasías, donde los hechos históricos compiten con la ansiedad cotidiana, los encuentros casuales, o no; los sueños, en un entramado que sin comprenderlo lo intuimos como el mejor de los mundos posibles.

    Nuevamente a bordo del Chinook, rumbo a Penzance. El motor que mueve las paletas, el ascenso y al rato el mar y unos pequeños cargueros, dejando una estela blanca. Ya no es Julie Christie, bella, codiciada por tres hombres y los espectadores la que simula que sufre, desea, padece, llora, hasta convencernos y sufrimos, deseamos, padecemos, lloramos. Ahora es Robert Duval, es el Coronel gritando “kill them all”, “kill all the fucking bastards”, la costa de Cornwall es Vietnam, no hay balas de cañón, es napalm; una mujer vietnamita embarazada parirá antes de tiempo, sangre, sangre. Marlon Brando repetirá las palabras escritas por Joseph Conrad y el Coronel Kurtz con cada golpe sobre la bestia dirá como una letanía Horror! Horror! Horror! y se escuchará a los Rolling cantando Satisfaction.

    Sir…we have landed.