Autor: alejandrofrango.com

  • AVATARES DEL TREN

    Vengo de “El Ombú”, el río, un palacio fantasma. Vengo de “The Doll’s House” (of all places). Todo gira en una calesita, que a su vez gira en otra, en otra. Jugamos a dos juegos: tren o calesita.

    Son juegos, son ficciones.

    El tren también es prisionero del circuito que le permite moverse.¿Es posible avanzar en un planeta que gira sobre sí mismo, como lo hace una calesita? Giramos alrededor del sol en un universo infinito que está en expansión.

    Amo el tren. Viajar en tren.

    Hay innumerables personas, hechos, instituciones que reflejan el alma británica: Shakespeare, los pubs, el valor del individuo por sobre la especie como lo expresa Borges en “El Ruiseñor de Keats”, el fabuloso, desaforado ennoblecimiento del “loin of beef” por parte del descomunal Henry VIII, que al ser agasajado en un pueblo de su reino con una pieza cárnica de gran tamaño y exquisito y jugoso sabor, se puso en pie, desenvainó su espada y lo declaró “SIR LOIN”, que es como hasta el día de hoy se pide un bife de chorizo en Gran Bretaña como nos cuenta Ben Rogers en “Beef and Liberty”; paralelamente a este acto, Henry VIII, cumple con otro de estricta justicia, que es cortar la dependencia con el Papa (WTF with Rome?); John Locke; el “sense of humor”, expresado académicamente en “The Comic History of England” de Gilbert Abbot A’ Beckett y en el desopilante “From Beowulf to Virginia Woolf” de Robert Manson Myers; el inapelable pragmatismo cuando me presenté al Ministerio del Interior en Londres con el fin de aspirar a una suplencia de enseñanza de español, habiendo hecho expresa mención a la carencia de ciertos papeles requeridos al efecto, y la contundente respuesta del funcionario, previa consulta con su superior: “tiene usted razón señor, but we need you”; el mítico 5 o’clock tea and scons;en fin el Ferrocarril, es decir mis adorados trenes.

    El ferrocarril implica necesariamente un sistema, un orden: horarios, jerarquías, clases, movilidad del individuo, geografía, destino, partida, llegada, controles, hierro, carbón, revolución industrial, comercio, carga, transporte, desafíos, selvas, puentes, montañas, estaciones, túneles, ingeniería, libertad, que es lo más maravilloso de lo “British” (siempre y cuando, esa libertad se realice dentro del espacio enmarcado por los dos rieles, en su defecto hay descarrilamiento). Todo eso es Pax Británica y se celebra en el salón comedor donde conviven un Sir Loin from Argentina, un rack of lamb from New Zealand, un Tandoori and rice from India, un Cab Franc from Australia, un vin de Constance from South Africa, y a cup of tea Orange Pekoe from Ceylon, un wiskey from Ireland or Scotland o un VSOP Napoleón.

    El tren llegó a San Isidro, según lo registra la placa colocada sobre la pared de la estación el 10 de noviembre de 1863. Lo “tomé”, desde la estación “Golf” (hoy Lisandro de la Torre) a las pocas semanas de vida hasta Oivos; me llevaban a la casa de mis abuelos. El de hace 162 años, era a vapor y la locomotora tenía dificultades en la loma Olivos- San Isidro. El de hace 70 años, era eléctrico, de hierro y madera, color marrón, inglés, tenía coches de primera, con asientos de cuero negro, apoyabrazos de roble, abono de color azul y coches de segunda, con asientos de madera (muy parecidos a los del tren que tomé en Colombo hasta Galle en Sri Lanka en 1980, en ese también había de tercera), el abono de segunda clase era verde. Había medio boleto para los menores de 12 años (lo cortaba el boletero de la estación, con tijera, al bies). En los coches de ambas clases había dos donde se podía fumar. Los guardas parecían coroneles y los inspectores generales de división, por lo atildados y por la autoridad que ejercían. Viajaban jueces, ejecutivos, he visto ministros, diputados y al mismo Borges, solo, con sus manos, en su bastón apoyadas. Se escuchaba hablár inglés y alemán. En 1964, se renovaron, fueron de origen japonés, más livianos, con puertas que se abrían y cerraban por medios eléctricos, clase única de tapizados de cuerina verde. En 2014, (los actuales) son de origen chino: cómodos, limpios, con aire acondicionado, calefacción, cámaras de seguridad, información constante, asientos de fieltro. Ya no viajan ni ministros ni jueces. Ha aumentado la cantidasd de mendigos, lisiados, tullidos y vendedores ambulantes. La voz anuncia que “El acoso sexual a mujeres existe” y da un número para informar si alguno se produjera durante el viaje. Se anuncian apps, para consultar información de interés. Se oye hablar en guaraní, quechua, aymara, portugués de Brasil, chino, inglés, alemán, francés, italiano.

    Parejas homosexuales femeninas y masculinas se besan, haciendo por fin, inútil la afirmación de Beaudelaire, agradeciendo a Dios no haberlo hecho mujer, negro, judío, homosexual. Billy Joel, debería modificar los verso de “Piano Man”: “making love to his tonic and gin” y reemplazarlos por “making love to his I Phone and Samsung”. Se viaja mejor, más rápido, en horarios que se cumplen y con tarifas baratas.

    Escuché este Rap, interpretrado por una chica adolescente

    “No soy Niky Nikole

    No tengo Naik

    Por eso no podés tocarlas

    Podés tocarme las patas, podés tocarme los pies, podés tocarme la panza, podés dejarme un diez

    Así sigo cantando todo lo que no ves, porque lo que ves no es lo que es

    Lo que es, es oscuro, es sucio, es paco, es chuta, es mugre, es hambre, es golpe, es grito, es sangre, es barro

    No soy Niky Nikole

    No tengo Naik.

    Habíamos comenzado ese primer viaje en Retiro, con destino final La Paz. Fueron 108 horas de viaje. Con cambio de tren en Altos Hornos Zapla, en la provincia de Jujuy; llegada a la frontera, noche en La Quiaca y cruce a Villazón, Bolivia. Seguimos en un convoy, tirado en partes muy empinadas por dos locomotoras, de las negras, con carbonera. Pasamos requisas por un vasto contrabando hormiga, del que todos estaban al tanto y entre coimas a los aduaneros, ruegos, llantos,”permisito, por favor hágame campillo para mis cositas”. Requisas, también de los Rangers que buscaban guerrilleros, hasta que pocos años después, en 1967 dieron con el Che Guevara.

    Vendrían luego una larga serie de trenes maravillosos, el tren Constitución Bariloche, casi eterno, inolvidable. El Trochita de Ingeniero Jacobacci a Esquel, con las salamandras que los pasajeros alimentábamos con troncos de quebracho colorado. El Siligury- Darjeeling, en la India, atravesando campos de té en Happy Valley, tren de altura y curvas cerradas de 100kilómetros de recorrido y 10 horas de duración, eso fue en 1980. El Orient Express desde Zurich a Estambul, en 1981 con paradas en Belgrado, capital entonces de Yugoslavia, eternamente gobernada por el mariscal Tito. Hoy Belgrado es la capital de Serbia, una de las seis repúblicas en las que se ha partido aquel país después de crueles e interminables guerras. Atravesamos Rumania, parando en Bucarest, gran parte de Bulgaria, donde caminamos varias horas por Sofía, su capital, antes de alcanzar nuestro destino: Estambul, donde nos recibió una banda de entorchados músicos.

    Para la misma época se construyeron el Pacific Railway en Estados Unidos y el Central Argentino. Los dos países americanos, nuevos, consolidando sus instituciones y recibiendo entre ambos, la mayor corriente inmigratoria desde Europa, aceptaron conceder a las empresas británicas, a cambio de la construcción de la red ferroviaria, 5 leguas de tierras a ambos lados de los rieles. Excelente negocio para las partes, los ingleses venderían luego esa tierra a colonos, Los Estados Unidos y la Argentina tendrían vastas vías de comunicación. Había llegado el progreso, el comercio, la civilización. Esto fue festejado con entusiasmo en el norte, en cambio aquí, dio origen a interminables artículos y libros contra el avance del imperialismo ateo, masón y liberal, versión nacional y popular de dos concepciones sobre la necesidad. Es de cuño católico que la misma (la necesidad), tiene cara de hereje y es importante entonces el asistencialismo porque el rebaño puede enfilar para otros rumbos. En el mundo protestante, en cambio, la necesidad es y será siempre la madre de la creatividad y la invencióin.

    Es 1964, estamos en Huaitiquina, es medianoche en los Andes. Hemos parado. Los hermanos que se turnan en la conducción del camión frigorífico que nos trae desde Chile, han abierto la puerta de la caja donde viajábamos. Vemos el borde azul negro de las montañas iluminadas por la luna llena. Los dos hermanos, Caco, yo y un lugareño totalmente borracho bamboleándose y hablando sandeces frente a su rancho precario.

    Aquí se quedan.

    Aquí, es ningún lugar.

    La luna era un caleidoscopio desde donde se nos observaba; nosotros, en cambio, los quebradizos cristales de colores que nos movíamos a su antojo como títeres de un guión improvisadso en el que un montajista ignoto, muchas veces cruel nos hacía girar a su arbitrio.

    Comprendieron.

    Olacapato, nos aloja una familia ferroviaria. Tren carguero, furgón de cola. Nieva sobre el Tren de las Nubes, que serpenteando nos dejará en San Antonio de los Cobres. El guarda encendió la garrafa. Sin decir una palabra, llenó de agua una olla enlozada y fue tirando dentro de ella, sal gruesa, mandioca, zanahorias, zapallo, papas, batatas, cebolla, trozos de carne vacuna, chorizos, panceta. Ateridos de frío, comimos en las nubes: una imagen de la felicidad, otro miembro de la Sociedad Anónima.

    Es Misiones, es Cataratas del Iguazú, es 2002, cruzamos a Brasil; en ómnibus viajamos a Curitiba. Estamos en la estación de trenes, vamos a Paranaguá, vamos a recorrer los 108 kilómetros de un increíble ferrocarril construido entre 1880 y 1885. El viaje dura 4 horas, al recorrer la traza se comprende la rémora: se cruzan el río Ipiranga, dos represas, 13 túneles (uno de ellos de 400 metros), un puente de 110 metros de largo tendido sobre una cascada de más de 50 metros de altura, se atraviesa, en fin, una selva tupida de la Reserva Natural, que, nos dicen, es el 10% de la selva de Brasil. Vemos orquídeas, hortensias, alegrías del hogar, y una bella flor color rosa, cuyo nombre es Caraca da Serra. Hay cobras, yararás, pumas, monos, tucanes. La altura máxima del ferrocarril es 998 metros. Lo construyeron 9000 hombres, 3000 de los cuales murieron trabajando.

    Pienso en el ferrocarril más largo del mundo: el Transiberiano, 9288 kilómetros de vías y en los 15 años que demoró su construcción (1892 – 1907). Pienso en el orgullo que todo ferroviario tiene por el tren: me acordé de un episodio en el New Jersey Transit, cuando una “conductor”, así llaman al guarda, una mujer grande y enérgica amonestando por el micrófono a dos pasajeros que habían subido al tren, no por la plataforma, sino cruzando las vías: ” You don’t do that in MY train”, ese orgullo por “su” tren me parece admirable.

    Es Vancouver, es British Columbia, es Canadá, es 2011, abordo el Viarail, el ferrocarril que después de cuatro días me dejará en Toronto, 4400 kilómetros de felicidad. Lagos, bosques, llanuras inmensas que remedan las nuestras: los mismos cultivos, grandes rodeos vacunos, hombres a caballo, las montañas Rocallosas; cada tanto una catarata anunciada a los pasajeros:”miren a su izquierda, voy a disminuir la velocidad para que puedan ver la caída de agua”; al rato ,”osos a la derecha”.

    Salón comedor, bar con cúpula de vidrio.

    Atravesamos las provincias de British Columbia, Alberta, Saskatchewan, Manitoba y Ontario. Pasamos Jaspers, Edmonton, Saskatoon, Winnipeg, Sioux Lookout, donde supuse que un malón de sioux nos atacaría, no fue así. Subió un músico con un cello, para el que había reservado el asiento contiguo al suyo. Una noche, en el bar desde el que se veía una luna menguante, tocó su arreglo de Rapsodia en Blue de Gershwin.

    Después de dos días se produce una familiaridad, que a veces hace ver como invasores a los ocupantes de otros coches que atraviesan el “nuestro”. Leo en el libro “El Transiberiano” de Albert Thomas, “El tren no es sólo un medio moderno de cambio de mercancías, sino un factor poderoso para quebrantar las jerarquías sociales”.

    LAS CAVERNAS EN EL TREN

    ¿De dónde venía? No me refiero al lugar, eso lo sé; un habitante del conurbano profundo de Buenos Aires. Me refiero al tiempo.

    Mirada perdida, naríz golpeada, amarrándose al barral del tren para no caerse. Una especie de amplia bermuda color caqui, una especie de poncho o sotana le caía sin cubrirlo sobre un prominente abdomen, una especie de lenguaje, casi como un suspiro, interrogaba a cuanto pasajero subiera al tren: “¿tiene 20 pesos?”, como si estuviera cobrando una entrada para el espectáculo dantesco que presentaba su persona. El olor que despedía era nauseabundo; se combinaban en su humanidad, el zorrino, la transpiración, la mierda, unos pies sucios y olorosos que dejaban ver sus dedos por la capellada raída de unas zapatillas encontradas, varios números más pequeños que sus pies. Era un hombre de la Edad Media, de un tiempo sin trenes ni industria siderúrgica. No combinaba con todos los cableados y conectados que lo rodeábamos. Es el tiempo que vivimos. En enero, en Edimburgo, le dejé campera de duvet y sweater a un indiduo, en similares condiciones, pero, estaba a punto de nevar. Hay millones como ellos. Es noviembre 2019. ¿Es que alguien en su sano juicio, puede pensar que esto no acabe en guerra?

    Hay un tren sobre rieles, en un simulacro de estación, que no conduce a ningún destino. Está en. la Quinta “17 de Octubre”, que fue de los Perón, en San Vicente. Es un tren maravilloso, que no parece real, tiene coches dormitorio, hay un salón comedor, living, escritorio con estantes vacíos para colmarlos de libros. Es mi tren ideal. Mi fantasía. Convocaría a miembros de la Sociedad Anónima. El guarda anunciaría la partida y el convoy lentamente enfilaría hacia Haparanda, Anchorage o Victoria Station, sí cualquier itinerario ferroviario o de ficción. Sí también con crimen incluído, con intriga, con suspenso, mientras nos siguen los apaches y nos arrojan flechas incendiarias, o el malón de Painé nos alcanzará cerca de la laguna, o los cowboys nos esperan agazapados en el desfiladero donde tendremos que frenar ya que han hecho una barricada y se llevarán la caja de la Wells Fargo, y lloverá, siempre tiene que llover. La lluvia es música líquida, servirá para apagar las flechas en llamas. Aunque la historia bien podría ser otra, si llegamos al tunel antes que los salvajes nos alcancen. Sí, el túnel es nuestra salvación y allá al fondo se ve por fin la luz y luego bordeando el acantilado, habremos llegado a Land’s End, el Finisterre donde una contundente masa de granito desbarranca en el mar; son las estribaciones de Gran Bretaña, la península de Penwith. Desde la costa y con el intermitente haz de luz del faro Godvery iluminando sus manos, Virginia Woolf escribirá su novela con sangre. Penwith, es promontorio de sangre, en el idioma Cornish.

    Estamos en Cornwall que es tierra de cuentos y leyendas populares donde se entreveran naufragios y contrabandistas de la talla de John Carter (The King of Prussia) y de extraños sucesos donde mineros rudos cavan túneles y viven en el pueblo de Chysauter, el bimilenario laberinto de la edad de hierro, donde en fraguas aun calientes se templaron las espadas del Rey Arturo y sus caballeros que solían atar sus caballos al pie del Mount St. Michael, conectado a su homónimo en Normandía por u n túnel submarino desde el cual se manejaron durante siglos el ritmo de la plea y bajamar.

    Ciudades, civilizaciones; por todas partes: templos, el deseo de que haya algo más. La necesidad de toda cultura de sentirse elegida. Dioses que han huído. Un vacío a ser llenado. Reiteración del esquema: divinidad, monarca, secta de brujas, magos o sacerdotes, militares, clase alta, pueblo.

    Cada vez que pienso en cómo nos educaron, experimento algo que oscila entre la vergüenza y el engaño. ¿Qué sabíamos de los Incas? Lo que nos había narrado la muy católica España. A la edad que teníamos durante ese viaje iniciático en 1964, a los 15 años, ya notaba que había una imperiosa necesidad de elegir, una urgencia por subirse al tren de “labrarse un futuro y hacer plata”, medida del éxito o del fracaso.

    Mi tren circulaba por otros rieles.

    Me resistía a ser un eslabón en la cadena de producción: ser un experto en ojos, carburadores o filosofía. La aventura, recorrer el mundo, me parecía el más noble de los kioscos posibles. Comenzaba a entender que mi tiempo sería otro. De haber una lógica, mi vida debería tener la suficiente duración, como para encontrar las palabras. No podía aceptar;”En el principio está el verbo”, al inicio sólo hay sangre, llanto, grito, mierda. Infante, es quien carece de lengua. De poder balbucear algo, ello sucedería al final del recorrido.

    La yerma simpleza que se experimenta en el interior de Islandia, en Patagonia, en la estepa de Mongolia, en los desiertos de arena o hielo. La enmarañada selva, el bosque oscuro, el mar infinito; el terror a perderse y ser tragado por ellos. El miedo a ser atacado por el tigre de Bengala, el oso de Canadá, el tiburón martillo del Caribe, la pitón de Sri Lanka, el marginal desplazado, el policía sin protocolos, los salvadores de la patria y su mentirosa épica.

  • TARDE DE OTOÑO

    Es sábado, es finales de marzo, es 2022, camino desde casa hacia el centro de San Isidro, paso el mástil y escucho una voz de soprano que canta una canción romántica, pero tan bien modulada y con tanta pasión que deja de ser romántica y parece un grito como de guerra pero de alegría (no sé si yo me entiendo muy bien, pero era algo que impresionaba). La voz sale de la garganta de un hombre alto de tez oscura, es no vidente y espera que le dejemos algo en la gorra que está a sus pies. Sigo mi camino hacia la calle Chacabuco y aún en la esquina escucho su voz. Me recordó a un italiano que cantaba en Palermo, Sicilia y que también era ciego y a un señor muy gordo que cantaba a la salida del Guggenheim en New York y a una chica que cantaba frente a Trinity College en Dublin y a un señor hindú que no cantaba, que también era ciego y que extendía su mano como para que también le dejáramos algo a la entrada de un templo en Rameshwaram. Pensando estas cosas sigo mi camino y una suerte de empatía con los cantores callejeros me provoca una sensación de armonía, de cariño por los miembros de la Sociedad Anónima de la que formamos parte. Sí, la sensación es de ternura con la humanidad y me place que así sea porque suelo tener ira y bronca y desprecio hacia esa misma humanidad. Pero hoy no, hoy es un día que no está ni frío, ni húmedo, ni lluvioso, donde a ratos sale el sol y a ratos se nubla, hoy que es climáticamente híbrido y que yo me siento humanamente como el día, en el cual no estoy ni activo, ni pasivo, ni huraño, ni conversador, ni apasionado, ni melancólico, ni deseante, ni depresivo; esa voz de ese señor en el centro de San Isidro me transportó a muchos lugares y de pronto pienso en Taylor Hawkins, el baterista de Foo Fighters que cerró el festival de rock el 20 de marzo y que el día 23 a los 50 años fue encontrado sin vida en el hotel en Bogotá cuando debía presentarse en otro festival. Ese día 20 cuando con maestría le hacía gritar a los platillos de su batería unos sonidos que exaltaban a los miles que lo escuchaban y nada hacía suponer que tres días después apareciera muerto, escribí lo que sigue:

    DO YOU WANNA SEE HIS PANTS ?

    Beeeeee, Beeeeee, Beeeeeee.

    I can’t hear you, DO YOU WANNA SEE HIS PANTS ?

    BEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE

    Y entonces Taylor Hawkins (1972) baterista de Foo Fighters obedeciendo a la gran masa del pueblo que ha respondido afirmativamente a la pregunta de Dave Grohl (1969) en la noche del 20 de marzo de 2022 en el Lollapalooza en el Hipódromo de San Isidro se pone de pie y luce unas calzas a rayas que enmarcan un bulto (de aquí en más EL BULTO)

    EL BULTO por el que viene balando en la Atenas derrotada por Esparta en tiempo de Aristófanes (444-385) después de soportar pasivamente una decadente oligarquía que erosionó hasta los cimientos la cultura ateniense. EL BULTO que degradó la Roma de Plotino (205 – 270) después de gobiernos de vejatorios emperadores. EL BULTO, que cínicamente hicieron adorar los Borgia (Calixto III y Alejandro VI) en el siglo XV. EL BULTO ante el que levantaron el brazo mientras vociferaban “Heil Hitler” (1889-1945?) millones de alemanes. EL BULTO que nos muestra Vladimir Putin (1952) al entrar en Ucrania.

    Piedras, palos, flechas, catapultas, espadas, balas de cañón, metralletas, tanques, cazas bombarderos, misiles teledirigidos, bomba atómica: representaciones de EL BULTO.

    Así hayas estado en el muelle de Pacheco, pescando desde las 22 horas hasta las 7 de la mañana del día siguiente y hayas pescado 5 pacús y 1 dorado como me dijeron los tres pescadores con los que conversé unos minutos desde mi bicicleta; sabés que aquí a tu celular llegan y quedan cada una de la escenas de EL BULTO de Putin pavoneándose por la llanura ucraniana. Pero así es WE WANT TO SEE HIS PANTS, WE WANT TO BE FUCKED por el que tenga el más grande pene y de tratarse de ELLA, sí claro también o para qué carajo se inventó y se fabrica la “cinturonga”, ¿ para que nadie la compre, para que nadie la use?

    Beeee, Beeeeee, Beeeeeeeeee, bala el rebaño y no puede dejar de balar clamando ansioso por el pastor que lo conduzca y le clave el “visto” y EL BULTO.

  • ESTADO PERSONAL

    La verdad es el único estado que me interesa. El estado, los estados nacionales no me gustan, me gusta la gente que vive en ellos. El estado nacional y popular me resulta detestable y los autócratas hipermillonarios que los dirigen verdaderamente repugnantes. La clase política, lo que desde hace un tiempo se ha dado en llamar “la casta” me produce alergia, pero parece ser que es imposible de erradicar, es ínsito al poder, generar esa camarilla les asegura la supervivencia, la adulación que necesitan como el aire que respiramos, son hipócritas, mentirosos, insensibles. A mí me dan asco; allá ellos.

    Comencé diciendo que el único estado que me interesa es el personal, es decir mi persona que implica un grupo de gente que son los que me constituyen, familiares más próximos, amigos de toda la vida, los que han estudiado conmigo, nuevos amigos con los que trabajo, gente querida y que sin ellos no soy; los recién llegados niños entre 11 años y 10 meses, es decir nietos a eso llamo mi estado personal, que además incluye a otro montón de personajes, gente que veo todos los días caminar por San Isidro, vecinos, comerciantes, en fin los miembros de la aldea a quienes saludo amablemente y cuyos nombres casi no sé, ni tampoco dónde viven, esos, la comunidad a la que pertenezco: todo ello más algún periodista de la mañana temprano y bueno todos mis libros, eso es mi estado personal. Ese estado personal (es decir moi meme) está subiendo a este Blog todos los días al menos un artículo y a veces dos y hasta tres, que nadie lee y cuando lo hacen es porque les digo que subí tal artículo y me da un poco de vergüenza porque parece que los obligara a tener que leerlos. Ese estado personal, seguirá escribiendo, pero la verdad ¿para qué escribo?, digo ¿para qué escribo en el blog? Porque escribir escribo siempre ya voy por la bitácora número 40, una suerte de diario con opiniones, historias de mis viajes, estados de ánimo, lugar donde tambén dibujo y en gran medida me explayo íntimamente. Escribo en el blog porque es lo más . parecido a publicar un libro, que en mi caso tiene título, “ORNITORRANCIA” que es una suerte de ensayo, opiniones, collage, diario, biografía, oralidad escrita, confluencia, instalación, vagabundeo, cruce de caminos, laberinto, mis viajes por 68 países, algo así como “A Cock and Bull Story” y que encaja, o me gusta que encaje en aquello que dice Walter Benjamin: “El que viaja, tiene algo que narrar, El sedentario, escribe una novela”.

    Bueno era eso, necesitaba decirlo, hay veces que mi Estado Personal me rompe soberanamente las pelotas, hoy es una de esas veces. Creo que cuando uno está enojado con el mundo, uno miente, creo que uno sólo se enoja con su Estado Personal.

  • JUGANDO AL BILLAR SIN TACO Y SIN BOLAS SOBRE UN TAPETE DESTEÑIDO Y RAÍDO EN LA MESETA DE SOMUNCURÁ CON DAVID HUME (1711-1776), RAYMOND ROUSSEL (1877-1933) Y JUAN JOSÉ SAER (1937-2005)

    “TRATADO SOBRE EL ENTENDIMIENTO HUMANO”, “LOCUS SOLUS”, “CICATRICES”

    El título es la síntesis de lo que recuerdo del sueño que tuve; ocurrió anoche 7 de agosto de 2024, no vale describirlo ya que la idea de que los tres escritores pudieran estar jugando conmigo una imposible partida de billar en el medio de la meseta patagónica supera ampliamente mi capacidad para escribir un texto surrealista. Haber tenido ese sueño ya es surrealista. ¿Es válido preguntarme por qué lo tuve? ¿Acaso lo sé de alguna misteriosa manera? Los textos anotados seguidamente al título son los libros leídos de los tres escritores que se relacionan por la actividad del imposible juego onírico del billar.

    David Hume se pregunta ¿cómo conocemos? Y trata de explicar la causalidad (causa-efecto) mediante el uso de una de las actividades ociosas en las que era un experto como filósofo y soltero bon vivant y explicando que en el billar, al impulsar una bola (causa) hacia otra que estuviera quieta, al chocarla haría que ésta se moviera (efecto). Se pregunta Hume ¿cómo es posible saber tal cosa?, ya que podría suceder algo distinto de cambiar algunas circunstancias físicas, por ejemplo que las bolas se repelieran o cambiase el sentido de la gravedad. Obviamente estaríamos en otro espacio con leyes físicas diferentes a las que conocemos por la experiencia que se remite a lo que ha venido sucediendo, es decir el pasado, y pronosticamos que así como fue, seguirá siendo, pero ¿es ello razonable? Y concluye que no es así, tan sólo la costumbre, el hábito de que a tal causa suceda tal efecto nos hace formular leyes sobre la realidad, con lo cual abrió la puerta a la duda, a la relatividad que escandalizó a muchos pero despertó a Kant de su sueño dogmático.

    Raymond Roussel va a develarnos el secreto de cómo escribió algunas de sus obras y sabemos por Michel Foucault, André Breton, Jean Cocteau, Michel Leiris, Gilles Deleuze, César Aira, Maurice Blanchot entre otros que nos dirá el “cómo”, pero no el “¿por qué? ” y se referirá a “algunas” de sus obras y no a todas, y sabemos que develar el secreto es mantener el misterio o que tal vez develarlo fue su deseo de ser reconocido por su genialidad en cuanto al procedimiento ya que sospechaba que no sería recordado por sus textos pero sí por la técnica de llegar a la escritura de una oración que en el caso de “Nuevas Impresiones de África” afirma que cada verso de las mismas le llevó 15 horas de trabajo,en donde la idea es dejar que sea literatura y nada más que literatura y no todo lo que agregamos de historia personal y fantasías sexuales y viajes y teorías políticas y conciencia ambiental, económica, histórica, social y que fuera sólo combinaciones de la imaginación, es decir propias del superhombre nietzscheano y no de lo meramente humano, es decir la nuda escritura, pero ya que estamos con el billar, diremos que dejó a la literatura en bolas, y que cada cual entenderá lo que pueda entender porque es un procedimiento de escritura y no de lectura como bien dice César Aira y el propio Roussel que pretende que lo leamos con la misma ingenuidad con la que un niño se acerca por primera vez a algo; y entonces nos dirá que “escogía dos palabras muy similares, por ejemplo “billard” (billar) y “pillard” (bandido), luego añadía palabras parecidas perto tomadas en dos sentidos diferentes y obtenía con ello dos frases casi idénticas. Una vez encontradas las dos frases, se trataba de escribir un cuento que podía comenzar con la primera y terminar con. la segunda. Y de la resolución de este problema extraía yo todos mis materiales”

    Juan José Saer está molesto por esa “porquería de luz de junio que entra por la ventana” y lo que el narrador va a hacer con la bola de punto, que es la suya, y no la de Tomatis, es lo que dice Hume que hace con las suyas y después se irá formando un triángulo imaginario y un largo etcétera, que concluirá 83 páginas más adelante con ese párrafo que me dejó perplejo ya que me recuerda a Philippe Petit en infartante equilibrio caminando por el cable entre las dos torres del World Trade Center y que dice así: “Cualquiera hubiese sido su círculo, el espacio a él destinado a través del cual su conciencia pasaba como una luz errabunda y titilante, no difería tanto del mío como para impedirle llegar a un punto en el cual no podría alzar a la llovizna de mayo más que una cara empavorecida, llena de esas cicatrices tempranas que dejan las primeras heridas de la comprensión y la extrañeza”. Saer como Petit cruzó de una torre a la otra con éxito.

    Ahora por qué en la inmensa llanura de Somuncurá que es una altiplanicie de más de 25.000 Km cuadrados, vacía de humanos en territorios que son parte de Río Negro y Chubut y donde sólo conozco Ingeniero Jacobacci y el recorrido completo de “La Trochita” hasta Esquel que sólo me la recuerdan unos vecinos que verano tras verano van a recorrerla y supongo que tratan de entender algo de este extraño universo y expresarlo a su manera como Roussel, Hume, Saer, Petit, vos y yo lo hacemos a la nuestra.

    Hoy 7 de agosto de 2024 se están cumpliendo 50 años de esa caminata en el vacío entre las Torres de New York, vacío que tal vez no difiera tanto de éste, el de la meseta de Somuncurá, que es vacío que produce un “vértigo horizontal”, como dice Borges, que dijo Drieu La Rochelle de la vastedad de la pampa.

  • SOMBRAS CHINESCAS

    Sigiloso, contundente, se derramó como una copiosa nevada sobre un glaciar milenario. Imperceptible, artero, poderoso, invasivo, letal. Irrumpió como el Dios implacable de los hebreos. Coronado, como nuestra sien de laureles, me privó del tren Transiberiano, planeado para mayo 2020. Mis libros, mi casa, el río y el muelle de Pacheco, son ahora, el nuevo mapa de mis aventuras. Las singladuras, que van llenando mis bitácoras, dan cuenta de esos avatares que hoy hacen mis días. La bicicleta reemplaza trenes y aviones.

    En primavera y verano salgo a las 6, en otoño e invierno una hora después. Escucho las noticias por radio y nombres de la política nacional y mundial, cifras del Covid, femicidios (uno cada 30 horas), resultados deportivos y temperaturas se cuelgan del manubrio de la bicicleta. Por suerte una huidiza comadreja, la aristocrática elegancia de una garza, el ataque mortal de un gavilán mixto al cogote de una cotorra me distraen de esa fauna de burócratas, influencers, goles, ectopascales.

    Opté por un circuito, siempre el mismo, como para emular al río en el que nunca nos bañamos en las mismas aguas. Hay días que el río parece un mar. Sopla el viento del sur, olas espumosas revientan contra el cemento del muelle alejando por igual, de la orilla, a pájaros y pescadores. Desde el muelle, miro hacia las casas en las barrancas. Techos y balcones semi ocultos por árboles centenarios. Araucarias, robles, tilos, palmeras, jacarandaes, ombúes, palos borrachos, las omnipresentes tipas.

    Han tirado abajo la casa de Orlando Williams, escucho las topadoras limpiar el terreno, anuncian 10 lotes de “Vivienda Unifamiliar Agrupadas”. Demolieron “Los Pájaros” en la bajada de Colón, ladrillos blancos y torreón de pizarra negra, fueron reemplazados por cristal y cemento. Tirar abajo, construir. ¿Cuántas veces ha cambiado mi piel? ¿Cuántas veces ha cambiado el signo monetario nacional en sólo 50 años? Lo que no cambia es el río, impertérrito, se dirige al océano.

    Hoy en cambio, el río es un lago, se percibe que llega el otoño. El río parece decir, “estoy así porque se me canta”. Hay dos garzas ¿Son las mismas de estos días? Parecen signos de interrogación ¿…..? Los abre la blanca, los cierra la garza mora. ¿Qué las inquieta? porque las garzan ven que han caído árboles, no pueden no escuchar las topadoras, perciben cuando el río es mar y cuando es lago, ven a los juncos trabados en su balanceo por bolsas de plástico. Cuando me acerco se alejan. Dos mujeres, charlan en un banco de cemento, frente al río. Me recuerdan a las garzas que veré en pocos minutos ¿estarán mirando la salida del sol? Mientras, el Robot Perseverancia ha llegado a Marte.

    Ya las veo caminar con elegancia. Lo hacen con el cuello erguido, que al rato se interroga como ayer.

    ¿Quién diseña el mundo que habitamos? ¿Silicon Valley? ¿Wuhan? Hay veces cuando voy en la bici, que me veo como si yo fuera un espectador que ve pasar a un hombre en una bicicleta que pedalea aun a oscuras por la calle Rivera Indarte frente a la Quinta de Pueyrredón, pero no soy yo el que va montado, sino la imagen que tengo de un noticiero en canal 7, blanco y negro donde mostraban al Rey de Suecia pedaleando por una calle de Estocolmo; se podía leer Lord Nelson Hotel y el nombre de la calle Gamla Stan, donde muchos años después me hospedaría por el recuerdo de aquella imagen. Las películas en blanco y negro siempre me remiten a pre o post guerra.

    Hay veces, en el diario pedaleo al muelle de Pacheco que me concentro en los árboles. Manchas amarillas de los ginko bilobas, rojos robles canadienses, ombúes verdes; semáforo natural que advierte, prohibe y faculta a continuar. Hoy son las veletas, lo que atrae mi atención. Veo la figura de un gallo, que mudo cacarea a la salida del sol, veo también un pescado, un venado y un ferroso cazador, una cigüeña, luego undragón en una casa estilo Tudor:”weather vane”. En el borde una mansarda giraba un bergantín “giroutte”.

    Otro día el río es una pintura de Joseph Mailord William Turner quien nació en Covent Garden el 23 de abril de 1775 y murió en Cheyne Walk en Chelsea el 19 de diciembre de 1851, estudió con Joshua Reynolds, en Margate, en el estuario del Támesis y que hoy, apoyado en mi bicicleta, que reemplaza al Transiberiano, evoco en un día “blurred” que insinúa a Buenos Aires, allá en el otro extremo del estuario. Covent Garden, Cheyne Walk, mis espacios por dos años, que hoy son parte de mí, que están en mi memoria como “blurred”.

    Hoy es 14 de julio, día de la Revolución libre, igualitaria, fraterna. El río, las aves y la ciudad al fondo son un gigantesco collage con trazos de Grosz, Otto Dix, Max Beckmann, Christian Schad, Carl Grossberg. El río es hoy puro Neue Sachlichkeit, tiene la tensa y expectante calma de la efímera República de Weimar, la que antecede a la pesadilla de la noche hitleriana.

    Hoy es un día calmo, no hay brisa, no hay olas, el río es un espejo, es la carátula del vinilo de Pink Floyd “I Wish you were here”. Hoy hay paz, es como si la sombra chinesca de esta peste fuera un mal sueño.

    Esta ubicación geográfica, a mitad camino entre la gran ciudad y el delta ¿es acaso un indicio de mi ubicación en el mundo?, ser un espectador ¿soy ajeno a la avidez por el dinero, la fama, la pareja? ¿Pretendo como Heráclito, Whitman, Nietzsche tan sólo caminar interrogando? ¿Soy sólo un diletante exponente de la clase media, y por tanto sordomudo que no sabe darse a entender por escrito? Cuando esto concluya y todos salgan a emborracharse, a drogarse, a vivir la orgía postergada ¿seré uno de los que se retira escéptico, como Bertrand Russell de Trafalgar Square en 1945? Estas preguntas me hago aquí en el muelle, del que me retiro apenas el golpeteo de las olas contra los pilotes, es tapado por voces que todo lo invaden.

    Mismo día, son las 13 horas, asado en barrio de Nordelta, jardín que termina en laguna. He llegado en auto con torta de chocolate. Somos varios, hay niños, adolescentes y nosotros. Hay una señora de comunión dominical, empresarios, abogados (siempre hay abogados), uno es el Gordo, de risa contagiosa, parlanchín, con casa en Miami, dinero (mucho) en Merryl Lynch, es peronista, abanderado de lo nacional y popular; su porfolio de relaciones abarca todo el arco político, no hay ministro, embajador, senador, gobernador que no nombre en éste y otros ágapes en que me lo suelo encontrar. A todos llama sus amigos sin percatarse que los políticos sólo tienen intereses.

    “Han arruinado el país, hace más de 70 años que quedamos entrampados entre el peronismo a secas, el de Menem y el delos K”, dice, sacada, la comulgante y deja la mesa para tomar sol junto a sus nietas. “No te enojes Amalia, que Bergoglio ahora va a imponer la señal de la cruz como “en el nombre del Padre, del Hijo y del espíritu de Perón”.

    Nos reímos y se produce una discusión entre el Gordo y un empresario que se eleva hasta: “Y no jodas Juan Manuel;le espeta el Gordo; que el golpe de estado a Perón se terminó de gestar en el altillo de la casa de Victoria Ocampo, donde Rojas y otros gorilas como vos, interrumpieron un proceso de desarrollo nacional y la mayor distribucíon de ingresos a los trabajadores de la historia argentina “. Intervino Gastón, un ex embajador: “Es posible que haya sucedido lo que acabás de decir, pero si chicaneamos, hagámoslo con seriedad, valga el oxímoron. Lo que pudo haber sucedido en lo de Victoria Ocampo, fue un retruco a lo acontecido en septiembre de 1930 en Florida al 500, en la casa de Matías Sánchez Sorondo, cuando el día anterior al golpe contra Yrigoyen, se reúnen el General Uriburu y su edecán, el entonces Capitán Perón, para terminar de ajustar detalles. Sánchez Sorondo fue el primer Ministro del Interior de Uriburu. Sánchez Sorondo era fascista, antisemita, padre de Marcelo, apólogo de Franco y de Mussolini y “by the way” (a Gastón le encanta mechar algún giro británico entre tanto populismo expreso), y abuelo de Monseñor Sánchez Sorondo, mano derecha del Papa Francisco”.

    La llegada de la torta de chocolate impuso una tregua. Nos retiramos cuando el sol dejaba un brillo final en el agua, empezaba a refrescar y una suerte de bruma se quedó con la laguna.

    El Covid me ha privado del cine, hace más de un año que no traspongo los límites de la zona entre Tigre y Vicente López, ya no doy clases. El turismo ha desaparecido.

    Tal vez el encierro me incite a dejare de ser ágrafo.

  • RUA GARRETT, LISBOA

    Es 13 de mayo de 2025, estoy leyendo los diarios de sábado y domingo pasados, plenos de noticias sobre el Vaticano, la elección del nuevo Papa: orden religiosa a la que pertenece Robert Prevost (agustino), trayectoria; el hecho de haber nacido en Estados Unidos y haberse nacionalizado peruano; la elección de su nombre: León XIV; similitudes y diferencias con su antecesor Francisco (jesuita); las miserias del cónclave (recordemos que los que votan son prelados, no ángeles); la curia habitada por conservadores y reformistas; las luchas (por demostrar quien está más cerca de Dios (versión clerical de quien la tiene más larga). Detalles sobre el Estado Vaticano en cuanto a su poder: una de las más eficientes diplomacias: 120 nuncios apostólicos (embajadores) distribuidos por el mundo, relación con 184 países, 5300 obispos, 400.000 sacerdotes, 1.400.000.000 millones de fieles, status de observador permanente en Naciones Unidas, aunque sin derecho a voto. Se preguntarán ustedes ¿qué tendrá que ver esta noticia con el título que le he puesto? Escucho por radio que hoy la iglesia conmemora el 108 aniversario de la aparición de la Virgen en Cova de Iria, pequeña localidad cercana a Fátima, en 1917, tiempo de la Primera Guerra Mundial, ante tres niños cuidando un rebaño de ovejas, conocidos desde entonces como “los pastorcitos de Fátima”(el diminutivo tan horrible en literatura es siempre conveniente en materia religiosa, ya que si se descubre un error (o un casi imposible engaño) será juzgado como pecadillo (ya que estamos, en toda su inmensa obra Borges emplea sólo 2 diminutivos (1 evitable) “cuchillito” y “corredorcito” (sepa el lector encontrarlos y haya paz en el mundo, amén)) eran ellos Lucía dos Santos de 10 años, y sus primos Francisco Marto de 9 años y Jacinta Marto de 7. Pues bien ya nos vamos acercando, nos queda pagar los 13 euros para tomar el tren de Fátima a Lisboa y en poco más de 1 hora y 30 minutos recorreremos los 120 kilómetros que las separan, tomaremos luego el subte y nos alojaremos en el hotel Borges en la Rua Garrett 108/110, lindante con el Café La Brasileira en el 120/122 de la Rua Garrett y vecino de la librería más antigua del mundo Bertrand de 1732 ubicada en el 73/75 de la Rua Garrett, y ahí tomando un café y comiendo un pastel al lado de la estatua de hierro de Fernando Pessoa, me acordé de Manuel Vicent (1936) por lo que les voy a contar y verán que todo cierra. Creo que nunca estuve en una geografía tan literaria como esta: revisemos Borges, Pessoa, Vicent, Rua Garrett ,poeta romántico (1790-1854), librería de casi tres siglos y la historia que hace muchos años nos contó Manuel Vicent en la librería aquí en San Isidro, que es donde estoy, ya que el recorrido lo hice pero en 2006 y el boleto no costaba 13 euros sino 9 según mi bitácora de entonces; y bueno mis bitácoras también son receptáculos literarios. La historia de Vicent, la pueden leer completa en “Los Mejores Relatos de Manuel Vicent” Editorial Santillana. Entonces Vicent nos contó que un día en el mismo café donde ubico este relato, al lado del ferroso Pessoa, pegada a Bertrand y al hotel Borges, todos sobre la Rua Garrett, se encontró con la Virgen de Fátima cuyo nombre no era el de Virgen María de Nazaret sino Mary Wilkin bellísima mujer inglesa de ojos azules y pelo rubio rojizo entonces ya de 87 años, “alta, distinguida, con abrigo de astracán, pañuelo de seda al cuello, botines de terciopelo y gorro de lana”, viuda no de José de Nazaret sino de Roberto Pinheiro, topógrafo de Oporto. Fue Mary Wilkin quien le contó a Vicent que en 1917 después de haber hecho el amor bajo una acacia, plena de vigor y de alegría caminaba por el bosque cercano a la Cova de Iria, mientras su joven marido medía con un teodolito la futura traza del camino que estaba construyendo y de pronto se desató una tormenta con rayos y truenos (pero sin centellas) que la hizo guarecerse bajo un árbol frondoso y entonces Mary Wilkin, bella de 19 años, sin nada de virgen, trepada a una enorme horqueta del árbol vestida de blanco largo, descalza con manto azul que le cubría la cabeza apareció ante la vista de los tres ovejeros, perdón “pastorcitos de Fátima” envuelta en una niebla que parecía una nube celestial y ante la pregunta de los niños ¿quién eres, de dónde vienes? la respuesta espontánea de Mary Wilkin expresada en una lengua entre inglesa y de precario portugués anunció que acababa de caer del cielo y ello fue el inicio de un juego que se repitió durante una semana. Nos contó Vicent que Mary le dijo que partió con su marido a Londres a visitar a la familia y que a su regreso a Portugal quedó entre preocupada y sorprendida por lo que fue el origen del milagro de Fátima, ya que miles llegaban en peregrinaje al recién inaugurado santuario, y su consiguiente marketing de velas, estampitas, pasteles, souvenirs, turismo y un larguísimo etcétera. (El relato lo encontrarán como “La Señora Inglesa de Fátima” y en Google pueden leer la nota de Vicent del 25 de julio de 2010 aparecida en “El País de España”.

    Una reflexión final, sólo los reyes, los papas, loa actores en sus diferentes personajes son los individuos que cambian de nombres según el papel que deban representar, bueno y últimamente nos hemos acostumbrado a inventarnos un alias para el home banking, hecho que hubiera espantado a Thomas De Quincey (1785 – 1859) que “En el Sistema de los Cielos” se pregunta “¿Por qué un mundo decente habría de usar un alias?”, sí, ¿por qué?

  • RAPA NUI

    Es mayo 2003, acabamos de aterrizar en el Aeropuerto Internacional Mataveri, en Hanga Roa, capital de Rapa Nui. La Isla de Pascua tiene 163 kilómetros cuadrados y alrededor de 5000 habitantes. Este es un viaje de trabajo. Llevo gente de universidad norteamericana. Me levanto temprano. Mi habitación da a un parque que termina en pendiente rocosa y cae suavemente al Pacífico. Salgo a caminar; al llegar a la orilla del risco veo a tres Rotwailers deambulando por la orilla del mar. Fieles custodios de nuestra seguridad. Noto que me han olido, miran hacia donde estoy, se bhabrán preguntado ¿turista o intruso?, deben haber optado por la última, avanzan, retrocedo, aumentan la velocidad, llego agitado, cierro la puerta de la habitación. Pido el desayuno en el cuarto.

    Frutas, yogurt, huevos, tostadas, queso y café calman mi ansiedad. La mujer que me ha traído la bandeja juega con Haki, Tongui y Kongo: los tres ahora, parecen corderitos. El guía local nos inicia en el misterio de Rapa Nui a medida que recorremos los pedestales pétreos, los Ahus donde están montados los Moais, que, nos informa fueron emplazados entre los siglos XIII y XVI por los nativos llegados desde la Polinesia alrededor del año 1000. En la zona llamada Poike, se yergue, dándole la espalda al mart Ahu Tongariki, compuesto por los 15 Moais, el más grande de los cuales pesa 86 toneladas, nos dice y agrega el guía, nacido en la isla, que en la zona está el volán Poike, que habría surgido del fondo del mar hace 3.000.000 de años y cuya última erupción se estima que pudo haber sido hace 900.000 años, otros dicen 705.000 y otros 230.000. Miro el paisaje, muy verde, con ondulaciones y grandes vrocas y siento la insignificancia de la biografía ante tales números. ¿Qué significan 3.000.00 de años? Escucho que nos dice que Rapa Nui es Ombligo del Mundo, y yo que pensaba que era el Qosco, y tal vez algún emperador romano, habrá sostenido con la misma convicción que era Roma, y un chino con poder está seguro que es China, así como Margaret a punto de dar a luz, piensa que su panza es el ombligo del mundo. Conversamos. Comemos deliciosos pescados recién llegados a la costa en una barca amarilla y bebemos Pinot Gris. Compro unas postales en un negocio de souvenires y un mínimo libro, casi un folleto, que tiene tres cuentos de Katherine Mansfield “Marriage a la Mode”, “Life of Ma. Parker”, “The Doll’s House”; por la tipografía parece una edición pirata de The Collected Stories de Penguin.

    A la noche le “The Doll’s House”, así se llamaba el jardín de infantes donde inicié mi escolaridad y mi primer acercamiento al mundo inglés de la mano de Mrs. Kember, cuyos ancestros, según me contó muchos años después, venían de Cornwallk. Me ganó el cansancio y debo haber soñado con volcanes que expelían Rotwaillers, los maoríes de New Zeland me sonaron a Moaies e imaginé a Rapa Nui como la isla emergente de una cordillera submarina, uno de cuyos picos puede ser la tierra donde naciera Katherine Mansfield. El

  • SEGOVIA

    Es España, es febrero, es 1981. La función hace al órgano. Haber trabajado de albañil; hacer la mezcla, cortar ladrillos y tejas por más de un año, ver crecer desde la tierra un muro de piedra, me hacen ver el soberbio acueducto romano de una manera diferente: ahora sé lo que duele la piedra en el cuerpo, conozco la emoción al ver la obra terminada.

    Voy por la carretera de Segovia a Soria con Navacerrada cubierta por la nieve, voy pasando por los pueblos de Sotosablos, Matabuena, Matamala, Arcones, Arconcillos. Bajo del taxi y sigo por la carretera a pie; atravieso Rades altos, Rades bajos. Por momentos se confunden los manchones de nieve con los cuerpos lanudos de ovejas y cabras. Subo la loma y entro por un enorme portal de madera gruesa en la amurallada ciudad de Pedraza de la Sierra. Curioso, siento que estoy violando un espacio ajeno, me siento como un invasor. Intramuros, extenso playón. Pronto se disipa esa extraña sensación. Paro por un vino de pellejo, chorizo, queso, pan; es lo de Don Mariano.

    “Es pellejo de cabra, el único que vale”, me aclara Don Mariano. “El pueblo se remonta al siglo X, tiene su castillo, es de los Condestables de Castilla, que luego fue del pintor Zuloaga”. “Nací aquí en 1902”, me señala su casa. “Labré el campo”, lo repite varias veces con orgullo. “Toda mi vida la pasé en Pedraza, que siempre ha sido un pueblo de señoritos, gente de título, péro vaya hombre, había gente pobre también”. Me cuenta que viajó a Madrid, donde vive uno de sus cuatro hijos, también fue a Ávila, Segovia y Salamanca. Cuando le cuento mis viajes, entre curioso y extrañado, se sienta a mi mesa, se acomoda la bufanda y ahí comienza una larga y amena hora y media de charla sobre Latinoamérica, India, Nepal, Inglaterra.

    “Yo noto, que ahora el pobre vive mucho mejor que entonces; la gente no tenía dinero, bueno vaya, los señoritos, pero uno; yo trabajaba con unas especies de sandalias abiertas que llamábamos “abarca” y abrigábamos el pie con unos lienzos, bueno se llamaba “pedal” y luego para el domingo y fiestas calzábamos borceguíes, pero dinero nada, en esa época gentes con un millon de pelas, no había en Segovia más que diez. Yo conocí el automóvil, no sé, unos sesenta años atrás; llegaba uno al pueblo y salíamos todos a verlo, a tocarlo, ahora pues todo el mundo tiene coche. yo nunca monté en avión”.

    Hoy en San Isidro, diciembre de 2025, he copiado lo entrecomillado de una de mis bitácoras que registró el encuentro. Sin duda Don Mariano está muerto, como muertos están Madame Eglantine, Don Nerón, el lechero Smith, el campesino bajo, tosco, hosco de alpargatas raídas, “and in the long term” como decía Keynes, todos estaremos muertos. Mario Vargas Llosa, no recuerdo en que novela dice algo así como “la historia no es lo que pasó, sino lo que recuerdo que pasó”. Estos personajes son “históricos” en tanto los recuerdo. La narración de mis viajes, Europa, India, al igual que el instante que acaba de suceder, corren la misma suerte.

    Al segundo día ya me llaman por mi nombre. En el bar de la Plaza Mayor, me veo jugando a los dados con Don Victoriano, Doña Felisa, Don Feliciano. No me veo, pero la bitácora dice que pasé a tomar un café en la hostería y parador “Pintor Zuloaga” y terminé en una fiesta de bodas campesina en la que si me veo bailando con la novia muy robusta en carnes y muy bella, bebiendo vino, no de pellejo, sino de una estupenda bodega española, comiendo jabugo delicioso, y los novios se fueron en un Mercedes descapotable. Sin dudas los tiempos han cambiado y seguirán cambiando.

  • MUJERES FILÓSOFAS

    Pregunté el otro día en una reunión de amigos, gente muy culta, con buenas bibliotecas, todos universitarios si alguien podía nombrarme al menos tres mujeres filósofas. Se hizo un silencio, alguien (un médico) dijo Hannah Arendt (1906 – 1975), varios asintieron y luego hubo un silencio molesto. Me incomodó tener que agregar a Simone Weil (1909 – 1943) y a Simone de Beauvoir (1908 – 1986) no por ellas sino porque soy el que siempre llego a la tercera y no paso de ese número.

    Era bastante común, durante la década del 70, en grupos de estudios de la carrera de Filosofía en la UBA, sobre todo en épocas de finales o de presentación de trabajos prácticos, después de varias horas, ponernos a cachondear y hacer bromas de tono “machistas” ¿por qué será que no hay filósofas?, no les da el bocho, tienen la cabeza llena de pelos no de ideas y vulgaridades como, piensan con la concha y cogen con la cabeza (ostentosa y groseramente machista). Después estaban las consideraciones serias, estas eran las peligrosas ya que no obedecían a chanzas sino que estaban fundamentadas en Schopenhauer, (en el peor Schopenhauer: el de Sobre Las Mujeres de su Parerga y Paralipómena) que no quiero repetir. Éramos buenos amigos y algunas de las chicas eran novias de algunos de los chicos y todo se decía en un tono de jolgorio compartido, aunque siempre quedaba un tufillo machista. Si bien yo me prendía en la joda, también decía que en la década del 30 mi madre había egresado de la misma Facultad donde estudiábamos y agregaba que teníamos excelentes profesoras que publicaban estupendos trabajos y escribían libros, pero siempre aparecía la pregunta, bueno pero y dónde están las presocráticas, quien fue la Sócrates, la Platón, la Aristóteles, la Spinoza, la Hegel, quien es la Heidegger,:Hannah Arendt.

    Varias veces le pregunté a mi madre que me respondía nombrando a colegas, varias de ellas con carreras en España, Francia y Canadá, pero siempre nos quedaba esa sensación que faltaba un pensamiento femenino de fuste, un sistema que obviamente atribuíamos ambos a la condición de sometimiento que a través de la historia ha tenido la mujer y en muchos lugares aún tiene. Un día mi madre, revolviendo unas cajas de su madre francesa apareció con un deteriorado libro en francés editado a finales del siglo XIX con el título de “Historia Mulierum Philosopharum” de Gilles Ménage (1613 – 1692) que fuera publicado. por primera vez en 1690 en Lyon y en latín. En ese entonces yo no leía el francés y las mujeres me interesaban más como mujeres que por su vocación filosófica.

    Muchos años después como seguía siendo Hannah Arendt la única mujer que todos mencionaban como filósofa, más Simone Weil y Simone de Beauvoir, la mujer de Sartre , encontre el libro de Ménage “Historia de las Mujeres Filósofas ” de editorial Herder y un listado inicial de 65 filósofas clasificadas en 11 escuelas, que luego modificó en la segunda edición de 1692 agregando la escuela académica e incluyendo a Eloísa (1101 – 1164) y Novella (siglo XVI).

    Este Gilles Ménage hijo del abogado del rey estudió derecho y filosofía con él y estudió la carrera eclesiástica pero no se ordenó, parece que fue un excelente gramático y latinista y publicó “Orígenes de la lengua francesa” que es un erudito trabajo sobre la etimología del francés. Fue considerado un brillante pensador y Moliere lo retrata en su obra “Las Mujeres Sabias” de 1672 como el personaje Vadius.

    Siempre rodeado de bellas, millonarias y cultas mujeres como Catherine de Vivonne, marquesa de Rambouillet (1588 – 1665), Madeleine de Souvre, marquesa de Sablé (1598 – 1678), Madmoiselle Madeleine de Scudery (1607 – 1701), la duquesa de Longeville (1619 – 1679), Marie de Rabutin – Chantal Madame de Sévigné (1626 – 1696), Marie – Madeleine Pioche de la Vergne (1634 – 1693) Madame de Lafayette y Anne Lefebvre Dacier (1647 – 1720) a quien dedicará su “Historia de las mujeres Filósofas” y a quien llama la más sabias de las mujeres de hoy y del pasado y a quien Voltaire menciona como uno de los prodigios del siglo de Luis XIV. Todas estas brillantes mujeres se educaron fuera de los canales formales ¡Cómo se les puede ocurrir que una mujer fuera a la Universidad!

    Estrictamente hablando el libro de Gilles Ménage no es lo que hoy se considera una historia de la Filosofía, como tampoco lo es aquel que le sirvió de modelo “Vidas de los más ilustres filósofos griegos” de Diógenes Laercio (Siglo III) de quien Hegel fue su gran denostador “Diógenes Laercio amontonador de opiniones varias y chismorreador superficial y fastidioso”, no nos habla de ideas ni relaciona unas teorías con otras, parece sentenciar Hegel. Vale recordar que Diógenes Laercio le dedica su obra a una filósofa platónica de nombre Arria amante de Platón.

    El Prefacio de Gilles Ménage nos dice es muy grande el número de mujeres escritoras; lo han hecho en tópicos como: retórica, poesía, historia, mitología y correspondencia elegante ; a todos estos escritos los llama “de naturaleza agradable”, agrega luego un “sin embargo algunas se han dedicado a una disciplina más seria: la filosofía”. Señala luego que filósofos como Sóprato, Focio, Apolonio de Calcis, Suda, Filocoro y Juvenal nos han informado de las muchas mujeres dedicadas a filosofar y que le asombra que Dídimo el sabio alejandrino del siglo I AC, gran compilador sólo cite a Temista, una mujer epicúrea del siglo III AC, como la única filósofa y que Lactancio, autor de “Las Instituciones Divinas” del siglo III DC sólo mencione a Teano del siglo VI AC la más famosas de las filósofas pitagóricas, que además fue esposa de Pitágoras, aunque otros dicen que lo fue de Brontino.

    (Este artículo sobre las filósofas continuará y que sirva de homenaje a todas las ex compañeras de la Facultad a las que tal vez hayamos molestado y también de agradecimiento a mi madre, Antonia Sellarés, que me enseñó las primeras nociones filosóficas: amar los estudios y además supo quererme).

  • LIVIANO DE EQUIPAJE

    Nunca tuve mayor sensación de libertad que el día que todas mis pertenencias cabían en un mediano bolso de mano con el que iba caminando por un sinuoso camino de 2 km de extensión, rodeado a ambos lados por las matas espinosas que los habitantes del Gard (Provenza) llaman “la garrigue” desde la gran casa construída en 1826 donde viví dos años hacia la ruta Ales Nimes para llegar a Avignon, a tomar el tren para París, para seguir a Luxemburgo donde abordaría el avión para Colombo (Sri Lanka) con escala en Moscú, para pasar 6 meses en India y Nepal. Caminaba bien temprano en la mañana de marzo de 1980 y esa voz interior que nos habita iba diciendo:”todo lo que tengo va en este bolso; unas pocas prendas, dos libros, un cuaderno, una cámara de fotos y la felicidad de no tener que cerrar con llave ninguna puerta, ni dejar a nadie a cargo de nada, ni preocuparme de nadie, no hay mayor libertad que esto”. Pienso hoy diciembre del 2025 en aquella caminata (que por otra parte tenía como escenario histórico el Pont Du Gard y el circo romano de Nimes) preludio del gran viaje, porque leí algo que dijo Cicerón (106 – 43 AC)que expresa inequívocamente lo sentido por mí en aquel tiempo: “Todas mis pertenencias las llevo conmigo” .

    En 20 siglos un filósofo, defensor acérrimo de la República Romana, enfrentado a Julio César, y a Marco Antonio orador de fuste con sus discursos políticos contra Catilina, enemigo de la República (las Catilinarias) que le hicieron perder la cabeza que fue exhibida chorreante de sangre en el foro romano. Y un ignoto argentino trotamundo, perteneciendo al mismo universo cultural: el despojamiento como la mayor posesión, lo único que uno lleva consigo es: La Libertad.

    Varias preguntas ¿Hay progreso en el mundo?

    ¿O es que sólo participo de una visión europea – argentina de la realidad y el mundo Inca, Maya, Hindú, Chino, Mongólico, Árabe, Africano, de Oceanía, de desiertos, campos helados, selva amazónica y senderos del Himalaya son tan sólo un espiar por el ojo de la cerradura y volver a lugar conocido? ¿Qué sé de las ciudades romanas de Lepis Magna y Sabratha, que hoy están en territorio de Libia y que son las ruinas romanas mejor conservadas del planeta, o qué se de la vida cotidiana en Capadocia donde estuve dando vueltas? ¿Qué se de Jartum, capital de Sudán, país con más habitantes que la Argentina y más pirámides que Egipto? ¿Qué se de Etiopía, uno de los estados más antiguos del planeta, cuna del café que tanto bebo y sitio donde se encontraron los restos de Lucy, un Australopithecus de hace más de 3 millones de años y el tal vez, al menos por ahora ,más lejano antecesor humano? ¿Qué se de los marsupiales (entre ellos el canguro) que se originó en América y que a través de lo que hoy es La Antártida llegaron a Australia donde sólo hoy los puedo ver y que cruzaron la pampa cuando aún no era húmeda ni pastaban Aberdeen Angus, ni crecía la soja en ella?

    ¿Es que sé algo, o tan sólo soy un inquieto ignorante argentino, y ya que estamos para finalizar con humor ignorante y argentino son anagramas, con las mismas nueve letras escribimos dos conceptos que no tienen nada que ver uno con otro, ¿o sí ? y esto lo digo sin ironía alguna, el anagrama sólo es aplicable a mí y no a los millones de argentinos que veneran a Perón como estadista y a Eva como jefa espiritual de la Nación y que siguen creyendo que Dios es argentino y que es más fácil que pase un camello por el ojo de una aguja, que entre un rico en el reino de los cielos y otras muchas cosas argentinas.