Autor: alejandrofrango.com

  • INGLATERRA, SIGLO IX; INDIA SIGLO XI

    En 1066 Guillermo, Duque de Normandía (1027-1087), desembarca en Hastings con el objetivo de tomar el poder, ya que su amigo, el Rey Eduardo el Confesor (1022-1066), le había prometido el trono, que luego entregó a su cuñado Haroldo II, Conde de Wessex quien reinó entre enero y octubre de 1066 y que morirá en la batalla de Hastings. Guillermo, el Conquistador, será Rey hasta su muerte y Eduardo el Confesor será consagrado santo por la Iglesia Católica. Uno de los considerandos para tal consagración será que a pesar de haber estado casado con Edith (hermana de Haroldo II) se mantuvo virgen.

    En la provincia de Orissa, al sur de Calcuta, se halla la Pirámide de Konorak, el monumento más festivo que he visto, es la consagración del sexo entre varón y mujer, varón y varón, mujer y mujer y todos entrelazados penetralmente con animales en una suerte de exaltación, no de la cruz, sino de los cuerpos, de la alegría de estar vivos, de armonía con todo lo que nos rodea. Es una carcajada pétrea. Konarak se construye entre 1238 y 1250 en celebración del dios sol. Es el mismo tiempo en que en Europa se erigen las catedrales abarrotadas de vírgenes, querubines, ángeles, la tortura, el látigo, la penitencia, el pecado, la culpa y santos como Eduardo el Confesor, como para que te des cuenta, se den cuenta, nos demos cuenta.

  • LOS ÁNGELES

    Es julio 2005, es el 250 S Grand Av., es Los Ángeles, es el MOCA (Museum of Contemporary Art), es la exposición homenaje a Jean Michel Basquiat (1960-1988), después de haber nacido en Brooklyn, después de haber sido atropellado por un coche siendo un niño, después de haber encontrado en “Same Old Shit”, el nombre SAMO con el cual se enmascararía grafitando las paredes de Manhattan, después de huir de la casa paterna a los 18 años, después de haber formado la banda musical “Baby Crowd”, después de haber escuchado a cuanto rapero poblaba las calles del Bronx, después de haber llevado ese RAP a color y telas y muebles y tapas de heladera y casco de football americano, después de pintar el cuerpo recordando las viñetas del libro de anatomía de Gray que su madre le había llevado al hospital donde convalecía después del accidente de auto, después de prostituirse, después del Mudd Club, después de Andy Wharhol, después de expresar que su obra está compuesta por un 80% de ira, después de morirse de sobredosis en el estudio 57 Great Jones a los 27 años, después de atreverse a hacerlo donde otros “prefer not to”, después de haberle dado una cachetada al mundo del arte, de ofenderlo agresivamente.

    A Basquiat le hubiera gustado el rostro de Kafka. A Kafka le hubiera encantado que Basquiat pintara su retrato como una cucaracha o lo que fuere en lo que se desperó Samsa esa mañana. A SAMO le hubiera gustado SAMSA, o acaso una cucaracha del tamaño de un humano no es lo mismo que SAME OLD SHIT, entonces mientras de traje y corbata, sombrero y dolido SAMSA camina por el petreo puente Carlos del siglo XIV sobre el Moldava; SAMO drogado y borracho y orgiástico camina por el metálico puente colgante de Brooklyn, sobre el East River inaugurado un mes antes del nacimiento de Kafka.

    El paso del hebreo es firme, el del negro trastabillante. Uno es un Juden Rat, se lo hicieron saber de pequeño, sí, la historia, pero sobre todo su padre; el otro un Fucking Nigger. Les han dicho JUDÍO DE MIERDA y NEGRO DE MIERDA, así no se los hayan dicho, porque lo decimos y repetimos. Se los han dicho los padres así no se los hayan dicho se los han dicho, porque se los han dicho Praga y New York.

    En esos dos puentes tan distintos, tan iguales, se cruzan a diario la impotencia ante el poder: SAMSA y SAMO se miran, detienen la vista por un instante eterno que viene repitiéndose, se repite y se repetirá y un coro de arlequines chillones, y un coro de mojas ciegas hacen tronar el espacio y JUDEN RAT rebota en el Castillo y FUCKING NIGGER en el Empire State.

    “Te voy a hacer picadillo”, dirá Hermann Kafka a su hijo, “te voy a aplastar insecto inútil”. “Negro Marica, no te quiero ver más”, le grita su padre Gerard a su hijo Jean Michel.

    Franz Kafka se sienta en Brooklyn High Promenade y mirando a una incomprensible arquitectura escribe: “Tanto te costaba abrazarme Padre”. Jean Michel Basquiat coloca una madera apoyada contra la pared plena de estatuas desconocidas del puente Carlos y comienza a pintar “Portrait of the Artist as a Young Derelict”.

    Y entonces comenzó a llover y el agua lavó lo escrito por Kafka.

    En Praga no llovió.

  • ENTRE PARÉNTESIS

    Es julio, es 2017, es el Waterfront Hotel, Falkinas. El propósito de haber venido a las islas no es otro que el de una puesta entre paréntesis de mi persona. No tengo ningún interés en soberanía nacional, estoy convencido que los estados nacionales dejarán de existir próximamente. Elegí este lugar para resolver ciertos conflictos: nada mejor que venir a un territorio conflictivo; menos por menos da más, con lo cual queda garantizado lo erótico por sobre lo tanático; (hasta en el suicidio debe primar lo erótico por sobre lo tanático, es más, es ahí, al menos para un liberal, donde más se debe expresar, pero esto lo expoindré más adelante). Volvamos a las islas. Están en el medio de la nada, in the middle of nowhere: a miles de kilómetros de Gran Bretaña, en el Atlántico sur, muy próximas a la Antártida, que tal vez, de acuerdo a mi idea, de que la historia no se repite, pero sí lo hace la naturaleza, podría muy bien, después del cataclismo, (que estimo vendrá por fuego esta vez), ser el nuevo territorio donde todo volverá a comenzar, donde nuevamente volveremos a inventar la realidad. Este es un territorio que reúne entonces las condiciones para la desterritorialización.

    Una puesta entre paréntesis. Según el “Esbozo de una Nueva Gramática de la Lengua Española” (1.8.5.i) “El paréntesis se usa cuando, se interrumpe el sentido…”. Este viaje a estas islas es una EPOJÉ, que es un viejo concepto de la filosofía griega. Uno de sus puntales, un tal Pirrón (360-270 AC) habitante de Ellis afirma que “no conocemos nada”, en consecuencia nuestras acciones, nuestra misma vida no puede ser catalogada definitivamente como correcta. Su escepticismo es radical y tan sólo se atenuó un poco en los escritos de su discípulo Sexto Empírico (160-270) quien afirmó que sí, hay cosas, pero sólo podemos decir de ellas cómo nos afectan, no lo que son en sí mismas.

    Mucho después Edmund Husserl (1859-1938) con contundencia dirá, que no sólo las opiniones sobre la realidad son puestas entre paréntesis, sino la realidad misma.

    “La única verdad es la realidad”, y siendo ésta, la más increíble invención humana, le permitió a Perón afirmar sin tapujos: “Ahora yo soy vuestro líder, yo doy las órdenes, vosotros las cumplías, le autorizó y dejamos pasar de manera brutalmente incivil, el autoritario “Vamos por todo”, y al tiempo se escuchó de la misma abogada, “No tengo pruebas, no tengo dudas, el fiscal Nisman se suicidó” y volvimos a mirar para otro lado, cuando durante la cuarentena por el corona virus, un nutrido grupo de burócratas nacionales y populares hacían alarde de sus privilegios para vacunarse para mejor poder servir a la patria; e incrédulamente aceptamos el voluntarista “Sí se puede”, casi como un mantra o como un empecinamiento verbal.

    Vuelvo a los griegos: “La verdad es lo que aparece”, no lo que yo digo que aparece. He venido a las islas a darle un giro a mi vida. He venido a buscar el silencio, para intentar decir y dejar de hablar. He venido al lugar de las batallas a buscar el coraje necesario y retar a duelo a Funes el Memorioso y con la espada Excalibur que sabré manejar con destreza, regreso al río, a mi lugar, lejos del mar.

    Ahora sí, deseo hablar del suicidio, dejando en claro que al igual que Simon Critchley, no tengo el ánimo, ni la predisposición para el mismo. No aspiro a emular a Eduard Levé, que no bien enviado “Suicidio” a su editor y antes de verlo publicado, lo hace, se mata.

    Creo que el suicidio es la actitud lógica de un liberal, cuando ya no hay OFERTA (lugar a donde viajar, libros que digan algo nuevo), cuando las piernas ya no respondan, los ojos se apaguen, cerebro, corazón, pene, esfínteres entren en una anarquía que confunden la DEMANDA, que deja de haber MERCADO. ¡Game over!; entonces, como un guerrero vikingo, como un viejo esquimal, habrá llegado la hora de esperar en la barca, las flechas en llamas; será el momento de dejarse caer en el infinito desierto de hielo.

    David Hume, ese escocés bon vivant, que gozaba de la literatura, el vino, el oporto, las reuniones filosóficas en su espléndida casa donde era el mejor jugador de billar e imbatible en el whist, que escribió el “Tratado sobre el Entendimiento Humano”, cuya “Historia de Inglaterra” fue el libro más leídoi por años en Europa, que gozó de su soltería, que despertó a Kant de su sueño dogmático y que de haber vivido en 2019, seguramente para abrigarse, habría comprado un sweater azul en un shopping en Edimburgo, escribió 29 consideraciones sobre el suicidio entre las que destaco cuatro (quiera el lector leer la totalidad de las mismas):

    1.El superior valor de la filosofía por sobre la superstición religiosa.

    2. Para el universo, la vida del hombre vale tanto como una ostra, (los argentinos podríamos decir, tanto como un bife de chorizo).

    3.En oposición a la idea, que el suicidio es un crimen, afirmo que de no ser criminal desviar el curso del Nilo o del Danubio. ¿Por qué debería serlo desviar unos pocos mililitros de sangre, del curso de las venas?

    4. El hombre que se retira de la vida, no le ha hecho daño a la sociedad. Sólo deja de hacer el bien, que tal vez, pueda ser una afrenta, pero de manera insignificante.

    Creo que es la afirmación (¿triunfo?) del YO sobre el EGO. No somos al final más que polvo y olvido, que suena más musical en inglés “we are just dust and oblivion”, con coro de Never More, Never More, Never More.

    Georg Lichtenberg (1742.-1799) apunta en sus aforismos que hoy casi no se puede hablar de filósofos, ya que la mayoría son maestros de escuela, doctores y profesores de filosofía. Agrega que los antiguos, eran superiores a nosotros porque,

    1. No imitaban sin cesar.
    2. No tenían idea de sistema.
    3. Aprendían más cosas que palabras.
    4. Eran más libres.
    5. No escribían tanto como nosotros, para ganarse la vida.
    6. Veían más naturaleza.

  • BIOGRAFÍAS

    Roland Barthes, expuso la superioridad del lector, sobre la del autor. Es en uno , en tanto lector, que la obra alcanza su posibilidad de interpretación, de crítica, de motivador, de nuevos pensamientos, de reescrituras. Leí por primera vez el ensayo, cuando era estudiante y leí también el artículo de Michel Foucault “¿Qué es un autor?” Pasaron los años, los textos, los viajes, y ahora, septiembre de 2019 acabo de leer una interpretación de aquel artículo de Barthes de 1968 escrita por Michel Onfray que me inquietó. Me dejó pensando en ¿por qué en el fondo hacemos lo que hacemos? ¿es acaso por lo que decimos que lo hacemos, o ello es tan sólo lo visible del iceberg? Onfray afirma que a Barthes no le gustaba el género biográfico y “tenía razón para rechazarlo; es la clave de todas las teorías”; Onfray sostiene que Barthes instaura la idea de la muerte del autor por su imposibilidad de escribir una novela proustiana y que en consecuencia dedicó su vida a desmenuzar las obras de otros; “tenía sus buenas razones para pensar que el lector de una novela (que él era) resultaba ser superior al autor de una novela (que él no lograba ser)”. Me inquietó por varias razones, como por ejemplo ¿son mis bitácoras, la compensación por la frustración de no ser el escritor que deso ser?, ¿Son mis viajes, la representación de la libertad suprema como suelo decir, o una metáfora de la existencia, o hay algo oscuro en ellos?, ¿está ahí la clave de que todo político y cuanto más aferrado está al poder y al dinero, más se expresa en favor de los pobres del tren, de los pastores de Imlil?, ¿está ahií encerrada la respuesta a qué estoy haciendo aquí?

  • DE VIKINGOS Y ESQUIMALES

    Formaba parte de la cultura vikinga, que cuando un jefe moría, sus guerreros, lo sentaban en su barca con todos sus trofeos y luego la nave era empujada al mar. Desde la costa lo miraban alejarse morosamente, y ante una indicación del nuevo jefe, le arrojaban flechas en llamas hasta que el barco hecho una hoguera, crepitaba, se quebraba e iba a apagarse en el fondo del mar.

    Los esquimales tienen otro ritual: cuando el hombre mayor, siente que es una carga, le comunica a su familia que está listo para el viaje. Su gente prepara el trineo y lo acompaña. El viejo va montado detrás. En silencio se deja caer, como caen los copos de nieve, hasta que su cuerpo se hace uno con el hielo. El grupo regresa, mirando siempre hacia adelante.

    Converse con esquimales en Alaska donde hay una población de 25000; con otros en Canadá donde viven unos 15000; me entero que alrededor de 1500 recorren la fatigosa e interminable Siberia; sé que 37000 pueblan Groenlandia. Una etnia dividida en tres pueblos, cuyo rastro se remonta a 4000 años, según estudios hechos en la isla de Thule.

    Siempre me fascinó como algunas culturas pudieron preservarse de bandera, himno, burócratas, ceremonias nacionales, el ímpetu arrollador de Roma. Los misioneros. El hielo fue mejor protector que las selvas de Machu Picchu o Tikal.

    Los que vi en Alaska y Canadá vivían alejados de su ámbito natural. Realizaban tareas en el más bajo escalafón de Occidente. Vestían jeans, tomaban demasiado alcohol, barrían calles, dormían en albergues municipales. Aquí el hielo se había derretido.

    Me recordaron a los mongoles de la estepa; similares a los Menets de la tundra siberiana cuyas imágenes vi en el Museo de Ulaam Bathor; son un límite que no me atreví a cruzar, al igual que el de los Hunzas que viven en las altas montañas en territorios cercanos a Sikkim y Bhutan (donde miden el índice de felicidad nacional y no el PBI); fue una mezcla de respeto y cierto grado de sospecha de que tal vez habiten otro nivel de conciencia, como los parias y santones que quedan ciegos por exponerse a la constante visión del sol en Benarés, donde en una tórrida tarde me zambullí en el Ganges y pude comprobar que los cadáveres de las mujeres, al flotar, lo hacen con la cara al cielo como había dicho Joseph. Di unas brazadas y mi mano tocó el rostro entre chamuscado y despellejado de una anciana. Aún veo los dijes de oro colgados del pañuelo rojo que le ceñia la frente.

  • DE MURALLAS, NO SÓLO LA CHINA

    Es Beijin, es 2008, es el Raffles Hotel, es un mes antes de las Olimpíadas. Innumerables topadoras y camiones, deambulan derribando viejos caseríos: los Hutongs; son los barrios de calles angostas, pequeñas casas de adobe y techos de chapas, son el pasado, son lo que hay que ocultar.

    En el año 221 AC, Shih Huang Ti; primero que se proclamó Emperador; hizo cerrar el Imperio. Había comenzado la construcción de la Gran Muralla para defensa de los ataques de los nómades mongoles, había que cerrar, pero hizo también quemar todos los libros anteriores a él.

    En 1950, Borges escribe “La Muralla y los Libros”, que luego se publicará en “Otras Inquisiciones” (1952). Ahí, Borges nos da noticias de infinitas historias, una de ellas es que al hacer quemar los libros anteriores a él, China ya tenía 3000 años de cronología; tenía al Emperador Amarillo que murió en 2597 AC, tenía a Lao Tsé filósofo 600 AC, a Confucio, filósofo, 500 AC y a Chuang Tsé, filósofo , siglo IV AC. Borges también nos dice que Shih Huang Ti había desterrado a su madre por libertina y que tal vez quiso abolir todo el pasado para abolir un solo recuerdo: la infamia de su madre.

    En 1919, Franz Kafka, también se aboca a la Gran Muralla China, y al iugual que Borges, dice muchas cosas; me interesan: a) el orgullo de los albañiles y obreros en participar en la construcción, -era una manera de pertenecer a un proyecto-, b) la comparación que hace Kafka, entre la construcción de la muralla y los juegos con otros niños en el jardín de un maestro. Tenían que construir un pequeño mundo con piedras. El maestro venía, inspeccionaba y destruía todo, sin importarle nada y los reprendía severamente al punto que los niños salían corriendo y llorando buscando a sus padres. Concluye Kafka “un incidente trivial, pero indicativo del espíritu de ese tiempo”.

    En 1966 Marco Denevi (1922-1998) publica “Falsificaciones” y en “El nombre del Emperador”, nos cuenta que Shih Huang Ti, que hizo todo lo que Borges nos dijo que hizo, un día, muy a pesar de sí, como todos, se murió en su palacio de A-Fang, pero como su pueblo estaba abocado a la construcción de la muralla, nadie se enteró, salvo el Primer Ministro, Li Ssu, tan ambicioso de poder, gloria y dinero, como el más insignificante político del más pobre municipio del más irrelevante país; ocultó por tanto el cadaver hasta que empezó a oler feo. Mató a un eunuco y lo exhibió como causante del al olor y firmó decretos y órdenes en nombre del Emperador muerto. Siguió matando eunucos y luego funcionarios y dignatarios, Cuando llegó a la víctima 6666, Li Ssu emitió un decreto por el cual se autoproclamaba heredero del Emperador y anunció oficialmente la muerte de su antecesor, pero al tener que mostrar al muerto, éste no era más que un puñado de huesos que se deshizo apenas fue tocado. Los señores del reino matan a Li Ssu y nombran a LiPang, quien funda la dinastía Han.

    Pienso en el libro de Daniel Schwatz, “The Great Wall” (1987-88) quien durante ocho meses camina parte de los 21.196 kilómetros que tiene la muralla. En el prefacio a su libro pleno de bellas fotografías Schwatz dice: “No hay tal cosa como la Gran Muralla, son varias construídas a lo largo de 2000 años por varias dinastías”. Agrega que el muro es esencial a la cultura China y separa “nosotros” de “ellos” y marca quien está “adentro” y quien “afuera”. Afirma que como elemento defensivo, las murallas no fueron efectivas, pero representaron un importante elemento de control social. Recurro a estos autores ya que sólo caminé 3 kilómetros por la muralla.

    En la muralla pienso en muchas cosas, pienso en la época que frente al Río de la Plata, el Uruguay parecía lejano, pienso en el muro de Berlín, pienso en el muro con que muchos países quieren blindar su territorio a la inmigración. Pienso en barrios cerrados, pienso en cuarentenas.

    Comemos en THE COURTYARD, elegante restaurante, frente a la Ciudad Prohibida: Foie Gras Creme Broulé

    Rib Eye (carne argentina)

    Catena zapata Malbec

    Pienso en la apertura comercial, en abrir la cabeza, en soltar las ideas.

    Volvemos caminando al Raffles, pasamos por un mercado callejero.

    Veo en la televisión a dos ancianos que se ataron al cabezal de su cama, son uno de los tantos que serán transportados por la fuerza a 1000 kilómetros de distancia, una vez que su Hutong sea derribado. Abuelos, padres, ellos, sus hijos y nietos vivieron entre esas paredes que tienen algo de barrio porteño alejado del centro, que es preciso erradicar. Las Olimpíadas son una ventana abierta al mundo, todo no se puede mostrar.

    Ciudad prohibida, ciudad sagrada, castillos, palacios,código,clave, QR, privacidad. Esas casitas de los Hutongs, las modestas casas de una planta de ciertos pasajes de Palermo, con sus ventanas pequeñas, cortinas en el interior y persianas y últimamente rejas. Parecía como que el infierno estaba afuera, y uno lo espiaba, desde ese pequeño ojo. La arquitectura de hoy, parece en cambio, como una gigantesca pantalla de TV (te veo, me ves, nos vemos), es una invitación a mirar, es también estar exhibido en una vitrina. No hay diferncia entre interior y exterior. ¿Es todo un infierno? Pienso en Lacan, pienso en su concepto de “Extimidad”; una suerte de intimidad y exterioridad; que se utilizó para localizar al inconsciente de Freud, que no está en un espacio anatómico (como el cerebro o el corazón), sino en el “exterior”,ajeno al sujeto pero constituyente del mismo, digamos como nuestro lenguaje.

    Vuelvo a Kafka y a su brutal maestro, que pateaba su muralla de piedritas. Comparo ese autoritario mundo en el que Franz vivía con el tweet que me envió Linda White, excelente profesora de español de una escuela pública primaria en las afueras de Lincoln, Inglaterra. Uno de sus estudiantes de 12 años al final de la traducción que les dio para trabajar, le escribió: Martín F. I will like to show you my grande pene.

    Vuelvo a The Wall, pero no la de China, ni a la ópera rock de Pink Floyd, sino al 11 de Wall Street, en Manhattan donde desde 1792 funciona NYSE (New York Stock Exchange), creado por un grupo de corredores de bolsa para poner cierto orden al movimiento de acciones que se comerciaban en las veredas de la calle de la Pared.

    Sesenta años más tarde, Hermann Melville (1819-1889) va a publicar “Bartleby, the scrivener: a story of Wall Street”. Siempre me pregunté por qué desde la segunda edición, (1856), eliminó el subtítulo.

    En varias bitácoras anoté mis caminatas por New York; leo en una de ellas: “Es hoy el último primer día del año del siglo XX; está helado. Camino por el Noho; entro en Great Jones Street, me detengo en el 57, la casa estudio de Jean Michel Basquiat (1960-1988), entre Broadway y el Bowery. Siento que las paredes extrañan los grafitis, que él firmaba SAMO (Same Old Shit).

    Basquiat, es un RAP de pintura. En su caso no es Rhythm And Poetry, ni Revolution, Attitude,Poetry, ni siquiera Respect And Poetry,; en él la sigla es RAGE, ATTACK, PAINTING.

    Llego a Wall Street; se mezclan en mí el Just Do It, con el I Would Prefer not To, el No Limits, con el I Would Prefer not To, el Impossible is Nothing, con la reiterada negativa de Bartleby. Estoy frente al edificio que es el mayor Mercado de Valores del mundo, desde el final de la Primera Guerra Mundial, cuando desplaza a Londres. El NASDAQ (National Association of Securities Dealers Automated Quotation), es el segundo Mercado, también aquí en New York, en Times Square. Fue creado por el Congreso en 1971 con el objeto de regular la seguridad de los mercados; pero el MERCADO dijo I WOULD PREFER NOT TO (BE REGULATED) y a partir del 2000 se convirtió en institución con fines de lucro y al igual que Martin F. nos shows su grande pene.

  • HISTORIA DE LAS HISTORIAS

    Me gustan las historias, contarlas, que me las cuenten, que me las hayan contado. Paso gran parte del día leyendo. Siempre había algo de mágico cuando mi madre o mi padre, y a veces mi abuela, cuando ellos viajaban, nos leían cuentos antes de dormir. Lo mágico estaba en que al abrir el libro, les salía una voz, que era diferente a las voces que tenían para pedir, alegrar, ordenar, invitar, reprender, educar; les salía una voz que despedía personajes y aventuras y el cuarto, entonces se poblaba de castillos, caballos,a veces dragones, príncipes, pájaros de plumajes increíbles y al cruzar el río para salvar a la doncella, ya se nos caían los párpados y comenzaba el sueño y a la mañana, veía el libro cerrado sobre la silla, pero sabía que la espada y el caballo estaban escondidos bajo la cama. Que las incomprensibles letras de los libros se hicieran personajes que salían de sus gargantas, era misterioso y abrigaba más que las frazadas.

    Estoy mirando un pequeño dibujo, (11.7 x 11.1) en tinta sepia sobre papel, con trazos en carbonilla, cuyo original está en la biblioteca del Castillo de Windsor, es del año 1498 y lleva firma de Leonardo da Vinci, se titula “Lluvia de utensilios caídos del cielo a la tierra”. En la parte superior dice “de este lado Adán, de este otro Eva”; por detrás de unos rasgos de lluvia, han quedado en el suelo infinidad de objetos: clavos, escuadras, platos, sifones, peines, tijeras, rastrillos, cucharas. Debajo se lee “¡Oh!, miseria humana, cómo se han esclavizado por tener tantas cosas”.

    Viajo, camino, asocio, anoto este sinnúmero de sensaciones que me invade. Camino anotando hechos en las bitácoras, y un buen día caigo en la cuenta que “geografía” es la grafía de la tierra. Camino una geografía que me lanza historias. Pienso en aquello de “En la historia manda la geografía” de Napoleón, que luego repetirá Bismark: “De todos los datos de la historia, la geografía es la única que no cambia nunca”.

    Sí cambian los mapas: la política los dibuja. Montañas, ríos, ciudades cambian de nombre.

    Estas bitácoras son un mapa de mis circuitos que también tienen para mí algo de mágico. Camino o viajo en tren y es la mente la que se sale del férreo circuito y así una señora que pasa me recuerda a una tejedora de Londres, Catamarca, que se parecía a mi abuela que me leía de un libro historias maravillosas..

  • 100 AÑOS

    Es el mes de abril, es 2018, es el sagrado valle de Vilcabamba, es Ecuador.

    El lugar es de una tranquilidad y una belleza de otros tiempos que me reconcilia con ciertos enojos que muchas veces me provoca la condición humana, es decir mi condición, es decir mi EGO al que le cuesta dar el salto al YO.

    Es una maravilla ver correr las aguas “sagradas”, que según los lugareños, además de nutrir la selva, hacen que los humanos superemos ampliamente la edad de 100 años con tan sólo beber sus aguas, caminar al menos 25 km por día, formar una pareja, no fumar, no consumir drogas, no beber alcohol, no comer grasas, ni carne vacuna, ni mariscos, no habitar urbes modernas, no usar telefonía celular, no ir al cine, no exaltarse con partidos de football, no tomar aviones, no saltar de Reykjiavic a Haparanda y de ahí a New York, en fin no viajar, ya que es indispensable vivir. Toda una filosofía muy digna de respeto.He llegado a los 77 años infringiendo todas esas recomendaciones y espero encontrarme en Chaltén con la señora sueca con quien converse en Estocolmo sobre el tiempo cuando yo tenga 100 años, decirle que no los siento y que espero verla en los próximos veranos con mucho gusto.

    Los senderos de este valle andino recuerdan mucho a los de valles atravesados por el río Beas, allá en la India. No es sólo la geografía, sino el color del cielo, los caminantes, el sonido, el manto verde que se derrama por las laderas. Una sensación como de espejo parece cubrirlo todo, donde se reiteran escenas aunque invertidas. Me distrae una música de quenas y flautas que acompañan a un cortejo fúnebre; larga vida no es inmortalidad, como para que lo tenga presente.

  • CALCUTA EN BUENOS AIRES

    Dos veces estuve en la estación terminal de trenes de Calcuta Howrah centenares en la estación de Retiro del Ferrocarril Central Argentino (ese fue su nombre entre 1909 y 1949). Cuando Perón nacionalizó los ferrocarriles, pasó a llamarse Mitre.

    Francis P. Morton de Liverpool firma las columnas de hierro que sostienen las techumbres vidriadas de ambas estaciones. En India, me contó un ingeniero que la de Retiro estaba originiriamente destinada a Calcuta, pero la demora de los trabajos en India, hizo que fuera despachada a Retiro.

    Cada vez que llego a Retiro no puedo no pensar en India. Desde hace 10 años entre las 6 y 7 p.m. las calles adyacentes son ocupadas por personas que duermen a la intemperie, situación que incrementa mi recuerdo.

    Los ejecutivos del Ferrocarril Central Argentino vivían en “La Colorada” en Cabello y República Árabe Siria (entonces Las Heras Segunda) edificio construido en 1911 por el arquitecto inglés A.R.Pigeon. En 1953 la familia Mitre lo compra en bloque. Ahora que el Central Argentino se llamaba Mitre, ¿por qué no vivir donde vivieron antes sus administradores?: un acto nacional y popular. Me gustan estas intrascendencias, tienen ese “no sé qué”, tan argentino, que nos hace adorables.

  • EL GRITO

    El inaudible alarido de Edward Munch (1863-1944), un día de 1893, agarrándose la cabeza, con el fondo de un cielo estallando (¿el sol?) frente al mar de Oslo: ¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO! Imagino la brutal anticipación, a lo que Munch pensaba que vendría. Tomo un café en la marmórea explanada de la magnífica Ópera de Oslo, que termina en el mar mientras hago tiempo para la salida del barco a Copenhagen. La Ópera de Oslo es como una ladera de mármol de carrara, una invitación a deslizarse como por un tobogán, hacia el mar.

    He llegado a Copenhagen al amanecer, después de un corto viaje nocturno. Es julio de 2013, es mi último día en Europa antes de volar a New York. Camino despidiéndome del poblado verano europeo. Estoy frente a la Ópera danesa, espléndida, moderna ,vidriada al igual que la Ópera de Reikgiavik, ambas tienen el estilo de los constructores, el estudio Henning Larsen y son contemporáneas, ésta es de 2005, la de Islandia de 2008, la de Oslo de 2011. Las tres honran a la música, las tres están frente al mar, las tres son magníficas obras de arquitectura. A las tres las dibuje en mi bitácora.

    No puedo dejar de percibir el horror de “El Grito”, ¿es por lo que vendría, las dos guerras mundiales o es por lo que vendrá? Ese sol de Munch, en la nublada y fría Oslo, más que sol, es un estallido de fuego abrazador e imparable.

    No suelo frecuentar la ópera. Si vi en cambio “The Wall”, en Londres: Pink Floyd y Roger Waters. Ópera Rock, donde hay una fuerte referencia a la guerra, tal vez preanunciada en la tela de Munch. El padre de Waters, pacifista comprometido, no puede eludir entrar en la Segunda Guerra Mundial, lo hace en el regimiento de los Fusileros del Sur y va a morir en la batalla de Angio, Italia en 1944, cuando Roger tiene 4 años. Su padre era carpintero, esos martillos que aparecen son un sutil homenaje a su papá a quien vuelve a recordar casi secretamente con los acordes de un acordeón que solían tocar los Fusileros cuando marchaban, ¡Eso es Wagner, me dijo la polaca, en 1978 en Londres, esos delicados acordes, sépalo o no Waters, son de Wagner!

    Lo que dice la lírica de Waters, es lo dicho por los cánticos goliardos de los siglos XII y XIII

    “Hey teachers, leave the kids alone!!!

    Esos hippies de la Edad Media, esos juglares goliardos que se oponían al absolutismo castrador de la nobleza y el clero.

    “We don’t need no thought control

    Esos cánticos goliardos, le escuché decir a Marcelo Arce, fueron encontrados por accidente en Bendiktbeuern, que en latín era Burana, esos cánticos los usa Carl Orff en Carmina Burana, donde se retoma el mismo asunto, que siempre es la lucha entre el Poder y el Placer.

    “Mother do you think they’ll drop the bomb?

    Hay un DO sostenido, un RE sostenido, un FA sostenido, un SOL sostenido, un LA sostenido.

    No hay un MI sostenido: un MI sostenido es un FA.

    El MI sostenido es el EGO.

    El MI sostenido por el principio lógico de identidad, por la familia, por el cumpleaños, por la pertenencia, por la nacionalidad es un FA. El MI sostenido es el EGO. Es el FAlso YO, es el FAntasma del YO, es FActible de ser gobernado, conducido, educado en la FAlsedad de una verdad, de la felicidad, de la redención ¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!