Entre Quignard y Sloterdijk, entre Jarras de Pingüinos y amigos del exterior que llegaron todos juntos, cada tanto un poco de cocina. Hoy langostinos al wok con arroz, muy simple, sabroso. Frescos los bichos de mar, aceite de oliva, cucharada sopera de manteca, diente de ajo, leve rayadura de jengibre. Arroz blanco.
¿Y las berenjenas dónde las ponés? No ahí no. Es para otra comida, lo que sucede es que para mi, que no soy cocinero, cocinar, además de la obvia necesidad alimentaria, es siempre algo placentero, es algo que lo tomo como un recreo, todos los días para mi y también para amigos. Mi cocina es simple, sana, sabrosa, (SSS). A las berenjenas las vacío, en un bol mezclo carne picada (si puede ser de cordero mejor), arroz, pimienta negra, manteca, todo bien trabajado con manos limpias. Relleno las berenjenas, las cocino al vapor. Vegetal, cereal, carne. Así las cocinaban mis abuelos, mis padres, mi hermana, yo y hasta mi socio en Pingüinos las hace muy bien.
Es verdad que cocinar hizo al hombre, y al calor del fuego y alrededor de la mesa, nos comenzamos a narrar y escuchar historias y nos hicimos humanos: Cocinar, Compartir, Comer, Conversar, Complotar contra el estado, contra el obispo, algo así se decía en Francia. También esta mañana me interesó un artículo de Pablo Gerchunoff, en “La Nación” A 50 años del golpe (1976 – 2026) “La Política Económica de la Dictadura” y un copete de Antonio Gramsci “La historia enseña, pero no tiene alumnos”. Como profesor jamás usé la palabra “A – Lumnis” (Carente de luz, es decir boludo total) siempre preferí estudiantes. Opuesto a Gramsci, creo que en la Argentina, en materia económica lo único que hay es A -Lumnis, lo prueba el raconto de este medio siglo de espanto económico. Gerchunoff termina a toda orquesta afirmando que la dialéctica liberalismo – populismo es falaz y la que nos cabe es deflacionista – productivista y lo hace de la siguiente manera: “El Ministerio de Economía de la dictadura lanzó una publicidad para la televisión. Seis hombres están dentro de una caja transparente. El piso de la caja son los COSTOS, el techo el DOLAR. De pronto, el piso empieza a subir y aprieta a los hombres contra el techo. Los hombres piden “suban el dolar”; (se lo sube), pero el piso también sube y los hombres vuelven a estar apretados; la voz del ministerio encabezado por Martínez de Hoz dice “¿No será mejor bajar el piso?” Agrega Gerchunoff “Se me hace que esa publicidad la filmaron ayer”.
La eterna CALESITA ARGENTINA, gira, gira y gira y está siempre en el mismo lugar, por eso cada tanto a cocinar, por ahora langostinos con jengibre, de seguir asi bagres con sal gruesa.

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