Estoy creando situaciones que me generan dependencia y no me agrada. Estoy revisando conductas mias con relación a los otros y me parece que en ese balance no percibo progreso; me refiero a una actitud, a una predisposición, a un cierto malestar. Creo que en ello influye mi educación paterna, que fue de una rectitud casi “prusiana”, nada que ver con crueldad, pero sí con rigor. Esa educación me formó, forjó mi voluntad, me enseñó a ser perseverante y dio resultados positivos, me hizo un individuo confiable desde la puntualidad, que para mi es sagrada; hasta el cumplimiento de la palabra comprometida que es casi un dogma, me dio seguridad en mi mismo. Pero constato que formo parte de una sociedad que no comparte esos valores. Estoy más educado para vivir en un mundo sajón, que en uno sudamericano; y es aquí donde radica el mayor malestar, que cada tanto aflora. Hay en este aspecto algo que me distancia del otro y que me va aislando. Siento como que me cansé de la comunidad a la que pertenezco. Me agotó el tener que esperar; el cumplir y no encontrar eco en el otro. En la sociedad política, en lo institucional sucede lo mismo. Hay en estos momentos un affaire de corrupción (el caso $ Libra y el uso de aviones oficiales para fines particulares), una ex Presidenta condenada como jefa de una asociación ilícita, otro ex Presidente envuelto en desfalcos al estado, además de golpeador de su mujer; y lo peor es que la preocupación de parte de los involucrados es que se haya descubierto, que haya salido a la luz, no el hecho delictivo; ya lo decía Borges “robar dineros públicos nunca ha sido considerado un crimen en la patria; la cosa pública no significa “de todos” sino de “nadie”. “El peor agravio para un argentino es haber sido escarnecido en público”. Creo que esto no tiene solución, es constitutivo. Es el ADN nacional, popular, de centro, de izquierda, de derecha. Borges lo decía en 1930.
Veo para mí, dos caminos: el exiliio, para el que ya estoy grande o la montaña.
Este malestar personal – nacional se ve agravado por lo que además ocurre en el mundo. Más allá de las teorías de los expertos, los analistas de política internacional, los académicos especializados en historia militar; la sensación que tengo, es por un lado aterradora, por lo que implica una guerra que parece ser global; por otro abrumadora y aburridamente reiterativa, da la impresión que el maestro Heráclito tiene razón a 2500 años de haberlo dicho “Pólemos, es el padre de todas las cosas y el rey de todas, y a unos los revela dioses, a los otros hombres, a los unos hace libres, a los otros esclavos” (fragmento 53). En tercer lugar, me inquieta la subsistencia de la magia, de la superstición, de lo primitivo que no muere y me remito al ejemplo puesto por los “expertos en política internacional” quienes dan como posible desencadenante de una guerra global, al enfrentamiento entre Estados Unidos y China por la soberanía de Taiwan, que China considera territorio nacional y Estados Unidos, asiste y protege como país independiente y estiman que el año 2027 podría ser el elegido por ser el año del centenario del EPL (Ejército Popular de Liberación Chino). Recordemos que las Olimpíadas de 2008 en China comenzaron el 8/8/08 a las 8.08 am ya que el 888 es un número mágico para los chinos pues indica, buena suerte, prosperidad y riqueza y entonces me pregunto si realmente hemos crecido o si seguimos siendo los mismos monos que hemos cambiado la clásica navaja por armas nucleares. ¿Estamos en verdad expuestos, de uno y otro lado, a que una guerra se inicie caprichosamente por el vuelo de una mariposa, una procesión de hormigas, o una mala performance sexual de cualquiera de los líderes de esos países? Mi respuesta es sí y rezar no es la solución, también es parte de la magia.

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