“Dollar”, así se escribe en inglés. Dolar, en castellano (tal vez se podría decir en “argentino”, por nuestra adicción al mismo).
Los dólares al que los argentinos nos aferramos como seguro de vida siguen durmiendo una siesta eterna en nuestros colchones, es decir siguen siendo “Dollars”. Ayer, 9 de abril se cumplieron dos meses de la entrada en vigencia de la LEY DE INOCENCIA FISCAL; me cuenta un amigo que es economista que 770 millones de “Dollars” (los del colchón) pasaron a ser “Dólares” (los que fueron depositados en los bancos) y que en el mismo período más de 4000 millones de “Dollars” (los emitidos por la Reserva Federal) pasaron a reforzar el relleno de los colchones argentinos.
No soy economista, soy filósofo, es decir no tengo plata. Tener o hacer plata requiere tanta inteligencia, dedicación y tiempo como leer, subrayar, releer y exponer los 6000 libros que pueblan mi biblioteca. Aclaro que nada tengo en contra de los ricos, quiero y respeto a amigos que son economistas, empresarios, abogados, otros que tienen o arriendan campos, con el mismo cariño que tengo por otros que son poetas, libreros, cocineros, profesores de filosofía y literatura y algunos delirantes inclasificables. Mi filtro tiene que ver con el sentir, no con el tener; con calidad humana, no con status económico. Salvo que uno sea un rico heredero (no ha sido mi caso) y se haya inclinado por la filosofía; todo filósofo sabe desde el momento de seguir su vocación, que tanto en Argentina, Inglaterra o Rumania, en el siglo III AC, en el XVII y en el XXI no tendrá plata, tendrá libros, tiempo para pensar (el famoso ocio opuesto al neg – ocio). En el poco usual caso de haber sido un rico heredero como fue lo acontecido con Ludwig Wittgenstein (1889 – 1951) heredero junto a sus hermanas de la segunda fortuna (verdaderamente cuantiosa) del Imperio Austro – Húngaro; como (creo) que corresponde a quien se dedica a filosofar, regaló su parte a sus hermanas, solicitó y obtuvo una beca en Cambridge y vivió toda su vida con una magra suma de dinero y en casas humildes y la última casi mísera. Pensar y escribir el”Tractatus Lógico Filosófico”, “Las Investigaciones Filosóficas”, los “Cuadernos “Azul y Marrón””, “Sobre la Certeza” y todos sus fragmentos agrupados en “Zettel”, asumir su homosexualidad en el tiempo que le tocó implican “sangre, sudor, esfuerzo y lágrimas”.
Me suelo preguntar por qué nos inclinamos por el “Dollar” y no lo transformamos en dólares. Creo que porque no nos creemos los unos a los otros, que es una manera de no querernos como nación, es decir como entidad colectiva; siempre tengo la sensación de que somos 47 millones de “hijos únicos”. No hemos sabido, en estos poco más de 200 años de vida como nación independiente, crear un sentido de comunidad y creo que esto nos viene desde nuestro origen cuando confundimos los conceptos de Autoridad y de Autocracia. Se es autoridad cuando uno es respetado por su sapiencia, por su conducta, por su don de gentes, por su destreza en alguna actividad, es decir por sus VIRTUDES y esto vale en primer término para quien ejerce el poder público, desde la Primera Magistratura hasta el agente de policía. La autoridad debe saber, que su conducta es siempre ejemplarizadora.
Es en cambio autocrático, quien pretende ejercer el poder por la fuerza del temor. El miedo no es respeto, es generar obediencia por amenazas. Esto nos lleva a nuestros orígenes. Vengo sosteniendo que el verdadero “padre de la patria es el Brigadier General Juan Manuel de Rosas”, quien sólo aceptó ser gobernante si y sólo si se le confería la suma del poder público; ese no es un origen democrático, es autoritario y al autoritario no se lo respeta por virtuoso, se lo obedece por temor al castigo, se le teme o se le adula. Rosas gobernó durante los primeros 22 años de vida independiente, con los jueces de paz rurales (suerte de comisarios del régimen), con la mazorca (fuerza policial carente de estatutos) con tortuosos castigos corporales. Al jefe se le obedece, no se le discute, o en su defecto se lo adula. Perón fue así, Néstor Kirchner fue así, Cristina Fernández fue así, Milei es así, Karina es EL JEFE. Los barones del conurbano, los delatores de manzana, las unidades básicas fueron parte constitutiva de la creación de poder del peronismo; la copia urbana de los jueces de paz del rosismo; los influencers libertarios son la novísima expresión de lo mismo.
LEY DE INOCENCIA FISCAL: Yo te declaro inocente; seguimos pues en el autoritarismo. Confianza, no perdones, confianza no amenazas. El cambio cultural, absolutamente necesario, querido y votado requiere de formas culturales diferentes: periodistas ensobrados, econochantas, “cagar a patadas en el culo”, kukas y otros epítetos son más de lo mismo, eso no hará que transformemos los “Dollars” en dólares. Eso sólo genera obsecuentes acríticos de un signo opuesto al anterior. Todos esos diputados y diputadas, senadores y senadoras que en programas de televisión por lo general a los gritos alaban al Presidente Milei, son idénticos a los kirchneristas alabando a su patrona. La obsecuencia no genera confianza, sólo alimenta escepticismo. El orden social es una maravilla, el caos el espanto. El problema que se percibe es que resolver esto llevará al menos 12 años, pero actitudes como la del Jefe de Gabinete de Ministros son las mismas de los personajes de la gestióin anterior y nos retrotraen al tiempo de Alberto Fernández.
Es bueno recordar que la verdad libera; la euforia triunfalista es más de lo mismo. Al menos 12 años de austeridad, seducción, educación, respeto, ejemplaridad, equilibrio fiscal y social. DECENCIA. NO LOS VOTAMOS PARA QUE SE COMPREN CASAS, SINO PARA QUE LOS QUE NO LA TIENEN PUEDAN COMPRARLA CON SU TRABAJO.

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