PIANO MAN POR PHONE MAN

La leyenda de Adán postula a un primer humano sin ombligo; si hoy tuviéramos que hablar de un nuevo Adán; representativo de la era en que vivimos, nos sería muy dificil encontrar a alguien sin estar sujeto (¿preso?) por el cordón umbilical a su celular. Salgo todos los días en primavera y verano a las 6 am en bicicleta y recorro la costa del Río de la Plata; un trayecto de 10 kilómetros entre los partidos de San Isidro y Vicente López. En otoño e invierno salgo un poco más tarde y sólo interrumpo esta rutina cuando llueve. Más allá del ejercicio que considero saludable físicamente, es también bueno para la felicidad: silencio, sólo pájaros, algún gallo, cantor, el movimiento de las olas cuando sopla el viento que agita además la profusa vegetación costera. El duelo entre la luna que se oculta y el sol que asoma en el fondo y que a mi me da siempre la sensación que aparece en la costa uruguaya. Las luces de la ciudad de Buenos Aires, desde el muelle de Pacheco, el despegar de los aviones desde Aeroparque y las luces delanteras que iluminan la ruta aerea; desde las profundidades del Delta los enormes cargueros rumbo al mar. Ya pasando la calle Paraná, la cantidad de pescadores que compiten con los que tiran sus líneas desde el muelle que acabo de nombrar.

Me impresiona la cantidad de gente que mira la pantalla de su celular,en vez de gozar de la naturaleza. Estimo que han de ser gente muy importante ya que no paran de estar conectados: los que caminan, los que corren, los que pasean al perro, los que van en bici y los que pescan. O tal vez sea simple adicción, la imposibilidad de no entender el mundo sin mirar la pantallita.

Billy Joel en su composición musical “Piano Man” tenía un verso que me encantó desde la primera vez que los escuché: describía a un solitario apoyado en la barra de un bar “Making love to his tonic & gin” y yo veía a un solitario meditando frente a un inagotable y demorado vaso que se volvía a llenar, hasta que el bar tender apagaba las luces, cerraba y el solitario se metía en el lento amanecer de la ciudad. Hoy ese verso habría que cambiarlo por “Making love to his I Phone & Samsung”, como lírica me agrada más la de Joel y como actitud prefiero un baño de naturaleza en el silencio del amanecer. Después, si claro, llego a casa me ducho, café huevos revueltos, jugo de pomelo, y leo los mensajes.

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