Sale una mujer joven, muy bella vestida estilo Belle Epoque con un largo foulard de seda que toca el suelo de la Pizzería Pirilo de Defensa 821, San Telmo, sube a un MG rojo, al volante James Joyce, arranca el auto y gira en Av. Independencia hacia 9 de Julio. La Avenida es una extraña mezcla de Buenos Aires y New York, ya que entre los clásicos edificios porteños distingo el local de la librería “Kitchen, Arts & Letters” en el 1435 de Lexington Av. y a los pocos metros Fanelli Café de Mercer y Prince en el Soho. Atiende la librería Marcel Proust y detrás de la barra de Fanelli está Ronald Reagan tirando una larger y se la ve a Margaret Thatcher con delantal de mesera llevando dos platos a una de las mesas. La bella mujer del MG saluda, el auto frena y al arrancar el foulard de la señora se enrosca en la rueda y la estrangula, se cae muerta y Joyce dice “Isadora is dead”.
Al despertar me pregunto qué tendra que ver conmigo Isadora, cuya historia conocía por mi abuela que la había ido a ver bailar al teatro, pero cuyo apellido no recordaba. Pregunto a IA y sale la biografía de Isadora Duncan (1877 – 1927) que nació en San Francisco, California, el padre abandona a la familia siendo ella muy pequeña, se van a vivir a Chicago y a los 17 años se va a New York, parece que de chica estaba obsesionada con el mar y pasaba horas en la playa mirando el movimiento de las olas y bailaba a su ritmo. Estudia baile y parece que fue excelente. Mujer hiper independiente, pensaba que el matrimonio esclaviza y que ella no pertenece más que a sí misma. Habitó cuanta cama encontró poblada por mujer o varón desnudo, tuvo dos niños, una hija con el escenógrafo Gordon Craig a la que llamaron Dreider y un hijo de nombre Patrick con Paris Singer (millonario hijo de las máquinas de coser). Vivió en París y un día el chofer que llevaba a sus adorados hijos a Versailles, hizo una mala maniobra, el auto cayó al Sena y los niños de 5 y 3 años mueren ahogados en 1913 y los lloró el resto de su vida que entró en una decadencia de alcohol y drogas. Vino a Buenos Aires y fue por eso que mi abuela que la fue a ver bailar al teatro nos contó la historia, que parece que fue extraña ya que no fue muy aplaudida y la Duncan se acercó al borde del escenario y les gritó “Es que ustedes son unos negros”, cosa que irritó a mi abuela que exclamó en su narración “Tilinga Conchuda”, y se sonrojó al decirlo y a nosotros nos causó una enorme gracia, escuchando a nuestra abuela diciendo “conchuda”. La Duncan se va a Moscú en 1905, se emociona con el comunismo y la lucha de clases, y la revolución de 1917, se casa con Sergei Esenin, poeta, en 1922 que a los pocos años se suicida ahorcándose. Ella en 1927 al subir a un descapotable que no era un MG al volante del cual no estaba James Joyce sino Benoit Falchetto, y no era en San Telmo sino en Niza muere estrangulada por su largo foulard.
Los sueños son lo que son, tienen su propia lógica, son entidades tan extrañas como nosotros, pero que Joyce, Proust, Isadora, mi abuela Ángela, la Pizzería Pirilo que cocina esa maravillosa pizza, ancha,”canchera”, grasosa con fainá y se come con un tinto de parado, Kitchen, Arts & Letters especialista en libros de cocina, gastrosofía y el buen yantar, y el café pub Fanelli con excelentes hamburguesas y una increible sopa de cebolla regenteado por Ronald Reagan y Margaret Thatcher estuvieran todos juntos ahí en mi cabeza me pareció muy raro, aunque últimamente las rarezas, al menos a mi, me superan, que el Presidente de la democracia más antigua de la modernidad haya apoyado al final de su primera presidencia ese asalto al Capitolio, haya sido reelegido, se crea Jesucristo, secuestre a un Presidente de mierda en Venezuela, proclame un ultimatum para hacer desaparecer a la civilización persa de más de 2500 años; y que aquí el Jefe de Gabinete de Ministros dando lecciones de moral al mismo tiempo que está robando dineros públicos, que un Ministro de Economía quiera “cagar a patadas en el culo a sus críticos” y que todo siga como si nada. En fin prefiero mirar la trayectoria de Artemis II, acompañado de The Dark Side of the Moon de Pink Floyd (1973) o deleitarme con La Vida Secreta de las Abejas un documental del National Geographic, narrada por el explorador Bertie Gregory, que trasmite pasión, ternura y verdad, mis lecturas, el silencio porque la realidad narrada por los políticos da ASCO, repugna y deseo y espero que un foulard gigante los ahorque a todos sin excepción, o mejor aún que una pitón como la que vi en Shri Lanka los asfixie y luego se los trague. Lo lamento por la pitón que tenga que engullir tanta mierda.

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