NORMOSIS

Pierre Weil (1924 – 2008) fue un psicólogo, educador y promotor de la paz entre los pueblos que nació en la bella y antigua ciudad de Estrasburgo y murió en la bella y ultramoderna ciudad de Brasilia, donde fundó “Ciudad de Paz”, en Granja do Ipé.

Creó el concepto de “Normosis” que es una patología de normalidad colectiva que consiste en aceptar como normales ciertos hábitos, valores, conductas de la sociedad que en realidad causan sufrimiento, alienación o daño físico y mental.

Es lo que a mi me gusta llamar “obediencia debida”, concepto entendible y hasta lógico en las Fuerzas Armadas y en las iglesias donde hay una estructura piramidal que va desde el soldado raso al Teniente General en el Ejército y desde el cura de una capilla al Papa de Roma, en el seno de la Iglesia Católica.

Ahora de ahí a “todos somos peronistas”, o “a Cristina no se la interroga, se la obedece”, o “a Milei no se lo puede criticar” y peor aún “Karina es el Jefe”, son el mejor ejemplo de que si eso se normaliza y no se discute por temor reverencial, estamos frente a un terrible problema.

No existió algo así como Pueyrredonismo, Rivadavismo, Sarmientismo, Pellegrinismo; si en cambio Rosismo, Mitrismo, Roquismo, Yrigoyenismo, Peronismo y de ahí en más hasta Delarruismo tuvimos, obviamente Kirchnerismo e increíblemente Albertismo y está claro que hay Mileismo y Karinismo.

Generamos con la figura de un lider político que llega a la Presidencia de la Nación, una suerte de sometimiento acrítico, temor reverencial, obediencia ciega, endiosamiento de la figura del líder circunstancial que es propio de los regímenes dictatoriales. Cuando el personalismo está por encima de las instituciones se acabó la ley.

Más allá de la herencia hispánica, más allá del catolicismo verticalista, creo que los 22 años fundantes, donde Juan Manuel de Rosas asumió la gobernación de la provincia de Buenos Aires sí y sólo sí, la Legislatura le otorgaba la suma del poder público, hecho que aterró a Woodbine Parish, Cónsul inglés acreditado ante nuestro país que informó a su gobierno, con estas palabras: “No hay monarca en Europa que tenga semejante poder al que tiene Rosas, sobre vida y propiedad de sus ciudadanos”. En su libro “La Invención de la Argentina” de 1991, Nicolas Shumway nos recuerda que Nicolás Anchorena, (el poder detrás del trono), sostenía que había que volver a la instauración del Póntifice Católico, como rey universal. Bien eso fue Rosas a nivel local y gobernó con la suma del poder público durante los años fundantes del país.

Por estas cosas, aceptamos pasivamente que la señora Kirchner se permita no entregarle los atributos del mando a Macri y afirma a pesar de lo dicho por la Corte Suprema sobre su inhabilitación total y perpetua para ejercer cargo público, que ella será candidata, Milei y hermana se ufanan de haber sido sobreseídos en el caso Libra, sin siquiera haber sido interrogados y Adorni, sostuvo haberse deslomado para poseer lo que posee, y hasta en la AFA asistimos a una replica de “El Estado soy Yo” y todos los dirigentes salvo dos, se ponen firmes y hacen la venia.

Normalizar la obediencia ciega, aceptar la inflación como fenómeno natural, permitir cualquier cosa porque lo dijo el Presidente, aceptar y aplaudir que “los periodistas son soretes mal cagados”, es producto de no haber entendido lo que es vivir en una democracia liberal. De esa NORMOSIS estamos afectados desde el inicio de los tiempos como nación. Me parece que es hora de pensar, de lo contrario seguiremos hundiéndonos en la zanja del atraso, la corrupción y la obsecuencia.

(Habrán notado que escribo Nicolas Shumway y Nicolás Anchorena, no es distracción, el primero es norteamericano y su nombre no es Nicholas, es Nicolas; el segundo es el clásico Nicolás)

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