LEER FILOSOFÍA II

3. A Nietzsche lo leo y releo porque es el filósofo que enCARNA la filosofía “no profesional”, es decir la vital. Nace en 1844 en el ceno de una familia de pastores, su padre y abuelos paternos y maternos fuero pastores protestantes, párrocos, es decir sermoneaban, esto lo digo como un dato, porque creo que estaba cercado y agobiado de cristianismo, en esa pequeña comunidad de Röcken, en Turingia, que desde 1815 formaba parte de Prusia. Germano, prusiano, cristiano estaba casi obligado a escribir “El Anticristo” cuyo subtítulo es “Maldición sobre el cristianismo”. Necesitaba como el perro que sale del agua, sacudirse con violencia y arrojar sermones, misales, crucufijos, altares, velas, padre, madre, abuelos lo más lejos posibles y arrastrarse por el pasto y la tierra para sentir. A los 5 años quedó huérfano de padre. “Discípulo de Dioniso, sátiro antes que santo”. “¿Se me ha comprendido, Dioiniso contra el Crucificado?”.

Va a morir Friedrich Nietzsche en 1900, pero desde el 3 de enero de 1889 va a estar totalmente ido, enfermo, tullido, como si hubiera implosionado y casi como si hubiera sabido, durante un mes, desde el día de su cumpleaños número 44, el 15 de octubre de 1888 “decidí contarme mi vida”, lo hace soberbio, con desparpajo, insolente en un escrito que llevará por título las palabras de Poncio Pilatos al entregar a Jesús al juicio popular “Ecce Homo” (He aquí al Hombre), haced lo que queráis con él. Ese libro que será el último que escriba, lleva como subtítulo “Como se llega a ser lo que se es”, tiene un prólogo donde afirma “me parece indispensable decir quien soy yo”, “hoy he sepultado mi año 44…y así me cuento mi vida a mi mismo” y los parágrafos que siguen son ; ¿Por qué soy tan sabio? ¿Por qué soy tan inteligente? ¿Por qué escribo tan buenos libros?. Siempre me han hecho pensar en Walt Whitman (1819 – 1892) y su “Canto a mi mismo” de 1855 “Yo me celebro y me canto” (Canto 1), “Se borran el pasado y el presente, pues ya los he colmado y vaciado, ahora me dispongo a cumplir mi papel en el futuro, tú que me escuchas allá arriba” (Canto 51). Nietrzsche dice “Este libro pertenece a los menos; tal vez todavía no viva ninguno de ellos”. “Sólo el pasado mañana me pertenece, algunos nacen de manera póstuma”. Siempre me han hecho recordar a Caspar Friedrich (1774 – 1840) y su Caminante en la Cumbre sobre un Mar de Nubes, cada vez que leo “Hay que haberse ejercitado en vivir sobre las cumbres de las montañas -en ver debajo de si toda esa miserable charlatanería de la política y del egoísmo de los pueblos” con que Nietzsche comienza “El Anticristo”.

“Ecce Homo” es por lejos, la mejor introducción a la lectura de Nietzsche, es al mismo tiempo un índice de toda su obra y , creo, que también es la manera en que quiso que lo leyéramos. Así van pasando “El Nacimiento de la Tragedia” de 1872, “Las Consideraciones Intespestivas” escritas entre 1873 y 1876, “Humano, demasiado Humano”, “Aurora”, “La Gaya Ciencia”, “Así habló Zaratustra”, “Más allá del Bien y del Mal”, “El Crepúsculo de los Ídolos “, “El Caso Wagner”; post mortem aparecerán “El Anticristo” (1895), “Ecce Homo” (1908).

Cuando digo “filosofía vital”, digo espíritus libres; dice Nietzsche “cosas humanas, demasiado humanas, no ideales”. En Nietzsche siempre encontré mi voz, lo que sabía en la adolescencia; que la moral, la religión, Dios, el más allá eran pura monserga ordenadora, pero no lo sabía decir o peor aún había algo que me impedía decirlo, lo encontré al estudiar filosofía en él: “Detesto el tipo “los buenos”, “los benévolos”, “los benéficos”. Exigir como hace la moral, que todo se convierta en “hombre bueno, animal de rebaño, ojiazul, benévolo, alma bella o como desea el señor Herbert Spencer altruista, eso significa castrar a la humanidad”.

En “Ecce Homo”, que creo es el mejor umbral para entrar en el Zaratustra encontré por fin un maestro, alguien, que se opone con fuerza, con vitalidad y grita “Los hombres buenos no dicen nunca la verdad”.

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