El sábado pasado se murió Julio Le Parc (1928 – 2026), próximo a cumplir un siglo de vida creativa. Fiel a la propia definición de sí mismo “no soy fotógrafo ni artista; sólo un experimentador”, y lo fue a tal punto, que en éste otoño de cielo siempre encapotado, fui a recibir a un amigo a Ezeiza y su “Sol”, esa enorme esfera dorada, colgada en la terminal fue el experimento que nos permitió gozar de la única luz que brillaba entre tanta oscuridad.
Hablando en estos días con varias personas, todos coincidimos que éste es uno de los otoños con menos días de sol que recordamos y también todos resaltamos el intenso colorido de las hojas de los árboles, que parecen querer compensar la ausencia de sol. Esa combinación de los ocres de los plátanos, próximos a quedar desnudos, con los amarillos intensos de los ginkgo bilobas, los naranjas de los tilos, los rojizos de los robles canadienses y el verde de los perenemente vestidos, son el caleidoscopio colorido de estos días grises.
Contemplo el “Sol” del aeropuerto; me gusta pensar que cada plaqueta dorada de las casi 3000 que forman el trabajo de Le Parc es una letra de un casi infinito alfabeto donde cada uno de nosotros, los espectadores, somos invitados a escribir lo que nos atrevamos a decir. Creo que sus esferas, en particular el “Sol”, son un guiño que Le Parc nos hace. Debo decir también, que cada vez que veo una de sus otras esferas (la “Azul”, en el Centro Cultural Libertad, la “Roja” en el Centro Le Parc, en su Mendoza natal) no puedo no pensar en el trabajo de Peter Sloterdijk (1947) que desde 2003 con “Esferas: Burbujas, Globos, Espumas” parecen querer invitarnos a unir el lenguaje óptico cinético con el lenguaje del pensamiento. Tal vez recordarnos que a pesar que caminamos verticalmente por superficies horizontales, habitamos desde hace milenios una esfera que hace millones de años gira por un espacio infinito.
Un día antes de la muerte de Le Parc, también en Francia se murió Edgar Morín nacido hace 104 años, que se dedicó a la filosofía, la sociología, la epistemología desde que publicara en 1951 “El hombre y la muerte”, hasta sus últimas reflexiones sobre la Inteligencia Artificial a la que dice no temer tanto como a la inteligencia humana superficial que “ha convertido al pensamiento en un apéndice del cálculo”.
Esperemos que el sol, imite al “Sol” e ilumine estas latitudes y sobre todo, que ilumine el pensamiento.

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