Hay un filósofo, miembro distinguido entre los estoicos, Emperador de Roma, llamado Marco Aurelio (121 – 180), que además de las cosas extrañas que hacen los políticos, hizo algo interesante y pleno de sabiduría, que es haber escrito sus “Meditaciones”, aunque otro filósofo, en este caso francés y contemporáneo, Pascal Quignard (1948), sugiere traducir como “Extractos”, o mejor aún “Toxitanus”, es decir “Cosas para mi mismo”.
El estoicismo que surge en Grecia en el siglo IV AC y que recibe su nombre porque estos pensadores ofrecían sus clases apoyados en las columnas del entonces centenario Partenón (columna se decía stoa en griego) y tuvo en Zenón (334 – 262 AC), en Cleantes (331 – 230 AC) y en Crísipo (280 – 208 AC) a sus primeros cultores, cuyos principios consistían básicamente en una ética de comprensión de los acontecimientos, que tiene muchas similitudes con el budismo de Oriente y que implica tratar de entender que éxitos y fracasos, alegrías y pesares, son tan sólo sucesos, -si se quiere obstáculos- pero que es de sabio superarlos, y hasta ignorarlos. esta manera de pensar tuvo un resurgimiento en Roma, primero con Séneca (8 AC – 65 DC) quien era escritor y político; Epicteto (50 – 130), esclavo liberado y Marco Aurelio, Emperador de Roma. Estas dispares posiciones en la sociedad, digámoslo con terminología del presente: un senador, un personal de maestranza y un Rey reaccionando de manera similar ante lo que pasa (la invasión a Ucrania por los rusos, el cierre del estrecho de Ormuz, Adorni transformando un pen drive en varita mágica).
En 161 Marco Aurelio hereda el Imperio, al que dejo en 20 años en pleno apogeo y liberado de cristianos, a los que consideraba una secta de fanáticos enemigos de la ley de Roma y a los que persiguió con crueldad a pesar de su muy estoica premisa de que “Lo propio del hombre es amar incluso a quienes nos dañan”. El Emperador fundó cuatro colegios filosóficos en una visita a Atenas en el 176; una de ellas de inclinación platónica, otra aristotélica, otra epicúrea y la restante estoica.
La muerte es materia central en el pensar de los estoicos, y para Marco Aurelio, cuando ésta suceda no nos espera ni la gloria ni la inmortalidad, sino el olvido; casi un Borgeano “avant la lettre”, para quien “somos tan sólo polvo y olvido”. En la filosofía estoica no hay preocupación por la física, la gnoseología o la lógica, sino una intensa preocupación ética: “Lo que nos hace felices o desgraciados no es la realidad sino la representación que hacemos de ella” Los estoicos no están ligados por su pertenencia real o ideológica a una clase social sino por una actitud ante la vida. Frente al dolor, la adversidad o la decadencia, al igual que ante el pleno vigor, la fortuna en los negocios y la victoria en la guerra; ni llanto, recriminación o culpa, en la primera situación; ni arrogancia, exhibicionismo, o alarde, en la segunda.
En tiempos de cambios y de cierta oscuridad como estos por los que estamos transcurriendo, tal vez sea momento de desensillar y esperar hasta que aclare.
Les copio las palabras con las que Marco Aurelio finaliza el Libro XII de sus pensamientos. “¡Buen hombre, fuiste ciudadano de esta gran ciudad! ¿Qué te importa, si fueron cinco o tres años? Porque lo que es conforme a las leyes, es igual para todos y cada uno. ¿Por qué es terrible que te destierre de la ciudad, no un tirano, ni un juez injusto, sino la naturaleza que te introdujo? Es algo así como si el estratego que contrató a un comediante, lo despidiera de la escena. Pero no he representado los cinco actos sino sólo tres. Bien has dicho; pero en la vida los tres actos son un drama completo”.
Tres observaciones; 1.Lean a los estoicos. 2. “Estratego” era el Director de la obra; me gusta esa asimilación de la vida a una obra de teatro. 3. Se imaginan a un político argentino meditando de esa manera, o a un estadounidense, o de cualquier otra geografía, no me refiero a que estuviera pensando con esos valores, tan sólo leyendo a los estoicos.

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