Lo que primero sucedió fue sacar a los caballos de su tarea de tirar de los carruajes. Metimos a los caballos transformados en HP (Horse Power) dentro de los motores. Desde entonces los pasajeros pudimos ver el panorama no solo desde la ventanilla de costado, sino gozar con la visión frontal que permite el parabrisas.
Ahora estamos en la etapa de quitar a los choferes de los autos, que ya han comenzado a moverse sin necesidad de conductor al volante. A nosotros nos permite plena visión; nos libera de la carga de tener que mantener una conversación que no nos interesa, ni de que nos observen por el espejo retrovisor en nuestra privacidad y desde el punto de vista del coche, le hemos facilitado la llegada a su esencia, al fin es un AUTO – móvil.
Liberado el carruaje del caballo, y el pasajero del chofer, es el turno ahora del auto de liberarse de nosotros; estamos en el umbral de asistir a que el pasajero humano sea un pasajero robot, que podrá o no parecérsenos. Por el momento ha sido ciencia ficción, pero como en cada proceso evolutivo desde que hace unos milenios generamos la escritura: “En el principio fue el Verbo”, la palabra que señala el camino, siempre ha sido así surge la idea, se la escribe se la realiza, es decir se la ejecuta, se la hace realidad. Escuché esta semana a un brillante y activo ejecutivo de una empresa productora de combustibles y de energía que quedó maravillado de cómo en un enorme playón, los automóviles eléctricos, por sus propios medios salían del hangar de producción y se enfilaban al estacionamiento en perfecto orden .
Así ha sucedido siempre. Los dinosaurios reinaron durante 180 millones de años y después de ese tiempo que desafía a la eternidad se convirtieron en fósiles, en piezas de museos de Ciencias Naturales y algunos de ellos fueron los precursores de todas las aves que sobrevuelan a diario por nuestras ciudades. Efectivamente todo se transforma, el mamut se hizo elefante, el mono devino homínido, Lucy hace 3,2 millones de años caminaba erguida por las planicies de África y fue lentamente evolucionando hasta que hace 200.000 años encontramos a un mamífero del cual podemos decir que descendemos, hasta que ese sapiens africano se fue extendiendo y dando comienzo a la historia y con el tiempo hubo una revolución agrícola hace unos 10.000 años, aprendimos a escribir, acuñamos dinero, las tribus se hicieron naciones y éstas imperios que guerrearon entre sí. La ciencia lentamente fue eclipsando el oscurantismo, la superchería y la religión, hace unos 500 años que se comezó a explorar el planeta gracias a la revolución científica, que dio origen al capitalismo y la revolución industrial en el siglo XIX y Nietzsche exclama “Dios ha muerto”. En estos pocos 60 años esta revolución tecnológica que cambiará cerebro, corazón y necesidades biológicas por mecanismos que nos harán robots, el nuevo nombre de la humanidad. Evolución no es final, así como en cada adulto sobrevive un niño, un adolescente, un joven , un adulto, un anciano y llega la muerte, así pasa con la historia humana que está vieja, gastada y decadente y tendrá que morir para que surja la Transhumanidad.
En fin es lo que me parece, no soy ni quiero ser un profeta. Aclaro no soy un robot (por ahora).

Deja un comentario