Autor: alejandrofrango.com

  • DOS GRADOS

    Enero 2019 – Julio 2019. La misma temperatura en Edimburgo y San Isidro. Me agrada que dos ciudades tan distintas compartan la misma temperatura: dos grados centígrados. No puedo decir lo mismo de otros guarismos, en grados de inflación, llevamos amplia ventaja, jamás seremos alcanzados por Escocia.

    Es enero, camino por George Street con el frío de julio, pero sin el cielo celeste de San Isidro, ni el sol plateando el inmenso río. He llegado a la Royal Mille, me detengo ante la estatua de Adam Smith (1723-1790). Who’s that granny? escucho al niño de 9 ó 10 años señalando desde su enfundada mano amarilla al pétreo pensador.

    Un hombre muy inteligente que le enseñó a la gente a usar su dinero con eficiencia.

    Sistema: ese chico estaba aprendiendo, lo que a su edad, yo aprendí de Ángel, el cartero. Me quedé pensando en una situación semejante: un niño le pregunta a la abuela ¿Y ese quién es? San Martín, Urquiza, Alvear, Roca, Mitre, Belgrano, Rosas, Dorrego, Garibaldi están a caballo, blandiendo la espada, alentando una avanzada, ¿Qué contestan las abuelas? ¿Qué sistema les podrían explicar a sus nietos con tantos militares en armas?

    Un día me salí del sistema, pero sin rompimiento, (el mundo es tan vasto, tan extraño, que hay lugar en él para que todos estemos equivocados). Fui Wakefield, me propuse serlo, nunca necesité ser Bartleby: nadie me hizo tanto daño como para decir “I would prefer not to”. Sigo viajando para tratar de entender, ¿para recordar?, nunca para olvidar.

    Edward Thomas Lawrence, nació en Gales, estudió en Oxford, sin embargo en Gran Bretaña, estaba pero sin ser. El día, que en el desierto, vistió árabe, comió árabe, pensó, sintió y balbuceó árabe, comenzó a ser y fue Lawrence de Arabia.

    William Henry Hudson, nació en Quilmes, de padres norteamericanos, pero encontró su ser en la lengua inglesa; ninguno de sus libros sobre nosotros, fue escrito en español.

    “En medio de la confusión aparente de nuestro misterioso mundo, los individuos están tan perfectamente ajustados a un sistema, y los sistemas entre sí y con un todo, que un hombre con sólo apartarse de su sistema un instante, se expone al temible riesgo de perder para siempre su lugar en el mundo. Al igual que Wakefield, puede convertirse, por así decirlo, en el desterrado del universo”, nos recuerda Hawthorne.

    Tal vez como sociedad, la Argentina viene siendo Bartleby, y desde 1930 está diciendo “I would prefer not to”. ¿Qué? Preferiría no crecer, preferiría seguir cantando “combatiendo al capital”, preferiría no hacerme cargo de mis torpezas, de mi desorden en el manejo de la cosa pública, ya que como nos recuerda Borges en el “Evaristo Carriego” (1930), la cosa pública no se entiende como de todos, sino como de nadie, por eso -agrega- robar dineros públicos, no es considerado un crimen en la patria. Preferiría culpar al Imperio Británico, al capitalismo Norteamericano, a los fondos buitres, preferiría que me juzgue la historia, cuya absolución doy por garantizada, preferiría la sumisión al Estado y la bendición del Papa peronista, preferiría por siempre ser Peter Pan.

    Historiadores, economistas, escritores, periodistas señalan mayoritariamente al 6 de septiembre de 1930 como el día del quiebre de la nación, con el golpe de Uriburu a Yrigoyen.

    Vale recordar que trepado al zócalo del auto del General iba el Capitán Juan Domingo Perón.

  • EL RÍO

    “VOLVER AL MAR ES VOLVER A LA MADRE, ES DECIR, MORIR” J.E.CIRLOT

    Como en un naufragio, nos aferramos a un madero para no perecer. El sexo, ineludible, omnipresente. Para la inmensa mayoría: el poder y su representación más común: el dinero y su costado perverso: la ostentación o la fingida humildad. Para muchos: madre, padre o la miríada de sucedáneos: alcohol, drogas, locura, crimen, religión, fanatismos políticos o deportivos; un hijo.

    Otra vez; para muchos el mar.

    Para otros: el río.

    Sin siquiera haberlo sospechado, ahí estaba desde siempre. No guardo el momento preciso de cuando lo vi por primera vez. Sé, sin embargo, que fue en la niñez. Nací a no más de mil metros del río y he vivido casi toda mi vida a similar distancia de su orilla. Mi padre nos solía contar historias del río: la vez que con sus amigos -no tendrían más de diez años- vieron un cuerpo flotando, carnoso, boca abajo; una vez que bañándose en calzoncillos, el río les robó las ropas y su regreso semidesnudos a su casa de Olivos; el día que vieron saltar un pez oscuro, enorme.

    El río, no pudo no haber sido sino la visión primera de la mayoría de los que llegaron al país desde otro lugar: la imagen líquida de la esperanza. El bíblico barro fundante.

    La esperanza presupone una desesperación.

    Se les debe haber impuesto inmenso como el espacio, tal vez eterno como el tiempo.

    Ante él, el mar carece de carácter. El mar pudo haber sido más inspirador para los recién venidos, su mar era el Mare Nostrum, el que ocupa el medio de sus tierras.

    El río de la Plata es único, ambiguo; al punto que hubo que beberlo para engendrar el surrealista oxímoron: Mar Dulce.

    Dijo del río, siempre igual a sí mismo y siempre diferente, Heráclito, el oscuro, que tal vez lo haya sospechado, meditando en su feraz Éfesos.”No te bañaras dos veces en el mismo río”. Habiendo vivido frente al mar, podría haber hecho la misma aseveración y tal vez con mayor contundencia empleando al mar como circunstancial de lugar en su fragmento más difundido. Tal vez no lo hizo, por ser el mar un lugar común, demasiado evidente para los griegos o quizás por su estirpe noble, acostumbrada a la ingesta de pescados de río y no a la pesca marina propia de tejedores de redes, timoneles, zurcidores de velas, picapedreros, navegantes del tempestuoso Egeo. Lo cierto es que escogió el río.

    Me agrada esta ligazón entre su meditar y mi vicio, mi destino ribereño. Ha sido frente al río y no a orillas del mar donde siempre me dirijo a pensar, a soñar, a planear viajes. Es a su orilla a la que me acerco a diario y no al mar. Es frente a estas aguas fangosas en donde la identidad dejó de ser idéntica a sí misma y en donde su pétreo enunciado “A es A”, naufragó. La identidad es la primera aproximación a la posesión. Río y ribereño no somos dos veces los mismos. El río es viajero. Viaja desde el nacimiento a la desmbocadura. Cuando viajo me siento río, soy río, no me detengo. Fluyo, y lo mismo ocurre con mi pensamiento, imita la corriente del río.

    Baudelaire: le ha faltado a la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, el derecho a contradecirse y ¡cómo no!, le ha faltado a ese instituto de la modernidad, precisamente el río: no hay el mismo “yo” dos instantes seguidos. La identidad es una soberbia de petímetres, el festejo del cumpleaños, una infamia a la humildad, una convocatoria al sin sentido, una artera ficción. La identidad, umbral de la posesión, es una mala costumbre.

    El derecho de propiedad intelectual aparece por primera vez en la mercantil Inglaterra en 1702, su vate máximo jamás cobró derechos de autor, sí, en cambio, lo hicieron sus editores.

    Las orillas ven pasar las aguas. Las ciudades siguen ocupadas, atareadas en su negocio. El río es el ocio. La ciudad es la ley: el poder. El río es la libertad: el placer. La ciudad y sus negocios, y su ocio, que es negocio, desbordada en sus calles atestadas. El río está en su lecho. Ha sido la ciudad la que se define por el río y no a la inversa: Stratford upon Avon, Bagnols sur Ceze, Frankfurt am Maine, Benarés sobre el Ganges, Dublin on Liffey, Manhattan encircled by East and Hudson, Virreinato del Río de la Plata. Ha sido el río el que atrajo los asentamientos humanos, el río, el civilizador. Los puertos son las puertas. A los puertos se llega. Por ellos se entra: se parte de, se arriba a. Entrar, salir. Nacimiento. Desembocadura. Viajar, metáfora de la vida. Somos río, somos viaje.

    En la idiosincracia de los pueblos de la India, hay siempre el deseo de al menos una vez en esta vida, viajar hacia el Ganges; bañarse y beber de su agua sagrada. Ir por él hacia la muerte, hacia la desembocadura, al océano, a la madre, padre de todos los ríos, ¿Principio lógico de identidad? ¡Qué risa que me da! Flotar en sus aguas, yacer en su lecho, devenir ceniza, confundirse y ser al fin uno con el río. Por fin haber cumplido, ser polvo, ser olvido: just dust and oblivion.

    En los puertos se detiene el viaje. Para cque se detengan las aguas hay que construir el dique, el muelle, la rada, la represa. Para que al barco no se lo lleven las aguas hay que echar el ancla, hay que aferrarlo a mojones de hierro. Las aguas, como las palabras prosiguen su camino, inexorables como el tiempo. Envejece la ciudad, nunca el río. Se han muerto Charrúas y Guaraníes, se han muerto Solís, Mendoza, Schmidl, Garay, Sobremonte, Whitelocke, Liniers, San Martín, Rosas, Perón. Se han ido Mallea, Onetti, Juan L. (Ortíz), Cortázar, Borges, Saer; me iré también algún día;el Río de la Plata, ese barroso Ameleto, seguirá bañando, indiferente a Buenos Aires.

    Sólo muere lo que quiere echar raíz; permanece, lo que no quiere quedarse. Sólo vive, el que fluye. Tal vez sea por el río que me gusta tanto la lluvia. Cuando la calle se inunda de vereda a vereda; cuando no quedan cordones visibles, cuando la calle está viva, cuando se hace río, cuando se hace intransitable, salgo a caminar.

    Sólo amo al mar cuando llueve. Es cuando cae el rayo en el mar que éste me parece serio, como que adquiere dignidad, cuando compiten agua con agua, cuando cielo y tierra se unen.

  • L. WITT

    Wilcock, VolksWagen, Wolf, Weber, Wake,Weininger, Wittgenstein, Westerns,West End, y es por esta W tan escasa en la lengua española que estoy aquí, en este atardecer primaveral leyendo a Thomas Bernhard (1931-1988), pero no uno cualquiera de sus libros sino el que se titula “El Sobrino de Wittgenstein” y mientras me dejo envolver o arrobar por su escritura envolvente o arrobante y el envuelto o arrobado soy yo que quedo dentro del envoltorio o arrobatorio, que incluye además la lectura de la obra de Wittgenstein en los dos volúmenes de Gredos, en parte bilingüe y en parte unilingüe, la biografía de Ray Monk “Ludwig Wittgenstein” (El deber de un Genio) y la biografía novelada de Bruce Duffy que lleva por título “El Mundo tal cual lo Encontré” que reproduce en parte el aforismo 5.631 del “Tractatus Lógico-Philosophicus” que invito al lector a leer con la inocencia del virgen (no con la “inocencia del mal”, de lo que más adelante diré algo). Me he tomado el atrevimiento irreverente de nombrar a Ludwig Wittgenstein (1889-1951), como L. Witt, no porque ame las abreviaturas, sino como un respetuoso y sentido homenaje a su persona ya que me suena a nombre de cowboy que él tanto disfrutaba con los Westerns que solía ver con su amado pelirrojo David Pinsent en 1913 con quien llegó a ver tres veces “Bronco Billy y los Cowboys” y luego en compañía de su amante Francis Skinner en los cines del West End “in London of all places” y en el Tivoli, próximo al Trinity College en Cambridge en la década del 30 y luego con Ben Richards a partir de 1945 y hasta la muerte de L. Witt en 1951.

    Debo explicar que esta sucesión de WWWWWWWWW, es el resultado de la lectura de “La Sinagoga de los Iconoclastas” de Juan Rodolfo Wilcock (1919-1978) que un día se fue del país por consejo de Adolfo Bioy Casáres, como antes se había ido Julio Cortázar harto de que los bombos peronistas no lo dejaran escuchar a Bela Bartok, y entre otras razones de su vida privada a Wilcock tampoco le caía bien el peronismo al igual que a Borges y salvando las enormes distancias , a mí me cae tan mal como a todos ellos sumados, pero yo me voy y vuelvo, es decir viajo hasta que un día emprenda el así llamado “viaje”, que no es otra cosa más que la universal y archidemcrática desaparición por siempre jamás, que es algo que detesto aún más que al peronismo; ambos, la muerte y el peronismo me dan vergüenza.

    “La Sinagoga de los Iconoclastas” de editorial Anagrama viene precedida de una invocación de Ruggero Guarini que dice: “Otra persona sobria es mi amigo Juan Rodolfo Wilcock que lleva años viviendo en el campo, en una casita sencilla, con pocos muebles, escasos cacharros y un estante de libros…………sus grandes lujos son un viejo VolksWagen, y una buena radio para escuchar un lied de Wolf o un cuarteto de Weber. Pero tampoco el trabaja; escribe poemas y cuentos…………y echado en un diván lee y relee a Joyce y a Wittgenstein”.

    Cuando el 16 de marzo de 1978 Wilcock muere de un infarto acababa la traducción de “Finnegans Wake”. Copio en mi bitácora el epígrafe con que Ray Monk comienza la biografía de L. Witt “La lógica y la ética son fundamentalmente la misma cosa:El deber hacia uno mismo” del libro “Sexo y Carácter” de Otto Weininger y me pongo a devorar a L. Witt.

    Dicen que los extremos se tocan. Cada vez aumenta mi convicción de que en un planeta que gira sobre su eje, mientras gira alrededor del sol es bastante posible (debo trabajar en hacerlo probable) que personas y acontecimientos naturales y culturales vuelvan a suceder casi idénticamente: veo en la vida y el pensamiento fragmentario de L. Witt, una similitud con la vida y los fragmentos de Heráclito, así como veo en la invasión de Putin a Ucrania una reiteración de la invasión de Hitler a Austria, y como el 3 de septiembre de 1939 se replica en el 24 de febrero de 2022 ante idéntico asombro y pasividad de Europa. Percibo una suerte de convicción generalizada de que algo equivalente al mítico Diluvio Universal está próximo a ocurrir.

    5.631 “El sujeto pensante, representante, no existe. Si yo escribiera un libro, “El mundo tal como lo encontre”, debería informar en él también sobre mi cuerpo y decir qué miembros obedecen a mi voluntad y cuáles no, etcétera; ciertamente esto es un método para aislar al sujeto o, más bien, para mostrar que en un sentido relevante no hay sujeto: de él sólo, en efecto, no cabría tratar en este libro”. Agrega luego que el sujeto no pertenece al mundo y los compara con el ojo y el campo visual, donde al ojo uno no lo ve realmente y nada en el campo visual permite inferir que es visto por un ojo. 5.634 “Todo lo que vemos podría ser también de otra manera”. (Darwin nunca llegó a estudiar los monos verdes de San Cristóbal y Nieves).

    “La hipócrita voluntad sólo culpa a la mano que culpa a la muerte que a su vez culpa al sexo, tonto pero no menos turgente” dice Bruce Duffy y es el cuerpo que necesita decir como el cerebro lógico de L. Witt y se masturba en el barco de guerra en el Vistula, y se masturba en Cambridge y en la cabaña en Noruega y cuando está con Francis Skinner y se siente sucio y pecador y necesita confesarse ante amigos y colegas y necesita desprenderse de la fortuna heredada y trabajar como maestro rural y es Heráclito a quien el cetro de basileus lo enferma y sube a la montaña a encontrarse consigo, como L. Witt en la soledad de su cabaña de Songe.

    La inocencia virginal es la del infante, la del que aún no ha sido fraguado por el lenguaje: la de todos nosotros cuando niños, todos nosotros cuando vimos el mar desconocido, el bosque misterioso y en él, el rugido. Los extremos se tocan: la inocencia virginal y la inocencia del mal. L. Witt repite en sus aforismos los fragmentos de Heráclito, y repite en su vida el despojamiento del griego. L.Wiit rechaza la segunda fortuna más grande del Imperio Austro-Húngaro para pelearse con Bertrand Russell sobre si los tres manchones de tinta que éste acaba de estampar con ira sobre una hoja en blanco ¿existen o no?

    Al pensar estas situaciones de cuerpos y mentes en conflictos y de egos en discordia percibo que todo parece un juego, escenas de una eterna tragicomedia que quiero ilustrar para dar un ejemplo de la inocencia del mal. Recurro como tantas otras veces a un texto de Borges, se titula “Lunes 22 de julio de 1985” donde nos narra su experiencia en un juicio oral (el de Victor Melchor Basterra 1944-2020) quien había estado en prisión cuatro años, azotado, vejado, torturado y cuando Borges esperaba las quejas del obrero metalúrgico, se sorprende cuando lejos de tal cosa, observa que “el réprobo había entrado enteramente en la rutina del infierno. De todo lo espantoso que oí esa tarde y que espero olvidar referiré lo que más me marcó para librarme de ella. Ocurrió un 24 de diciembre, llevaron a todos los presos a una sala y vieron una mesa tendida, vieron manteles, platos de porcelana, cubiertos y botellas de vino. Después llegaron los manjares (recito las palabras del huésped). Era la cena de Nochebuena. Habían sido torturadods y no ignoraban que los torurarían al día siguiente. Apareció el Señor de ese infierno y les desó Feliz Navidad. No era una burla, no era un remordimiento. Era como ya dije una suerte de inocencia del mal”.

    Se pregunta Borges “¿Qué pensar de todo esto? Yo personalmente descreo del libre albedrío. Descreo de castigos y de premios. Descreo del infierno y del cielo. Almafuerte escribió: Somos los anunciados, los previstos, si hay un Dios, si hay un punto Omnisapiente y antes de ser, ya son en esta Mente, los Judas, los Pilatos y los Cristos”

    L. Witt en constante lucha con sus fantasmas: la tradición judía del Mayer de su bisabuelo oculta tras el principesco Wittgenstein, la inconmensurable fortuna familiar que desea purgar mediante la docencia con los hijos de toscos campesinos batiéndose contra el engolado y hueco lenguaje de la academia y los mohínes de los snobs de Cambridge. Explicando que el mundo consiste en hechos y no en cosas, (“La ciencia se mueve en el orden de lo real o de lo probable; la filosofía lo hace en el orden de lo posible, del lenguaje, de los conceptos”). Va cargando con el suicidio de tres hermanos, la rigurosa autoridad de su padre, las docenas de sirvientes, la obligada aceptación a pasar Navidad en Viena consu familia y Fraulein Ketteler, invitada con sus padres y ofrendada como pavo trufado a ser la esposa de L. Witt, que terminada la comida es invitada a pasar a la biblioteca donde en privacidad esperan, los mayores, que al salir L. Witt, anuncie su noviazgo. Cerradas las puertas corredizas de la grandiosa biblioteca, L. Witt tiembla y transpira y no entiende como la Fraulein no ve que él no es P sino -P, que P supera lo V o F, ya que para él es imposible y esos interminables minutos son como el casi eterno esplendor de los Habsburgo que estallará en mil pedazos en poco tiempo. Y así como un elefante no puede hacer lo que hace la golondrina, ni una lenteja comportarse con el café como lo hace el azúcar, L. Witt no puede hacer con la Fraulein, lo que su padre hace con su madre, ni la Argentina puede librarse del autoritarismo fascista, como tampoco pudo Austria con los nazis. Tendrá que llegar una nueva manera de pensar y ésta tendrá que ser tan contundente como la transformación que hizo que se pasase de la alquimia a la química, del Dios trino al “In God We Trust”, tirar por la borda la fe dogmática y entrar en la racionalidad y es otra vez Heráclito con su cuenco humeante y el olor de pan recién salido del horno, así como es L. Witt mirando a Billy Billoch montado en su caballo en la pantalla del cine Paris de Thistle Grove con Ben Richards sentado a su lado con la cabeza apoyada en su hombro..

    Escapar de su padre, de su judaísmo, de su fortuna, de Viena, de su lengua, de Cambridge, de la gente, porque el filósofo es un solitario, el filósofo es un ciudadano de ninguna comunidad de ideas; la cabaña de Songe en Noruega, la casa del granjero en Irlanda, “la política es lo que hace el hombre a fin de ocultar lo que es y lo que no sabe”. Escapar como Heráclito, como Nietzsche, no dejarse atrapar, escapar del sistema (de cualquiera) es buscarse, es tratar de decir con las palabras de siempre lo que éstas aun no han dicho. ¿Cómo hacerles decir algo diferente? ¿Qué cosa decimos cuando decimos algo? Tal vez la respuesta haya que buscarla en la poesía “la palabra dice lo que dice y además más y otra cosa” escribió Alejandra Pizarnik, o quizás no haya nada que buscar pues “la vida no es más que la construcción de un cadaver” como lapidariamente dejó escrito Walter Benjamin.

  • 1873-2024

    Son los 150 años que separan a la Charville de Rimbaud (1854-1891), de la Rosario de un sicario, es la grieta entre “Una temporada en el Infierno” y la sentencia lapidaria “Me fascina el Mal”; como respuesta del sicario a la pregunta de un periodista. Es el abismo que distancia a quienes las expresan. Ambos tienen al momento de decirlas, 19 años. Los dos abandonados por sus padres a los 10 años. En Rimbaud hay opio, hay hachis: delirio poético. En el rosarino encapuchado hay narcotráfico, crimen, poder.

    El retoño de la provinciana ciudad de Charville -distante unos 200 y tantos kilómetros de París- está visceralmente enojado con el mundo, lo mismo le sucede, pero de manera bestial, al anónimo sicario, retoño de otra ciudad de provincia a unos 200 y tantos kilómetros de Buenos Aires.

    “La vida es una farsa que todos debemos representar”, sentencia Rimbaud. Todo es una simulación, un “como si”, “Todo” significa lo sucedido, lo que sucede, lo que sucederá. Expresé haber optado por la “epojé” ( ). Bartleby, huye (XXX), Wakefield (¿?) es una suspensión, Rimbaud ([{(¿?)]}) es la fuga de sí mismo, la experimentación sin límite. Me pregunto si el anónimo sicario estará satisfecho con el rol que le ha tocado en la opereta. Pienso en la isla salvadora: isla de Pascua, Cuba, Isla de San Andrés, Isle of Man, Channel Islands, Isle of Wight, Scilly Islands, Irlanda, Aran Islands, Isla Martín García, Isla de Creta, Gran Bretaña, Isla de Córcega, Staten Island, Isla de Corfú, Isla de Cerdeña, Islas Malvinas, Sicilia, Islandia, Isla de Lesbos, Islas del Tigre, Robben Island, Isla de Rodas, Isla de Mitilene, Sri Lanka, Islas Maldivas, Isla de Ibiza, Elephant Island de India, Isla Mujeres, Isla de Cozumel, Islas Galápagos, Isla de Tierra del Fuego, Isla Victoria, Isla de Manhattan, Isla Gorriti, Isla Santa Caterina, Isla de los Uros, Isla de Madeira, isla interior de cada uno. Uno. Yo.
    Rimbaud se da a la fuga, el sicario huye de la escena del crimen; Melville “Prefers not to”, Hawthorne engendra a Wakefield, Breece D’J Pancake se pega un tiro. Más allá de las diferencias económicas, culturales, sexuales, intelectuales, psicológicas y sociales a todos nos ha enfermado ese fantasma llamado Dios que es el germen de este hartazgo universal que ha tenido a la humanidad bajo su yugo y causado el sometimiento, las castas, los privilegios, la ignorancia, la opresión, el odio, las guerras, la codicia, la venganza, el Infierno de Rimbaud, el Deseo del Mal del sicario rosarino. Dios como el mal absoluto.

    “Esa monstruosa ilusión llamada cristiandad”, estalló Kierkegard,

    “Maldición sobre el cristianismo”, explotó Nietzsche.

    Al sicario le gusta el Mal, a mi el Infierno plagado de liturgia católica, expresado por un ciudadano de Francia, “hija primogénita de la Iglesia”

    La farsa es un continuado, el espectáculo comienza cuando usted llega. El sicario rosarino mata. Rimbaud escribe. Yo leo, anoto, viajo. No figura en mi lista la isla de Java que visitó Rimbaud; esa carencia me iguala al sicario; pero “¿hay violencia más triste que la palabra isla?” María Negroni dixit.

  • ROSARIO DE SANTA FÉ 2009

    Estoy en Rosario, la ciudad que pudo haber sido la capital del país, y no lo fue por el veto del Presidente Sarmiento. El diario La Capital, el más antiguo del país, fundado por Ovidio Lagos en1867, con el apoyo de Urquiza, no lleva ese nombre por accidente, sino que era la punta de lanza de un proyecto de nación que había comenzado en 1862, y que el diputado Manuel Quintana presenta en la Cámara Baja del Congreso Nacional; es aprobado, pero rechazado por el Senado. Vuelve el proyecto a ser tratado en 1868 y vetado por el Presidente Mitre. Presentado a la nueva administración, es aprobado pero vetado definitivamente por Sarmiento.

    Es 2009, camino por la costanera paralela al Paraná. Me sorprendo, le han erigido una estatua a Ramón Lull, el autor de “Ars Magna”, de textos alquímicos del siglo XIII, aquí compartiendo espacio con la batería operada por el General José María Francia contra la flota porteña en defensa del federalismo, y otra estatua que homenajea a un señor de túnica y turbante de aspecto semita. Le han arrancado la placa y alguien con aerosol estampó “el gordo está reloco”. Una señora, al pasar, me ilustra con amabilidad “es Averroes”. Sigo, hay un monumento a la diversidad, también lo han intervenido con aerosol “Puto”. Más adelante, otro monumento del que sólo queda el pedestal, ni placa ni héroe nacional, pero con la inscripción “Olivos por la paz, año 2000”, me veo rodeado por jacarandaes, no veo ningún olivo. Unos pasos más adelante, un cartel advierte “Peligro -arranca”.

    Faltan placas, faltan bustos, faltan letras, falta la red ferroviaria, falta la capital, falta el país. Me da la impresión que nuestra crisis no es económica, ni política, ni social, ni siquiera ética. Me viene dando la impresión que nuestra crisis es erótica: no amamos a nuestro país. No entendemos el coincepto “república” que significa “cosa pública”, es decir de todos, y no como a veces parece entenderse: de nadie, pero mucho menos para que alguien con poder se atreva a gritar “vamos por todo”. Rosas, el padre fundante sentó las bases sobre las que se consolidó la nación, en el siglo XIX ser propietario de la tierra ubicó en el poder a los ganaderos de la Provincia de Buenos Aires. Perón, su copia remozada para el siglo XX, genera la segunda casta con prebendas a los sindicalistas, “barones del conurbano” equivalentes a los jueces de paz del rosismo y eleva a universal el concepto de pueblo-obrero-trabajador. Kirchner, basa su concepto oligárquico en una alquimia de dólares robados presentados con envoltorio tercermundista de moda hace medio siglo con una iglesia jesuítica bendiciendo al rebaño de las pobres, únicos admitidos en el reino de Dios.

    La “res pública”, los sabios conceptos liberales de la Constitución Nacional reducidos a mera forma, se impone a ella la Comunidad Organizada: la oscura Edad Media.

    Viajo a San Lorenzo. La torre del convento vista desde lo que se llama “el Campo de la Gloria”, me remitió a tareas escolares con Nesquick, Patrulla del Camino, Billiken, goma de pegar, cartulina, San Martín (Santo de la Espada), Cabral soldado heroico: los hitos de la pertenencia nacional. Un monumento castrense honra a los Granaderos en austero formato: “Santiago del Estero le dio vida, San Lorenzo gloria, homenaje al soldado López”, así se suceden Salta, Jujuy, Tucumán, Córdoba, Montevideo, y hasta Francia.

    Viajo a Santa Fé, regreso a Rosario, enfilo hacia Serodino, me paseo por el frente de la casa de Juan José Saer. Trato de imaginar el momento de la decisión; su partida en colectivo a Rosario, tren a Retiro, vuelo Buenos Aires-París, su instalación en Rennes. Hombre de río con orillas, a pesar de su conocido ensayo.

    Regreso a Buenos Aires bordeando el Paraná hasta donde lo permite la carretera Vuelta de Obligado, San Pedro, Baradero, Zárate, Campana, Tigre, San Isidro. Estaciono, camino hacia la punta del muelle de Pacheco. Aquí llega el agua que vine siguiendo desde Rosario. Me llega un mensaje al celular, pienso en Lull, viajero incansable, pienso en su “Ars Magna” como uno de los precursores de la inteligencia artificial en el año 1300, sigo para atrás, Antikitera.

    Siempre vuelvo al lugar donde empecé a pensar, siempre vuelvo al río, a este muelle y al recuerdo de El Ombú, y a mi lugar secreto de entonces: el techo de la casa de mis padres.

    Los barcos, el tren, los viajes, los libros, la aventura.

    Creo que el aprendizaje de la lengua inglesa, me acostumbró de chico a pensar y sentir desde otro ángulo. El libro de geografía “A Voyage Around the World” de Longmans, en el capítulo “The Far East”, en la sección “India” traía un grabado en papel ilustración donde se veía a dos mujeres a la orilla del Ganges, una de ellas vestida con un sarín color azafrán y la otra con uno color de lavanda; eran de piel oscura y portaban cacharros sobre las cabezas; estaban bajando las escalinatas del río sagrado y sucedió que un día de abril de 1980 yo subía a un rickshaw en la estación Benarés y como poseído, apuraba la marcha hacia el Ganges y ahí me estaban aguardando las dos esbeltas mujeres, oscuras, misteriosas, con cacharros de cobre sobre sus cabezas.

    No sólo el tiempo, sino también el espacio, comenzaba a ser un gran impostor. Un texto de Borges “El 22 de agosto de 1983” de su libro “Atlas” dice:”Bradley creía que el momento presente es aquel en el que el porvenir fluye hacia nosotros, se desintegra en el pasado, es decir que el ser es un dejar de ser…”, yo caminaba por las atestadas calles de Benarés y estaba al mismo tiempo en un aula de una casa estilo Tudor de Olivos escuchando a la muy británica Miss Dolores Solares en una tarde desolada de invierno que se hizo noche y soportando más de 50 grados de temperatura en el nórdico estado de Uthar Pradesh, por más que la lógica asevere que no se puede estar al mismo tiempo en dos lugares.

  • GLOBOS

    Son las 5 am, es el desierto, es Abu Dabi. Subimos al globo, entrelazados el deseo de ser aves y el terror a caer. Hay fuego que sale de un compresor con un estrépito que inquieta. El globo se eleva, entregándose al viento. Corren gacelas por las ondulaciones del desierto. Los caseríos se empequeñecen. Nadie habla, el silencio sólo es interrumpido por el sonido de las bocanadas de fuego. Me distraigo mirando la estela que dejó el avión. Estamos a 1250 metros y nos acaricia una brisa fresca. La canastilla es grande, somos 23 pasajeros mudos.

    Allá abajo, acaba de dejar un islote de palmeras, una caravana de camellos. Tal vez alguno de los mercaderes haya mirado hacia arriba y nos ha visto. Pensé en un film que vi en el Museo del Espacio, en Washington D.C., es un documental narrado por Morgan Freeman, que comienza mostrando a unos chicos a orillas de un arroyo en una zona rural de Holanda o Bélgica. La cámara no deja de ascender y el arroyo y los chicos dejan de existir, al igual que la canastilla en la que estamos, que se vacía: quedo solo en el globo, dejo de ser el viajador que sobrevuela el desierto en el año 2014; estoy ahora dentro de la sonda Rosetta, soy el robot Philae, que la viene conduciendo, desde hace diez años y he llegado a 6400 millones de kilómetros. Acabo de posar la sonda sobre el cometa 67P con el objeto de conocer el origen del sistema solar, porque los cometas son como las cápsulas de tiempo que guardan información sobre el inicio. Un cometa sería como una neurona de un inmenso cerebro, custodio de nuestra memoria. El sistema solar como el sistema nervioso. ¿Y si toda la cultura fuera un cerebro dañado por un ACV, intentando calcular los pelos blancos y los pelos negros que tiene una cebra?

    Vuelvo a la canastilla, desde estos 1250 metros imagino a los viajeros de la caravana con turbantes y túnicas protegiéndose de la arena. A 6400 millones de kilómetros de la tierra ¿qué sentido tienen las guerras civiles argentinas entre unitarios y federales, qué sentido tiene el Imperio Romano, qué sentido tiene el mudo alarido de la pintura de Edward Munch, un día de 1893; qué sentido tengo?

    El golpe del canasto y el posterior carreteo por el lomado desierto, me sacan de mi intermitente ensoñación.

    Nos acaba de pasar la caravana de camellos, era un tour de The Desert Experience; el guía llevaba una gorra Nike y la camiseta de la selección argentina con el nombre Messi en la espalda.

  • BARCELONA

    No me fatiga caminar una ciudad, pero caminar Barcelona, además me encanta y esta vez (2016) lo hago cableado a mi teléfono escuchando a Monserrat Caballé y Freddie Mercury cantando “Barcelona” en la Sagrada Familia, en Las Ramblas, en La Boquería, en el Puerto, en las calles del Barrio Gótico, en Sarría, en Barceloneta, en las librerías, en la playa, en los restaurantes y en los bares de tapas, en la Catedral, en la Pedrera, en la casa Batló. ¡Barcelona! ¡Barcelona!

    Veo gente por todos lados, sin escucharlos, se los oye. Me harta la cantidad de personas, aplauden y ríen por igual ante un mimo, un malabarista, un cellista que toca a Bach, redoblan los aplausos a Messi gambeteando y a Hitler vociferando. Lo importante es aplaudir y que se oiga. Sin escucharlos, me fatigan.

    De pronto dejo a la gran masa del pueblo y me escabullo en pleno Barrio Gótico por una pequeña calle que me deja en un remanso de paz que es San Felipe Neri. Hay un bar, con mesas en el playón. Pido unas tapas y cerveza. El calor es casi tan agobiante como la gente. Sólo una mesa ocupada por un muchacho de no más de 20 ó 22 años, bebe cerveza, escribe, cableado, escuchando, me gusta pensar que “Barcelona”. Su parecido con Gustave Flaubert me impacta e imagino que escribe: “PARA VIVIR TRANQUILO HAY QUE VIVIR SOLO Y PONER BURLETES EN LAS VENTANAS POR MIEDO A QUE EL AIRE DEL MUNDO LLEGUE HASTA UNO”, como escribió el de Madame Bovary.

    La paz se interrumpe por un nutrido “free tour” con megáfono y nos vemos obligados a escuchar “Felipe Neri, 1721-1752, barroco, dependencias de filipones, balas en el frente, (sí claro se ven), guerra civil, gran batalla, tropas franquistas destrozaron techo, murieron 42 niños, varios curas y al resto los fusilaron” y ¡APLAUDIERON!

    El Flaubert de jeans, musculosa, Vans negras, se pone los Ray Ban, paga, se levanta, y con toda la fuerza de su garganta, de sus pulmones, de su alma y de los gases de la cerveza ERUCTA como para que lo escuchen en Timbuctú y entonces me pongo de pie y lo aplaudo, le grito “thank you man”, me manda un “like” con su pulgar y desparece por la callejuela.

  • BORDEAUX

    Es septiembre, es 1979, es Bordeaux. Estuve diez días trabajando en la vendimia en Saint Emilion. Estoy curtido, bronceado, me duele la espalda, mis dedos con apósitos por cortes con el “cicateur”. Estoy enamorado de Claire, compañera de trabajo, poetisa, estudiante de sociología. Claire era de Charente, la tierra donde se produce el Cognac. Allá nos vamos y entre cavas de piedra y telarañas colgando de techumbres que cobijan toneles y alambiques, laberintos de cobre y chimeneas de ladrillos; una noche helada y de luna llena, habíamos terminado de comer en la pequeña terraza del galpón de una granja reciclada que nos prestaron,

    ¿Viste al ángel, Alejo?

    Lo estoy abrazando.

    No en serio.

    Ahora lo estoy besando, es mi ángel de la guarda.

    Los ángeles son asexuados.

    Creo que tienen sexo, y al menos para mí, el ángel de la guarda es mujer.

    Luego algo pasó, seguimos hablando, riendo, bebiendo y nos fuimos a acostar.

    No duermo profundo los días de luna fuerte. Me desperté en la mitad de la noche y Claire estaba en la cornisa de la ventana, mirando a la luna; fumaba. Me acerqué a ella.

    Aquí en Charente, me cuenta, cada vez que termina la destilación, en el momento que el agua arde y se transforma en agua de vida, se produce la magia alquímica, ese instante lo conocemos como “la parte des anges”.

    Nos abrazamos y dormimos luego hasta media mañana.

    Nunca sé si alguna mujer me entiende cuando me refiero al aura femenina que todo hombre tiene. Detesto la palabra conquista, pero el machismo existe y la mujer desea ser conquistada. Me espanta la posesión, pero deseamos poseer y ser poseídos. La cultura nos marca un arquetipo masculino que requiere de otro femenino. Cuando el brujo de Viena dice no saber qué quiere una mujer ¿está dudando de los arquetipos o habla como un tanguero de los años 40?

    Pascal Quignard se pregunta ¿qué hace madurar la música, en el corazón del músico? ¿qué infla el sexo del hombre que mira a una mujer? Es una ilusión, eso es. Eso mendiga. Por eso los amantes tienden las manos, extienden las manos uno hacia el otro, porque mendigan.

    Cada vez que pienso en Francia, no se me presenta la torre Eiffel, el Louvre o un restaurante, sino el campo, Claire y yo cosechando racimos de uva y arrojándolos a una batea de plástico, un pastor arreando sus ovejas por un camino de tierra, a la vera del cual crece la “garrigue” y que se pierde en una loma que termina en una iglesia abandonada y un campesino, un jornalero, pobre, bajo, tosco y hosco, carpiendo encorvado los surcos de su quinta, solitario, vestido siempre con su ropa de trabajo azul, su boina y sus alpargatas raídas. Cuando lo recuerdo, siempre pienso en Heráclito, recostado en las terrazas de Éfesos, mirando hacia el mar, pero pensando en un río, tratando de entender.

  • RELACIONES INTERNACIONALES

    Es París, es la década del 30, es el 37 Avenue de l’Opera, es la papelería Brentano’s donde la Embajada de la República Argentina se surte de elementos para escritorio, papeles, tinta, cuadernos donde dejar constancia de las recepciones oficiales.

    Tengo el “Dinner Party Record Book”, donde se registraron, desde el 6 de enero de 1931 hasta el 28 de noviembre de 1934, los almuerzos y comidas que se celebraron en honor de distinguidos argentinos y extranjeros. El cuaderno de tapas de cuero y hojas con bordes en oro, está compuesto por folios dobles, el de la izquierda dice “Plan of the Table”, en el centro tiene trazado un rectángulo: “The Table”, donde se escribirán los nombres de anfitriones y agasajados, y un espacio a pie de página con “Remarks”, el de la derecha dice: “Where given, Date, Occasion”, en el encabezamiento y en la página dividida en dos, se lee en una columna “Guests Present”, y por debajo “Unable to attend”, en la otra “Menu”, seguido de “Wines” y a pie de página “Particulars of Table Decorations”.

    Me detengo en la hoja fechada el 15 de abril de 1933, hay ese día un almuerzo en honor del Presidente de la República francesa Monsieur Albert Lebrun y del Vicepresidente de la República Argentina Doctor Julio Roca hijo, a ser servido en el 39 Avenue Pierre 1er de Serbie. El menú consta de: Trucha Salmonada al Champagne y papas al vapor

    Costillas de cordero Maintenon con puré de alcauciles

    Poulardes Rose Marie con corazón de lechugas a la aurora y

    espárragos verdes en salsa de muselina

    Bombe Francillon y Couques

    Los vinos, Jerez Marqués del Mérito

    Chateau D’Yquem 1929

    Chateau Lafitte 1877

    Champagne Pommery Grenot

    Alrededo de la mesa, además de Lebrun y Roca (h), 20 invitados, son huéspedes del Embajador Tomás Le Breton y su esposa Estela Pereyra Iraola. Miguel Ángel Cárcano, Manuel Malbrán y varios funcionarios que han hecho una parada en París antes de dirigirse a su destino final: Londres, donde el 1 de mayo se firmará el Pacto Roca Runciman al que seguirá el Eden Malbrán. Pacto que consolidará, desde el punto de vista económico, la adscripción de la República Argentina al Imperio Británico, como corolario de la matriz que marcó para siempre desde el despótico y absolutista gobierno de Juan Manuel de Rosas, la preeminencia del Buenos Aires ganadero sobre el resto del país, y que provocó que el senador Matías Sánchez Sorondo dijera “aunque esto moleste a nuestro orgullo nacional, si queremos defender la vida del país, tenemos que colocarnos en la situación de colonia inglesa”.

    Otro hubiera sido el derrotero nacional y democrático de haberse seguido el camino emprendido por Francisco Hermógenes Ramos Mejía y Ross y de su mujer Antonia de Segurola que en 1811 cruzan el Salado, le compran las tierras a los aborígenes, fundan la estancia Miraflores donde se los educará y enseñarán las tareas de la agricultura, la administración y la vida democrática. Rumores de que Ramos Mejía impartía sacramentos entre los aborígenes, alertaron al celoso credo católico, que moviliza al gobernador de Buenos Aires, Martín Rodríguez a escarmentar tamaño sacrilegio, quien apoyado por el omnipresente, vengativo y despótico Rosas, confina a Ramos Mejía a prisión domiciliaria en su estancia de Tapiales (hoy Mercado de Abasto) donde morirá a los 55 años y a cuyo hijo, Rosas hará decapitar mediante un carro que le pasa por el cuello en Córdoba.

    Rosas es el verdadero padre de la patria, creador de la grieta y militante de una manera de gobernar, que imitarán Perón y Kirchner. Si la casta rosista estuvo formada por estancieros amigos y al resto prisión y choclo en el culo, la casta peronista se consolidó con sindicalistas resentidos y empresarios amigos del poder y la casta K intentó afianzrse y quedarse con todo acompañados por montoneros decadentes, narcotraficantes, sindicalistas venales, jueces corruptos y políticos charlatanes y obsecuentes.

  • JUST DO IT

    El 2 de agosto de 1850 David Dudley Field invita a Herman Melville (1819-1891) a un pic nic en Stockbridge, Lenox a realizarse el 5 de agosto. En esa reunión campestre conoce a Nathaniel Hawthorne (1804-1864) de quien dirá, “el cerebro más grande junto con el corazón más grande de la literatura norteamericana”. Por su parte Nathaniel Hawthorne, el 7 de agosto le escribe una carta a un común amigo, Horatio Bridge: “Melville me cayó tan bien que le pedí que viniera a pasar unos cuantos días conmigo antes de dejar estas tierras”. A su vez Melville escribirá en Literary World los días 17 y 24 de agosto, “No digo que el Nathaniel de Salem sea más grande, ni tan grande como el William de Avon. Pero la diferencia entre ambos no es en modo alguno desmesurada. Con no mucho más, Nathaniel habría sido ciertamente William”.

    En el picnic, entre otras muchas cosas y un acercamiento espiritual a primera vista habían hablado sobre la posibilidad de que los Estados Unidos produjeran un escritor de la talla de William Shakespeare.

    Los Estados Unidos, hasta 1850 habían provocado la existencia de Washington Irving (1738-1859), James Fenimore Cooper (1789-1850), Thomas Waldo Emerson (1803-1882), Henry Wordsworth Longfellow (1807-1882), Edgar Alan Poe (1809-1849), Henry Thoreau (1817-1860), Walt Whitman (1819-1892), faltaba poco más de un año para que Harriet Beecher Stowe (1811-1896) publicara su primer libro “La Cabaña del tío Tom” y por supuesto los dos escritores que comenzaron su entrañable amistad en ese picnic.

    Con ese bagaje, que con el tiempo alcanzó la gloria, pero que hasta ese momento, salvo la consagración internacional de Longfellow, y la fama y éxitos de venta de Irving y Cooper, no era demasiado auspicioso, atreverse a competir con Shakespeare, es cuanto menos sorprendentemente audaz.

    Contemporáneos a aquellos escritores norteamericanos, aquí en las Provincias Unidas se había provocado la existencia de Esteban Echeverría (1805-1851), Florencio Varela (1807-1848), Juan María Gutiérrez (1809-1878), Juan Bautista Alberdi (1810-1884), Domingo Faustino Sarmiento (1811-1888), José Marmol (1817-1871), Vicente Fidel López (1815-1903). A ninguno de ellos se le ocurrió compartir un picnic, (cosa de mujeres), hablar elogiosamente del otro (a ver si piensan que la miro con cariño) y desafiar a Miguel de Cervantes Saavedra con una obra producida en el país.

    ¡Qué picnic! y ¡qué tertulia literaria!, ésta siempre ha sido tierra de machos, de cuchillos, de Juan Manueles y Juan Domingos, de mazorqueros y montoneros.

    De una manera vertiginosa desde 1820 y hasta 1852 la escena político cultural del país bailó al ritmo que le impuso el señor de Palermo que desde los 13 años con la primera invasión inglesa participó en hechos militares y su figura ascendente tanto bajo el mando de Liniers, de Dorrego, de Martín Rodriguez lo consolidó como el caudillo que podía al mismo tiempo encauzar la anarquía reinante, poner un freno al asedio constante de pampas y ranqueles y administrar con espíritu empresario sus enormes extensiones de campo. Su aporte a las letras argentinas fueron “Las Instrucciones a los Mayordomos de Estancias” que escribió en la década del 20, pero que fueron publicadas en 1856 cuando se encontraba exiliado en Southampton, Gran Bretaña.

    “Moby Dick comienza con los 80 epígrafes o extractos, que son colgajos o fragmentos de la aventura marinera del capitán Ahab al mando del Pequod, esa suerte de Arca de Noé de nacionalidades múltiples de la mamífera especie humana en obsesiva búsqueda del Sperm Whale o cachalote en el infinito mar que tanto me aterra. (El mar que me aterra: la esencia misma de mi ornitorrancia).

    Me detengo en sólo algunos de esos extractos:

    “Y Dios creo grandes ballenas”. (Génesis)

    “Leviatán hace que brille una senda tras sí; se diría que el profundo mar es cano”. (Job)

    “Con artificio se crea ese gran leviatán llamado Confederación o Estado (en latín Civitas) que no es sino un hombre artificial”. (Hobbes)

    “España:una gran ballena varada en las playas de Europa”. (Edmund Burke)

    ¿Cómo leo esto?

    Por un lado “Las Instrucciones a los Mayordomos de Estancias” de Rosas, se pueden leer como una introducción a lo que fue su tiranía de los más de 20 años fundantes del país, donde el “ojo” del Estado supervisaba todo de manera obsesiva y se metía hasta con una mazorca en el culo de quien no acatase lo establecido.

    Por otro lado leo “Moby Dick” como una alegoría del Estado (leviatán, es sinónimo de ballena) y de cómo cuando las ideas devienen ideología, requieren necesariamente de un caudillo, (el capitán Ahab) obsesivo, autoritario, fanático que en su locura lleva al Pequod a la destrucción y a su tripulación a la muerte, de la que sobrevive el narrador Ishmael aferrado al maderamen de un ataúd.

    Vendrá luego la devastadora Guerra Civil en los Estados Unidos que generará con el tiempo un grupo de intelectuales Oliver Holmes (1842-1935), William James (1842-1910), Charles Peirce (1839-1914) y John Dewey (1859-1952) entre otros que sostuvieron que las ideas no deben devenir ideología para justificar un estado de cosas considerado por el régimen como dogma y a su lider, o a su mera evocación, como indispensable al “destino trascendente de la nación”, tal como lo expresa Louis Menand en “El Club de los Metafísicos: historia de las ideas ven los Estados Unidos”.