La grandeza de la palabra del Santo Padre era inversamente proporcional al tamaño de quien la pronunciaba. Ya en el Seminario había deslumbrado con su discurrir; luego como sacerdote fue amado por sus fieles. Como Obispo de Montpellier emocionaba hasta las lágrimas en sus homilías. Hubo un tiempo que la Iglesia Católica dudó en nombrarlo Cardenal, temía que la exposición pública lo colocase como blanco de caricaturas, chistes, groserías y hasta burlas, debido a su tamaño. Fue Cardenal y Notre Dame de París competía en cantidad de fieles con la plaza de San Pedro y quienes asistían a sus misas lo llamaban “el Santo”. Pierre Mersault, tal su nombre, medía 1.22 metros, padecía de enanismo: sus miembros eran pequeños, cara redonda en cabeza grande: las típicas múltiples afecciones de la acondroplasia, que son los trastornos genéticos que afectan el metabolismo. Fue elegido Papa y el mundo recuperó la fe. El New York Times lo llamaba “Little Big Man”.
He puesto en orden las imágenes del sueño que tuve anoche. No los suelo recordar; es más me parece que sueño poco, pero dicen que no es así. Fue raro mi sueño, no tengo relación alguna con el mundo religioso; es más , me parece un resabio del pasado, lo asocio a la superstición y la magia; sin embargo creo en dios; mi definición: “Concepto ordenador de la sociedad, empleado por las autoridades de todos los tiempos de todos los estados nacionales del mundo”; igual soy profundamente respetuoso de las ignorancias ajenas; también tengo las mías. Más allá del extraño sueño, mientras tomaba café, leía y escribía, la pregunta se repetía ¿por qué una persona con enanismo no puede ocupar un cargo institucional de relevancia? Tendré que averiguarlo, (exhibo una de mis ignorancias).
A las 22 horas, después de una larga jornada de lectura y escritura me puse a ver la película “Queer” es decir “Puto”, la obra de William Burroughs (1914 – 1997) publicada en 1985, película del italiano Luca Guadagnino (1971), estrenada en 2024, con Daniel Craig (1968) y Drew Starkey (1993). A Daniel Craig lo tenía como a uno de los seis James Bond que desde el legendario Sean Connery que lo interpretó durante 7 años y luego Roger Moore que lo hizo durante 22 años; Craig lo representó entre 2006 y 2021.
Como detective Craig no me entusiasmó, como Puto, deslumbrante, una actuación, convincente en un México de 1950. Su personaje William Lee (William Burroughs) enamorado perdidamente de Eugen Allerton interpretado por Drew Starkey, brillante actor en un mundo de tequila, cocaína, heroína, ayaguasca, selva tropical con científica delirante, volando en la legendaria línea Panagra, cuando se fumaba en los aviones y los norteamericanos de la beat generation salían en busca de algo más, de lo otro, de lo prohibido.
Los artículos de los diarios nombran a todos los políticos del mundo que pretenden conducirlo, esos que representan el “Poder”. Hablan en todos los idiomas de lo mismo. Decir, no dicen nada. Burroughs, Guadagnino y hasta el onírico enano “Little Big Man”, no sólo dicen, a mí al menos me conmueven.

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