Amo a ciertas personas, algunas actividades, hechos y cosas. Tengo pasión por la literatura, la filosofía, los viajes, la docencia. Sólo soy fanático de la libertad, fundamentalmente de la mía.
Amo a la Argentina, mi país y también amo a Gran Bretaña.
No comprendo el fanatismo nacional, es decir el nacionalismo. El nacionalismo pleno de emociones por lo general acompañado de la bendición de Dios y conmovedoras lágrimas.
Con los campeonatos mundiales de futbol, el 9 de Julio, el aniversario de la muerte de José de San Martín o Malvinas que son los hitos de mayor “brote” de emoción nacional, me suelo poner de mal humor y cuando el sentimiento es nacional y popular y vuelve a aparecer Perón y el “pueblo unido jamás será vencido”, ahí el que se “brota” soy yo.
En el Mundial de Futbol, miro todos los partidos de Argentina, me entusiasmo, me pongo muy alegre cuando gana y me deprime cuando pierde. En el recientemente finalizado, estaba convencido que le ganábamos a Inglaterra y puse que la final sería España y Argentina aunque el resultado que anoté fue el contrario al que al final terminó sucediendo. Me produce una inmensa alegría la hinchada de Bangladesh. El 9 de Julio lo vivo como un cumpleaños de todos nosotros juntos. San Martín, no comparto lo de que sea “el padre de la patria” pero le estoy agradecido.
Malvinas, me parece el punto más conflictivo ya que amo el idioma inglés, la cultura inglesa, toda Gran Bretaña me parece una belleza y la ciudad de Londres es mi preferida entre las cientos de ciudades de los cuatro continentes que visité. Amo el silencio, sus parques, el barrio de South Kensington, donde viví 2 años, el pequeño pueblo de Rye en South Sussex con el Pub más antiguo del Reino Unido de 1420 “The Mermaid”, el castillo de Leeds, en Kent, las tiendas Harrods y Liberty, el cordero de Simpson’s, las ostras de Wilton’s, el desayuno del Claridge’s, The Prospect of Whitby, que es el Pub más antiguo de Londres, las ciudades de Oxford y Cambridge y en Escocia Edimburgo, Saint Andrews, Inverness y Roslin con su capilla misteriosa y bella de 1446 (Rosslyn Chapel).Tanto en nuestro país como en Inglaterra me siento en casa y at home respectivamente.
Visité durante 8 días Malvinas en julio de 2017 por motivos absolutamente personales que nada tienen que ver con soberanía o nacionalismo. Necesitaba pensar en un lugar solitario donde estaba seguro no encontraría a ningún argentino y así fue: ese lugar de colisión de mis dos amores en guerra fue el lugar elegido para encontrar la resolución a algo que me inquietaba.
“Si el nombre es arquetipo de la cosa, en el nombre de rosa está la rosa y todo el Nilo en la palabra Nilo”, como ha escrito Borges. Yo llamo a las islas Las Falkinas que para mí es la síntesis de afecto, respeto, racionalidad, deseo, tradición. No soy ingenuo Falkinas es Antártida el continente virgen y objetivo del próximo conflicto mundial cuando caduque el Tratado Antártico.
La sábana exhibida en el último Mundial de Futbol no me gustó y toda la emotividad nacional por haber derrotado a la selección del futbol de Inglaterra, vivida y propalada por la prensa como si hubiera sido la revancha de Malvinas me pareció infantil, absurda, fanática. Sí claro que viva la Patria. El día que argentinos y británicos nos refiramos a ellas como Las Falkinas – The Falkinas habremos crecido y derrotado al fanatismo que nos llevó a la guerra de un tal General Galtieri.

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