Si yo dijera después de un viaje a la India de seis meses, ¡qué ganas tengo de comer un asado!, todos los argentinos lo comprenderían. Ese deseo de la carne a la parrilla compartido, eso es amor a la pertenencia. Si en cambio yo dijera tan sólo “los fideítos de la abuela Ángela”, solamente mi hermana sabría y compartiría la misma memoria de los fideos cabello de angel de una sopa cocinada en cocina económica a leña de quebracho. De la misma manera, a las hijas de mi hermana les ha pasado con los tallarines con estofado de su abuela, es decir mi madre; porque la memoria también está compuesta de los sabores que despiertan la magia que a la larga es siempre la niñez.
Si yo le hubiera dicho a mi abuela: “Encuentro una sopa y uso un cuchillo para abrirla a puñaladas”, seguramente se hubiera preocupado muy seriamente por mi salud mental y habría hablado con mis padres. Ángela murió antes que llegaran las Campbell a la Argentina, y ya le había costado aceptar cómo nos podía gustar una sopa salida de un sobre y un caldo de un cubo pequeño.
El entrecomillado viene de la acción de un personaje de una novela que estoy leyendo y me hizo acordar a aquello de Isidore Ducasse,. Compte de Lautremont (1846 – 1870) que dice: “Bello como el encuentro fortuito sobre una mesa de disección, de una máquina de coser y un paraguas”. Los niveles de comprensión de cualquier discurso no llegan a todos por igual, eso está claro: edad, cultura, gustos, clase social, situaciones particulares. Lo que sí comprendemos todos, es que algo no está funcionando con lógica cuando los representantes del pueblo reunidos en el Congreso Nacional reciben sueldos de varios millones de pesos, auto, chofer, pasajes de avión, cuando el 72 % de los representados según datos oficiales y del Instituto Gino Germani dicen que “7 de cada 10 trabajadores perciben un ingreao menor al millón de pesos”. Eso lo comprendemos todos, y los representantes calladitos, no sea cosa que alguien los confunda con una lata de Campbell y quiera abrirla como el personaje de la novela “Casa de Hojas” que estoy leyendo.

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