OLOR A NAFTALINA

Cuando en 1895 nacía Juan Domingo Perón, estaba al frente de la Iglesia Católica Apostólica Romana, el Papa León XIII que había nacido cuando Buenos Ayres era la capital del Virreinato del Río de la Plata, ya que ello ocurrió el 2 de marzo de 1810 y murió el 20 de julio de 1903.

Hace 50 años, el 1 de abril de 1976 nacía Apple de la mano de Steve Jobs (1955 – 2011). John Ternus que ayer asumió como CEO de la compañía tenía entonces 11 meses de edad, ya que nació el 19 de mayo de 1975 y sucede al exitoso e innovador Tim Cook (1960).

Hace 50 años hubo una revolución que sigilosamente fue modificando nuestra manera de pedir comida, comprar, vender, trabajar, estudiar, hacer una cita y tal vez enamorarnos, tener un ocasional encuentro sexual, viajar, comunicarnos, operar con el banco. Esto de los cambios, no es nuevo, cada tanto nos replanteamos cómo hacemos las cosas; digamos cuando en el año 330 Constantino decreta que el cristianismo será desde entonces la religión oficial del Imperio, el mundo romano se conmocionó. Cuando mil años después Mohamed el Conquistador toma Constantinopla, la cristiandad se sintió amenazada en sus valores y varios nobles a cuyo frente estaba el Gran Duque de Borgoña se juramentaron en lo que se conoce como el “Voto del Faisán”, para recuperar la capital del Imperio Bizantino, hecho que quedó en deseos no cumplidos. Ya en los comienzos del Siglo XIX cuando Napoleón invade España, el Imperio donde nunca se ponía el sol, sufre una herida mortal que aprovecharon las clases dirigentes de América del Sur y cuando a los pocos años Wellington derrota a Napoleón, el panorama político mundial volvió a sacudirse. Un siglo después cuando Hitler se instala en el centro de Europa en uno de los países que más pensamiento filosófico le aportó a Occidente, el mundo volvió a conmocionarse y a renglón seguido tembló cuando dos bombas atómicas estadounidenses cayeron sobre Hiroshima y Nagasaki, inaugurando otra era. Los tiempos comenzaron a acelerarse.

En fin cada tanto suceden estas cosas que nos sacuden. Cuando yo nací el poder político en el país estaba en manos del fundador del Movimiento Nacional Justicialista, que con el grado de General, y el cargo de Presidente de la Nación gobernaba y sus seguidores cantaban “combatiendo al capital”. Hice desde entonces lo que cualquiera de ustedes ha hecho, a mi manera, que no es ni mejor ni peor, es la mía: intenté a veces con éxito, otras con rotundo fracaso ser yo mismo: lector voraz, viajador serial, soltero adicto a la libertad, buen cocinero, profesor apasionado, cabrón intenso. En ese transcurrir el General exiliado en la España de Franco regresó y ya con el Grado de Teniente General sus seguidores volvieron a cantar “combatiendo al capital”, después ya sabemos, golpe militar, desaparecidos, guerra de Malvinas, recuperación de la democracia, juicio a las juntas militares, indultos de Menem en donde “combatiendo al capital” parecía entonarse murmurando hasta que nuevamente tronó el combate al capital, pero la acumulación del mismo en bolsos, valijas, cajas fuertes esquivaba el combate. Tengo ahora 78 años y vengo sospechando que el próximo Presidente de la Nación será otro miembro del Movimiento Nacional Justicialista, que parece que de “movimiento” tiene poco, al menos con respecto al ejercicio del poder. En los próximos meses tendremos la visita de su Santidad León XIV. Todo se mueve con vértigo, aquí en la patria todo tiene un tufo a “eterno retorno de lo igual”, le pido mil disculpas a Nietzsche, por hacer uso de su concepto para este eterno avatar nacional.

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