Son los actores a los que he escuchado propalar la expresión “El teatro qué vida; la vida qué teatro”. En Hamlet hay teatro dentro del teatro, en cine Francois Truffaut filma “La noche Americana” en 1973 que es cine dentro del cine, al punto que el director también se mete en la película. Recientemente “Sentimental Value”, ganadora de un Oscar 2026, película noruega de Joachim Trier, transita por los mismos carriles. En literatura Borges genera a Pierre Menard escribiendo Don Quijote y lo publica en “Ficciones” y Michel Lafon escribe “Una vida de Pierre Menard”. En literatura gastronómica Javier Pérez Escohotado escribe “… es necesario reflexionar de dónde venimos y adónde vamos gastronómicamente: sólo así se puede resistir un programa de TV en el que alguien, con un delantal blanco y una tiara episcopal, fabrica un plato que el espectador quizá nunca llegue a cocinar. ¿Para quien se programa esa fantasía virtual? ¿Pretende incitar al consumo? ¿Ayuda al que cocina en casa o, por el contrario, lo reduce a la inacción gastronómica? A veces como en la canción, es “teatro, puro teatro”. (Crítica de la Razón Gastronómica). La palabra “persona” significa máscara que era lo que usaban los actores en la Grecia antigua para amplificar la voz y para exagerar los rasgos del personaje. Ser poseedor de una gran personalidad es por tanto, de atenernos a la etimología ser un notable actor. Lo vemos a diario en los líderes mundiales: ser Director de las Naciones Unidas, Representante de Dios en la Tierra, Fiscal de la Corte Penal Internacional, Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. ¿Se la creen, realmente? aunque creo que la pregunta es otra ¿Podemos soportar la vida sin ese teatro? ¿Nos toleramos sin las múltiples máscaras que nos colocamos?

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