Dos consonantes de muy diferente pronunciación, aunque, al menos lo que se escucha en nuestro hablar, es que suenan igual, cuando alguien dice (yo también) “¡Qué buen bino”!, no hacemos diferencia en la pronunciacion entre las dos consonantes aunque escribimos “¡Qué buen vino!”.
El poder de Beto y El poder de Veto, suenan iguales pero dicen cosas diferentes. El primero hace referencia a una persona (Roberto, Alberto, Felisberto o algún otro nombre terminado en “erto”) que se ha hecho costumbre abreviar, en Beto, quien, en este particular ejemplo es mencionado como individuo con poder.
Poder de Veto, ya indica algo de mayor importancia, uno piensa en institución, digamos un club que no admite el ingreso de una persona a querer ser socio del mismo, una negativa legal en una asamblea laboral, estudiantil, financiera, o cámara de poder legislativo con capacidad para impedir algo, por tener, por ejemplo, mayoría.
Hay un caso, y no es menor, ya que se trata de las Naciones Unidas, donde en el Consejo de Seguridad que cuenta con 5 miembros permanentes y 10 miembros no permanentes que se eligen cada dos años. Sólo cuentan con poder de veto, los 5 permanentes que son Estados Unidos, Rusia, Gran Bretaña, Francia y China. Así, si uno sólo de estos miembros está en contra de una resolución, pues el hecho en cuestión no se aprueba, por más que el resto del mundo esté de acuerdo en aprobarlo. Así son las cosas, los ganadores de la Segunda Guerra Mundial así lo establecieron en 1945.
No tengo ninguna formación diplomática, estoy tan sólo pensando: Rusia invade Ucrania, pues si Rusia veta lo que los cuatro restantes pudieran resolver con el apoyo de los 10 miembros no permanentes: listo se hace lo que Rusia desea. Corren la misma suerte todo lo que hagan Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia o China. Claro uno confía en los criterios de racionalidad de los dirigentes de países con tanto poder, pero invadir Ucrania, secuestrar a un dictador en Venezuela, consolidarse en Malvinas, no tendrían más solución que el Statu Quo, pues el sólo veto de un miembro permanente del Consejo de Seguridad, impediría el cambio.
En general es la mayoría la que decide, no uno sólo. En fin me suena raro, un tanto no democrático, pero en fin, por un lado, ya me he acostumbrado a estar siempre equivocado y por el otro es ley de la naturaleza: Gana el más fuerte. Todo muy bien uno camina por las calles y ve a perros meando, cagando y cogiendo y uno sigue viaje, normalmente los humanos hacemos las tres cosas que hacen los perros, ya que también es ley de la naturaleza, pero no creo que los Presidentes y Primeros ministros de los 5 países del Consejo de Seguridad que hacen lo mismo que los perros, lo hagan en la Quinta Avenida, la calle Tverskaya, Regent Street, Champs Elyseés o Chang’an que son las principales calles de las respectivas capitales de sus paises con derecho a veto.

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