Aplausos y más aplausos, ayer le dieron el Premio Nobel de Literatura a Anne Carson (1950), me encantó. Yo sigo esperanzado en que lo reciba César Aira (1949) porque, no me voy a cansar de repetirlo, es una literatura en sí mismo y además nació en un pueblo de Coronel Pringles que se llama El Pensamiento, lo cual para un país que es 95 % de emocionalidad, 3% de corrupción y 2% de racionalidad y que además está inoculado de peronismo, haber nacido en El Pensamiento es casi un milagro.
Sólo he leído tres libros de Anne Carson “Short Talks” (“Charlas Breves”) de 1992; “The Fall of Rome: a traveller’s guide” de 1995 que originalmente forma parte de “Glass, Irony and God”, pero que bajo el título “La Caída de Roma: una guía para viajeros”, la editorial Zindo & Gafuri ha publicado en edición bilingüe y “Red Doc>”que tengo en español. Aquí están abiertos los tres sobre mi escritorio y ando releyendo y gozando, ya que hace un tiempo que, no los frecuentaba.
Carson, requiere trabajo, es el tipo de tarea que me encanta. Recuerdo la primera vez que leí a Borges, yo tenía 15 ó 16 años, empecé con “Historia de la Eternidad” y no entendía demasiado; hoy pienso que tal vez quería hacerme el interesante, aunque nunca fue una característica personal (tengo otro tipo de horrores personales); también creo que si hay algo intersante en mi vida, es mi experiencia, no mi querer aparentar, me enorgullezco de mis aventuras por el mundo; son esas aventuras las interesantes, yo tan sólo su narrador. Pero sí, había algo en la escritura de Borges que me tenía atrapado, estaba como ausente del exterior, esperaba el tren en la estación La Lucila y seguía tan concentrado que subí al coche, me senté, no presté atención a la persona que compartía el asiento frente a mi. En un momento levanté la vista para mirar por dónde íbamos y me detuve en las manos pequeñas apoyadas en grueso bastón, ahí frente a mi, sí eran las manos y el bastón que había visto en fotos y detrás todo él: Borges.
Con Joyce me pasó lo mismo, intenté leer el “Ulises” en inglés, recién en el, creo que décimo intento, entendí, me lo devoré, mi vida en relación a la literatura fue antes y después de JJ y siguió el “Fin del Nuevamente del Velorio y el Despertar” (el Finnegans Wake) fue una fiesta con su “vicus of recirculatión” con Gian Baptista Vicco agazapado entre Shem y Shaun. Anne Carson es ese tipo de escritores, de esos que no, pero sí, hasta que hacés un gambito y luego un enroque y la partida es tuya Jaque Mate y la empezás a querer.
Va un ejemplo, porque no sé aun nada de ella, “Charla breve sobre Parménides” de “Short Talks”, nos cuenta Carson que Andreas, es italiano, que vivió en Argentina y también en Inglaterra, y un tiempo en Costa Rica; y en todos los lugares donde vive, invita gente a cenar y se pregunta “¿Y si el nombre correcto de Italia resulta ser Brzoy, Andreas seguiría viajando por el mundo como la luna errante con su luz prestada?”y entonces mi jugada: obvio que sí, como que byos que en griego es arco, que tiene nombre de vida pero efecto de muerte, dicho por Heráclito y entonces si todo es un cambio permanente, ¿cambia algo? es decir Parménides was right y le dejo el jaque a Carson “¿Y si cada vez que hablaba de ciudades quería decir engaño, por ejemplo?”
Congratulations.

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