LA CONCHA DE LA LORA

¿Es que hay algo más argentino? Alguien podría decir que sí: el peronismo, la inflación, el tango, el asado, Maradona, ¿Messi? no, lamentablemente Messi no es un típico exponente de la argentinidad. Creo que Messi es alguien a ser imitado: brillantemente dotado no dejó nunca de esforzarse, ganador total, buen compañero, tímido, con una humildad ejemplar. Ojalá los chicos de entre 3 y 12 años, que lo aman sean el semillero de la Argentina próxima.

“La Concha de la Lora” es sólo y únicamente nuestra. Bruce Chatwin, azorado, en su libro “In Patagonia” traduce la expresión literalmente “The Parrot’s Cunt”, suena brutal. Una vez, en tren de cachondeo, le dije a una dama ultra católica, quien no recordaba el nombre de una encíclica de Francisco, el Papa peronista; que el nombre de la encíclica era “In Conchum Lorum”, se lo dije con tanta solemnidad, que me creyó, pero al rato “no, no es ese el nombre, ya me acordé es “Fratelli Tutti” del 2020″ , y al mismo tiempo largó una carcajada, cuando se dio cuenta de mi irreverente nombre.

“La Concha de la Lora” es cien por ciento argentina. La leyenda que me llegó dice que surgió en La Boca, tal vez en la isla Maciel; había prostíbulos bien diferenciados por categorías, los más económicos eran los de las “chinitas”, chicas de provincias llegadas a la gran ciudad en busca de un mejor horizonte; luego venían los prostíbulos de las rubias “polacas”; hay un libro del periodista francés Albert Londres (1884 – 1932) “El Camino de Buenos Aires” (1927) que investiga una red de trata de personas conocida como Zwi Migdal, que describe cómo se engañaba a mujeres europeas; muchas de ellas adolescentes; prometiéndoles trabajos de gobernantas o niñeras en casas de familia en Buenos Aires, pero no bien llegadas eran obligadas a prostituirse. Buenos Aires ostentaba el nombre de “paraíso de los rufianes”. Por último el prostíbulo de las “franchutas” regenteado por Madame Laure (se pronucia Lor), elegante, con copa de espumante de bienvenida, para caballeros y total discreción; pero como suele ocurrir en estas latitudes cada tanto hay una crisis económica, lo que obligaba a muchos a tener que bajar de categoría prostibularia, con la consiguiente insatisfacción y queja, lo que generaba una aireada respuesta de las regenteadoras de los prostíbulos pobres “Y bueno flaco, si no te gusta andate a la Concha de la Lora”.

No sé si la historia tiene algo de verdad, pero es una buena historia y como suele decir un amigo “no dejes nunca que la realidad eclipse una buena historia”, pero si no les gustó, ya saben a dónde se pueden ir yendo.

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