Voy regresando a casa, después de ir al super, al banco, a la librería y a la pastelería. Iba pensando al pasar frente al Club de rugby donde jugué, en un chico, de otro equipo, que era un apertura increíble, aún lo veo dribleando la pelota, tomándola, amagando a los contrarios y corriendo al in goal nuestro y marcando un try y después otro y convirtiéndolos a los dos. Un fenómeno, nunca supe su apellido, se llamaba Gastón. Cruzo Libertador y al girar hacia la calle donde está mi casa, me topo con el apertura. Estaba como ido, lo llevaba de la mano una enfermera o una terapeuta, nos miramos sin saludarnos, nunca fuimos amigos, éramos tan sólo jugadores de las inferiores de dos equipos rivales. Una doble sorpresa, ¿cómo es que suceden las cosas?, en años no había pensado en él. Fue recordarlo y a los cinco minutos giraba en la esquina de casa. No lo sé, me pareció extraño. La segunda sorpresa fue encontrarlo en una situación tan fragil y delicada. Me dolió por él, me hubiera gustado abrazarlo. No lo hice, creo que no tenía derecho a hacerlo. No he dejado de pensar en él.
Estaba buscando, a la noche, después de intensa jornada, algo para distraerme. Me serví un whisky, iba a entrar en Mubi, pero vi una ventana que decía algo así como “China, increible”. Entré ahi, era un documental de 27 minutos sobre la ciudad de Shenzhen, lindante con Hong Kong. Conozco Beijin y Shangai, estuve ahi en 2008. Me entero que hace 45 años era un pequeño puerto de pescadores, hoy es el segundo puerto más grande de China y el cuarto en el mundo. Shenzhen es hoy la tercera ciudad más más grande del país, después de las dos que acabo de nombrar; está habitada por 17.000.000 de habitantes. Las empresas de tecnología más importantes de China, están ahi establecidas: Huawei, Tecno Mobile, Tencent, DJI, BYD. Los edificios, enormes torres de cristal, museos increíblemente modernos, 16.000 buses y 21.000 taxis eléctricos, una línea de subterráneos impecable y silenciosa, robots para la limpieza de calles, para seguridad, para dirigir el tráfico, miles de autos sin conductor, centros comerciales deslumbrantes, drones por todos lados, uno entra en una cabina, hace el pedido de lo que quiere comer y al rato llega desde el aire un dron con lo pedido, cual maná bíblico, bibliotecas que son un monumento a la lectura, y una cantidad de parques que no tienen nada que envidiarle al Canadá, pero además todos los aparatos para hacer gimnasia son gratuitos y están por todas partes. El 1 de mayo de 1980, el líder de China Deng Xiaoping (1904 – 1997) declara al puerto de pescadores Shenzhen, cuyo significado es “zanjas profundas” como Zona Económica Especial y en 45 años es hoy el Silicon Valley chino. A Deng se lo conoce como el arquitecto de la China moderna (basta leer su CV) y uno entiende por qué China es lo que uno ve y así como Gastón es un espejo, otro país también lo es; pero claro hay espejos personales y espejos nacionales: China es Nacional y Popular, nosotros parece que también, pero nos fue como a Gastón.
La última, mi socio y amigo va en un bus desde Campobasso a Nápoles, va leyendo “La Conciencia de Zeno” de Ítalo Svevo (1861 – 1928), amigo de James Joyce, quien lo estimuló para que escribiera; Ítalo Svevo, que en verdad se llamaba Ettore Schmitz, ya había abandonado la escritura por varios fracasos pero la insistencia de Joyce lo hizo retomar la tarea y esta novela de 1923 fue un sorprendente éxito. Mi socio va leyendo en italiano, lo que alguna vez leí y hoy comienzo a releer, en español.
Things happen: un herido, una ciudad fastuosa, “La Conciencia de Zeno”: la vida misma.

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