PARALELISMO BUCAL

Darwin sostenía que después del lenguaje, el mayor descubrimiento del ser humano es la cocina. Efectivamente somos nuestro lenguaje y somos lo que comemos. De todos los animales el único que cocina sus alimentos es el hombre; somos nosotros, los humanos y con contudencia dijo Faustino Cordon “Cocinar hizo al hombre”.

Hablamos; muchas veces demás; de ahi el dicho “El pez por su boca muere”. Cuando olemos algo que nos gusta se nos hace agua la boca. Es la boca por donde salen nuestros pensamientos y nuestros sentimientos hechos palabras y también besos. Es por la boca por donde culmina la ardua y placentera tarea de quien cocina.

Si hay un autor que cambió mi percepción de la literatura, ha sido James Joyce, al punto que cuando, después de varios intentos fallidos logré leer el Ulises y después re leerlo y cada tanto abrirlo y leer algún pasaje, suelo decir que para mí la literatura es antes y después de James Joyce (AJJ y DJJ) y cuando me atreví al Finnegans Wake que comienza – termina en la última página y termina – comienza en la primera haciendo honor a lo que crípticamente dice el título Fin del Otra vez (Finn Again) Wake (despertar y velar) y la mención en el primer párrafo de “vicus of recirculation” que no es más que Giovanni Battista Vico (1668 – 1744) y su “Scienza Nuova”, y su repetición de la historia, uno entiende que hay un trabajo estupendo por delante tratando de jugar y descubrir las sutilezas y sentidos y gambetas e ironía que se encuentran en la escritura de Joyce.

El reciente Premio Nobel de literatura otorgado a Anne Carson (1950), me colmó de alegría porque también ella le hace decir a las palabras más cosas de lo que las palabras dicen.

En cocina, si hay un equivalente a James Joyce en las letras, no me cabe ninguna duda que es Ferrán Adriá (1962), artista supremo, que ha hecho de la cocina una opera de colores, sabores, texturas, sonidos e ironía desde su famoso restaurante de Roses, Girona, España “El Bulli”, que aún cerrado sigue irradiando su influencia a las cocinas del mundo.

Quiero contar dos hechos, uno, fue aquel que lo catapultó a la merecida posición que ostenta, que fue la tapa de la “New York Times Magazine” del 10 de agosto de 2003 y la nota de Arthur Lubow. La tapa de ese número titulaba “La Nueva Nouvelle Cuisine” How Spain Became de New France.

El otro, cuando Joel Rebouchon (1945 – 2018), no con demasiado entusiasmo y un poco presionado por amigos que casi le exigieron que hiciera la reseva en El Bulli, se aparece con su familia y después de los saludos de Ferrán Adriá y Juli Soler, conmocionados por el maestro que más estrellas Michelín ha recibido en el mundo y un poco molestos ya que les advierte que quería un menú muy corto porque esa misma noche debía subir en Perpiñán al tren de alta velocidad para regresar a París. Le presentan la gelatina de almendras con coulis de tomate y la sorpresa fue tal como cuando leí por primera vez “riverrun past Eve and Adam’s…”. Seguidamente le llevaron el caviar con tuétano y Rebouchon en estado de éxtasis gustativo, se olvidó del tren y del apuro y exclamó “Traigan el menú completo”, que es equivalente a cuando Anne Carson escribe “Mañana a esta hora, seré un hombre de Roma. Voy a visitar a Anna Xenia. Anna Xenia se debe estar despertando” (Les recuerdo que Anna Xenia fue una Santa del siglo V) y que luego preparará Nescafé. En los grandes escritores como en la gran cocina TODO ES POSIBLE. Si Dios ha creado el mundo, está en nosotros imitarlo y para Dios “Impossible is nothing”, para Joyce, Adriá, Carson y alguno más tampoco.

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