KANT CONTRA LAS CUCARACHAS

Leer el diario los domingos tiene algo de ceremonia: la veo a mi abuela haciendo crucigramas y charlando con mi abuelo; ella entiende que las mujeres deberían tener una suerte de jubilación por el trabajo de “amas de casa”, él sonríe, incrédulo. Los veo a mis padres sentados en el living o en el jardín comentando si Frondizi esto o aquello, si Fidel Castro y el Che Guevara serán una mejoría para los cubanos o tan sólo un cambio de dependencia de lo norteamericano al soviet; de si Alvaro Alsogaray con su explicación de que “hay que pasar el invierno” y después nos esperan los “18 meses más espectaculares de la economía universal de todo el mundo”

Este domingo de grisura primaveral, leo sobre las protestas en España, después del choque de los trenes AVE, que indicaría la “decadencia del país”. Las revueltas e incendios en Francia, Italia, Bélgica, Alemania, Albania, Polonia; artículos sobre la “eterna” guerra del zar ruso sobre su vecina Ucrania; que supongo están marcando un hartazgo de cómo nos representan quienes fueron elegidos para hacerlo durante un tiempo, pero que una vez en el poder, se aferran al mismo como un naúfrago al chaleco salvavidas. El reciente episodio en Brasil después de las elecciones con la abrupta salida del país del candidato perdedor, la amenaza de un juez de impedirle hacerlo y la entrega de su pasaporte. La actitud vengativa, petulante y grosera de Trump, al que siempre se lo nombra no como el Presidente, sino como el Magnate. La eterna situación venezolana y la pluscuamperfecta Revolución cubana desde 1959. Mi azoramiento llega al colmo con el titular que dice “La rebelión juvenil desafía a Modi, después de un insulto de Surya Kant (1962), Presidente de la Corte Suprema de la India que trató a los jóvenes de vagos, adictos a Internet, parásitos y cucarachas de la sociedad”, (Gregorio Samsa agradecido por sentirse acompañado).

En fin, se percibe en el ambiente global un hartazgo; pero ¿de qué? ¿se trata del sistema político?, ¿de la economía?, ¿es una cuestión que tiene relación con que la población mundial que en 1978 era de 4.200 millones, y hoy alcanza a 8.200 millones con demandas sociales globales insatisfechas?, ¿de religiones que no religan a ninguna divinidad?, ¿líderes que no lideran más que a su facción?, ¿tecnología invasiva que nos ha hecho dependientes de lo que sucede en la pantalla y nos impide ver el aleteo de las mariposas o que el semáforo nos habilita el paso?, ¿es la IA que amenaza nuestros egos?

No lo sé, pero hace más de 200 años, un solitario pensador caminaba por la helada playa de Kirkcaldy, en Escocia, y al llegar a su escritorio tomó la pluma y anotó “Los sistemas no buscan la verdad, sino, tan sólo frenar la angustia”.

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