William Cecil, Lord Burghley (1520-1598), jefe de ministros durante casi todo el reinado de Isabel Tudor y con mayor poder que la misma reina, responsable de la expropiación de vastos territorios de monasterios pertenecientes a la Iglesia de Roma, de quien era el mayor opositor, dueño de una habilidad política brillante, audaz, temeraria y como corresponde a la esencia del poder, plena de cinismo e hipocresía, al punto que la muy borgeana onceava edición de la Enciclopedia Británica dice “Desde 1558 y durante 40 años la biografía de Cecil es casi la biografía de Isabel I y la de la historia de Inglaterra”.
La lucha entre la Corona Británica y el Papado, iniciada por Enrique VIII, padre de Isabel I, lo tuvo a Cecil como líder del partido protestante que entendía que la solución al problema escocés se dirimiría con la muerte de Mary Stuart. Cecil va a hacer uso de una ficción política que consistió en establecer el principio de que nadie sería perseguido por su religión, sino sólo por traición y a tal efecto bastaba identificar a un bando o partido (el protestante) con toda la nación y el apoyo a esa parcialidad con la lealtad a Inglaterra. La oposición, la resistencia, obviamente es la deslealtad, la traición, que se castigaba con tormentos y muerte. No me extenderé, esto es mero y puro Peronismo.
La historia de Inglaterra por momentos me parece un espejo en el que nos miramos. 2024 como la época de la Reforma: Javier Milei es Isabel I, Karina Milei es William Cecil, vamos rumbo a una nueva “religión de estado”, el viejo régimen peronista debe caer, Cristina Kirchner es Mary Stuart; todo el reiterativo staff dirigencial de los últimos 40 años, monjes de abadías a ser arrasadas y sus moradores desterrados sin piedad. Más allá de mi metáfora, más apropiada al siglo XVI, que para los tiempos que corren, creo que es hora de mandar al peronismo al geriátrico y entrar de una vez por todas en el siglo XXI, del que ya nos perdimos el primer cuarto. La Corona quedó como representación de la Nación inglesa, las tierras abadengas y la riqueza que generaban pasaron a engrosar la fortuna de la clase que aún hoy gobierna, es decir se secularizaron los bienes y en menos de diez años se privatizaron. Haga el lector su propia traducción al escenario argentino y ubíquese en el tablero.
Siguiendo con el simil especular británico, cuando Isabel I muere en 1603, hubo que transitar hasta 1688 cuando la “Glorious Revolution” instaló definitivamente el sistema, que en apretadísima síntesis nos indica que pasaron los reinados de James VI de Escocia, coronado luego en Westminster como James I, le sucedioó Charles I quien reinó entre 1625 y 1649, 11 de esos años sin el Parlamento, lo cual condujo a la Guerra Civil entre el monarca y el Parlamento de la cual salió triunfante éste último y el rey fue ejecutado (ahí no había prisión domiciliaria), esto condujo al gobierno de Oliver Cromwell durante 11 años, se repuso la monarquía con el ascenso de Charles II, su reinado fue corto y fue depuesto por católico y por el típico autoritarismo de los Stuart, culminando el largo proceso con la entronización de Guillermo de Orange (William III) y su esposa la reina Mary, hija de Charles I y consolidando el modelo de monarquía parlamentaria que es la forma que ha gobernado a Gran Bretaña con éxito por los últimos 337 años y con notable eficiencia a España que ayer 22 de noviembre celebró los 50 años de su monarquía parlamentaria con un excelente discurso de agradecimiento de Felipe González que recibió el Toison de Oro por parte del Rey Felipe VI.
Estimo que con la velocidad de los tiempos actuales no habrá que esperar 50 años para consolidar el sistema de modernización y progreso, en el que estamos, pero sí creo que llevará su tiempo, supongo un segundo mandato de La Libertad Avanza (2027-2031), un siguiente mandato de otra fuerza que robustezca el sistema (2031-2035) y otro (2035-2039), con lo cual nos esperan según mi entender (que no pretende ser profecía ni verdad, tan sólo opinión) 15 años de esfuerzo, trabajo, constancia, debates democráticos de ideas, pero no ideología de uno u otro signo, ideas, pragmatismo y no dogmatismo.
Para terminar, la palabra “PERSONA”, significa máscara, es la careta con que nos presentamos: ser inglés, ser ministro poderoso, ser rey o reina, argentino, peronista, liberal o estar muerto como William Cecil, Isabel Tudor, Mary Stuart, Juan Perón, Jorge Luis Borges, todos algún día y para siempre, desenmascarados. Así es la vida; las quejas al Altísimo.
(Recomiendo para conocer bien el proceso de consolidación de la monarquía parlamentaria británica el excelente libro “EL SIGLO DE LA REVOLUCIÓN 1603-1714” de Christopher Hill, Edit. AYUSO,Madrid 1972)

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