Comenzó el día con el llamado de un querido amigo residente en Leipzig, ciudad que fue fundamental para el inicio de la madurez de Nietzsche, en tanto que ahí empezó a construir su identidad filosófica. Entre otras cosas, mi amigo me preguntó si había leído “Fragmentos de un Discurso Amoroso” de Roland Barthes (1915 – .1980). Mi respuesta afirmativa fue seguida de un comentario sobre sus temas, su vida privada (vivió con su madre hasta que ella murió) y su propia y peculiar muerte, atropellado por una furgoneta de una lavandería a la salida del College de France. Después mi amigo siguió con su “running” y yo salí a buscar a mi sobrina Camila que deseaba retirar unos instrumentos musicales de la casa de una colega (es musicóloga). Mientras esperaba abrí “El Discurso Amoroso” y subrayé dos notas, la primera una referencia a “La Carte du Tendre” de Magdeleine de Scudery (1607 – 1701) que a Barthes le servía para sostener un aspecto de su Discurso y a mi me fue útil para expresar la creación de la “mousse” juntamente con la obra “Las Preciosas Ridículas” de Moliere y el discurso cartesiano de Res cogitans y Res extensa (la mente y el cuerpo) cuando yo era titular de la cátedra de “Gastrosofía”. La segunda “El dis- cursus amoroso no es dialéctico; gira como un calendario perpetuo, como una enciclopedia de la cultura afectiva (en el enamorado hay algo de Bouvard y Pecuchet”).
Las musicólogas se despidieron con un interminable abrazo. Mi periplo siguió hasta la gomeria, ya que el día anterior había tenido una pinchadura en una rueda y debía emparcharla para tener el auxilio en condiciones. Miré con atención el trabajo del gomero, que lo hacía silbando y cada tanto conversando con otro operario a su lado y mi cabeza estaba ya pensando en que al llegar a casa debía releer parte de Bouvard y Pecuchet, acompañado de “Vindicación de Bouvard y Pecuchet”, y “Flaubert y su destino ejemplar”, los dos ensayos de Borges que están en “Discusión” y re leer “El Loro de Flaubert” de Julian Barnes (1946) que tengo en inglés, muy anotado. Pasé luego por la verdulería a comprar lechuga, tomates y zanahorias para una ensalada para acompañar un filete de merluza espléndido, para mi almuerzo, observé con atención como uno de los empleados retiraba fruta pasada y la separaba para dársela a una señora y sus niños mendicantes, y como otro acomodaba las berenjenas en una pirámide violacea que nada tenía que envidiarle a la de Keops y volví, mientras observaba, a pensar en “El Discurso Amoroso” y en lo no dialéctico de los personajes de Flaubert. Fui luego hasta la panadería que hace unas facturas de manteca muy exquisitas y vi con que delicadeza la empleada acomodaba las seis pedidas, en una caja con tan buen criterio para que la crema pastelera de unas no tiñeran de amarillo al rojo membrillo de otras más pequeñas y mientras esto sucedía mi cabeza fue ordenándose: ni las musicólogas, ni los gomeros, ni los verduleros, ni la panadera tenían la menor idea de los señores Bouvard, Pecuchet, Barthes, Barnes, tal vez Flaubert y Borges y Barthes las musicólogas sí, y mucho menos que yo dedicase gran parte de la tarde a estudiar, pensar y escribir sobre ellos. En casa leí una nota sobre el estado de la economía nacional, que me dejó preocupado y me metí de lleno en la tarea. Leí con detenimiento el capítulo VIII de Bouvard y Pecuchet y pasé luego al inconcluso capítulo X con aquello de “Compran libros, lápices, goma de pegar, raspadores etc. Se ponen a copiar”. Me surgió la idea que el “Diccionario de las Ideas Recibidas” con que Flaubert da por terminada su carrera literaria, le pudo haber servido de inspiración a Roland Barthes para sus famosas “Figuras”, con su didáctica explicación al comienzo del libro “Lo que se lee a la cabeza de cada figura no es su definición, es su argumento. Argumentum: exposición, relato, sumario, pequeño drama, historia inventada; yo agrego: instrumento de distanciación, pancarta, a lo Brecht” y su brillante “Orden” y “Referencias”. A esta altura mi alegría era intensa y para festejarme, muy frío Chardonnay, filete de merluza, ensalada, aceite de oliva, mostaza de Dijon, limón. Ciruelas de postre. Café, Trabajo.
Busqué “Flaubert’s Parrot “de Julian Barnes y después de volver a leer los dos primeros capítulos, recordé una entrevista en el suplemento “Ideas” de La Nación en función de su último libro “Despedida”, ya que dice que acaba de cumplir en enero pasado sus 80 años y con este libro termina su tarea: The End. Es curioso yo en dos días estoy cumpliendo mis primeros 78 y si bien es cierto que me da vértigo, estoy escribiendo para publicar mi primer libro “Ornitorrancia” (hay veces que me siento tan raro como un ornitorrinco, pero casi siempre he llegado tarde a casi todo, pero el “casi” es para el “siempre tarde”, no para el “llegar”, porque llegar, llego).
Apunté en una hoja, las hiper subrayadas opiniones de Borges, que siempre (esta vez sin casi, llega en mi ayuda): “Flaubert fue el primer Adán de una especie nueva: la del hombre de letras como sacerdote, como asceta y casi como martir”. “Flaubert el primero en dedicarse a la creación de una obra puramente estética en prosa. La prosa ha nacido ayer, es posterior a la lírica. Las combinaciones de la métrica se han agotado, no así las de la prosa. La novela espera a su Homero”. Cita Borges a Emile Faguet que en 1899 dice “..dos protagonistas que no se complementan ni se oponen y cuya dualidad no para de ser un artificio verbal”. Borges, nuevamente “Swift para escarnecer los anhelos de la humanidad lo atribuyó a pigmeos y simios. Flaubert a dos sujetos grotescos. Si la historia universal es la historia de Bouvard y Pecuchet todo lo que la integra es ridículo y deleznable”. Deseo recordarles a quienes no han leído Bouvard y Pecuchet, que eran dos copistas que se hacen amigos, uno de ellos recibe una herencia, dejan su trabajo, se van al campo, durante 20 años prueban todo: ciencia, filosofía, artes, historia, religión, agronomía, jardinería, anatomía, literatura, gimnasia, pedagogía; hartos de fracasar vuelven a copiar.
Concluyo por hoy: la política argentina tampoco tiene polos dialécticos: lo dicho por Faguet es aplicable a Cristina Fernández y a Javier Milei, son Bouvard y Pecuchet, les dejo a ellos la elección de elegir quien de los dos es cada uno, pero perdón a ambos los creo ignorantes de Flaubert, de Barnes, de Barthes y de Borges y a mí ni me leyeron.

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