¿POR QUÉ ME MOLESTA TANTO LA PALABRA ARGENTO/A?

Me resulta difícil explicar por qué rechazo a ciertas personas con tan sólo estar con ellas unos minutos o aún; de tratarse de personas públicas; con tan sólo ver su imagen. También me cuesta explicar por qué me “enamoro” de otras con tan sólo conversar unos minutos o por el mero hecho de verlos. Siempre termino en ese lugar común “es una cuestión de piel”; sigo rechazando, sin embargo, lo que algunos dicen al respecto “seguramente es producto de vidas anteriores”. Lo cierto es que casi nunca, esa primera impresión se contradice con los hechos posteriores.

Me sucede lo mismo con alguna palabra; siempre digo “remera”, tenga la prenda cuello o no; lo cierto es que “chomba” me produce rechazo; tan sólo por haberla escrito me empezó a picar el testículo izquierdo. Me pasa también con algunas oraciones: si alguien dice: “Tomar mate es una costumbre nacional”, me siento identificado, con lo dicho. Si otro dice: “El asado con amigos es popular” (o lo era), comparto plenamente el concepto. Ahora si escucho: “El pensamiento nacional y popular”, la urticaria generalizada es tan tóxica como quedar encerrado en un ascensor atascado con Cristina Elisabet, Massa, Firmenich, Isabelita, Grabois y López Rega.

Si escucho que alguien dice soy un individuo de pensamiento y conducta liberal pienso en Londres, Edimburgo, Oxford, Cambridge, Locke, Hobbes, Smith, Shakespeare. Si en cambio escucho vociferar: “Nosotros los liberales libertarios”, se me presenta la imagen de Adorni, Karina Elizabeth, Lemoine y oigo el sorprendente giro verbal del Ministro Caputo: “Dan ganas de sacarlos a patadas en el culo”, o “¿sobresueldo? Por favor ¿qué pregunta es esa? Por Dios”.

Supongo que “argento/a” me suena a “tano” en vez de italiano, a “yanqui” en vez de estadounidense; me explico si escucho “gallego” por español, “franchute” por francés, “turco” por árabe o “ruso” por judío siento que es una voz argentina con la que puedo identificarme aunque no la use mucho, ya que estoy convencido que no es peyorativa; es como “La Concha de la Lora”, o “Jarra de Pingüino”, una entrañable y única manera de decir y de beber vino entre nosotros.

Italia y los italianos son sinónimo de fineza, diseño, elegancia. Ver a los italianos caminar por la calles de Florencia con trajes y sobretodos de un corte perfecto, y corbatas al tono, observar a las italianas con esas cabezas de escultura sobre esos zapatos de cuero que parecen guantes de tan suaves, pasear por Roma, las comidas, los paisajes y la música de su idioma son el refinamiento renacentista en su máxima expresión. “Tano”, empobrece, no está a la altura de la fineza.

Estados Unidos, es sinónimo de grandeza, de atreverse, de haberle gritado al mundo de finales del 1700 que las monarquías absolutas de derecho divino eran un vergonzante lastre de un pasado a erradicar y se atrevieron a refundar la democracia y en tan sólo 100 años de vida edificaron una nación próspera, abierta, competitiva, hemos aprendido de las ejemplares maestras estadounidenses que Sarmiento desplegó por el país, hemos gozado con su cine, sus jeans, sus zapatillas, su jazz, sus coches, su literatura, sus iPhones, su New York City, sus Parques Nacionales, la costa oeste, la académica Boston, aplaudido sus logros deportivos, gozado la lectura del New York Times y las excelentes revistas Time y The New Yorker, saboreado sus hamburguesas y hasta hemos “fotocopiado” su Constitución, con algunos agregados (ahora sí) “argentos”, ejemplo: El Preámbulo de la de ellos dice “Nos, el pueblo…”, el nuestro “Nos, los representantes del pueblo…(y ya metimos a la “casta”), el de ellos finaliza: “…we ordain and establish this Constitution for…”. El nuestro termina: ” … ordenamos, DECRETAMOS, y establecemos esta Constitución para…” y ahí los representanrtes (la casta) DECRETA, es decir subraya que es insuficiente la autoridad que establece y es por tanto necesario el Autócrata que DECRETA, (Por esto nunca nuestro país comprenderá lo que significa ser LIBERAL) GRASAS. “Yanqui”, me suena a Trump, GRASA, as well.

Argento/a me suena a charlatán, chanta, improvisado, gritón, egocéntrico, quilombo. En fin argento/a son para mi dos mesas, alrededor de una de ellas veo mujeres y hombres vestidos con chombas estampadas con las caras de Perón y Chávez vociferando sobre el Movimiento Nacional y Popular contra el Imperialismo Yanqui haciendo la “V” y cebando mate desde un termo Stanley a un mate grande con virola de plata al lado de sus iPhones 17 Pro. GRASAS. En la otra mesa veo mujeres y hombres vestidos con chombas estampadas con las caras de Adorni y Trump vociferando sobre el Cambio Cultural contra el Periodismo Golpista, elevando los pulgares, cebando mate desde un termo Stanley a un mate grande con virola de plata al lado de sus iPhones 17 Pro. GRASAS.

Demás está decir que lo único que comparto es el mate que estoy tomando a las 6 am mientras amanece en San Isidro, en nuestro maravilloso país que genera argentinas y argentinos que como yo toman mate, pero yo que soy “mersa” lo hago cebando desde una pava a un jarrito azul enlozado con asa, el de los guardabarreras, escribiendo esto que nadie lee y con el iPhone XI que compré en Edimburgo en 2019. Si ofendí a alguno pido disculpas, pero si ofendí a los de las mesas enfrentadas, me siento tan feliz como cuando me abracé con Gary (estadounidense) y con Pierre (francés) en el Himalaya a 3900 metros mirando el reflejo del sol en el Everest, cosas que ustedes GRASAS, jamás podrán comprender.

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