Más allá que el hermano de mi madre, el querido tío Juan Marcos Sellarés se hubiera casado en París con María Celia Rosa San Martín Benitez, descendiente de Juan de San Martín, uno de los hermanos del futuro “Padre de la Patria”; la primera vez que la imagen de San Martín llamó mi atención, fue cuando mi abuela Ángela, para un cumpleaños me dio un sobre con dos billetes colorados de 10 pesos cada uno. Aclaro que la abuela no era amarreta, en la década del 50, 20 pesos moneda nacional era para un chico que cumplía 7 años lo que a mi madre le pareció “una barbaridad” y un “despropósito”; (acabo de entrar en Google y el oráculo de Delfos del siglo XXI me dice que en 1955, con 20 pesos se podían comprar entre 15 y 20 kilos de pan, o 5 kilos de asado o un par de zapatos de cuero de calidad en Gath y Chavez o Harrods cuyo costo era entre 15 y 25 pesos. Con esos 20 pesos podía comprar 100 paquetes de figuritas, llenar el álbum y ganarme una pelota de futbol, todo fue así, salvo el hecho de ganarme la pelota, porque yo lo único que gano en la vida son sustos, kilos, críticas, excelentes amigos y sobrinas que forman parte del CUB. Google agrega que el salario mínimo de un trabajador rondaba los 1000 pesos mensuales, es decir 33 pesos diarios y el dolar oficial estaba en 7,50 pesos y el libre (hoy blue) en 29 pesos. Bueno pero dejemos el repetido espanto y sigamos con el Padre de la Patria. San Martín era omnipresente, estaba en las monedas, además de en los billetes, en las estampillas, en las láminas del colegio, se leían las “Máximas a su hija Merceditas”, se cantaba La Marcha de San Lorenzo, con “Cabral soldado heroico”, nos enterábamos de la Entrevista secreta (o a puertas cerradas) de Guayaquil entre San Martín y Bolivar y uno de chico le tomaba bronca a Bolivar porque nos daba la impresión que Bolivar lo había “cagado” a San Martín y era como si lo cagaran a tu viejo. Después de eso regresa a Mendoza, viaja a Buenos Aires y se acabó el “padre”, cuando intenta volver no lo dejan entrar al país, no viene más y además le regala el “sable corvo” a Rosas, que era “el malo” y mucho después se muere en 1850 en Boulogne sur mer, Francia, pero que para mí quedaba en San Isidro, pero “sur mer” quiere decir sobre o a orillas del mar, pero el mar quedaba en Mar del Plata a 400 kilómetros, al menos para un chico en la primaria la Argentina tenía algunos problemas de comprensión. Después además de Padre de la Patria, también era “Santo de la Espada” y yo tampoco asociaba espada a ser santo, que también me costaba entender como categoría existencial. Eso sí, el 17 de agosto no había que ir al colegio. Terminó la primaria y en el secundario había un enorme mural con San Martín, su sable corvo y como fondo la cordillera de los Andes que él había cruzado como Aníbal los Alpes. Ese mural lo había pintado Oscar Barile, que era nuestro profesor de dibujo y tenía una leyenda en su base que decía “Serás lo que debes ser y sino no serás nada”, que al menos a mí, a los 13 años me hacía “comerme el coco” porque a esa edad no tenía la menor idea de qué quería ser y hasta el día de hoy me sigo preguntando What the hell are we doing here?
Al terminar el colegio un querido compañero me confesó que tenía dudas con respecto a su sexualidad y que le “parecía” que lo calentaban más los varones que las chicas, (debo aclarar que en 1966 no era simple decir “soy gay, amo a Pablo”, primero porque la palabra gay era lo que decía el diccionario Collins “to be happy” y segundo si eras varón y te gustaban los chicos eras PUTO o “Un PUTO de MIERDA”). Si se enteraban en tú casa el padre más amable te decía “mariquita” y el menos amable te cagaba a patadas y tu madre se ponía a llorar y hasta era capaz de decirte “¿por que nos haces esto?” o te metían de cura, tus amigos huían de vos y además te escupían y cagaban a trompadas, por eso todos se las tiraban de machos, no porque lo fueran sino porque PUTO era peor que tener, lepra, polio, sida, covid, cáncer de próstata todo junto o como decir en la década del 70 en la Facultad que eras anti peronista y liberal. Le dije a mi amigo “mirá man, el me “parece”, ni vos te lo crees, tenés que ser lo que quieras ser” y le recordé la sentencia del mural. Nos dimos un gran abrazo, lo perdí de vista un tiempo y uno o dos años después me mando una foto desde San Francisco, donde se lo ve besándose en la boca sobre el Golden Gate. Debo ser sincero, ese beso, en esa época me impresionó un poco.
Después estudié Derecho, no me gustó, hice la colimba, me gradué en Filosofía, me fui a Inglaterra, recorrí el mundo y me puse a leer sobre San Martín, los siguientes libros de los que en otras entradas les voy a contar.
Va la lista de libros sobre San Martín o intimamente relacionados con él :1. San Martín y la Política de los Pueblos de Ricardo Piccirilli, 2. Grandes y Pequeños Hombres del Plata de Juan Bautista Alberdi, 3, Maitland & San Martín de Rodolfo Terragno, 4 Diario Íntimo de San Martín, Londres 1824 Una Misión Secreta de Rodolfo Terragno. 5. La Independencia de América y las Sociedades Secretas de Enrique de Gandía, 6 El Secreto de Yapeyú de Hugo Chumbita. 7.San Martín, soldado Argentino, Héroe Americano de John Lynch. 8. La Independencia Argentina, de la Fábula a la Historia de Emilio Ocampo. 9. Prohibido Discutir sobre San Martín Decreto número 22.131/44, 10. San Martín y la Tercera Invasión Inglesa , (ambos 9 y 10 de Juan Bautista Sejean). No soy historiador, no soy especialista en San Martín, mi erudición al respecto no pasa de esta escueta bibliografía, pero como hijo de esta sociedad tengo derecho a hablar del Padre de la Patria de la que formo parte y como hijo tengo el deber de matar al padre simbólicamente y lo de Santo de la espada, ya me huele a incienso, que me produce alergia.

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