A raíz del artículo que subí el 10 de junio sobre “Letras y Números”, me puse a releer los primeros capítulos de “Rojo y Negro” de Stendhal; primero porque hacía años que no los leía y siempre recordaba la prosa magnífica, a pesar de haberlo siempre leído en español, y sí la lectura es tan amena como cuando lo leí por primera vez, parece que en 1968, al menos por la fecha que anoté al comienzo del libro. Segundo, porque como intervengo los libros con anotaciones, dibujos, signos de interrogación, resaltando ideas o imágenes que en su momento me importaron, percibo entonces los cambios en mis intereses.
El capítulo 1 “Una Ciudad Pequeña” comienza con un epígrafe de Thomas Hobbes, aunque muchos críticos han dicho que es del propio Stendhal; lo concreto es que el epígrafe dice “Put thousands together, less bad. Put the cage less gay”, que se entiende (creo) en sociedad se vive mejor que estando aislado (discutible y creo que depende de la edad y de las búsquedas de cada uno), pero a renglón seguido “la jaula” de prejuicios, convenciones, represiones, esto funciona como poco alegre (es importante comprender que en 1830 “gay” no tenía la connotación sexual que tiene hoy) por otra parte, si la “jaula” evoca un sometimiento, bueno puede ser muy alegre “gay” dependiendo del juego sexual que cada uno se permita.
“La pequeña ciudad de Verrieres es acaso de las más bonitas del Franco Condado”, así comienza “Rojo y Negro”; esa ciudad tenía en 1810 (la novela es de 1830, época de la Restauración) 221 habitantes y paulatinamente se fue despoblando; en 1968 tenía 60 pobladores y en 2010 solamente 35 y eso nos habla de lo que sucedio: la Revolución Industrial, se fueron los jóivenes a trabajar a las fábricas y talleres en ciudades a 50, 100 o más kilómetros de distancia del pueblo natal y entonces se acaba la “noviecita” del pueblo, la familia pierde la autoridad que tenía sobre los hijos (“Mamá había pensado, que el muchacho, hijo del herrero, sería un buen partido, y sí, Madeleine se enamoraba “perdidamente” de Gaston”), pero en la ciudad, lejos de la familia Gaston descubre que hay cientos de mujeres para conocer, o Gaston, ya que nadie lo ve, descubre que ha tenido una erección cuando en la ducha, en el baño de la fábrica vio el culito de Pierre, para no hablar del tiburón que le cuelga entre las piernas. O fue Madeleine, la que dejó el pueblo para ir a trabajar a la fábrica de porcelana y el capataz, Francois, le encantó y aceptó ir a tomar una cerveza con él y volvió al pueblo, un fin de semana, distinta. Es decir la Revolución Industrial despobló el campo, cambió la economía y fundó el amor basado en el deseo y no en el mandato familiar y le hace explorar a Luc Ferri (1951) en su libro “Familia y Amor: un alegato a favor de la vida privada” (2007); que es esta Revolución la que crea el amor romántico. En mis dos años en el sur de Francia comprobé esto, el pueblo vecino a nuestro caserío estaba despoblado, sólo vivían tres campesinos, pero había unas 30 casas y hasta una pequeña iglesia abandonadas; esto último es una cuestión de mercado, no es económico destinar un cura si no hay suficientes pecadores. Después me pregunté ¿Qué es el Franco Condado? Anoté que está entre Borgoña y Suiza, que en la Edad Media era el Condado libre de Borgoña (de ahí que los Condes de Borgoña no juraban lealtad al Rey, sino que dependían directamente del Sacro Imperio Romano Germánico). Con los Habsburgo pasó a formar parte del Imperio Español, que tuvo su época de oro con Carlos V y Felipe II y fue luego anexado a Francia por Luis XIV en 1678.
Se habla luego sobre el Alcalde, un tal monsieur de Renal, que “desde 1815 se averegüenza de ser industrial” y uno va entendiendo la sociedad sobre y desde donde Stendhal está escribiendo, en la que ser industrial era ser un nuevo rico, un trepador, un advenedizo, uno que no pertenece a la nobleza, un burgués “grasa”, con todos los deseos de ser invitado, considerado, visto, vestido como un noble. También se nos informa que el Alcalde tiene una buena casa “La hermosa morada de piedra sillería que está acabando en estos momentos, se la debe el alcalde de Verrieres a los beneficios obtenidos de su gran fábrica de clavos” aunque como para balancear a renglón seguido “Dicen que monsieur de Renal desciende de una antigua familia española establecida en el país mucho antes de la conquista de Luis XIV”. Subrayo “piedra sillería”, porque se entiende pero no lo sé y es la piedra en bloque, por ejemplo la piedra con que se construyen escolleras. En fin leer lleva su tiempo y además sirve para comparar naciones y tiempos: “Resulta insoportable la estancia en ciudades pequeñas para quien ha vivido en esa gran república que se llama París” (nuestro clásico pueblo chico, infierno grande). Hay críticas muy fuertes a la poda indiscriminada de árboles y sin ningún criterio, hay una mención a lo prolijo y cuidado de los parques en ciudades alemanas y los jardínes ingleses y lo desordenado de la ciudad de Verrieres y hay definiciones sobre las diferencias políticas, es decir la “grieta” francesa: por un lado los liberales, burguesía moderada que buscaba derrotar al absolutismo y poner una monarquía constitucional. Son defensores de las libertades civiles: prensa, conciencia, propiedad privada y derecho a voto, pero calificado; buscaban la abdicación de los Borbones y su remplazo por Luis Felipe de Orleans como Rey Ciudadano. Por el otro los jacobinos, ala radical y republicana de clases populares, estado centralizado e igualdad social, es decir república democrática, sufragio universal, igualdad económica y social: no deseaban cambiar un REY por otro rey; es decir como siempre derecha e izquierda.
Más allá de la historia que va a contar la novela en más de 600 páginas está el gusto por detenerme y anotar y con los años no sólo releer la novela sino detenerme en las anotaciones y recordar por qué subrayé esto y cómo lo leo hoy. En fin una manera de leer; si les sirve es gratis, a gozar.

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