DE LAS LETRAS Y LOS NÚMEROS

Dos hombres de letras, los dos franceses, los dos del siglo XIX, maestros de la literatura han buscado refugio en las matemáticas, como la disciplina que con su exactitud los acercó a una experiencia que los dejó en el umbral de la metafísica, en su sentido etimológico (lo que viene después de la Física, según el ordenamiento que dio Andrónico de Rodas 78 – 47 AC a las obras de Aristóteles).

Uno de esos hombres es Isidore Ducasse, Conde de Lautremont (Montevideo 1846 – París 1870) que en los 24 años que duró su vida nos dejó “Los Cantos de Maldoror” que fueron el puntapié inicial al surrealismo; baste tan sólo recordar su juicio sobre la belleza: “Bello como el encuentro fortuito sobre una mesa de disección de una máquina de coser y un paraguas”. Ducasse que definió su arte como “Mi poesía consistirá, sólo,en atacar por todos los medios, al hombre, la bestia salvaje, y al Creador que no hubiera debido engendrar semejante basura”. En el Canto Segundo, su “Oda a las Matemáticas” es un agradecimiento a la disciplina eterna e inmutable que le permitió consuelo frente a la corrupción, la perversión, la mentira, la injusticia. Ese himno a las matemáticas dice: “¡Aritmética!, ¡Álgebra!, ¡Geometría!, ¡Trinidad Grandiosa!, ¡Luminoso Triángulo! El que no os ha conocido es un insensato. Merecería la prueba de los mayores suplicios, pues hay ciego desprecio en su despreocupada ignorancia; pero quien os conoce y os aprecia no desea ya otros bienes en la tierra…La tierra sólo le muestra ilusiones y fantasmagorías morales, pero vosotras, oh matemáticas concisas, por el riguroso encadenamiento de vuestras tenaces proposiciones y la constancia de vuestras férreas leyes, haces brillar, ante los ojos deslumbrados, un poderoso reflejo de esa verdad suprema cuya huella se advierte en el orden del universo”.

Luego sigue un largo y sentido agradecimiento por la ayuda recibida,por haber enriquecido su inteligencia, porque sin la ayuda de las matemáticas habría sido vencido en su lucha contra el ser humano. Le agradece a las matemáticas la adquisición de la prudencia, sus admirables métodos de análisis, síntesis y deducción; en fin le agradece la lógica que es el alma misma de sus enseñanzas plenas de sabiduría.

El otro escritor es Stendhal (es decir Henri Marie Beyle 1783 – 1842) quien dijo que su entusiasmo por las matemáticas se debió a su horror por la hipocresía; aclarando que la percibía en su tía Serafina y sus clérigos amigos. Sus novelas más leídas son “La Cartuja de Parma” y “Rojo y Negro” (1830) que es la historia de un joven ambicioso, de nombre Julien Sorel, nacido en casa pobre, que intenta ascender en la cerrada sociedad francesa en tiempos de la Restauración con rígidas jerarquías y dominada por la hipocresía. Las formas de alcanzar el reconocimiento y de ascender socialmente era seguir la carrera militar, representada por el ROJO del uniforme de la oficialidad, o entrar al seminario y hacer la carrera eclesiástica, el NEGRO de las sotanas.

Sería interesante que el Jefe de Gabinete de Ministros que parece no ser diestro en la exactitud de los números, ya que no le cierra ninguna declaración por más jurada que sea y que al igual que a Julien Sorel su necesidad de trepar lo debe haber mareado ya que el NEGRO aquí no representa a la sotana sino al dinero no declarado y el ROJO no representa al uniforme militar sino al peligro que él infunde en un gobierno que se pretendía moral, lo nocivo de su actitud como ejemplo para las nuevas generaciones y lo venenoso de su verba arrogante y vacía de valores. Es bueno recordarle que no estamos en la Francia de 1830 y en una sociedad que pretende ser liberal, se honra el trabajo, la perseverancia, el esfuerzo y que de alcanzar los objetivos, lo premiará con los dólares verdes que tanto le gustan; y tiene para los tramposos el castigo de la cárcel y la vergüenza.

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