GAUDÍ, 100 AÑOS DESPUÉS

Cada vez que abro un tubo de papas Pringles me acuerdo de Antoni Gaudí (1852 – 1926), hijo, nieto y bisnieto de artesanos caldereros, dedicados a transformar una lámina de cobre fundido en una olla o sartén de cobre moldeado, repujado, donde otro artesano culinario cocinará sus platos. El pequeño Antoni observa en silencio las moteadas manos de su abuelo que con cada golpe certero y delicado dejará impresas sus motas en la superficie de la olla que ha quedado terminada después del corte con tijera de la lámina, el moldeado, y el ensamblaje mediante pestañas entrelazadas o el solapado, que realizó su padre. Luego su madre estañará el interior de la pieza para evitar la toxicidad. Antoni ayudará colocando las asas de hierro o bronce.

Esa cooperación del trabajo calderero de tres generaciones de su familia es lo que le permitirá a Antoni empezar a ser el artesano obsesivo que embelleció de manera singular la ciudad de Barcelona. El ejemplo siembra y educa y así el curioso Antoni se recibe de Arquitecto en 1878 haciéndole exclamar a Elías Rognet, director de la Escuela de Arquitectura de Barcelona: “Hemos dado el título a un loco o a un genio, el tiempo lo dirá”. Sin duda el tiempo habló: Genio, Artista y los vecinos agregaron Santo.

Cerámica, cemento, vidrio, hierro forjado, carpintería y “trencadis” (ese picadillo de crámica deshecha y argamasa) que le ha dado el color de la naturaleza a sus obras. Sus formas: el hiperboloide, el helicoide, el conoide y el parabolide hiperbólico, también conocido como silla de montar o montura; para mi la forma de las papas que salen del tubo de Pringles.

Primeros pasos como colaborador en capilla de convento de Montserrart; al tiempo los faroles que hasta hoy iluminan la Plaza Real; después la cooperativa obrera de Mataró y su idea sobre el barrio obrero; y a partir de 1883 y hasta la insolencia de la muerte que se valió de un ruidoso y torpe tranvía para atropellarlo, cuando Antoni iba camino a San Felipe Neri, maravillosa y casi secreta plaza donde él iba a orar todos los días y yo a comer durante una semana a un espléndido bistró en 2016 donde te servían unas gambas y unas tortillas que venían en calderetas de cobre que a mi me gustaba pensar que habían pasado por las manos de Antoni y su familia.

Vinieron luego la Casa Vicens, después El Capricho en Santander, la finca Güell, a continuación el Palacio Güell, el Colegio de las Teresianas, la Casa Calvet, la Cripta de la colonia Güell y el Parque Güell, una suerte de barrio cerrado avant la lettre del que sólo se vendieron 2 lotes de los 60 planificados y no llegó a prosperar, la Casa Batlló, la Casa Milá que todo el mundo llama La Pedrera y su trabajo final La Sagrada Familia a la que desde 1914 y hasta su muerte se dedicó por completo y que ayer el Papa León XIV bendijo la Cruz y estalló esa fiesta de color, luz, fuego, música, coros, fé y la imagen fantasmal de la figura del hombre para quien la religión es la cosa más elevada a que puede aspirar el hombre. Antoni vivió como un monje en pobreza, sencillez y quedándose a dormir en la obra en construcción de la increíble Sagrada Familia.

No soy, en cambio hombre religioso; ya lo dije en este blog, mas no soy ateo ni agnóstico, Dios existe, es omnipresente, es eterno y en los 68 países que he visitado Dios ocupa un lugar central. Dicho esto defino mi dios: CONCEPTO ORDENADOR de toda sociedad. El Rey se arrodilla ante Dios y con ello se garantiza que Conde, Duque y Marqués; zapatero, doctor y puta se arrodillen ante el Rey. El día que yo me muera, las bacterias y otras parasitarias porquerías que habitan dentro de uno se harán un manjar y me convertirán en polvo y mis amigos en olvido.

El ejemplo siembra y educa.

Aquí hemos elegido para Presidente a un loco o un genio.

De mantener al nefasto, hipócrita, cínico, mentiroso, ladrón Adorni en su puesto; quiero decir que como liberal que soy; no dudaré más, voté por un loco. De echarlo, podrá el Presidente ser un correcto funcionario. Lo de genio sigue siendo honor de Shakespeare, Borges, Joyce, Wittgenstein, Gaudí y unos pocos más.

“Todos sirven para algo, aunque no todos tengan la misma capacidad. El problema consiste en comprender para que sirve cada uno”, sabias palabras de Antoni Gaudí. Como Primer Servidor Público, sirva para algo Presidente, sepa honrar su cargo.

Comments

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *