CIUDADES Y LIBROS

Las ciudades son como los buenos libros, hay que dejarse llevar, seguir su ritmo vital. Sucede lo mismo con las personas, las mejores son aquellas que nos dejan ser. Es por esto que detesto a sumos pontífices, políticos, al estado en general.

El poder dirige,conduce, condena, destruye.

El placer deja ser a cada uno lo que es, y lo que es, lo que aparece, es la verdad, solían decir los griegos cuando pusiereon los cimientos de lo que llamamos Occidente.

El lenguaje -para que no sea fascista- también debe fluir como un río. Cuando Heráclito pensó aquello de “No te bañarás dos veces en el mismo río”, pensó en el logos. Hay escritores que siempre nos hacen entrar en el mismo río, que además trae aguas contaminadas. Hay que escribir un sólo libro que permita que el lector entre en él, como en el río de Heráclito.

Escribir ha sido para mi, un imperativo categórico, al mejor estilo Kant. No ha sido hasta ahora una realidad; esto para algunos es una frustración; para mi ha sido tan sólo esperar el momento adecuado. Para escribir hay que sentir el río (el logos); con sus formas: turbulencia, meandros, profundidad, tormentas y quietud de las aguas.

Para escribir hay que decir, no acumular oraciones, por más bien construidas que estén.

Este apunte comenzó en New York, en uno de los tantos viajes a Gotham. Para mi New York es un río, es un logos.

En estos próximos días les presentaré un paseo comparativo entre BA, nuestra capital y BA, la gran manzana, que aparece en mi bitácora del año 2008.

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