Roland Barthes, expuso la superioridad del lector, sobre la del autor. Es en uno , en tanto lector, que la obra alcanza su posibilidad de interpretación, de crítica, de motivador, de nuevos pensamientos, de reescrituras. Leí por primera vez el ensayo, cuando era estudiante y leí también el artículo de Michel Foucault “¿Qué es un autor?” Pasaron los años, los textos, los viajes, y ahora, septiembre de 2019 acabo de leer una interpretación de aquel artículo de Barthes de 1968 escrita por Michel Onfray que me inquietó. Me dejó pensando en ¿por qué en el fondo hacemos lo que hacemos? ¿es acaso por lo que decimos que lo hacemos, o ello es tan sólo lo visible del iceberg? Onfray afirma que a Barthes no le gustaba el género biográfico y “tenía razón para rechazarlo; es la clave de todas las teorías”; Onfray sostiene que Barthes instaura la idea de la muerte del autor por su imposibilidad de escribir una novela proustiana y que en consecuencia dedicó su vida a desmenuzar las obras de otros; “tenía sus buenas razones para pensar que el lector de una novela (que él era) resultaba ser superior al autor de una novela (que él no lograba ser)”. Me inquietó por varias razones, como por ejemplo ¿son mis bitácoras, la compensación por la frustración de no ser el escritor que deso ser?, ¿Son mis viajes, la representación de la libertad suprema como suelo decir, o una metáfora de la existencia, o hay algo oscuro en ellos?, ¿está ahí la clave de que todo político y cuanto más aferrado está al poder y al dinero, más se expresa en favor de los pobres del tren, de los pastores de Imlil?, ¿está ahií encerrada la respuesta a qué estoy haciendo aquí?
Autor: alejandrofrango.com
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DE VIKINGOS Y ESQUIMALES
Formaba parte de la cultura vikinga, que cuando un jefe moría, sus guerreros, lo sentaban en su barca con todos sus trofeos y luego la nave era empujada al mar. Desde la costa lo miraban alejarse morosamente, y ante una indicación del nuevo jefe, le arrojaban flechas en llamas hasta que el barco hecho una hoguera, crepitaba, se quebraba e iba a apagarse en el fondo del mar.
Los esquimales tienen otro ritual: cuando el hombre mayor, siente que es una carga, le comunica a su familia que está listo para el viaje. Su gente prepara el trineo y lo acompaña. El viejo va montado detrás. En silencio se deja caer, como caen los copos de nieve, hasta que su cuerpo se hace uno con el hielo. El grupo regresa, mirando siempre hacia adelante.
Converse con esquimales en Alaska donde hay una población de 25000; con otros en Canadá donde viven unos 15000; me entero que alrededor de 1500 recorren la fatigosa e interminable Siberia; sé que 37000 pueblan Groenlandia. Una etnia dividida en tres pueblos, cuyo rastro se remonta a 4000 años, según estudios hechos en la isla de Thule.
Siempre me fascinó como algunas culturas pudieron preservarse de bandera, himno, burócratas, ceremonias nacionales, el ímpetu arrollador de Roma. Los misioneros. El hielo fue mejor protector que las selvas de Machu Picchu o Tikal.
Los que vi en Alaska y Canadá vivían alejados de su ámbito natural. Realizaban tareas en el más bajo escalafón de Occidente. Vestían jeans, tomaban demasiado alcohol, barrían calles, dormían en albergues municipales. Aquí el hielo se había derretido.
Me recordaron a los mongoles de la estepa; similares a los Menets de la tundra siberiana cuyas imágenes vi en el Museo de Ulaam Bathor; son un límite que no me atreví a cruzar, al igual que el de los Hunzas que viven en las altas montañas en territorios cercanos a Sikkim y Bhutan (donde miden el índice de felicidad nacional y no el PBI); fue una mezcla de respeto y cierto grado de sospecha de que tal vez habiten otro nivel de conciencia, como los parias y santones que quedan ciegos por exponerse a la constante visión del sol en Benarés, donde en una tórrida tarde me zambullí en el Ganges y pude comprobar que los cadáveres de las mujeres, al flotar, lo hacen con la cara al cielo como había dicho Joseph. Di unas brazadas y mi mano tocó el rostro entre chamuscado y despellejado de una anciana. Aún veo los dijes de oro colgados del pañuelo rojo que le ceñia la frente.
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DE MURALLAS, NO SÓLO LA CHINA
Es Beijin, es 2008, es el Raffles Hotel, es un mes antes de las Olimpíadas. Innumerables topadoras y camiones, deambulan derribando viejos caseríos: los Hutongs; son los barrios de calles angostas, pequeñas casas de adobe y techos de chapas, son el pasado, son lo que hay que ocultar.
En el año 221 AC, Shih Huang Ti; primero que se proclamó Emperador; hizo cerrar el Imperio. Había comenzado la construcción de la Gran Muralla para defensa de los ataques de los nómades mongoles, había que cerrar, pero hizo también quemar todos los libros anteriores a él.
En 1950, Borges escribe “La Muralla y los Libros”, que luego se publicará en “Otras Inquisiciones” (1952). Ahí, Borges nos da noticias de infinitas historias, una de ellas es que al hacer quemar los libros anteriores a él, China ya tenía 3000 años de cronología; tenía al Emperador Amarillo que murió en 2597 AC, tenía a Lao Tsé filósofo 600 AC, a Confucio, filósofo, 500 AC y a Chuang Tsé, filósofo , siglo IV AC. Borges también nos dice que Shih Huang Ti había desterrado a su madre por libertina y que tal vez quiso abolir todo el pasado para abolir un solo recuerdo: la infamia de su madre.
En 1919, Franz Kafka, también se aboca a la Gran Muralla China, y al iugual que Borges, dice muchas cosas; me interesan: a) el orgullo de los albañiles y obreros en participar en la construcción, -era una manera de pertenecer a un proyecto-, b) la comparación que hace Kafka, entre la construcción de la muralla y los juegos con otros niños en el jardín de un maestro. Tenían que construir un pequeño mundo con piedras. El maestro venía, inspeccionaba y destruía todo, sin importarle nada y los reprendía severamente al punto que los niños salían corriendo y llorando buscando a sus padres. Concluye Kafka “un incidente trivial, pero indicativo del espíritu de ese tiempo”.
En 1966 Marco Denevi (1922-1998) publica “Falsificaciones” y en “El nombre del Emperador”, nos cuenta que Shih Huang Ti, que hizo todo lo que Borges nos dijo que hizo, un día, muy a pesar de sí, como todos, se murió en su palacio de A-Fang, pero como su pueblo estaba abocado a la construcción de la muralla, nadie se enteró, salvo el Primer Ministro, Li Ssu, tan ambicioso de poder, gloria y dinero, como el más insignificante político del más pobre municipio del más irrelevante país; ocultó por tanto el cadaver hasta que empezó a oler feo. Mató a un eunuco y lo exhibió como causante del al olor y firmó decretos y órdenes en nombre del Emperador muerto. Siguió matando eunucos y luego funcionarios y dignatarios, Cuando llegó a la víctima 6666, Li Ssu emitió un decreto por el cual se autoproclamaba heredero del Emperador y anunció oficialmente la muerte de su antecesor, pero al tener que mostrar al muerto, éste no era más que un puñado de huesos que se deshizo apenas fue tocado. Los señores del reino matan a Li Ssu y nombran a LiPang, quien funda la dinastía Han.
Pienso en el libro de Daniel Schwatz, “The Great Wall” (1987-88) quien durante ocho meses camina parte de los 21.196 kilómetros que tiene la muralla. En el prefacio a su libro pleno de bellas fotografías Schwatz dice: “No hay tal cosa como la Gran Muralla, son varias construídas a lo largo de 2000 años por varias dinastías”. Agrega que el muro es esencial a la cultura China y separa “nosotros” de “ellos” y marca quien está “adentro” y quien “afuera”. Afirma que como elemento defensivo, las murallas no fueron efectivas, pero representaron un importante elemento de control social. Recurro a estos autores ya que sólo caminé 3 kilómetros por la muralla.
En la muralla pienso en muchas cosas, pienso en la época que frente al Río de la Plata, el Uruguay parecía lejano, pienso en el muro de Berlín, pienso en el muro con que muchos países quieren blindar su territorio a la inmigración. Pienso en barrios cerrados, pienso en cuarentenas.
Comemos en THE COURTYARD, elegante restaurante, frente a la Ciudad Prohibida: Foie Gras Creme Broulé
Rib Eye (carne argentina)
Catena zapata Malbec
Pienso en la apertura comercial, en abrir la cabeza, en soltar las ideas.
Volvemos caminando al Raffles, pasamos por un mercado callejero.
Veo en la televisión a dos ancianos que se ataron al cabezal de su cama, son uno de los tantos que serán transportados por la fuerza a 1000 kilómetros de distancia, una vez que su Hutong sea derribado. Abuelos, padres, ellos, sus hijos y nietos vivieron entre esas paredes que tienen algo de barrio porteño alejado del centro, que es preciso erradicar. Las Olimpíadas son una ventana abierta al mundo, todo no se puede mostrar.
Ciudad prohibida, ciudad sagrada, castillos, palacios,código,clave, QR, privacidad. Esas casitas de los Hutongs, las modestas casas de una planta de ciertos pasajes de Palermo, con sus ventanas pequeñas, cortinas en el interior y persianas y últimamente rejas. Parecía como que el infierno estaba afuera, y uno lo espiaba, desde ese pequeño ojo. La arquitectura de hoy, parece en cambio, como una gigantesca pantalla de TV (te veo, me ves, nos vemos), es una invitación a mirar, es también estar exhibido en una vitrina. No hay diferncia entre interior y exterior. ¿Es todo un infierno? Pienso en Lacan, pienso en su concepto de “Extimidad”; una suerte de intimidad y exterioridad; que se utilizó para localizar al inconsciente de Freud, que no está en un espacio anatómico (como el cerebro o el corazón), sino en el “exterior”,ajeno al sujeto pero constituyente del mismo, digamos como nuestro lenguaje.
Vuelvo a Kafka y a su brutal maestro, que pateaba su muralla de piedritas. Comparo ese autoritario mundo en el que Franz vivía con el tweet que me envió Linda White, excelente profesora de español de una escuela pública primaria en las afueras de Lincoln, Inglaterra. Uno de sus estudiantes de 12 años al final de la traducción que les dio para trabajar, le escribió: Martín F. I will like to show you my grande pene.
Vuelvo a The Wall, pero no la de China, ni a la ópera rock de Pink Floyd, sino al 11 de Wall Street, en Manhattan donde desde 1792 funciona NYSE (New York Stock Exchange), creado por un grupo de corredores de bolsa para poner cierto orden al movimiento de acciones que se comerciaban en las veredas de la calle de la Pared.
Sesenta años más tarde, Hermann Melville (1819-1889) va a publicar “Bartleby, the scrivener: a story of Wall Street”. Siempre me pregunté por qué desde la segunda edición, (1856), eliminó el subtítulo.
En varias bitácoras anoté mis caminatas por New York; leo en una de ellas: “Es hoy el último primer día del año del siglo XX; está helado. Camino por el Noho; entro en Great Jones Street, me detengo en el 57, la casa estudio de Jean Michel Basquiat (1960-1988), entre Broadway y el Bowery. Siento que las paredes extrañan los grafitis, que él firmaba SAMO (Same Old Shit).
Basquiat, es un RAP de pintura. En su caso no es Rhythm And Poetry, ni Revolution, Attitude,Poetry, ni siquiera Respect And Poetry,; en él la sigla es RAGE, ATTACK, PAINTING.
Llego a Wall Street; se mezclan en mí el Just Do It, con el I Would Prefer not To, el No Limits, con el I Would Prefer not To, el Impossible is Nothing, con la reiterada negativa de Bartleby. Estoy frente al edificio que es el mayor Mercado de Valores del mundo, desde el final de la Primera Guerra Mundial, cuando desplaza a Londres. El NASDAQ (National Association of Securities Dealers Automated Quotation), es el segundo Mercado, también aquí en New York, en Times Square. Fue creado por el Congreso en 1971 con el objeto de regular la seguridad de los mercados; pero el MERCADO dijo I WOULD PREFER NOT TO (BE REGULATED) y a partir del 2000 se convirtió en institución con fines de lucro y al igual que Martin F. nos shows su grande pene.
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HISTORIA DE LAS HISTORIAS
Me gustan las historias, contarlas, que me las cuenten, que me las hayan contado. Paso gran parte del día leyendo. Siempre había algo de mágico cuando mi madre o mi padre, y a veces mi abuela, cuando ellos viajaban, nos leían cuentos antes de dormir. Lo mágico estaba en que al abrir el libro, les salía una voz, que era diferente a las voces que tenían para pedir, alegrar, ordenar, invitar, reprender, educar; les salía una voz que despedía personajes y aventuras y el cuarto, entonces se poblaba de castillos, caballos,a veces dragones, príncipes, pájaros de plumajes increíbles y al cruzar el río para salvar a la doncella, ya se nos caían los párpados y comenzaba el sueño y a la mañana, veía el libro cerrado sobre la silla, pero sabía que la espada y el caballo estaban escondidos bajo la cama. Que las incomprensibles letras de los libros se hicieran personajes que salían de sus gargantas, era misterioso y abrigaba más que las frazadas.
Estoy mirando un pequeño dibujo, (11.7 x 11.1) en tinta sepia sobre papel, con trazos en carbonilla, cuyo original está en la biblioteca del Castillo de Windsor, es del año 1498 y lleva firma de Leonardo da Vinci, se titula “Lluvia de utensilios caídos del cielo a la tierra”. En la parte superior dice “de este lado Adán, de este otro Eva”; por detrás de unos rasgos de lluvia, han quedado en el suelo infinidad de objetos: clavos, escuadras, platos, sifones, peines, tijeras, rastrillos, cucharas. Debajo se lee “¡Oh!, miseria humana, cómo se han esclavizado por tener tantas cosas”.
Viajo, camino, asocio, anoto este sinnúmero de sensaciones que me invade. Camino anotando hechos en las bitácoras, y un buen día caigo en la cuenta que “geografía” es la grafía de la tierra. Camino una geografía que me lanza historias. Pienso en aquello de “En la historia manda la geografía” de Napoleón, que luego repetirá Bismark: “De todos los datos de la historia, la geografía es la única que no cambia nunca”.
Sí cambian los mapas: la política los dibuja. Montañas, ríos, ciudades cambian de nombre.
Estas bitácoras son un mapa de mis circuitos que también tienen para mí algo de mágico. Camino o viajo en tren y es la mente la que se sale del férreo circuito y así una señora que pasa me recuerda a una tejedora de Londres, Catamarca, que se parecía a mi abuela que me leía de un libro historias maravillosas..
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100 AÑOS
Es el mes de abril, es 2018, es el sagrado valle de Vilcabamba, es Ecuador.
El lugar es de una tranquilidad y una belleza de otros tiempos que me reconcilia con ciertos enojos que muchas veces me provoca la condición humana, es decir mi condición, es decir mi EGO al que le cuesta dar el salto al YO.
Es una maravilla ver correr las aguas “sagradas”, que según los lugareños, además de nutrir la selva, hacen que los humanos superemos ampliamente la edad de 100 años con tan sólo beber sus aguas, caminar al menos 25 km por día, formar una pareja, no fumar, no consumir drogas, no beber alcohol, no comer grasas, ni carne vacuna, ni mariscos, no habitar urbes modernas, no usar telefonía celular, no ir al cine, no exaltarse con partidos de football, no tomar aviones, no saltar de Reykjiavic a Haparanda y de ahí a New York, en fin no viajar, ya que es indispensable vivir. Toda una filosofía muy digna de respeto.He llegado a los 77 años infringiendo todas esas recomendaciones y espero encontrarme en Chaltén con la señora sueca con quien converse en Estocolmo sobre el tiempo cuando yo tenga 100 años, decirle que no los siento y que espero verla en los próximos veranos con mucho gusto.
Los senderos de este valle andino recuerdan mucho a los de valles atravesados por el río Beas, allá en la India. No es sólo la geografía, sino el color del cielo, los caminantes, el sonido, el manto verde que se derrama por las laderas. Una sensación como de espejo parece cubrirlo todo, donde se reiteran escenas aunque invertidas. Me distrae una música de quenas y flautas que acompañan a un cortejo fúnebre; larga vida no es inmortalidad, como para que lo tenga presente.
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CALCUTA EN BUENOS AIRES
Dos veces estuve en la estación terminal de trenes de Calcuta Howrah centenares en la estación de Retiro del Ferrocarril Central Argentino (ese fue su nombre entre 1909 y 1949). Cuando Perón nacionalizó los ferrocarriles, pasó a llamarse Mitre.
Francis P. Morton de Liverpool firma las columnas de hierro que sostienen las techumbres vidriadas de ambas estaciones. En India, me contó un ingeniero que la de Retiro estaba originiriamente destinada a Calcuta, pero la demora de los trabajos en India, hizo que fuera despachada a Retiro.
Cada vez que llego a Retiro no puedo no pensar en India. Desde hace 10 años entre las 6 y 7 p.m. las calles adyacentes son ocupadas por personas que duermen a la intemperie, situación que incrementa mi recuerdo.
Los ejecutivos del Ferrocarril Central Argentino vivían en “La Colorada” en Cabello y República Árabe Siria (entonces Las Heras Segunda) edificio construido en 1911 por el arquitecto inglés A.R.Pigeon. En 1953 la familia Mitre lo compra en bloque. Ahora que el Central Argentino se llamaba Mitre, ¿por qué no vivir donde vivieron antes sus administradores?: un acto nacional y popular. Me gustan estas intrascendencias, tienen ese “no sé qué”, tan argentino, que nos hace adorables.
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EL GRITO
El inaudible alarido de Edward Munch (1863-1944), un día de 1893, agarrándose la cabeza, con el fondo de un cielo estallando (¿el sol?) frente al mar de Oslo: ¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO! Imagino la brutal anticipación, a lo que Munch pensaba que vendría. Tomo un café en la marmórea explanada de la magnífica Ópera de Oslo, que termina en el mar mientras hago tiempo para la salida del barco a Copenhagen. La Ópera de Oslo es como una ladera de mármol de carrara, una invitación a deslizarse como por un tobogán, hacia el mar.
He llegado a Copenhagen al amanecer, después de un corto viaje nocturno. Es julio de 2013, es mi último día en Europa antes de volar a New York. Camino despidiéndome del poblado verano europeo. Estoy frente a la Ópera danesa, espléndida, moderna ,vidriada al igual que la Ópera de Reikgiavik, ambas tienen el estilo de los constructores, el estudio Henning Larsen y son contemporáneas, ésta es de 2005, la de Islandia de 2008, la de Oslo de 2011. Las tres honran a la música, las tres están frente al mar, las tres son magníficas obras de arquitectura. A las tres las dibuje en mi bitácora.
No puedo dejar de percibir el horror de “El Grito”, ¿es por lo que vendría, las dos guerras mundiales o es por lo que vendrá? Ese sol de Munch, en la nublada y fría Oslo, más que sol, es un estallido de fuego abrazador e imparable.
No suelo frecuentar la ópera. Si vi en cambio “The Wall”, en Londres: Pink Floyd y Roger Waters. Ópera Rock, donde hay una fuerte referencia a la guerra, tal vez preanunciada en la tela de Munch. El padre de Waters, pacifista comprometido, no puede eludir entrar en la Segunda Guerra Mundial, lo hace en el regimiento de los Fusileros del Sur y va a morir en la batalla de Angio, Italia en 1944, cuando Roger tiene 4 años. Su padre era carpintero, esos martillos que aparecen son un sutil homenaje a su papá a quien vuelve a recordar casi secretamente con los acordes de un acordeón que solían tocar los Fusileros cuando marchaban, ¡Eso es Wagner, me dijo la polaca, en 1978 en Londres, esos delicados acordes, sépalo o no Waters, son de Wagner!
Lo que dice la lírica de Waters, es lo dicho por los cánticos goliardos de los siglos XII y XIII
“Hey teachers, leave the kids alone!!!
Esos hippies de la Edad Media, esos juglares goliardos que se oponían al absolutismo castrador de la nobleza y el clero.
“We don’t need no thought control
Esos cánticos goliardos, le escuché decir a Marcelo Arce, fueron encontrados por accidente en Bendiktbeuern, que en latín era Burana, esos cánticos los usa Carl Orff en Carmina Burana, donde se retoma el mismo asunto, que siempre es la lucha entre el Poder y el Placer.
“Mother do you think they’ll drop the bomb?
Hay un DO sostenido, un RE sostenido, un FA sostenido, un SOL sostenido, un LA sostenido.
No hay un MI sostenido: un MI sostenido es un FA.
El MI sostenido es el EGO.
El MI sostenido por el principio lógico de identidad, por la familia, por el cumpleaños, por la pertenencia, por la nacionalidad es un FA. El MI sostenido es el EGO. Es el FAlso YO, es el FAntasma del YO, es FActible de ser gobernado, conducido, educado en la FAlsedad de una verdad, de la felicidad, de la redención ¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!
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W.W.W.
Sí, es más que obvio World Wide Web, pero también podríamos, con un poco de perversa imaginación, decir que la sigla significa We Want War o Whole World War, pero esta vez en serio, no una guerrita mundial, que sólo abarcó el centro del mundo occidental y mató a 10.000.000, ni como su secuela, previo recreo de cocaína, champagne, tango y Belle Epoque a los 63.000.000 de la también llamada Segunda Guerra Mundial.
Esta vez debería ser en serio Whole World War con 8.000 millones de muertos que dejase dispersos por la nueva geografía a unos 50 millones de personas agrupadas en menesterosas tribus errantes, inútiles en manejarse a la intemperie, huérfanos del confort del siglo XXI viviendo el merecido infierno de la realidad que luchamos tenazmente por conseguir. A civilización global, catástrofe global, están dadas las condiciones, hay indicios por todas partes, ESTO NO DA MÁS: Dios ha muerto gritó Nietzsche; el arte ha muerto prorrumpió Duchamp; el santuario cristiano mercantilizado por el Vaticano; Libertad, Igualdad, Fraternidad despreciadas como putas viejas trastabillando sobre estiletos que ya no dominan por calles de capitales occidentales; el socialismo torturado por el Soviet; las democracias violadas por políticos venales, jueces corrompidos, instituciones diluidas. La palabra ya no dice: en el nombre de Dios se invade, se viola, se tortura para que triunfe Dios. Los más grandes chascarrillos; IN GOD WE TRUST simbolizado por las Torres Gemelas hechas polvo en segundos en nombre de Allah; el Pontífice máximo de la institución más vieja de Europa anunciando el día de su entronización “Hagan lío”; el Presidente de la democracia moderna más antigua de Occidente con impávida sonrisa viendo el ataque al Capitolio; un zar sin corona ni virtudes invadiendo a su vecino; milenarias culturas orientales jugando a ser Hollywood o promocionando un capitalismo de estado; pueblos semitas matando semitas en nombre de la pureza de la raza semita; déspotas latinoamericanos jugando a ser líderes de revoluciones eternas que no existen más que en sus cuentas bancarias; superpoblación mundial de gente sin educación ni perspectivas de trabajo ocupado ahora por robots: “El Infierno” de la Comedia de Dante, “La Tierra Baldía” de Eliot, un “1984” de Orwell global, un ardiente “Farenheit 451″ de Bradbury, La Carretera” de Mc Carthy, el “Trust” de Hernán Díaz; todos aullando
WE WANT WAR. WE NEED IT.
Masas, que ya son manadas, enjambres, jaurías voraces, vengativas, sedientas de fama, desesperadas por ocupar el centro de la vidriera sin pudor ni límite alguno. Playas que parecen centros de acopio de carne humana, aviones repletos de turistas idiotas, calles atascadas, estadios colmados de barras bravas, esclavos a sueldo de carteles de cocaína, gente desmembrada por doquier.
Nuestra insignificancia, nos ha hecho encorsetar el tiempo y decimos que pasa muy rápido, sin embargo somos nosotros los que pasamos. La humanidad es un significante con más de 8.000 millones de significados, pero la historia sólo recordará a los pocos que le dejaron su impronta. Solía decirnos Axel Sellars que el día sucede a la noche como al medioevo el Renacimiento, como al romanticismo sucedió la era victoriana. Muerto el rey, viva el rey, acabado un mundo que viva el mundop El tiempo es circular, ni la historia y mucho menos nuestros intrascendentes egos se repiten.
Percibo por todas partes un final que creo que va más allá de las circunstancias personales. Lo que veo es fatiga y hartazgo en gente de 30 años o menos para quien no tiene ya sentido el mundo de los mayores, a quienes además detestan porque deben ayudar a comprender el universo virtual y esto los demora y distrae en su camino que además no saben cuál en verdad pueda ser, ya que los mayores son infantes en un mundo que les es ajeno y les han dejado en un “cul de sac” carente de salida y sentido. Nunca como hoy los jóvenes envejecen tan rápidamente, nunca como hoy los viejos viven tanto. La velocidad de la tecnología no permite el goce. La nueva generación vive en constante eyaculación precoz o peor aún, en un onanismo que acaba ante la posibilidad de verse en una pantalla con millones de seguidores que los eleven a la categoría de MAXIMUS INFLUENCER y la vieja generación, en cambio, ocupando espacio y consumiendo energía en un estado de duración impotente.
WE WANT WAR, WE WANT BLOOD.
Escribe Peter Sloterdijk (1947) en “Crítica de la Razón Cínica” que el líder de la banda punk inglesa “The Stranglers” festejaba en una entrevista la existencia de la bomba de neutrones: Miss Neutron, I love you. Hemos matado a Kant, el de Sapere Aude de la Ilustración, que fue la invitación a pensar con coraje, trastocado, en cambio por la infantil molicie del nuevo oráculo: Chat GPT (GRAN PAJA TOTAL). Ignorantes al superhombre de Nietzsche nos deleitamos con Clark Kent. No nos atrevimos al salto. Nuevamente a nadar en el reiterativo gastado y estéril semen eyaculado por el poder.
Dios resucitó otra vez.
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TRES QUE SE PUSIERON A CAMINAR
Son diferentes los caminos de los tres. Recorrieron mundos dispares en circunstancias históricas que no tienen nada en común, salvo la geografía: esa península asiática que hoy conocemos como Europa. Los personajes son Alejandro Magno (356-323), Jean Jacques Rousseau (1712-1778), Friederich Nietzsche (1844-1900).
I) Cuando el centro del mundo en Occidente era Grecia, y todos querían formar parte de la misma y no de la periferia, el maestro de Alejandro, un tal Aristóteles, le comenta a su discípulo, que paseando por el Ática ya no escuchaba el armonioso sonido de la lengua de Homero, donde cada palabra designaba a la cosa conocida, que ya no olía el clásico aroma de la comida que los puesteros solían vender y que le recordaban su infancia, y que había visto los templos invadidos por bárbaros profanando los lugares sacros con el tendido de sus ropas y el aseo personal. Alejandro le dice a su maestro que si todos querían estar en la Hélade, él conquistaría el mundo y haría del mismo una gran Grecia; así lo hizo, expandiendo la civilización por Egipto, Persia y la India septentrional. Esa expansión que conocemos como helenismo hizo que en 12 años fuera vencedor de todas las batallas que libró, sometiendo a 22 pueblos bárbaros, 14 poblaciones griegas y fundara 12 ciudades todas llamadas Alejandría y a los 33 años de edad, muriera, algunos dicen por una fiebre oriental, otros envenenado por sus propios generales, me gusta sin embargo pensar que murió tan joven para que su leyenda de héroe legendario opacara los sudores y la sangre de la vida militar. Este rey de reyes y según algunos comentaristas egipcios, hijo del faraón Nectanebo que disfrazado del Dios Amón entra en la alcoba de Olimpiade, madre de Alejandro y esposa del rey Filipo, para darle entidad divina al vástago por venir, al igual que el Espíritu Santo tres siglos después, le otorgara categoría divina al hijo de María, esposa del pobre carpintero llamado José. (La misma leyenda, que inicia una tradición, aunque incorpora lo plebeyo a la misma). Dicen que Alejandro, cuya fabulosa vida inaugura la novela de aventuras de la mano del cronista que hoy conocemos como Pseudo Calístenes que casi 500 años después de que el Emperador muriera escribe “Vida y Hazañas de Alejandro Magno” que gozó de inmenso éxito popular y de imitadores durante toda la Edad Media; sentía envidia de Aquiles que había contado con la narración de Homero que lo inmortaliza en la Ilíada.
La narración, el relato; en fin, las palabras, fueron y serán siempre el arma más poderosa de la humanidad, por eso la degradación del lenguaje insinúa la próxima decadencia del pueblo que no está a su altura. En mis caminatas por Grecia, Turquía y la India, en momentos de descanso, bajo un árbol tupido y feraz, a la orilla de un río donde flotan botellas de plástico, o en un impoluto valle del Himalaya pienso que la narración de mis aventuras debería superar las fatigas que ellas provocan. Me gusta también imaginar al leonino Alejandro, montado en Bucéfalo, soñándose verso inmortal de algún poeta, másque idolatrado estratega de academia militar.
II) Fatigado, harto de la humanidad, habiéndose sentido viejo desde los 55 años, y dos años antes de morir, en 1776, Jean Jacques Rousseau da a publicidad “Las Ensoñaciones del Paseante Solitario”. Son diez paseos, son esa cosa que nos pasa cuando caminamos y vamos entablando ese diálogo, discusión, pelea que no deja de ser más que un mudo monólogo con nosotros, o en su triste caso, con lo que resta de sí mismo. Tristeza, casi lindando con la amargura y por momentos el resentimiento, es lo que me trasmiten estos soliloquios por un París todavia rural bordeando el Per Lachaisse, donde crece la viña y aún ve pasar a un pastor guiando su rebaño de corderos.
Más allá de la azarosa vida de Rousseau, que a la semana de haber nacido, la muerte lo privó de su madre; de la huída del padre de su Ginebra natal, por conflictos personales y la puesta en pensión de su hijo al cuidado de un clérigo a los 10 años, y luego su propia huída de Ginebra a los 16 años, de su posterior abandono del calvinismo y su bautismo católico, también a esa misma edad, de su relación con Madame de Warens a quien llama “mamá” y quien lo inicia en la vida sexual a los 19, de su relación con Teresa Levasseur con quien tendrá cinco hijos que abandonará en un hospicio, de su retorno al calvinismo y a Ginebra a los 42 años, de su conflictiva relación con los Enciclopedistas y sobre todo con Voltaire, de sus disputas intelectuales sobre la sociedad y el estado con las teorías de Hobbes y Locke y luego en disgustos personales con David Hume, con el peso de la censura,prohibición y quema de sus libros, el desprecio de los ciudadanos franceses y suizos, sus arrebatos pasionales, su ira, su bronca, su misantropía, sus delirios de persecución, su convicción de un complot universal contra su persona, de su genio, su originalidad, del “Emilio”, “El Contrato Social”, “Las Confesiones”, debo decir que “Las Ensoñaciones” me parecieron un plagio “avant la lettre” al tango “Cuesta Abajo” de Le Pera, cuyos tres primeros versos dicen:
Si arrastré por este mundo
La vergüenza de haber sido
Y el dolor de ya no ser
Estos espantosos versos que arrastran la vergüenza de ser, pero el dolor de ya no, son el más puro gataflorismo, la contradicción más abyecta, la indigna victimización de un hombre que a los 55 años ya se siente viejo y a los 64 “viejo chocho ya caduco y pesado, sin facilidad, sin memoria”, “solo sobre la tierra sin tener más hermano, prójimo, amigo, ni compañía que yo mismo” pero al rato “soy cien veces más feliz en mi soledad que estando con ellos”, “Mi cuerpo ya no es para mí, más que un obstáculo”, “Hago lo que hizo Montaigne con sus ensayos pero con el fin opuesto. El escribía para los otros, en cambio mis ensoñaciones no son más que para mí”, “Me veo en el ocaso de una vida inocente y desafortunada”, “¿Qué he hecho aquí abajo?, estaba hecho para vivir sin haber vivido”, “Es tiempo de aprender cómo se habría debido vivir”, “Dios es justo, quiere que yo sufra” y yo Alejo Santos voy a ser lapidario, estimado Jean Jacques Rousseau: Me hartaron tus ensoñaciones; me aburrieron tus diez paseos, me parecieron un eterno atardecer de domingo por la Avenida 9 de Julio de Buenos Aires, después de finalizado un acampe de organizaciones sociales y entre toda la basura acumulada, el viento arrastra un afiche donde se lee “luche y vuelve”. Sí, Jean Jacques, lamento que estés avergonzado de haber sido y que te duela ya no ser, yo estoy molesto por este texto indigno de quien escribió el Emilio y luego del goce que me provocó el estudio de “El Contrato Social”, que tan crítico fue de la religión, y que con tanta claridad me descubrió las mentiras del poder. Pero también debo ser justo, creo que el Dios de lo que has llamado la religión del ciudadano y luego esa tercera categoría donde incluiste al cristianismo romano, terminaron cayendo como una piedra gigantesca sobre esa simple religión que llamaste “la religión del hombre”, sin templos, sin altares, sin ritos, limitada al culto exclusivamente interior del Dios supremo y a los deberes eternos de la moral, sobre la que edificaste su existencia. El peso de esa piedra debe haber sido tan atroz que te hizo descreer en el ser humano y alejarte de todo contacto y dedicarte a copiar música y completar tus herbarios de botánica. Esta reconsideración de mi enojo se debió a que recorde que había sido Mariano Moreno quien primero tradujo “El Contrato Social” en el Río de la Plata, pero salteó el capítulo sobre la religión, no se atrevió a traducir el Capítulo VIII, sobre la “Religión Civil”. La iglesia era de temer; no me extrañaría que la pócima venenosa que tronchó su vida en viaje a Gran Bretaña tuviera algunas gotas de agua bendita.
En Alejandro, el Rey de Reyes, está además lo divino, ya que compite con todos los dioses griegos, los paganos, los gloriosos, los de la fuerza de la naturaleza, los vitales, los que derrochan salud y energía sexual. En Rousseau, ya hay varios siglos de un Dios invisible, vigilante, ladino, un Dios de pobres, débiles y enfermos. El Dios cristiano que se adueñó de Roma, predicando pobreza, el Dios de la hipocresía descarada.
III) El tercer personaje, tiene muy en claro que los pensamientos vienen con el caminar, siendo la culminación del mismo “La Transvaloración de los Valores”, del que sólo llegó a terminar “El Anticristo”, que a pesar de haber sido encontrado en 1889, por casualidad, por su amigo Franz Oberbeck, en Turín, donde había ido a rescatar a Friederich, definitivamente alienado, recién pudo ser publicado en 1961 debido a censuras familiares y sociales.
El Anticristo cuyo subtítulo es “Maldición sobre el Cristianismo”, es una suerte de dron que sobrevuela la historia de los últimos 2000 años y desde la libertad de esa perspectiva avizora un futuro que superará a la humanidad. Considera Nietzsche que la filosofía alemana es una artera, ladina teología; es suficiente con pronunciar el término Seminario de Tubinga (Tübinger Stift) donde estudiaron Hegel, Schelling, Hölderlin, David Strauss a quienes llama “die Schwarzen” (los Negros), ya que se les nota la negra sotana, huelen a incienso, a compasión, humildad, castidad, pobreza, exudan cristianismo por doquier y hacen estallar a Nietzsche contra los sacerdotes que mienten descaradamente propalando una fantasía delirante, incomprobable científicamente y sólo sostenida por una fé que amenaza con torturas, persecuciones y ejecuciones ante la mínima duda. Achaca a Lutero haber elevado su Reforma Protestante a la máxima expresión de oscurantismo de los valores vitales que el Renacimiento intentó plasmar, ¡Qué viva el rebaño temeroso y obediente, por sobre los desafíos de la lucha individual!
Entendámoslo de una vez, si la religión es el opio de los pueblos, el peronismo es el opio nacional. Le robo el subtítulo al Anticristo de Nietzsche “Maldición sobre el peronismo”.
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VIAJAR ES INDISPENSABLE VIVIR NO LO ES (VII)
RUTAS LÍQUIDAS
Hay otros ríos. Es el verano de 1971, es el Amazonas. Lo vemos por primera vez desde un avión carguero, que nos está llevando desde Bogotá a Leticia; la triple frontera entre Perú, Colombia y Brasil, en lo que se llama el trapecio amazónico. Desde el aire da la impresión de ser una aorta por la que corre sangre marrón irrigando un corazón verde. Nos dicen que aún habitan la región tribus de jíbaros. Amarrados a asientos de tuberculosa superficie: viajamos sobre bolsas de papas, batatas y mandioca. Estamos por aterrizar en pista de tierra.
Leticia nos da la impresión de ser un Far West tropical, donde el contrabando, el tráfico de cocaína, las armas son parte integrante de un escenario que tiene por telón a la selva y como fondo musical, el correr del río. Son pocas calles de tierra, a ambos lados de las mismas chozas de cañas y techos de hojas de palmeras, de las que salen y entran personajes propios de películas de narcos, con cicatrices, aros, machetes en la cintura, torsos desnudos y profusamente tatuados, con cargadores cruzados donde asoman balas con punta de plata. Prostitución callejera, burdeles regados de ron y cashasa de los que salen mulatas jóvenes, bellas con tatuajes en brazos y nalgas.
Por pocos cruceiros nos embarcamos en una canoa que impulsamos con un remo corazón; seguiremos luego en una barcaza de comerciantes. Nos vamos metiendo en un mundo, que varios meses después vemos en la película de Herzog, “Aguirre la Ira de Dios” de 1971, con Klaus Kinsky y volvemos a revivir en “Fitzcarraldo” de 1982, también de Herzog, también con Kinsky.
Luchar para no ser devorado. Está de moda hoy, defender la naturaleza y está muy bien, pero la selva es implacable; se tragó a Machu Picchu y Tikal. La tierra y el tiempo a Troya, el hielo se quedó con la Antártida, tal vez el fuego acabe con nosotros. Para que se entienda, si tengo que elegir entre Shakespeare y el mar, prefiero ahogarme en las letras y no en el agua salada que esconde tiburones martillo.
Es época de carnaval en la selva y hay música, baile y cashasa en los poblados donde atracamos a pasar las noches. Surgen columnas de humo de la espesura profunda, vemos saltar familias de monos, circulan hombres en taparrabos, llevan arcos y flechas, mujeres con el pecho desnudo cargando niños; hay tortugas, delfines, tucanes, arañas, mosquitos, serpientes, avispas, orugas, pirañas, hay cuatro aspirinas y cuatro pastillas de carbón: la medicina más que suficiente a los 20 años para internarse en la selva; eso es lo que permite la salud a los 70 (digo, la aventura , no las cuatro aspirinas). La selva, como la puna, como el desierto, como el hielo son pieles inmensas de varios colores, donde uno es una garrapata.
Dormimos en hamacas. Nadamos en aguas pobladas de peces extraños. A ratos llueve torrencialmente, después sale el sol, también torrencialmente, se oscurece el cielo, vuelve a llover. Atracamos.
Navegamos ahora en un vapor, el “Itamaraty”, con su cocinero al que apodamos Pelé, hacedor de la diaria, intensa y pringosa fejoada.
Confluencia con el río Negro, Santarem, al fin Manaos: el teatro Amazonas (1896), una suerte de teatro Colón, en plena selva, resabio de una avanzada colonial, que luego se trasladó a Ceylon: eran los tiempos del caucho. El teatro abandonado, nos recibe con la puerta entreabierta. El piso cruje. En las polvorientas butacas de terciopelo rojo, acomodamos nuestras bolsas de dormir y el eco de la voz de Enrico Caruso cantando “Pagliacci”, arrulla nuestro sueño de falsos piratas.
LOS GLACIARES
Provincia de Santa Cruz, Parque Nacional Los Glaciares 1983, 1993, 2001, 2007, 2011, 2013, son los años que visité el Parque: El Calafate, Lago Argentino, Chaltén, Helsingfords, Lago Viedma, Lago del Desierto, Río Arriba, Walichu, Estancia Cristina, Upsala.
Desde la primera vez, no bien aterrizado en Gallegos, tuve la sensación de fin y de comienzo. Varias horas por la ruta de ripio, para recorrer los 320 kilómetros hasta El Calafate, no hicieron más que agudizar la sensación.
El Glaciar Perito Moreno, es un río congelado que está en equilibrio, es decir no en retracción. Es la supervivencia de la glaciación, así estuvo la tierra hace 20000 años. En las visitas que siguieron a esa primera del 83; una tarde, viendo como se desplomabna un enorme bloque de hielo, que al caer, dejó esculpido una suerte de bonete con reflejos azulados, me transportó a Capadocia, en la Anatolia Central, en Turquía. Capadocia es históricamente, la antítesis del Perito Moreno. Es aquella, tierra que fue de asirios, hititas, persas; sufrió la expansióin del helenismo con el ejército de Alejandro, luego de Roma. Fue asiento de las primeras comunidades cristianas de San Pedro, que continuaron hasta el siglo III, pasaron los seleucidas del siglo XI, el Imperio Otomano, en fin Turquía.
La tierra estuvo así de blanca y helada hace 20000 años. Imagino a Capadocia, sus cuevas, el laberinto pétreo y esas capuchas esculpidas en la piedra, que tanto se parecen a algunas acuarelas de Xul Solar. El glaciar que tiene una superficie mayor a la de la Capital Federal, tiene sin embargo, un solo habitante: Andi.
Andi, es Andiperla Willinki, un insecto de 6 patas y 15 mm, que vive en el hielo gracias a la glicerina que contiene su cuerpo. Otra vez me invade la sensación de un tiempo inicial, de un tiempo final. De tiempos que chocan, subsisten, se acoplan como coches de un tren, que circula por estaciones y rieles que envejecen, se oxidan, desaparecen y se renuevan, para que volvamos a recorrer los mismos caminos. Allá en Capadocia, tiempo acumulado, aquí en el glaciar, tiempo congelado. Un pasado allá, un futuro expectante aquí. A Andi se lo conoce como el Dragón de la Patagonia.
Toda la Patagonia tiene la superficie de España y Francia y está poblada por la mitad de los habitantes que vivimos en los 220 kilómetros cuadrados de la ciudad de Buenos Aires.
A los argentinos nos gusta estar juntos, somos tiernos como infantes necesitados de afecto y contención. En rebaño, siempre en rebaño, que clama desesperado por un pastor, por un líder, por un Padre o una Madre.
GOLFO DE LAS PENAS
Es el verano de 1975, es Chile. Hemos perdido el barco Navarino, partió de Valparaíso sin nosotros, o tal vez no nos alcanzaba el dinero para el pasaje hasta Punta Arenas. Sí ,fue eso. Por tren y carretera nos demoramos en Loncoche, Pucón, Villa Rica. Embarcamos para Ancud, capital de la isla de Chiloé y llegamos en ómnibus a Castro y ahí estaba el Navarino esperándonos.
Vamos a cruzar el Golfo de las Penas, durante la noche. La cocina se ha provisto de langostas en Puerto Edén, que han comprado a 20 centavos de dolar por pieza a los pescadores locales.
Oscurece, está tormentoso, las aguas violentas chocan al viejo carguero cuya proa se hunde, el agua barre la cubierta y arriba y abajo y sacudones durante más de 10 horas. Si hay un lugar en el mundo donde las palabras y las cosas son como un espejo, es ahí, en el mar austral de Chile.
En el comedor tan sólo un norteamericano y yo, 20 langostas, aioli, tabasco, vino blanco, pan tostado. Nos miran por la ventana del comedor que da a cubierta, nos miran con envidia, con bronca, con ganas, sin entender cómo podemos comer con tanta tranquilidad como si estuviéramos en París. Estamos gozando, nos chupamos los dedos grasientos de carne blanca y de mar que estalla contra los ventanucos del comedor.
Indiferentes a estómagos ajenos, gozamos, nos reímos, nos acercamos al pasillo, saludamos, nos aplauden y ellos vomitan con el constante subir y bajar de la proa en la negrura infinita: una botella de grapa ayuda a nuestra digestión y dormimos; ha sido un día duro, digno de una narración de Melville o Conrad, que menos, que más.
