En 1630 llegaba al Río de la Plata un barco trayendo esclavos al mando del Capitán Andrea Juan. Uno de esos esclavos había nacido en Guinea en 1604, fue apresado y llevado a Cabo Verde, trasladado a Pernambuco desde donde fue traído a Buenos Aires y comprado por Bernabé González Filiano quien lo bautizó como Manuel Costa de los Ríos, cuyo primer trabajo fue acompañar el carro que llevaba muebles y mercancías hacia una propiedad de su amo. Ese carruaje tirado por bueyes fue el que debido a los malos caminos se atascó en el pueblo de Luján y a pesar del esfuerzo de hombres y bestias para moverlo del barreal en el que estaba no dio resultado alguno, se descargó la carreta y ni aún así. Entre los bultos se encontró una imagen en terracota de una Virgen y de ahí en más surge la leyenda de que la terracota había decidido quedarse ahí y esa decisión como todo el mundo sabe se llamó “Milagro de Luján”, razón por la cual la Virgen fue entronizada y con el tiempo se construyó la Basílica y Manuel Costa de los Ríos fue el custodio de la Virgen hasta su muerte en 1686 y se lo conoce desde entonces como el “negrito Manuel”. Como el viernes próximo la selección argentina juega los 16 avos de la copa mundial de futbol contra la selección de Cabo Verde, varios diarios y radios lo han nombrado en notas al esclavo “caboverdiano”.
El martes 30 de junio otro Manuel, ni negrito ni caboverdiano pero sí intensamente filoverdoso ya que ama “los billetes lindos de dolar, y su color y su tamaño: todo es lindo en el dolar” dijo con una sonrisa,(sobre todo si son ajenos y pueden ser un botín para uso personal); fue despedido en el salón Blanco de la casa Rosada con un intenso y emotivo abrazo por el Presidente de la Nación, después que el filoverdoso Manuel se viera obligado a renunciar a su puesto de Jefe de Gabinete de Ministros por los cargos que pesan sobre él por enriquecimiento ilícito y posible lavado de dinero por los que está procesado. Y esto sí que es un milagro, que un corrupto y mentiroso sea despedido en el sitio simbólico del Poder Ejecutivo del país, con el busto de La República y dos Granaderos Sanmartinianos de fondo en la toma de juramento por “Dios y estos Santos Evangelios” por el nuevo Jefe de Gabinete de Ministros, enlazado en abrazo trinitario y el aplauso del público presente. Señores esto sí que es un milagro, que se repite hasta en los mínimos detalles porque hasta las rutas nacionales y provinciales siguen en tan mal estado como en 1630, que nos tiene a todos atascados y no podemos avanzar. Guardemos los aplausos para el seleccionado argentino y no para la selección de corruptos: hay niños mirando, y se merecen mejores ejemplos para hacer un futuro diferente.

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