EN UN PAÍS SERIO

Me resulta difícil precisar desde cuando no somos “un país serio” ¿Desde los 90, tal vez? o fue mucho antes. ¿Cuándo fue que escuché por primera vez, semejante concepto sobre nosotros como país?, porque es importante entender que un país somos los humanos que lo hacemos. Las montañas, los lagos, la inmensa pradera, las playas, el clima, el Río de la Plata, los glaciares, las cataratas: todo ello es el territorio; el país somos nosotros, cada uno de nosotros, entonces ¿desde cuándo no somos un país serio? ¿Desde cuando nos convertimos en irresponsables? ¿Desde que Menem y su farandulización y su pizza con champagne llegaron a la Casa Rosada? ¿Desde que el cabo López Rega asumió la conducción con Isabelita, en el 74? ¿Desde que Onganía lo echó a Arturo Illia del gobierno en el 66? ¿O fue en el 45 cuando cambió? ¿O fue cuando Uriburu y su troupe derrocó a Hipólito Yrigoyen? ¿O fue éste último que al ganar las elecciones, quebró el orden conservador que nos regía?

Lo cierto es que periodistas, pensadores y hasta los propios funcionarios suelen hablar de “en un país serio”, “de ser el nuestro un país serio”, “en los países serios” dando no sólo por entendido sino hasta subrayando que no lo somos. Todos nosotros, mis amigos, mi familia, mis padres y abuelos, los maestros que me educaron, los chicos del barrio donde me crié, los médicos que me han curado, los escritores que nos han ilustrado, los futbolistas, los profesores de la facultad; Fangio, Borges, Mirtha Legrand, Julio Palmaz, Quino, Fernán Saguier, Messi, Favaloro, Chiqui Tapia, Bergoglio, Petrona C. de Gandulfo, Ceratti, Marta Argerich, Máxima Zorreguieta, Javier Milei, Cristina Kirchner, Sergio Massa, Esteban Bullrich, vos, yo y los niños, jóvenes, adultos y adultos mayores, tu hijo querido, tu amada novia, todos en el mismo charco chapoteando en un fango de improvisación, corruptela e impunidad, no siendo lo que supuestamente deberíamos ser.

Entonces si no somos un país serio ¿qué somos? Un conjunto de tarados que habitamos la octava superficie más grande de un territorio nacional donde a diario estamos viendo gente comer de los residuos, las villas miseria creciendo por doquier, la educación cayéndose a pedazos, el lenguaje degradado a insultos, los narcotraficantes adueñándose de barrios. Si todos aceptamos, decimos y escribimos que no somos un país serio, me parece que no tenemos futuro, y estamos no “condenados al éxito” como dijo una de las luminarias que nos presidió, sino condenados al fracaso, pues entonces o EMIGRAMOS, o nos RESIGNAMOS, o PONEMOS EN VENTA TODO EL TERRITORIO NACIONAL por 50.000.000 de dólares a cada persona de 21 o más años y nos vamos con ese capital a cualquier otro país dejando nuestras casas y tareas, nuestras fábricas y campos, con la obligación contractual de no volver como turistas al menos por 20 años; desde ya que quedan excluídos del beneficio de los 50 millones de dólares todos los funcionarios públicos y su familia directa que hayan ocupado un cargo en los últimos 100 años, más los empresarios que hubieran coimeado para obtener un contrato o de lo contrario nos ponemos a pensar con seriedad en qué decimos cuando decimos no ser serios. Porque si seguimos fingiendo demencia ante lo que vemos hacer a políticos, jueces, fiscales no sólo habremos dejado de ser serios sino que dejaremos de SER.

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