Hay rincones, cajones, pequeños cuartos, el placard del fondo, el sótano, el altillo, garage, donde se acumulan útiles (inútiles), artículos de limpieza, diarios, papeles, trastos, cosas, “esto que no sé por qué lo guardo”. Ha pasado en todas mis casas, sé que a los otros también les sucede, recuerdo una cómoda en casa de mis abuelos, el mueble blanco o el altillo en casa de mis padres, los rincones de las casas de mis amigos.
Sucede en las casas y edificios públicos y privados de todas las ciudades de todos los países. Cada tanto en un arranque de orden entro en ellos: miro, me espanto, rompo, tiro, despejo, me canso, cierro, apago y vuelvo a acumular. A veces la limpieza es interior porque también hay pensamientos, ideas, planes que por una u otra razón quedaron en la buhardilla de uno mismo.
Cada tanto uno entra en esos recovecos del corazón.
En la sociedad de la que soy parte, en ésta, en la nuestra donde comparto un pasado común con 47.000.000 de individuos de todas las edades, clases sociales, niveles de educación, religiones, profesiones, ideologías. Entro en ese desván común para desprenderme para siempre de un concepto que existe desde que nos declaramos una nación independiente: EL ESTADO SOY YO. Con el tiempo, a partir de 1853, nos constituimos como República Argentina, pero a lo largo de estos 173 años de vigencia de la misma, los que han dirigido el país cuando no la transgreden en el principio de igualdad ante la ley, le agregan el que exclama LA LEY DICE LO QUE YO DIGO QUE DICE: y esto oscila entre VIVA PERÓN CARAJO y VIVA LA LIBERTAD CARAJO, pero si lo que nos une es el CARAJO, tal vez la claridad institucional que busco en vano haya que ir a buscarla a otro país.

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