Revisando la biblioteca encontré una revista donde hay un artículo titulado “¿Hay arte en la cocina?” en el que el periodista Héctor Pavón le pregunta a Ferrán Adriá, el creador de El Bulli lo siguiente: “En un viaje utópico de un día entero por el mundo ¿dónde le gustaría desayunar, almorzar, merendar y cenar?” La respuesta de Adriá fue: “Desayunar en el hotel Amankila, de Bali; almorzar en Barcelona, en el Mercado de la Boquería de mi ciudad; merendar en el restaurant de Yakut de Marrakech; y cenar en el hotel Palace and the Kitcho, de Kyoto, porque hay muy buena noche”.
De metido, no más, yo me pongo a escribir mis preferencias. Desayuno, en el hotel Llao-Llao de Bariloche, es una maravilla, el ambiente, la vista exterior, la madera, la piedra, las media lunas, los huevos revueltos, los panes, todo impecable y siempre. Debo aclarar que no conozco Bali. Almuerzo, de querer carne “Don Julio” en Palermo, excelente, he comido varias veces y tengo reserva para noviembre; de querer pasta, me encanta “Il Materello” en La Boca, y “Mad Pasta”, en Martínez una experiencia deliciosamente sana y boquense, en el primero, otra local con la magia del Pelado Canga. Conozco Barcelona y he comido más de una vez en la Boquería y disfruté mucho. Merienda; entiendo por merendar tomar café o té con algún sandwich, escones, una tostada con queso. He comido en Yakut, fue excelente, pero fue una cena con velas y la noche con luna llena: inolvidable. Pero según mi idea de merendar, la mejor, de una excelencia difícil de igualar Nelson Hotel, Cape Town, República Sudafricana: al menos 30 variedades de té, tostadas de panes diversos, escones, brownies, tartas y tortas, croissants dulces y saladas, sandwiches de pavo, pollo, roast beef, jamones varios, quesos múltiples, frutas frescas y secas, jaleas, dulces, mermelada en un ambiente de five o’clock tea digno de la Reina Victoria. Cena: he dudado entre varias cenas maravillosas en Dubai, Beijin, Villa Allende, Oxford, Bordeaux, New York, San Isidro, pero, voy a optar por una en Florencia, Italia: Enoteca Pinchiorri,fue hace 45 años, pero la tengo muy presente. Exquisita atención, tres cavas con joyas etílicas; me atreví a recomendarlo a un amigo hace dos años y al volver me abrazó de contento por la recomendación: hay cosas que perduran, en Argentina el nefasto peronismo, en Florencia la excelencia culinaria con la fineza italiana. Una comida exquisita genera simpatía, alegría, amistad, es bueno resaltarlo y es importante que todo cocinero y dueño de restaurant lo tenga siempre presente: son responsables de la felicidad de los comensales, equilibran la balanza de la vergonzante actitud de los gobernantes. En aquella ocasión la pasta fue Gnocchi de Ricota y Espinaca con tomate y albahaca y de segundo el estofado toscano de carnes surtidas, el famoso Scottiglia; luego bien comidos y mejor bebidos a mirar el cielo en la Plaza de la Signoria, eso es la felicidad en el corazón del Renacimiento y de pronto apareció en el cielo estrellado un dirigible plateado como los que Leonardo de Vinci había imaginado en el 1500, que desde el interior del mismo nos guiñaba un ojo. No conozco Kyoto, ni Japón; ya iré y seguiré comiendo, bebiendo y viajando porque señores, yo no sé a qué me invitaron a este mundo, de lo que sí estoy seguro es que a mi me gusta gozar y que me dejen en paz y que el Estado trate de meterse lo menos posible en la vida privada. Igual nadie me preguntó nada, yo de metido nomás.

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