SUEÑO CON SECUELA

Tuve un sueño extraño; ¿hay alguno que no lo sea? Era un sendero por el que yo caminaba. Por sectores, la vegetacíón, de por sí frondosa, invadia el camino. Pasé frente a una choza; en el interior se veía una gruesa vela encendida; a su lado un hombre delgado sentado de pelo y barba largos, vestido con túnica blanca. Me hizo señas para que entrara. Lo hice. El hombre irradiaba algo entre sabiduría y bondad, invitaba al respeto, a la solemnidad, si se quiere.

Hablamos.

A la mañana cuando me duchaba, el sueño despertó en mi, algo en lo que he estado pensando y es que los seres humanos llegamos al mundo con toda la historia del desarrollo codificada en nuestro ADN. Esto ocurre en cada uno de nosotros sin excepción; a medida que crecemos, las tareas, las ocupaciones, los compromisos nos distraen de eso que está en nosotros. Aquellos que estudian, los que piensan, los que meditan, están más próximos a esa comprensión que es conmocionante.

Ese hombre sabía. El sueño, el sendero, son un incentivo a imitarlo. Me prometí abocarme.

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