LABRYS

No tengo dudas, el término “laberinto” cobró en mi, familiaridad y después conciencia leyendo a Jorge Luis Borges. Más allá de los dos poemas de “Elogio de la Sombra” (1969): “Laberinto” y “El Laberinto”; en prosa está su magnífico “La Casa de Asterión” que aparece en “El Aleph” de 1949. En “Atlas” de 1984 aparece otra narración con el título “El Laberinto”, que parte de “Este es el laberinto de Creta…” al que luego en un crescendo va incoporandole información. “Este es el laberinto de Creta cuyo centro fue el minotauro…” hasta terminar en “Este es el laberinto de Creta cuyo centro fue el Minotauro que Dante imaginó como un toro con cabeza de hombre y en cuya red de piedra se perdieron tantas generaciones como María Kodama y yo nos perdimos en aquella mañana y seguimos perdidos en el tiempo, ese otro laberinto”. Con el que más me identifico es con el Epílogo al “El Hacedor” de 1960 donde declara “Un hombre se propone la tarea de dibujar el mundo. A lo largo de los años puebla un espacio con imágenes de provincias, de reinos, de montañas, de bahías, de naves, de islas, de peces, de habitaciones, de instrumentos, de astros, de caballos y de personas. Poco antes de morir, descubre que ese paciente laberinto de líneas traza la imagen de su cara” Magnífica síntesis en la que cada tanto pienso cuando apoyado en la ventanilla de un tren, veo la noche y a lo lejos una luz, o al cruzar un puente escucho el correr de un río en el que nunca me bañaré e imagino que voy completando mi rostro de viajero incansable.

Recientemente he descubierto un laberinto de laberintos literarios en un trabajo de la antropóloga canadiense Penélope Reed Doob que con un verso de la Eneida de Virgilio (70 – 19 AC), otro de Badio Ascensio (1458 – 1535) y otro de Nicholas Trevet (1258 – 1328) construye el siguiente laberinto “He aquí el duro trabajo que exige esa casa, y su inextricable extravío”. “La casa de que cuesta salir.” “En la que cuesta entrar”.

En Borges, el narrador no es Teseo, sino el Minotauro. El Minotauro que Borges llama ASTERIÓN, basándose en Apolodoro:Biblioteca, III; I tiene cara de toro y cuerpo de hombre y él se pregunta pensando en quien lo liberará si cuando llegue, ese redentor será como él o tendría cara de hombre y cuerpo de toro. El Minotauro se entregará, al final, pasivamente, le dirá, incrédulo, Teseo a Ariadna.

Danielewski hace otra lectura: está convencido que el Rey Minos construye el laberinto para ocultar a su hijo nacido deforme, “ya que tenía cabeza de toro y cuerpo de hombre; en otras palabras era un hombre con la cara deforme”. (La Casa de Hojas, Cap IX, pag 110, Duomo Ediciones, Barcelona 2025).

Sospecho que Danielewski llegó a esa conclusión leyendo “La Casa de Asterión ” de Borges.

Comments

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *