En los vastos caminos del Imperio Romano, cada 50 ó 60 kilómetros había “mansiones”, lugares de restauración de los hombres de a caballo, donde se descansaba un rato, se comía algún pan, tal vez un plato caliente y los caballos recobraban fuerzas, tomaban agua. Un lugar de paso, de conversación con otros viajeros; un hito de civilización en el vasto territorio.
Algo parecido sucedió en el Imperio Inca, con capital en Cusco, Perú, en cuyos caminos cada tantos kilómetros había “tambos”, donde los caminantes y chasquis podían descansar, tomar agua, alguna torta de maíz y si se encontraban con otro caminante recibir información sobre el estado de la senda para llegar a Machu Picchu.
En los Virreinatos españoles en América, estas instituciones se llamaron “postas”: hay una muy famosa en San José de Metán, Salta donde Manuel Belgrano, novato General se hace cargo del Ejército del Norte en 1812 y donde dos años después le entrega el mando de ese Ejército a San Martín y se confunden en un abrazo fraterno, eternizado en láminas escolares como “la posta de Yatasto”; aunque algunos sostienen que ese encuentro sucedió en la vecina posta de Algarrobos. Otra posta importante, aunque no tuvo nada de fraternal fue la de Barranca Yaco en la provincia de Córdoba donde Juan Facundo Quiroga fue asesinado el 16 de febrero de 1835, según se sospecha por orden de Juan Manuel de Rosas.
En Gran Bretaña existían las “inns” donde las diligencias se detenían y cocheros y pasajeros descansaban, se bebían algunas pintas de cerveza, comían algún “pie” de carne y riñones y se cambiaban caballos. En la ruta de Londres hacia el oeste se hacía una parada en Stony Stratford, en Buckinghamshire donde había (aún están, aunque son hoteles) dos inns; una era la “Cock Inn” y la otra la “Cow Inn”. Los habitantes del pueblo, ávidos por saber quiénes eran los viajeros y qué noticias traían de la capital solían acercarse a charlar y los viajeros magnificaban las noticias, o simplemente inventaban historias lo que dio orígen a la expresión “A Cock & Bull Story” que significa una historia inventada pero vendida como verdadera.
El tiempo ha pasado y esa palabra que mentaba mansiones de carreteras ha evolucionado hacia Mansiones con lo que se designa a una propiedad lujosa, grande, suntuosa, como las viejas casonas que hoy son sede de Embajadas y muy recientemente el nombre se aplica a grandes casas, de bastante mal gusto, por cierto que son la más desvergonzada exhibición de robo, lavado, narcotráfico, comportamiento mafioso, corrupción e impunidad como la “Mansión de Toviggino” o la “Mansión de Insaurralde”. Ayer sábado 15 los titulares del diario La Nación informan “Un fallo a la medida de Tapia y Toviggino: la causa pasa al juez que ellos querían” es decir los imputados deciden quién los juzga y no pasa nada, la vida sigue. Debajo de ese espanto: “El apriete barrabrava ahora sacude al plantel de Racing”. En el sector “Opinión” leo el artículo de Armando J. Ribas (h) “La Política blindada, origen de la Impunidad argentina”, que lleva por subtítulo “un sistema político cerrado bloquea la participación ciudadana; envicia el proceso electoral y consagra la perpetuidad de la llamada “casta” “. Uno no sabe si ponerse a llorar, maldecirlos o tomar los petates e irse lo más lejos posible a lugares donde sólo haya mansiones., porque aquí lo de “aniquilar a la casta” no es más que una “Cow & Bull Story” del que todos sabemos el final. Todo muy gris, como los días sin sol.

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