DE POBRES Y DE RICOS

En el mismo día compro el pasaje Buenos Aires – Córdoba y el regreso y pago 108.000 pesos, que me pareció barato (U$S 72) y gozo una muy buena comida con un amigo, en restaurante sanisidrense y vuelvo a pagar U$S 72, (per cápita), es decir los mencionados 108.000 pesos. A mi la economía siempre me resulta una disciplina extraña: me cuesta comprender por qué los precios siempre aumentan; estimo que un economista dirá que soy un ignorante, que no es así que los precios suben y bajan, que hay precios estacionales (las frutillas en invierno son caras y en verano son baratas) que los valores aumentan si la oferta es escasa y la demanda abundante. Sí, puede ser pero en términos generales cada vez pago más por los mismos productos en cualquier país al que voy. Entre el pasaje en avión de 800 km de ida y 800 km de vuelta y una muy buena comida de excelente entrada, estupendo plato principal, postre compartido, botella de vino, dos aguas minerales y dos cafés, no veo la relación, en mi ignorancia me parece que la complejidad de la aviación, el personal, el combustible, la organización mucho más laberíntica que la preparación de una comida no pueden tener el mismo precio.

Estoy en Córdoba y me llega un gag de esos que algún amigo me envía a mi whatsapp y se escucha a un periodista preguntarle a un hombre (calculo) de no más de 22 años,”¿Le tiene miedo al fin del mundo?” “No, el fin del mundo es un problema de los ricos, nosotros los pobres le tenemos miedo al fin del mes” contesta el hombre y se escuchan carcajadas. Como les vengo diciendo estoy releyendo “El Vientre de los Filósofos” de Michel Onfray, que recomiendo, como todo lo que escribe el filósofo normando. En el capítulo dedicado a Nietzsche, nos dice “La dietética negativa es la de la cantidad. La dietética positiva, la de la calidad”, y cita luego los conceptos nietzscheanos de “Aurora”, “No a las comidas que hacen actualmente los hombres, en el restaurante o en otros lugares donde vive la clase acomodada de la sociedad. ¿Qué significan esas comidas? ¡Son representativas! ¿Pero de qué santo cielo? ¿De la clase? No, del dinero; ya no existe la clase”. En el capítulo dedicado al futurista (y un tanto delirante) Marinetti (1876 – 1944) dice Onfray “El dilema de la cantidad para el pueblo y la calidad para las elites, abre la perspectiva de una alimentación acorde con el interés nietzscheano de repensar la humanidad desde el doble ángulo de amos y esclavos. El consumidor popular se diferencia del consumidor aristócrata: el primero se alimenta para satisfacer un deseo primario. El segundo come para consumir obras de arte y participar en la lógica estética de la corriente revolucionaria. Ingiere belleza”. Se percibe en Marinetti una suerte de deseo de alcanzar un estado ideal de lo que podría ser un socialismo aristocrático, en fin una de las tantas utopías.

A la noche antes de dormir miro “The Gentlemen”, la serie de Guy Richtie donde en ámbitos palaciegos británicos de duques, condes y Cámara de los Lores ocurren crímenes, robos y tráfico de drogas espeluznantes: lo que hace pensar nuevamente en Nietzsche: “Sólo existe el dinero, ya no hay clases”. Con pedido de disculpas a Nietzsche creo que lo único que ha existido siempre es calidad de persona: ni ser rey te da nobleza per sé, ni ser campesino te da servidumbre per sé: la aristocracia (los mejores, como lo indica su etimología) es el resultado de un arduo trabajo diario que muy pocos alcanzan, lo demás es puro teatro: a algunos les toca representar el papel con corona y cetro de oro y vestir capa de arminio, a otros alpargatas raídas ,fideos y papas. A todos nos espera el mismo destino: un metro cuadrado de tierra y los gusanitos devorando nuestras carnes. Alabado sea el Altísimo que escribió semejante opereta, en mi opinión de mal gusto y final nada aristocrático.

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