GASTROSOFANDO

Cortar unos días con la rutina, es equivalente a un ayuno, para un gourmand; se limpia el cerebro, así como el ayuno higieniza el cuerpo. Me vine a las sierras de Córdoba, entre otras cosas para satisfacer ambos propósitos. Cocina en otras manos, rutinas diferentes, vegetación a punto de estallido primaveral, relectura de textos que hacía un tiempo que no frecuentaba: “Almanach des Gourmands” de Alexandre Balthasar Laurent Grimod de la Reyniere (1758 – 1837), “El Vientre de los Filósofos” de Michel Onfray (1959).

El cuerpo es la única vía de acceso al conocimiento, provoca Grimod. Me molesta lo de “única”, no hay nada en el universo que sea “lo o la única” forma de abordar un problema; hay múltiples maneras de resolver los conflictos y estoy inclinado a decir que podría haber tantas soluciones como individuos somos, si nos dedicáramos a pensar y no sólo a acumular, a comprender y no tan sólo a informarnos, a escuchar y no sólo a oir, si tuviéramos el coraje en colocarnos en la posición del otro. Comparto con Grimod que el conocimiento incluye al cuerpo que habitamos en nuestro juicio; saber escuchar al cuerpo sana; todos sabemos o deberíamos saber lo que es un dolor de pecho y lo que es un infarto y eso es saber escuchar lo que el cuerpo nos está queriendo decir: las madres, de esto, saben mucho de los cuerpos de sus hijos, muchos padres también (dije padres, no engendradores) la diferencia es comparable a la que hay entre un hígado de pollo y un foie gras, entre un bagre y una centolla.

Esto es lo que me inspiró Grimod de la Reyniere, ese bon vivant, esotérico, creador de la crítica gastronómica y emergente de la burguesía ascendente. Ejemplo relelevante de lo gastro. Por parte de la filosofía, fue Ludwig Feurbach (1804 – 1872) aquel que dijo “Somos lo que comemos” que complementará con aquello de “Obedece a los sentidos” y sentencia en sus “Manifiestos Filosóficos” “Donde comienzan los sentidos, se acaban la religión y la filosofía”, comparto lo dicho sobre la religión, no lo que se refiere a la filosofía; sostengo que somos lo que comemos y lo que pensamos y afirmo “No hay gourmand sin dedicación a y goce de la comida y no hay pensador sin filosofía; en síntesis no hay humanidad sin gastrosofía”.

Me dedico ahora a Michel Onfray siguiendo los pasos de Diógenes, Rousseau, Kant, Fourier, Nietzsche, Marinetti, Sartre que es desde cuyos vientres nos hablará este filósofo normando que entre otras cosas tuvo un infarto a los 28 años y parte de su sanación incluyó la escritura de “El Vientre de los filósofos”.

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