CURIOSIDADES DE NATURA

Estoy releyendo “El Deseo de Ser un Volcán”, que es el diario hedonista de Michel Onfray (1959). El último párrafo del Prefacio me trasladó a una mágica experiencia que me ocurrió en Sri Lanka, en ese párrafo, Onfray menciona a la palmera “buri”, también conocida como palmera de Ceilán. Caminaba yo por ese palacio de la naturaleza que es el Jardín Botánico de Kandy, pensando en Macedonio Fernández y en esa idea que él tenía de tirarse de espaldas sobre la tierra y contemplar el cielo y que eso para él era la felicidad y de pronto ante mi una gigantesca corona de flores blancas a una altura de más de 25 metros, ahí desplegada la mayor inflorescencia del mundo, entre 12 y 20.000.000 de minúsculas flores dándome la bienvenida a ese lugar de paz y de gente con una sonrisa envidiable. Ahí estaba la increíble palmera “buri”. Resulta que una vez florecida produce media tonelada de frutos esféricos y después de este esfuerzo sobrepálmico la “buri” queda tan extenuada, que se marchita y poco a poco muere después de haber vivido entre 60 y 80 años para estallar en esta única explosión florida. Contemplaba en silencio la belleza y de pronto una lluvia torrencial de no más de tres minutos me empapó y a los diez siguientes el sol me volvió a secar. Ver florecida a una “buri” es la idea platónica de la belleza, además haber vivido 80 años para ese instante de generosidad gratuita y morirse es el mayor ejemplo de abnegación y desprendimiento que vi. Me dijeron que sus hojas se secan y que las mismas se usan como papel donde se escribe con punzones, las hojas se anillan y se cubren a manera de tapas con maderas, como luego vi en el Museo. Esos sí eran libros de tapa dura. También las hojas se usan para hacer sombrillas o paraguas que en Sri Lanka son ambos necesarios cada 20 minutos, sirven también para techar chozas, hacer esteras, sombreros y abanicos. Pródiga, desinteresada, cumpliendo con el mandato de la naturaleza contemplaba la grandiosidad y la muerte. Me tiré en el pasto como sugería Macedonio, sentí el zumbido de varias abejas y pensé en el zángano que después del apareamiento fallece de inmediato y este hecho me llevó a pensar en el canibalismo sexual de la araña “viuda negra” que luego de recibir los espermatozoides gira y se devora al gestor de sus próximos hijos.

El diario del hedonista de Onfray me llevó al cielo y al infierno en un istante, vida y muerte, sol brutal, y lluvia torrencial: Naturaleza en estado puro.

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