El segundo verso del Himno Nacional Argentino dice tan sólo ¡Libertad, Libertad, Libertad! Solemos escuchar por parte del Presidente de la Nación Argentina, “o sea digamos”, Javier Milei, que su credo es ser un liberal libertario y suele terminar sus expresivos discursos con una suerte de mantra donde dice tres veces “Viva la Libertad Carajo”.
Hubo un poeta, crítico, satirico francés llamado Cyrano de Bergerac (1619 – 1655), inmortalizado por Edmond Rostand (1868 – 1918) en su obra teatral de 1897 titulada precisamente con el nombre del poeta. Estas son las palabras de Cyrano de Bergerac: “¿Hacerse vasallo de un gran señor, mendigar favores, encorvar la espalda hasta hacerse jorobado? ¡No, gracias! ¿Vivir de bajezas y adulaciones? ¿Adular el talento de los necios? ¡No, gracias! Prefiero cantar, soñar, reir, estar solo, ser libre. Quizás no escale a grandes alturas, pero escalo solo”. Creo que esto es ser un libertario: que es algo tan simple como no poner nada por sobre la libertad.
Me causan, por un lado gracia los delirios de los políticos,por el otro, me provocan repugnancia sus mentiras. Echar loas a la libertad, cuando se clavó el ancla en las arenas movedizas del poder, denostar con insultos a la casta, cuando se instala en el sitial que la dirige, injuriar soez y escatológicamente a la prensa, que es el pilar y custodio de los límites al poder, en fin, bastante esperpéntico todo.
Conducir un grupo de estudio, un club social, una excursión a la selva o a la montaña son un desafio que implica preparación, sapiencia, liderazgo, simpatía, seguridad, destreza, un sutil equilibrio entre autoridad y diálogo; es más, conducir un colectivo en la ciudad de Buenos Aires es tarea compleja. Observo que el ex dictador Maduro era hijo de padre colectivero, también esa actividad fue la del padre de la hoy rea Cristina Fernández y vuelvo a observar que Norberto “Beto” Milei “o sea digamos”, el padre del actual Presidente de la Nación Argentina, también ejerció el digno y complejo oficio de colectivero. Tal vez los hijos de esos conductores creyeron que conducir países era lo mismo que conducir colectivos, pues da la impresión que es tarea más compleja: los dos primeros el venezolano y la argentina terminaron presos, es de esperar que el que conduce hoy el rumbo del país no cometa infracciones, y en su euforia no perciba que la luz verde se tornó amarilla y no tardará en ser roja, no sea cosa que cometa una grave infracción y después tenga que clamar, algún día por su libertad.

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