LA NIÑA, EL NIÑO, LOS NIÑOS

Cuando yo era chico y mi hermana chica y nuestros amigos eran los chicos, para la directora del colegio nosotros éramos niño, niña y niños y a todos nos parecía una antigüedad de tía solterona. Me pregunto muchas veces qué habremos hecho para que niña y niño se hayan transformado en unos fenómenos atmosféricos que lo único que causan es inundaciones, sunamis, devastación, hundimientos, muertes humanas y de animales. ¿Cómo pasó una palabra que señalaba, infancia, adquisición de una lengua, primeros conocimientos de lectura y escritura, juegos, risas, inocencia y descubrimientos, a designar algo tan devastador? ¿A qué perverso adulto se le ocurrió semejante aberración?

No hubiera sido acaso más lógico llamar a estos acontecimientos el político, la política, que son los que provocan semejantes hechos. Así a la desmesurada crecida del Paraná, la destrucción de caminos, sembrados, puentes, anegamientos de calles, mortandad de animales, todos diríamos “es el fenómeno de la política, o son las causas del político, que cada cuatro años se renueva”.

El fiósofo Jacques Derrida (1930 – 2004) cuando desarrolla su concepto de “De construcción” a la que define, no como un método, sino como una estrategia, como una “solicitación”, es decir como una manera de hacer temblar a la filosofía. Como una lucha contra el ancestral binarismo platónico de Ideas – Mundo Real, poniendo en jaque la supuesta unidad de sentido y seguridad, que tanto preocupa a las y los políticos (y no me refiero a fenómenos climáticos ahora). Sus ya clásicos ejemplos de “HOSPITALIDAD” donde entran tanto Hospes, es decir huésped, albergue, refugio, cobijo, recepción como Hostis, es decir el que llega, el hostil, el enemigo, el extraño, la sorpresa, el misterio, el fantasma. O aquel otro de “PHARMACON” donde está el remedio, el medicamento, la cura, la salud, pero también la droga, el veneno, la enfermedad y la muerte.

Niña y niño y aun infantiles (recuerden la etimología de infante : carente de lengua) me parecen la señora ex Presidente y actual rea convicta que en una apertura de las sesiones ordinarias del Congreso Nacional utilizó la primera persona del singular más de 400 veces, desconociendo como una niña infantil la existencia del sujeto tácito, yo, yo, yo,yo,yo imperaban en su monserga; o el actual Primer Mandatario, con su estribillo de “o sea, digamos” “que la economía va a subir como pedo de buzo”, “o sea digamos son todos ustedes unos soretes mal cagados”.

Mi colaboración en este invierno sin sol y en esta primavera lluviosa es cambiar el nombre a estos fenómenos Niña, Niño por Política, Político, y no me digan que no estaríamos más próximos, no digo a la verdad, sino a la exactitud.

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