CARA Y CECA

En estos casi cuatro años (se cumplen en octubre) que no viajo al exterior debido a cierta anemia en mis ingresos y a un proyecto que no termina de consolidarse económicamente, cuya responsabilidad asumo. Compenso esa parte fundamental de mi vida que suelo sintetizar en “Viajar es indispensable, vivir no lo es”; explorando varios programas en You Tube que me llevan desde los 25 lugares de la Argentina que desafían a la geografía, a la naturaleza de Nueva Zelanda, a los castillos de Gran Bretaña e Irlanda, a los misterios del Caúcaso, a los caminos más peligrosos del mundo, a las casas construidas en los lugares más increíbles, al impenetrable Darién con sus 300 kilómetros de selvas, pantanos, serpientes venenosas, arañas y ranas de mil colores. Todo una maravilla que compone este minúsculo planeta en un infinito universo donde 8.300.000.000 de personas entre quienes estamos vos que estás leyendo y yo que escribo y ambos somos conscientes de nuestra insignificancia, que intentamos compensar haciendo lo que cada uno hace.

Veo en pantalla muchos de los lugares en los que he vivido o por los que he tenido experiencias inolvidables. No soy hombre de pasado, no tengo nada de melancólico, una de las razones por las que no me gusta el tango, soy de presente y de futuro, soy adicto al “carpe diem” y llevo una mochila que no pesa porque está plena de memoria y vivencias y vacía de postergaciones porque hice siempre lo que quise hacer, a pesar de mis equivocaciones y errores sin preocuparme por la previsión, el seguro de vida y todos esos anclajes que súbitamente una bala perdida, un reguetón de las capas tectónicas que hizo bailar a Venezuela, una erección no lograda de Putin que intenta compensar invadiendo Ucrania, un complejo de inferioridad de Trump que suple llenando de dorado el Salón Oval convencido de que todo lo que brilla es oro, un imperceptible virus que se le escapó al mono que fue mordido por un loro al que un mosquito le clavó el aguijón en su lengua parlanchina, destruyen en unos segundos. Es decir mis materias pendientes son mis proyectos, no guardo ensoñaciones que jamás alcanzan el plano de lo “real”.

Si embargo tengo un viaje suspendido provocado por no sé que ineficiencias de no sé que asunto en la ciudad de Wuhan en la República Popular de China que me canceló en mayo de 2020 el viaje Buenos Aires, Roma, Nápoles, Isla de Malta, San Petersburgo, tren Transiberiano, Moscú, Vladivostok, Japón, Hong Kong, Roma, Buenos Aires.

Después está en carpeta el Golden Eagle desde Almaty en Kazajistán, pasando por Jiva, Bujará y Samarcanda en Uzbekistán, Nukus que es la capital de la República Autónoma de Karakalpakistán donde está el Museo Savitsky conocido como el Louvre del Desiereto. Este ferrocarril recorre los viejos caminos de Alejandro Magno, Marco Polo y Genghis Kan, el camino de la memoria, la recuperación del tiempo perdido.

Claro también está la ceca, ya sabemos, lo de siempre, la pobreza, la ignorancia, el miedo, la superstición, las mezquindades políticas. Lo que acontece desde que inventamos el mundo que tenemos.

En estos cuatro años de falta de kilómetros, hubo millas de lecturas, ya es hora de volver al sistema métrico decimal y que la moneda que está en el aire caiga otra vez en “cara”.

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