Categoría: Ensayos

  • LA INAGOTABLE PALABRA DEL RÍO

    Esa constante narración de los acontecimientos. Esa explicación de los hechos, esa necesidad de analizarlos y no sólo de registrarlos, (porque hay un misterio), algo que no puede ser dicho de la misma manera en que uno dice “está lloviendo” cuando llueve.

    Ahora llueve y estuve antes de esta lluvia; en el amanecer de cielo encapotado; como muchas veces; mirando el río, el mismo, cuya identidad consiste siempre en ser distinto.

    Estoy en un punto casi a mitad camino entre la ciudad y las islas. Entre la voracidad humana de Buenos Aires y el laberinto verde y también voraz del Delta del Paraná. Estoy sentado a la orilla del río (ahora que ha parado de llover) con una bitácora, dibujando el perfil de la urbe (que, debido a la negrura que viene desde el fondo de las islas y avanza hacia ella en lucha con el sol invisible que no consigue abrirse camino) y, la distingue (a la ciudad) hoy, más que otros días: amenazante. La negrura de las nubes exacerba el misterio que traspasa no sólo la ciudad, sino todo.

    Hay ciertos atardeceres de noviembre, donde aún el cielo está azul, cuando se pueden ver reflejos de color naranja en las superficies vidriadas de las oficinas, allá en la ciudad. A veces me imagino dentro de alguna de ellas y me veo entrecerrando los ojos (el sol me pega de lleno) para poder mirar la pantalla con los datos financieros, pues imagino que uno está dentro de esas oficinas encargado de alguna tarea relacionada con negocios bursátiles; el precio de la soja en Chicago, el valor del kilo en el Merecado de Hacienda, de cómo impactarán el Nikkei y el Dow Jones sobre el Merval, a cuánto está el dolar, y todas esas cosas, que estando aquí, a distancia casi equidistante entre el verde de las islas y el gris de la ciudad, imagino que podría estar haciendo en una de esas oficinas. Cada tanto giraría la vista hacia el río y vería tal vez a este mismo velero que estoy viendo, virando hacia uno u otro lado hasta encontrar la brisa que requiere para internarse raudo y vigilante en el misterio, y a medida que el cielo se va oscureciendo y la ciudad va encendiendo sus luces, imagino que por algún motivo de crisis global tendría que quedarme más de la cuenta en la oficina y que en esas horas en que (imagino) suelo bajar a la cochera para subir al auto y dirigirme a esta zona donde ese yo imaginario que está allá tiene su casa, (que bien podría ser la mía) y a esa hora inusual de estar ocupando un lugar que normalmente presumo vacío, y que me infunde una sensación de misterio; como era la de pasar por el colegio en verano y verlo igual pero silencioso y ajeno. Irían entrando las personas de la limpieza y vería a la señora boliviana que mientras pasa la aspiradora y vacía los cestos de papeles en una bolsa de color negro; me cuenta que vive en Virreyes y que el domingo va a ir a una isla y entonces me imagino que la señora boliviana a la que percibo ancha de caderas por el recuerdo que tengo de las mujeres que he visto en innumerables viajes por Bolivia, deambulando por La Paz; o sentadas frente a un. puesto de venta de yuyos, fetos de llama y semillas de guairuru; e imagino que mientras pasa la aspiradora está pensando en su madre y sus dos hijos pequeños que ha dejado con ella y ese yo que está allá (que no soy yo) sino que soy una empleada jerárquica que también tiene hijos y que cuando esa señora de la limpieza le dice lo de sus hijos dejados en Bolivia; esa empleada jerárquica piensa cómo sería que ella (que soy yo imaginándome siendo ella) dejase a dos de sus tres hijos en San Isidro (donde estoy) y ella partiera a Hong Kong.

    ¿Hace cuánto que está aquí Selva ?

    Cuatro años señora.

    Y a la ejecutiva (que soy yo) le correría un frío helado por la columna vertebral. Pero dejo de imaginarme en la oficina, entre otras cosas porque la luz ha cambiado (aunque sigo estando en el avanzado atardecer de noviembre y no en el tormentoso y gélido amanecer de agosto como realmente estoy) y porque he visto como un avión que viene del norte (tal vez Iguazú o Salta) ha dejado una estela y se dirige con sus luces encendidas hacia su aterrizaje en Aeroparque. Me imagino ahora en su interior (yo que estoy aquí en este punto casi equidistante entre la selva y la ciudad) y miro por la ventanilla y veo por primera vez la ciudad de Buenos Aires llegando desde Puerto Iguazú, donde imagino que vivo después de haber nacido en Apóstoles, y que soy un muchacho de 20 años, hijo de un tendero turco que llega por primera vez a la Capital y está nervioso ya que viene a tratar con un mayorista, tarea que le ha confiado su padre; e imagino que ese muchacho se llama Jorge Salim, y que tiene tatuado en un brazo la lengua de los Rolling Stones y un arito con pluma de tucán en una oreja y de paso viene a un recital de rock y a ver a River, y ahora, que ya ve el estadio acaricia los dos tickets que ha comprado como para asegurarse que están en la campera de jean que ha dejado arrugada en el asiento vacío a su lado. Deslumbrado por la anchura del río, ve la ciudad iluminada, e imagino la emoción que siente por su próximo encuentro con los primos que sabe que lo esperan al bajar; en cuyo departamento va a estar alojado; son los hijos de la hermana de su madre: Oscarcito, pero sobre todo Paula, que tanto le había gustado la última vez que se vieron en las Cataratas; se imagina liando un porro con ella en el recital y después en un boliche y luego durmiendo con ella y no en un sofá como aquella vez.

    El avión ya ha aterrizado, el olor a nafta le invade las narinas, las luces del lobby lo marean, en su mente compara al provinciano aeropuerto de Iguazú con éste; para él inmenso, mientras espera en la cinta ver circular su mochila, ata el cordón de sus All Star, en cuyo borde de goma aún quedan resabios de la tierra roja de Misiones.

    Paula está con Oscarcito y los tíos del otro lado del cristal. Después de los abrazos y besos, (más cercano a piquito que a beso fraterno con su prima), le dan ganas de fumar, y como ha venido con el propósito de sacarse las ganas de todo, se enciende un pucho,(y yo aquí me prendo otro), largo el humo que acabo de aspirar y esa masa eterea y azulada me nubla la vista, cierro los ojos para paliar el ardor y al abrirlos caigo súbitamente en la cuenta que la razón por la que me gusta tanto estar mirando New York desde el Brooklyn High Promenade es porque me recuerda a este lugar en donde estoy y que aquel es también equidistante de Wall Street y del centro de Brooklyn y entonces asocio la llegada de Jorge Salim a Buenos Aires con la de Holden Caulfield a New York y me dan ganas (ahora que vuelve a llover) de subirme al auto e irme a casa a escribir, y como vivo con la convicción de hacer todo lo que tenga ganas de hacer, apago el pucho, me subo al auto, dejo a Jorge Salim, a Oscarcito, Paula, los tíos, la ejecutiva y la señora boliviana y vuelvo a ser yo que acabo de sentarme al escritorio y tecleo:

    “¿Habrá el sistema planetario girado siempre en el mismo sentido? Y, me respondo (sin base científica alguna; sino guiado, por algo que a falta de mejor palabra, acepto llamar “intuicióin”) que por más que ello haya venido sucediendo por 300 millones de años, esa casi infinita cifra no es sinónimo de “siempre”. De ser ésta (mi pregunta) una loca fantasía, (a lo que doy una respuesta afirmativa), imagino, entonces, que por un motivo misterioso la tierra comienza a girar en sentido contrario y que después de leves cataclismos que devienen en tsunamis, terremotos, erupciones y tornados violentos; producto de la abrupta frenada del movimiento planetario la tierra comienza lentamente a girar en sentido contrario y de pronto estoy recién sentándome al escritorioi frente al ordenador, acabo de entrar en mi casa, estacioné el auto, me voy de la orilla del río, apagué el cigarrillo, encenddió el cigarrillo, le dio un pico a Paula, se ató el cordón de las All Star; en el Teatro The Globe un tal Shakespeare acaba de estrenar una obra que no fue bien recibida por el público bajo el título de “Hamlet”; la lava del Vesubio ascendió por la ladera y el muchacho virgen que intentaba dejar de serlo con su amada Cornelia dejó de sentir ese calor abrazador que le quemaba la planta de los pies y parecía darle a su cuerpo la consistencia de una piedra y siguió sin dificultad acabando con con su deseo; Alejandro, después de escuchar a Aristóteles, decide que si todo el mundo quiere venir a Grecia, él invadirá el Oriente y hará del mundo una Grecia Universal. El faraón Menkaura (Micerino), satisfecho, contempla al fin la terminación de la pirámide que lo albergará”.

    Llegado a este punto vuelvo al río, ahora en un helado anochecer de agosto. Ha dejado de llover, pero toda la vegetación se está aún escurriendo, los sauces sacuden su melena y me mojan; los juncos se agitan al compás del ritmo que las cansadas olas les imponen después de un día inestable. Hay una brillante luna pintada en un cielo negro; pasa un avión que ha despegado de Aeroparque, se ven las luces encendidas en el interior donde imagino que alguien que se ha quitado los zapatos, abre el libro “Fortuna” de Hernán Díaz, lee “Llevo más de una década presenciando una lamentable decadencia no sólo de la vida financiera de nuestro país, sino también del espíritu de su gente. Donde antes habitaban la perseverancia y el ingenio, ahora deambulan la apatía y la desesperación. Donde antes reinaba la autosuficiencia, ahora usurpa su lugar un sometimiento mendicante. El trabajador ha quedado reducido a la condición de pordiosero. Un círculo vicioso se ha adueñado de nuestros hombres físicamente capaces: cada vez dependen más del gobierno para mitigar la miseria que crea ese mismo gobierno, sin darse cuenta que esa dependencia sólo perpetúa lo lamentable de su situación”

    Pienso que hace 30 años en Manchester, Sarandí o Nimes la diferencia salarial entre un ejecutivo y un oficial o capataz de una misma empresa era de 14 sueldos, hoy esa diferencia es 60 ó 70 veces superior; aquel salario del operario era bajo, pero le permitía vivir con dignidad, y hasta hacer un mínimo ahorro; hoy ello es imposible y ese operario, está tentado a robar y dadas las circunstancias a vender droga para sostener a su familia al borde del precipicio, como me encuentro yo, sabiendo que nunca nadie leerá un libro escrito por mí.

  • VERBA VOLANT, SCRIPTA MANENT

    Imaginemos las suaves ondulaciones de las sierras de Éfesos que se zambullen sin estrépito en el Egeo, imaginemos que es invierno y que en la humilde choza, que desde la orilla se parece a un lugar destinado más a los dioses que al hombre que la habita en soledad,está el fuego encendido donde en un caldero que cuelga de un gancho, bulle una sopa de cordero y aromáticas hierbas salvajes que están por alimentar a Heráclito que no sabe que en 2500 años, lo que deje escrito ese día, será citado en otros escritos que se llamarán tesis doctorales en ámbitos de estudios serios en ciudades que llevan inimaginables nombres como Oxford, Buenos Aires, Lovaina.

    Imaginemos que Heráclito se ha servido en un cuenco de arcilla la sopa; que humeante; comparte la mesa de trabajo con unas delgadas tablillas de buena madera y con varios estilos (punzones)con los que dejará escrito de la manera mas sencilla posible ese concepto que el llamará “dialegestai” y que implica algo así como que en la parte está el todo que a su vez es nada y que en ese ir y venir de opuestos se encuentra la clave de lo que es el fundamento de lo que nos acontece, pero quiere hacerlo de una manera clara para que la puedan entender los pastores de cabras, así como le entendieron el concepto de “relatividad” cuando les demostró que el sol tiene el tamaño del dedo gordo de un pie humano cuando uno cierra un ojo y eleva el pie hacia el sol y entonces graba en la tablilla, después de meditar un buen rato:

    “El arco (byos), tiene nombre de vida pero efecto de muerte”, concepto que le permitirá con el tiempo a Prótagoras, complejizarlo un tanto, al sostener: “El hombre es la medida de todas las cosas”.

    Imaginemos ahora que han pasado varios siglos y vemos llegar a Atenas, con gesto de cansancio, no sólo por el viaje, a un hombre que porta un nombre de tinte aristocrático, como corresponde a quien será preceptor del emperador Alejandro de Macedonia. Estoy diciendo Aristóteles, quien en un momento de zozobra espiritual desenrrolla un pergamino y escribe con un filo estilete embebido en la nueva tinta recién llegada de Egipto, que contiene una resina que fija mejor las letras que el típico hollin de las tintas locales. Con cierta molestia, no exenta de dolor escribe: “Pero queridos amigos, ¿es que en verdad hay amigos?”

    Pues sigamos caminando en el tiempo, digamos que hemos llegado a Ravena en el momento en que el poeta Dante (1265 – 1321) inmóvil, se deja retratar por Giotto; inmovilidad aparente ya que su mente inquieta no puede parar de pensar en la oración con que quiere iniciar el Infierno de su Comedia y en la enmarañada selva oscura lo acechan león, leopardo y loba y no puede, no sabe, lo intenta, retrocede, se enfada y entonces estornuda y es Virgilio quien lo guía y Dante hace a un lado al Giotto y escribe en un delicado papiro oriental provisto por un comerciante florentino, mojando su pluma en una burda tinta oscura de extraño nombre ‘atramentum’ algo así como “frente a la puerta con la terrible inscripción “¡Perded toda esperanza los que entrais!”, vuelve a estornudar, se sienta y le dice al Giotto ” Avanti maestro.

    Prosigamos, acabamos de dejar los blancos acantilados de Dover después de una tranquila travesía desde Calais, y luego en un chirriante carruaje hemos llegado a Londres, es 1595 y vemos que un tal William Shakespeare apura sus pasos por la Strand porque no quiere que se le escapen los versos que acaba de soñar y que serán con el tiempo uno de sus sonetos que recitarán millones de individuos en todas las lenguas y con desesperación embebe la pluma de ganso en una pringosa tinta que le manchará su ropa y el texto y apunta, veloz:

    “Cuando cuarenta inviernos pongan sitio a tu frente

    y excaven hondos surcos en tu bella pradera

    tu estampa vanidosa, admirada al presente

    será una vestimenta andrajosa y grosera…

    y de pronto una nube traidora que acecha constantemente al poeta, como la muerte a todos, le impide seguir escribiendo porque a ensayar lo llaman, pues la reina Isabel se aburre y la Corte le exige al cortesano Shakespeare, como al caballerizo, o al valet estar no donde quieren sino donde deben.

    Pues dejemos a Shakespeare entretener a su Majestad y volvamos al continente, a andar los polvorientos caminos hispanos y entremos en una sórdida, oscura, ruinosa celda donde paga con la prisión,el no haber pagado en tiempo y forma sus deudas un huesudo y fino hidalgo a quien vemos hundir en el tintero que ha pedido su improvisada pluma de gallina batarasa para que la humanidad lo escuche y anota para la eternidad estas palabras “En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme…” que darán origen a las andanzas en busca de algo que le de sentido a su aburrida vida carcelaria que poblará de aventuras en compañia de su fiel servidor, porque hidalgo sin siervo y caballero sin caballo son lo mismo que esperanza sin tiempo por delante o cóndor sin los Andes donde anidar.

    Y pasó entonces el tiempo infatigable y de pronto lo manual se hizo mecánico con la invención de la imprenta que llenó de letras el mundo y la gente se puso a leer y quien lee no puede no escribir y lo hizo en máquinas, obviamente de escribir que evolucionaron a la máquina electrónica que un buen día se hizo computadora y permitió que hoy mientras viajaba en el tren dejara grabado en el celular, lo que ahora estoy volcando en la pantalla y entonces parodiando a Beaudelaire agradezco a Dios por no haberme hecho vivir en Éfesos en el 600 AC, ni en Atenas en el 300 AC, ni en los Estados Pointificios del siglo XII, ni en la Inglaterra ni la España del siglo XVI y me pone muy contento gozar de este hecho de tan sólo tener que acariciar el teclado suavemente y con limpieza y velozmente mis ideas quedan dibujadas en una pantalla que reproduce lo que intento decir y que cuando me equivoco con tan sólo volver a teclear transformo esta intrometida mayúscula acentuada (É) en la deseada (é) que erróneamente había eludido; o este error de escribir hepigrafía en vez del correcto epigrafía, o corregir el equivocado (¨) por el necesitado (´).

    Lo que si envidio a los que me precedieron es la sencillez con que podían explicar que las ideas aparecían plasmadas en una superficie por el hecho de haber tan solo dibujado las letras correctas; yo, en cambio, y muy a mi pesar no sé explicar el proceso por el cual la presión sobre una tecla da la “A” y pone la “Z”, ni por qué ante mi ansiedad alguien me dice seriamente “pará un poco que la máquina está pensando” y “si seguis siendo ignorante y queres saciar tu curiosidad no dudes y preguntale al Chat GPT por qué ocurren las cosas”. Y es aquí cuando me pregunto si cuando un griego le consultaba al oráculo de Delfos cuál sería el resultado de la batalla, o un florentino del siglo XII arrodillado frente a un altar hacía promesas si tal gracia le fuera concedida, o un inglés del XVI sintetizaba el balance entre dicha y pesares en “The question is to be or not to be”, o un español enloquecido arremetía convencido que la rueda del molino que giraba sin parar era fiero enemigo a derrotar.

    La pregunta que me hago es bien sencilla ¿avanzamos o tan sólo modificamos algunos elementos técnicos con los cuales queremos dejar por escrito para que a la idea no se la lleve el viento, la sempiterna y nunca respondida pregunta: What the hell are we all doing here?

  • TRES OMBÚES, LOS OMBÚES, LOS VEINTICINCO OMBÚES, UN OMBÚ

    Estoy volviendo de mirar el río. Veo el borde de la cornisa de la galería de la Quinta Los Ombúes que perteneciera a Mariquita Sánchez bde Thompson y Mandeville. La cornisa se ve manchada; su habitual blancura parece haber sido intervenida por Jackson Pollock, como si estuviera ploteada con lunares, son, sin embargo, las hojas de las tipas del jardín que han quedado adheridas al edificio después de la tormenta de ayer. Pasa una embarazada. ‘Esa mujer abriga una esperanza (inútil)’, es lo que siempre me surge. El día frío de otoño, de cielo celeste, me transporta a otro, casi idéntico en 1978, el primer día que salía de mi casa en el 78 de Onslow Gardens, en el Royal Borough of Chelsea and South Kensington. Ese día al abrir la puerta para recorrer el barrio donde viviría dos años había pensado que las primeras palabras que escuchara marcarían mi estancia en mi nuevo ámbito. Algo similar a lo que pasa por la cabeza de Simon, el personaje del cuento “Kew Gardens” de Virginia Woolf, que recordaba, mientras paseaba por el parque con su esposa Eleanor y los hijos, que 15 años antes, cuando se le declaró a Lily y esperaba su respuesta, había pensado, mirando la hebilla plateada de su zapato donde parecía estar concentrada toda Lily, que si el aguacil que revoloteaba sobre ella se posaba sobre la hoja; esa hoja ancha con la flor roja en el medio, la respuesta de Lily a su amor, a su deseo sería sí; pero el aguacil nunca se posó en ninguna hoja y se perdió en la tarde soleada del parque.

    “I could have been you”, le dijo el hombre a su mujer embarazada, mientras pasaban abrazados y yo trasponía hacia la calle los escalones de marmol de mi casa en Onslow Gardens. Aquella mañana era igual a esta de hoy en San Isidro.

    Asociación de ideas, monólogo interior, tren de pensamiento, John Locke. Sigo caminando hacia la Catedral, paso por el Hito de la Argentinidad número 2 en la Plaza Mitre que hace referencia a las invasiones inglesas, a Liniers, a Pueyrredón, cuya casa está a pocas cuadras, en Rivera Indarte y Roque Saénz Peña. Aquí en Los Ombúes se conservan cartas de Mariquita a Manuela Rosas. San Martín conversó con Pueyrredón en su quinta Bosque Alegre. Aquí a la vuelta residió Luis Vernet, primer gobernador de Malvinas. ¡Qué pequeña es nuestra historia que cabe en pocas manzanas de un suburbio del puerto!

    Paseo de los Tres Ombúes, Quinta Los Ombúes, hablemos del ombú. Leo el ensayo de Gilles Deleuze y Claire Parnet, bajo el título “Diálogos”. En él se compara la literatura francesa con la anglo norteamericana. Se le atribuye a esta última, superioridad sobre la primera. Lo francés sería un árbol, con sus raíces, arborescencia. Lo anglo, una hierba; más simple, más elemental. Es algo parecido a lo que sucedió en los tiempos que ambas sociedades eran monarquías: “…los reyes de Francia se oponen a los de Inglaterra; los primeros con su política de la tierra, de herencias, de matrimonios, de procesos, de astucias y de trampas; los segundos con su movimiento de desterritorialización, sus errancias y sus repudios, sus traiciones meteóricas. Los ingleses desencadenan con ellos el flujo del capitalismo, los franceses inventan el aparato de poder burgués capaz de bloquearlos, de contabilizarlos”. En suma lo francés es rígido, alambicado, burocrático. Lo inglés es estricto, flexible, pragmático. Leía estas páginas y mimetizado con la botánica dije “y nosotros somos ombú”.

    El ombú (Phytolacca dioica) es una hierba gigantesca con apariencia de árbol robusto, que a simple vista podría confundirse con un roble, su tronco arrugado y sus ramas abiertas, como brazos de amigos son quebradizos, inútiles para hacer fuego o para construir con solidez. Su fruto es no comestible, y de noche sus hojas dejan caer unas gotas que pueden provocar irritaciones en la piel. El ombú, que en lengua guaraní (umbu) significa sombra, parece ser lo que no es.

    Volvamos a las letras. William Henry Hudson, nace en 1841 en Los Veinticinco Ombúes. Escribe un cuento titulado “El Ombú”. Ezequiel Martínez Estrada, escribe un poema que lleva por título “El Ombú”, que dice:

    La soledad te ha hecho

    Luchador por el tronco

    Por las ramas artista

    Por la raíz filósofo

    El árbol más potente

    Es el que está más solo.

    Don Roberto Cunningham Graham, recoge un refrán popular del campo argentino: “Nunca prosperará la casa sobre cuyo techo caiga la sombra del ombú”, lo dice en “La Pampa”, uno de sus espléndidos relatos criollos.

  • VOLUNTARIA INTERRUPCIÓN

    Es Londres, es enero, es 2019, acabo de salir de la librería Foyles con varios libros: Philip Larkin, “Poems”; “Poems for a world gone to Sh*t” (selección de Editorial Quercus); “The Traveller’s Guide to Classical Philosophy” de John Gaskin; “Maps of Meaning” de Jordan B. Peterson; “To Room Nineteen” de Doris Lessing; “Descartes’ Error” de Antonio Damaso y “Notes on Suicide” de Simon Critchley. Este último lo compré porque me atrajeron, el título, saber que contenía el ensayo de David Hume sobre el suicidio, la edición de Fitzcarraldo que me gustó por su elegancia, sencilla, austera, espléndida y porque al hojearlo y ojearlo encontré en la portada aquel contundente poema Proteico, que reproduce el epitafio que años atrás había leído en una lápida del cementerio de Cunwallon en Cornwall, muy cerca de Helstone, que es un inapelable palíndrome que expresa

    SHALL WE ALL DIE?

    WE SHALL DIE ALL

    ALL SHALL DIE WE

    DIE ALL WE SHALL

    Aquí estaba, otra vez en Inglaterra, que en un tiempo fue mi deseo, mi futuro y hoy forma parte de mi trayectoria, de mi ADN viajero y que me llevó de inmediato al Castillo de Leeds en Maidstone, Kent cuando fui al concierto de Tchaicovsky, en 1978, con la psicolingüista polaca, con quien habíamos jugado con ese palíndrome. Tuve la misma sensación que había tenido con las huellas de los jabalíes en el bosque de Orlen en 2016, huellas primeras de aquel circuito jabalístico que terminaba en España, pero que yo encontraba en Saussine en 1980 y que me remontó a aquel sencillo y mágico texto de Borges, “El Cautivo” de 1970, donde se relata el encuentro entre pasado y presente, confundidos en el vértigo de recuperar el cuchillito de mango de asta que cuando niño y de ojos celestes, había dejado escondido en la ennegrecida campana de la cocina antes de ser raptado por un malón, que lo transformó por un azaroso vericueto del destino en el indio pampa que era ahora. Bien ese vértigo que filosóficamente está en Bradley, estaba en el palíndrome, y en las huellas de los jabalíes que a mí me lo enrostraba esta visita a Foyles.

    Leo de varias manera. Al inicio es como un precalentamiento antes de la práctica de cualquier deporte: índice, prólogo, epílogo, salteado; guardo el libro y como soy ansioso, voraz, desesperado por saber, por viajar y por otras cosas, más bien del orden universal que del privado y que siendo tan universales pasan a ser del orden privado, hago lo mismo con todos los otros libros recién comprados. Después leo el libro, los libros, cuando sé que es el momento. En esa lectura inicial de “zarpado” -no hay mejor palabra que ésta pára expresar esa primera invasión al libro que luego leeré en paz-, en el escritorio y subrayando y escribiendo en los márgenes. Del libro de Simon Critchley destaco la observación que hace, de carecer de la constitución para el suicidio. Me gustó la semejanza entre el acto de escribir y el de morir, en el sentido que uno se sustrae de todo y se pone a teclear.

    Me incitó a pensar en los escritores y artistas suicidados, una lista incompleta comienza tal vez por Empédocles que se arrojó al volcán Etna, dejando su gastada sandalia como prueba de su salto mortal (hay un poemna de Hólderlin, al respecto y una de las historias de “Vidas Imaginarias”de Marcel Schwob también trata el tema). Sócrates, para quien era menos doloroso dejar la vida que estar exiliado de la polis. Van Gogh que con su pincel golpeando la tela, anticipaba quizás ese golpe mortal que le arrebató una oreja y luego, de un tiro, el corazón, y la vida. David Foster Wallace, que a los 46 años se ahorca; Edouard Levé que al terminar su libro “Suicidio”, bueno lo hace. Mishima con su haraquiri ceremonial; Virginia Woolf en las heladas aguas del Ouse; Sylvia Plath con el gas del horno casero después de dejar preparado el desayuno para sus hijos; Walter Benjamin al confundir al guarda del tren con un oficial de la Gestapo; Sandor Marai porque a los 89 años decidió que ya era suficiente con esta opereta de mal gusto, peor escenografía y final espoileado; Jack london, encontrado muerto en su rancho de Glen Ellen, Sonoma Valley; Georg Trakl, por sobredosis de cocaína y tal vez por incesto con su hermana; lo que mortificó a Ludwig Wittgenstein porque llegó tan sólo unas pocas horas después de la muerte el 3 de noviembre de 1914; Hemingway con su escopeta de caza, tal vez porque sabía que ese tiro sería el último en dar en el blanco antes que su EGO suicidara a su YO; John Kennedy Toole porque no podía publicar su novela que una vez suicidado fue un éxito editorial; Alfonsina Storni, en el mar de Mar del Plata porque esa tarde divina de octubre quería ser alta soberbia perfecta como una romana para concordar con las altas cumbres y las rocas muertas que ciñen la orilla lejana del mar, y se sentía fea; Leopoldo Lugones por contradicciones y por la persecución del jefe de policía, a la sazón su hijo; Primo Levy, Jerzy Kozinski, Alejandra Pizarnik porque la vida es lo que fue para ellos; Arthur Koetzler y su mujer; Stephen Zweig con la suya, tal vez para eternizar el amor; dos hijos de Thomas Mann, quizás por haber tenido de padre a Thomasd Mann; dos hijas de Karkl Marx, tal vez por lo mismo; tres hermanos de Wittgenstein quizás por Austria, por exceso de dinero, por un padre estilo Herr Kafka; Judas Iscariote por lo que nos cuenta Mateo evangelista; Jesús ¿no fue acaso un suicidio?; los 963 judíos en el año 73 en Masada que en vez de rendirse ante Roma sitiadora de Jerusalén deciden terminar con sus vidas; imitados luego por los más de 1000 comechingones en Ongamira, Córdoba que se arrojaron al vacío en vez de rendirse en 1574 ante Blas de Rosales, encomendero español; las docenas que saltaron desde las Torres Gemelas al pavimento de New York City el día que comenzó el siglo XXI, porque era el fuego o el vacío o tal vez todos ellos se suicidaron porque nunca, nunca, NUNCA se suicidan los Hitler, los Stalin, los Franco, los Somoza, los Maduro, los Ortega, los Pinochet. Se suicidan los que sienten, los que piensan, los que escriben, no se suicidan los que matan, o muy pocos porque Nerón que obligó a Séneca, que obligó a Lucano, que conminó a Petronio a suicidarse, al poco tiempo se suicidó vaya uno a saber por qué, como nos cuenta David Markson en “La Soledad del Lector”, o tal vez algunos se suicidan porque todos nos hacemos la misma pregunta: What the hell are we doing here? Y esa pregunta latente pero oculta por funciones que hay que cumplir, matrimonios y paternidades que hay que honrar, obligaciones a ser ejecutadas, casas que hay que construir, obras que hay que publicar, guerras que hay que ganar, aviones que hay que aterrizar, un día, cualquier día porque sopló un viento fuerte y descorrió el telón y dejó ahí a la vista lo que estuvo enmascarado por años, rutinas y mentiras porque no pudimos decir “te amo” o “mamá” o “basta” o “andate a la remilputamadrequeterrecontramilparió”, les (nos) (me) hizo ver la estepa helada, vacía e infinita en la que hasta entonces habitaban (mos) (a) y…

  • LOCUTOR INTERIOR

    No todos escribimos, pero todos tenemos un “locutor interior”, como llama Marcelo Cohen, a esa voz que nos constituye más que las palabras y las acciones con las cuales nos presentamos y por las que los demás nos juzgan, nos aman nos desprecian, nos llaman o nos ignoran.

    Como en general no hay coincidencia plena entre lo que decimos y lo que callamos, entre lo que sentimos y lo quie expresamos, entre lo que pensamos y lo que argumentamos, no podemos ser más que personas: máscaras.

    ¿Qué va pensando la gente en los aviones, en los trenes, colectivos, cuando va manejando solo por un camino patagónico? ¿Qué piensa un niño de nuestro comportamiento?

    Se acaba de cortar la luz. También se cortaba en 1956, es decir siempre se ha cortado la luz, entonces he decidido que vivo en un tiempo donde es imposible que se corte la luz, he decidido que al salir en bicicleta, la calle ya no está empedrada, es ahora de tierra, el cruce de Libertador, es en cambio, atravesar un arroyo, mi bici es un caballo, mis Nike son botas, mi campera Gap acolchada es un abrigo de piel de oso, mi gorro de lana es un sombrero de fieltro, mis Levis una suerte de amplia bombacha de lana rústica y cuero. Desde la calle Rivera Indarte y Roque Saénz Peña ya se divisa el mar, es junio de 1421, por momentos es Francia y lo que veo es sólo el mar. Por momentos es Irlanda y estoy rodeado por mar; me doy cuenta que aún no se ha descubierto América, entonces desmonto, estoy caminando descalzo, soy un guaraní que certeramente acaba de cazar una liebre. Me toca bocina un amigo desde su Land Rover, bajo de la bici, charlamos, vuelvo a montar, es nuevamente la Edad Media, 1521, voy cabalgando senderos de España, huelo Mediterráneo, veo que zarpan carabelas, ya que el Tratado de Tordesillas del 4 de junio de 1494, ha calmado las tensiones entre los Reyes Católicos y Juan II de Portugal, está saliendo Macri de su casa de José C Paz, los custodios me distraen de mi ensoñación, bajo por la culebra de Vicente López, ya voy en un carruaje, he decidido que es 1621 y cambié de geografía, soy ahora Francisco de Borja y Aragón, décimo segundo Virrey del Perú y acabo de firmar una sentencia de muerte y me estoy yendo a casa de una de mis queridas, apuro la pedaleada porque mi I Phone me ha dicho que el sol sale 7.56 y quiero estar a esa hora en el muelle de Pacheco para darle la bienvenida. Estoy ahora en la senda costera pasando la calle Perú, ya es 1721 es Rosslyn Chapel, soy Sir James Sinclair, quiero instalar vidrieras en la capilla, estoy dando instrucciones a los operarios, es el momento en que Anselmo detiene el carruaje, es 1821, soy Juan Martín de Puyrredón, he llegado desde Buenos Aires a descansar unos dias en mi chacra Bosque Alegre. Entro por fin a caminar el muelle de Pacheco, sale el sol huevo frito, cuyo reflejo en las ventanas de las casas bajas del puerto de Buenos Aires parecen saludar a los inmigrantes que arriban en el Massilia en 1921. Puerto Madero parece teñido de naranja ¿cómo quedará la economía argentina, cuando este virus termine? Pienso en mi economía; se sabe, es un principio básico que el Patrimonio es el Pasado, el Consumo es el Presente y el Ahorro es el Futuro. Fiel al “carpe diem” vivo en un eterno presente, es mi costado inmaduro, hasta infantil de mi personalidad, en este aspecto soy muy argentino, demasiado. ¿De dónde nos viene? ¿De dónde nos viene ser una democracia autoritaria? Batista, Somoza, Stroessner, Perón, Pinochet, Castro, Chávez, Maduro, Ortega, Buquele, Correa, Kirchner, la senda histórica de América Latina, nos viene, no tengo dudas de la única potencia imperial que nos ha dominado y limado el cerebro, de la que se regocija con y bendice a la pobreza, la que despóticamente impuso la verdad, la suya, la del poder, el Imperio de la Iglesia Universal, la Católica. ¿Es que alguno cree que la institución más antigua de Europa hace algo porque si? Acaso la gran usina de las teorías conspirativas desde siempre, eligió un Papa, jesuita, argentino y peronista porque tiene voz de corderito y mirada de gavilán mixto, porque es devoto de los humildes y porque viene del fin del mundo? El poder no se maneja así “Autoritas non veritas facit legem” ha dicho Benedicto XVI.

    Julia Domna (170-217) casada con el Emperador Severo, gran conversadora al punto que pasaba gran parte de la jornada con los sofistas, al quedar viuda, cayó prendada de su hijastro (aunque todos decían que era su hijo Antonino Caracalla). Un día de intenso calor y perentorias necesidades de sexo, Julia , que era muy bella aparece decididamente semi desnuda en los aposentos de Antonino, quien exclama: -“Querría si fuera lícito” a lo que Julia respondió -“Si te gusta, es lícito; ¿acaso no eres el Emperador que promulgas las leyes, no que las acatas?”

    Vuelvo a 2021, ha vuelto la luz.

  • LA CALESITA

    Es Buenos Aires, es digamos 1835, digamos también que ha llovido intensamente, y que las aguas del Río de la Plata han entrado en la ciudad debido a la sudestada. Todo es un barreal, todo está como pegoteado. Las paredes blancas del barrio del Alto quedan maculadas por gotones marrones, una suerte de tela de Jackson Pollock pero de lodo y mierda pintada por carruajes y cabalgaduras. Barro mezclado con sangre en las cercanías del Matadero de la Convalescencia.

    Digamos que es Cuaresma y que “la iglesia ha ordenado vigilia y abstinencia”, ¿por qué?, porque “la iglesia tiene por delegación directa de Dios, el imperio material sobre conciencias y estómagos, que en manera alguna pertenecen al individuo”. Digamos que “las campanas, comienzan a tocar rogativas, por orden del muy católico Restaurador”. Digamos ahora que es una mañana de mayo de 1993, y que me paseo por pasillos atestados de libros que Ricardo Rodriguez con dedicación ejemplar desempolva todos los días, mientras su mujer Etelvina Furt le alcanza unos mates. Estoy en “Los Talas”, entre Luján y Navarro, estancia que fue de Mariano Biaus desde 1824 y que es parte de la primera merced otorgada a Juan de Vergara en 1635 por el Gobernador Pedro Esteban Dávila y donde Esteban Echeverría, esbozó las líneas entrecomilladas, que con el tiempo puliría para escribir “El Matadero” en su exilio en Montevideo en 1840, pero que recién se publicaría en 1871, 20 años después de su muerte por Juan María Gutierrez.

    Echeverría, perseguido por Rosas, se guarece en Los Talas, donde escribe “La insurrección del Sur”, parte de “La Cautiva “y se cree que la “Apología del Matambre”. La dictadura de Rosas, expropia Los Talas y queda bajo administración del estado entre octubre de 1840 y mayo de 1850.

    “Los abastecedores, buenos federales y por lo tanto buenos católicos”. “La casilla donde se ubica el recaudador de impuestos y se asienta el juez del matadero, personaje importante, caudillo de los carniceros y que ejerce la suma del poder en aquella pequeña república por delegación del Restaurador”. “Viva el Restaurador y la heroica Doña Encarnación Ezcurra, patrona muy querida de los carniceros”, escribirá Echeverría y describirá el degüello de un niño con un lazo, una pelea por menudencias, la vejación de un unitario”.

    Dirá David Viñas que la literatura argentina comienza con Rosas y con una violación. Una mazorca anal, o estará más próximo al encuentro de las palabras y las cosas, decir “le metieron un choclo por el culo”; al menos esa fue la intención pero el pobre sujeto reventó antes debido a los apremios ilegales a los que fuera sometido. La violación de derechos no tuvo límites.

    Rosas , el padre fundante gobernó con mano de hierro, con la suma del poder público, como condición para aceptar el cargo de Gobernador. La aprobación de la Legislatura y la permisibilidad de “el pueblo de Buenos Aires (que) atesora una docilidad singular para someterse a toda especie de mandamiento”, nos recuerda Echeverría.

    Errar entre libros (he leído algunos miles), errar por el mundo (he visitado hasta ahora 68 países). El viajero, el gitano, el nómade, el que quiere ver desde la cima el curso del río, pero que bajando al valle quiere trepar a lo más alto de la montaña. No pertenecer a ningún lugar o querer estar en todas partes. Desterritorializarse. El judío errante, el lector insaciable; no tener nada para ser todo; algo de eso hay en el que vaga. ¿Irresponsabilidad? ¿Eternización de la adolescencia? Me han hecho estas observaciones; las escucho atentamente, pero hay algo que repiquetea en mi cerebro, son las palabras de Aristóteles en La Política:”El hombre es un animal social, el que vive solo es una bestia, o un sabio” Tal vez sea una bestia como el visón, el jaguar, la marta, el hurón, Pascal Quignard. Creo, sin embargo que hay algo más profundo en esta errancia que tiene que ver con una respuesta a mi eterna pregunta ¿Qué estoy haciendo aquí? pero ya más enfocado a lo cultural nacional y no a lo filosófico: ¿Qué significa ser argentino? ¿Qué significa ser miembro de una sociedad que intentó crecer como liberal, habiendo copiado nuestra Constitución de la Constitución de los Estados Unidos, de corte liberal y protestante después de interminables guerras civiles y una dictadura de 22 años de un monarca absoluto y despiadado que representó al absolutismo como en los mejores tiempos del mismo, cuando el monarca era el representante terrenal de una jerarquía celestial.

    El cónsul inglés en Buenos Aires, Woodbine Parish dice de Rosas, que no hay monarca en Europa que tenga semejante poder soibre vida y propiedades de sus ciudadanos. Nos recuerda Shumway que Nicolás Anchorena, el poder detrás del trono, sostenía que había que volver a la instauración del Pontífice Católico, como un rey universal. Bien eso fue Rosas a nivel local y gobernó con la suma del poder público durante los años fundantes del país. Tan así fue que ese absolutismo marcó a fuego a sus sucesores, para quienes parlamentar ha sido siempre sinónimo de debilidad. Su vencedor en Caseros, fue descripto por Borges “Llegó a Palermo con galera y poncho colorado, Urquiza, el otro Rosas”. Alberdi describe a Mitre como a un Rosas con Frac. La calesita como metáfora de la historia del país, del mío, del tuyo, del nuestro.

    Es agosto de 2019, 31 de agosto, acabo de dejar a un matrimonio de norteamericanos en un hotel de Recoleta. Pasamos el día en un campo en San Antonio de Areco. Acaban de suceder unas elecciones, llamadas Paso, que han dejado en una suerte de limbo al gobierno que las perdió ampliamente y al potencial futuro Presidente del principal partido opositor “Frente por todos”, que es básicamente la unidad del partido peronista.

    Tomo el tren en Retiro.

    El público del tren del sábado al atardecer, no es el mismo al de cualquier día hábil en ese horario. El del sábado a la tarde es un conjunto heterogéneo de gente que viene de trabajos informales (changas) o free lance, como es mi caso, estudiantes universitarios, parejas de jubilados que vienen de alguna recreación dde la tercera edad, guardias de seguridad que vuelven a sus casas y otros que van a ocupar sus lugares, parejas de jóvenes de clase media baja, algún venezolano exiliado que trata de hacerse de algún peso tocando la guitarra, gente mayor, muchos solos. Sube en Nuñez una pareja y sus dos hijas, estimo de 2 y de 4 años. La más pequeña va dormida en un cochecito, la otra mira los dibujos de un libro que le alcanzó su padre. Bellos, muy sonrientes, se los nota muy bien, con ropas gastadas, y en el caso del padre , andrajosa. Ambos chequean sus celulares y, ella comenta un mensaje recién recibido que les provoca una carcajada. Se los ve muy pobres, me da la impresión que habitan una villa o barrio carenciado de Virreyes. Son exponentes de un conglomerado suburbano que subsiste desde hace años como puede, son parte de los que han votado al candidato de la oposición ganadora que, curiosamente también fue votada por gente de clase media alta de Palermo y Recoleta. Con todo esto en mi cabeza, llego a casa y voy a mi bitácora del año 2017 que registra mi viaje a Marruecos, algo de ese bello, aparentemente feliz grupo familiar me remonta a una imagen en la Kasbah de Imlil al pie de las montañas Atlas a unos 1800 metros de altura, al inicio del desierto a unos 100kilómetros de Marrakesh, donde me alojé unos días. Anoté entonces:”Es Imlil, es Marruecos, es marzo 2017; desde la ventana de mi cuarto veo a un grupo de mujeres, rodeadas de niños que juegan y gritan. Las mujeres acaban de venir del río donde han lavado la ropa, la tienden, sale humo por la chimenea de la casa pobre en la que viven. Al atardecer las mujeres recogen la ropa que se ha secado, llegan los hombres, son pastores. Se hace silencio, la luna resalta el perfil de la casa con la chimenea humeante. Años haciendo lo mismo. La vida campesina de los súbditos de un monarca que cuando viaja por el mundo es recibido por reyes, presidentes y primeros ministros. Planos, visiones, concepciones dispares de la vida: pastores, niños, reyes, turistas”. Tengo anotado en la bitácora un pensamiento de Virginia Woolf, “Estoy sola en un mundo hostil. El rostro humano es atroz”.

    El rostro de aquellos pastores, los rostros de la familia del tren, no tenían nada de atroz, eran rostros bellos, es gente que no trasunta angustia. Sin embargo lo de la atrocidad del rostro humano me queda grabado en algun lugar de mi cerebro. Cuando pienso en los 73 millones de seres humanos que se tragaron las dos guerras mundiales, para tan sólo citar dos eventos entre los miles que documenta la historia, las palabras de Virginia Woolf cobran contundencia.

    Es curioso, ya que mencioné las elecciones en el país, que ayer estaban en las columnas de los diarios: los rostros de los políticos, las palabras de los mismos son atroces, plenas de huecas promesas para lois pastores de Imlil, para la familia del tren.

  • MONEDITAS

    Es 1998, estoy en La Habana; es 1999, estoy en New York; es 1980, estoy en cualquier ciudad de la India. El común denominador de las tres caminatas, es el dinero, la omnipresente plata y como si fueran las dos carátulas, la pobreza y la riqueza; aquello por lo que se ha movido, se mueve y se moverá este maravilloso e incomprensible planeta que forma parte de la Vía Láctea, que es una galaxia espiralada que contiene al sistema solar, donde la Tierra ni siquiera ocupa el centro de la misma, sino un brazo menor llamado Orión.

    Malecón de La Habana; Raquelita y Luisito (así se llaman entre ellos), son hermanos y están atareados en desenmarañar un nudo gordiano en el hilo de nylon marrón, enrrollado a una lata de Tropicola (versión revolucionaria de la norteamericana Cola), con la que intentan pescar. La línea tiene anzuelo, tiene plomada pero no tiene pescado. Ellos tampoco tienen comida suficiente. Nos abordan sonrientes, se los ve muy alegres y maduros. Hablan como si tuvieran una edad mayor a la que aparentan. Al rato, casi cuando nos estamos yendo, viene el pedido de un dolar.

    Habana Vieja, me siento a la mesa de un bar en la galería, pido un mojito. “Regálame esos tenis “(por mis zapatillas), me dice un muchacho de alrededor de 20 años. “Amigo, los tenis”, insiste ante mi indeferencia. “Monedita”, me pide un mendigo. Se acerca un hombre empujando a otro en silla de ruedas. Me extiende una caricatiura (supuestamente de mí), está firmada “René”. El que empuja la silla insiste imperativo: “Monedita, para René”.

    Es marzo, es 1980, es cualquier lugar en la India: los mendigos, lisiados, ciegos, amputados son legión. Las manos extendidas ante un occidental son lo primero que uno ve al salir del hotel, de un restaurante, al bajar de un taxi, de un tren o tan sólo al caminar. El primer día doy moneditas a casi todos -son de una denodada insistencia. A la noche, me doy cuenta que he dado en limosna, un importe equivalente a lo que cuesta un dia en donde me hospedo. Me digo: detesto la pobreza el asistencialismo, la menesterosidad y ahí se acabó; aunque seis meses en India hace 45 años no han borrado de mi memoria, ni de las calles de Madurai, Bangalore o Delhi el persistente “Rupee!, Rupee!, Rupee Baba!

    New York City, Lexington Ave., nieva, es enero es 1999; acabo de salir de tienda elegante con bolsa cde compras. Un rubio, alto, blanco, joven Wasp, en ojotas, sin medias, agita un vaso de aluminio con las moneditas dentro bailando ruidosamente y acompaña con Change!, Change!, Change!

    Leo en “La Hoguera de las Vanidades” de Tom Wolfe: “Soy tan sólo una pequeña niña de Carolina del Sur, pero mi marido tiene 100 millones de dólares y un departamento en la Quinta Avenida”

    ……………

    ……………

    “Dijo que lo llamaste y le vendiste 3 millones de bonos a 102. También dijo que le dijiste que los compremos rápidamente porque estaban subiendo. Esta mañana estaban a 100”.

    Moneditas.

    Desde el primer día que la leí, la leyenda me sonó a imperativa obediencia IN GOD WE TRUST, aunque me pareció una mejor ficción que el sonsonete “es más facil que pase un camello por el ojo de una aguja, que entre un rico en el reino de los cielos”. Nací en la cultura del camello; Tom Wolfe debe haber leído la ficción del dolar apenas guardó su primer billete en la alcancía de su niñez.

    Camino hasta el subte; tren número 3 hacia Brooklyn. Bajo en Clark Station, camino por Pierpont hasta Brooklyn High Promenade. En frente Manhattan, me siento a contemplar la ciudad, desde la quietud de este barrio que contrasta con el hormigueo nervioso de allá abajo. Abro el libro de cuentos de James Salter; leo “American Express”: “Tal como había dicho, la ciudad estaba dividida entre los que iban hacia arriba y los que iban hacia abajo, entre los que abarrotaban los restaurantes y los que andan por la calle, entre los que esperaban y los que no necesitaban hacerlo, entre los que tenían tres candados en la puerta y los que subían en ascensor desde el vestíbulo con espejos de plata y revestimiento de nogal”

    Pienso en Heráclito:”El camino hacia arriba y hacia abajo, es uno y el mismo”.

    Por todas partes moneditas, rupees, dolar.

    En todo sistema, en todas las épocas históricas el mismo espanto, por ese espanto aún hay dioses o tal vez porque la galaxia más próxima a nosotros es Andrómeda que en noche cerrada se puede ver sin necesidad de telescopio. Llegar al centro de Andrómeda nos llevaría 2.500 millones de años luz.

  • REFLEXIONES SOBRE EL BLOG

    Comencé a escribir en este blog hace hoy un mes, y me siento como un naufrago colocando mensajes dentro de una botella y arrojándolos al mar. ¿Qué envía un naufrago? SOS, estoy aquí en una isla, vengan a rescatarme, esto del blog se le parece bastante; escribo artículos con intención de que me lean, quiero ser leído ¿quiero que alguien me salve? ¿estoy pidiendo socorro? Al blog no lo leen ni mis amigos.

    Conclusión: 1. Escribo notas poco interesantes. 2. La gente está en la suya. Si la situación es la indicada con el 1, debo mejorar, trabajar más. De ser 2. pues ante esto no puedo hacer nada, cada cual tiene sus ocupaciones, deseos, problemas, afectos que atender. Bien, entonces, hoy que acabo de terminar de leer la novela de David Markson (1927-2010) “La Amante de Wittgenstein”, de quien he leído, subrayado, anotado y releído “La Soledad del Lector”, “Esto no es una Novela” y “La Última Novela” que me encantaron y si se me permite (y soy consciente que un consejo no pedido es una invasión) recomiendo (como total nadie lee lo que escribo, no siento que estoy invadiendo a nadie). Bien, intentaré mejorar la escritura, el artículo de hoy se titula “Carta de un Gorila Apasionado a una/o Zurdita/o Hipócrita”. Es obvio que el Gorila Apasionado soy yo. Nunca fui peronista. Cuando Perón fue expulsado del poder, yo tenía 7 años, en junio de ese año mis padres habían comprado un televisor Sylvania importado de Estados Unidos, que fue toda una novedad en el barrio de La Lucila y todos los chicos amigos venían a casa a ver “Cisco Kid” seguido de “La Patrulla del Camino”. El noticiero de la noche (19 horas, me parece recordar) mostraba una caja fuerte violentada y una mano sacando 30 centavos del interior, una voz con cierto patetismo decía “Así han quedado las arcas del Estado, debido al saqueo del hoy tirano prófugo”. Eso fue en septiembre de 1955. Fui a mi cuarto, abrí mi alcancía que tenía tres billetes colorados de 10 pesos con la cara de San Martín, varios color violeta de 1 peso, creo que con la imagen de la justicia y muchas monedas de 50, 10 y 5 centavos. No podía creer que yo fuera más rico que la Argentina. Algo no me parecía correcto en esa ecuación.

    Mi madre, mi padre, mis abuelos y tíos (salvo dos) eran no peronistas y una tía ultra católica Gorila con mayúscula. Frente a casa vivían los Marini, el padre era el “delator de manzana”, dos padres de amigos habían perdido sus puestos en el Banco Nación uno y otro en la Marina Mercante. El día que cayó Perón, algunos vecinos se juntaron en la vereda de los Marini a cantar el himno portando una bandera argentina. Mi madre volvió a contarnos que cuando Evita murió, los empleados públicos fueron obligados a vestir de luto, y ella que era profesora de Filosofía en un colegio del Estado, entró en el aula vestida de colorado y una rosa amarilla en la solapa; los estudiantes la aplaudieron de pie y el rector le llamó la atención, pero nada grave pasó. Mi padre trabajaba en el Banco de Londres y solía nombrar a Perón como “John Sunday Big Pear”. Cuando juró Lonardi yo pregunté si ahora iba a haber “lonardistas”, mi tía ultra católica, se emocionó y aseveró que el nuevo Presidente era muy católico y se persignó. Al poco tiempo cuando asumió Aramburu, la misma tía dijo algo que tenía que ver con las logias; por mi cabecita de siete años y “Cisco Kid” pasó la Logia Lautaro de San Martín. Toda mi niñez, adolescencia, juventud, edad adulta tuvo y tiene todavía como telón de fondo al peronismo: Perón en el balcón de la Casa Rosada, Perón en la cañonera paraguaya, Perón y Stroessner, Perón en el exilioi Perón e Isabelita, Perón en la España de Franco, Perón y el Brujo recibiendo en Puerta de Hierro, si vuelve o no vuelve, Montoneros, lucha armada, Vandor, los militares, la CGT, los curas villeros, si vuelve o no le da el cuero, revolución, la matanza de Ezeiza y llegamos a los 70 y con la muerte de Perón y el gobierno de López Rega e Isabelita, ya había yo pasado de “no peronista” a “anti peronista”. Me gradué en Filosofía en la UBA una semana antes del golpe militar del 76 (cuento eso en este Blog, que nadie lee en el artículo subido el 6 de octubre con el título de Sapere Aude) Lo demás es conocido: Extremismo de derecha y de izquierda, y en el medio la mayoría, cada cual atendiendo su juego como en el Don Pirulero: trabajando, estudiando, amando, casándose, teniendo hijos, educándolos, leyendo, escribiendo, viajando; estas tres últimas actividades han sido y son mi vida y me definen como un liberal estudioso, muy lector y viajador (no me extenderé, lo cuento en todos los artículos de este blog, que como nadie lee sintetizo: de Alaska a Antártida recorrí todo el continente menos Venezuela, viví dos años en Londres, dos en el sur de Francia, recorrí India y Nepal durante seis meses, viajé por Asia y Europa, sólo estuve en Marruecos y República Sudafricana y no conozco Oceanía. Enseñe Filosofía y paralelamente durante 31 años (1989-2020) fui guía de turismo. Festejé el retorno a la racionalidad democrática con Alfonsín, me entusiasmé con Menem, sólo por un rato, me decepcioné con de la Rua, me pareció vergonzoso la manera en que el peronismo se hizo del poder con Duhalde y luego con los Kirchner (zurditos hipócritas) me transformé en Gorila, me volví a entusiasmar con Macri y a desilusionar, con Fernández inútil, corrupto, genocida de 120000 argentinos muertos por covid, golpeador de su mujer y eterno adjunto penalista y su vice (zurdita hipócrita, genocida de 120000 argentinos muertos por covid y ejemplo de GRASA IRREDENTA NAC & POP) ya me convertí en Gorila Apasionado, cosa que hoy estimo está mal porque me ha llevado a un extremo que no me place, pero me superó la eterna calesita argentina del Bartlebyano “I would prefer not to” (preferiría no hacerlo). Vengo votando las cuatro últimas elecciones por La Libertad Avanza y mi iracundia se parecía a veces a la de Milei. Esto ha sido la síntesis, viene ahora la Carta Abierta:

    Zurdita/o Hipócrita y Grasa Irredenta/o,

    Defino, no tengo nada en contra de los ciudadanos de izquierda, gente que respeto y algunos a los que quiero mucho, son de izquierda y hablamos y discutimos civilizadamente; en cambio zurdita/o es indicativo de desprecio. Hipócrita, es obvio (la palabra viene del griego: actor, farsante, intérprete) el que simula ser, el que detrás de la máscara es otra cosa, el que esconde, también despreciable. Grasa Irredento, es indicativo de repulsa total y si estuviéramos en la Grecia Clásica, pasivo a ser desterrado de la polis.

    Todo es opinable en la vida, creo que el liberalismo capitalista ha permitido que todos los que no tuviéramos titulos nobiliarios, (nuestros antepasados del XVIII y XIX)nos convirtiéramos en burgueses que gracias a la educación laica y gratuita o paga, a las constituciones que garantizaron el ejercicio de las profesiones liberales, la industria y el comercio lícitos, la libre expresión y publicación del pensamiento sin censura previa, el libre culto de las religiones, el libre acceso a un pasaporte que permitiera viajar y un largo etcétera de derechos, garantías y obligacioines, Revolución Norteamericana, Revolución Francesa, paulatina descolonización, Revolución Industrial e ingresáramos en un circuito virtuoso generador de riqueza, cultura, bienestar, refinamiento que permitió que surgieran los derechos sociales y la conciencia que cada vez más ciudadanos tengan una vida mejor y digna de ser vivida. A partir de 1930, y por un complejo panorama internacional que estalló en Europa como Segunda Guerra Mundial, entramos en un circuito de golpes de estado, autoritarismo, doctrina social de la iglesia, alianza militarismo, dogmatismo, verticalismo que en nuestro país se llamó y llama Movimiento Peronista y que siempre defino como “la iglesia católica sin sotana”, amante de la Comunidad Organizada y los gremios Combatiendo al Capital; tan intenso y constante ha sido el combate que ya llegamos a 26 millones de poibres, con todo lo que ello implica. A partir de la década del 70 un número grande de adolescentes universitarios, muchos de ellos educados en colegios católicos, lectores de “Cristianismo y Revolución” fundadab y dirigida por el ex seminarista García Elorrio, admiradores del Che Guevara y la Revolución Cubana, adoctrinados por el padre Mujica y curas villeros, no hicieron el Wooidstock orgiástico de amor libre, yerba y rock and roll y se embarcaron en la orgía de sangre de la guerrilla; algunos en la práctica y fueron muertos en combate o encarcelados sin juicio y torturados o arrojados al mar desde aviones militares; los demás, los que no se embarcaron más que en el hueco cacareo revolucionario, progresaron económicamente asistiendo a la universidad pública, se hicieron propietarios, usaron del Estado para enriquecerse, vociferando ser los dueños de los derechos humanos, se instalaron en Recoleta, veranearon en Punta del Este, edificaron en Jose Ignacio o compraron en Miami donde guardan su dinero Combatiendo al Capital. A esos los llamo Zurditas/os y si les gusta /es, hipócritas y si son funcionarios públicos GRASAS IRREDENTOS.

    Mi presente está a la espera de que estos 95 años que van desde el 6 de septiembre de 1930 con el General Uriburu y su edecán el Capitán Juan Perón entrando en la Casa Rosada y los 80 años de peronismo en todas sus variantes, pero en particular el nefasto zurdaje hipócrita grasa kirchnerista queden fuera de toda posibilidad de retorno.

    Es mi deseo que al menos me puteen.

  • BIOGRAFÍAS

    Roland Barthes, expuso la superioridad del lector, sobre la del autor. Es en uno , en tanto lector, que la obra alcanza su posibilidad de interpretación, de crítica, de motivador, de nuevos pensamientos, de reescrituras. Leí por primera vez el ensayo, cuando era estudiante y leí también el artículo de Michel Foucault “¿Qué es un autor?” Pasaron los años, los textos, los viajes, y ahora, septiembre de 2019 acabo de leer una interpretación de aquel artículo de Barthes de 1968 escrita por Michel Onfray que me inquietó. Me dejó pensando en ¿por qué en el fondo hacemos lo que hacemos? ¿es acaso por lo que decimos que lo hacemos, o ello es tan sólo lo visible del iceberg? Onfray afirma que a Barthes no le gustaba el género biográfico y “tenía razón para rechazarlo; es la clave de todas las teorías”; Onfray sostiene que Barthes instaura la idea de la muerte del autor por su imposibilidad de escribir una novela proustiana y que en consecuencia dedicó su vida a desmenuzar las obras de otros; “tenía sus buenas razones para pensar que el lector de una novela (que él era) resultaba ser superior al autor de una novela (que él no lograba ser)”. Me inquietó por varias razones, como por ejemplo ¿son mis bitácoras, la compensación por la frustración de no ser el escritor que deso ser?, ¿Son mis viajes, la representación de la libertad suprema como suelo decir, o una metáfora de la existencia, o hay algo oscuro en ellos?, ¿está ahí la clave de que todo político y cuanto más aferrado está al poder y al dinero, más se expresa en favor de los pobres del tren, de los pastores de Imlil?, ¿está ahií encerrada la respuesta a qué estoy haciendo aquí?

  • DE MURALLAS, NO SÓLO LA CHINA

    Es Beijin, es 2008, es el Raffles Hotel, es un mes antes de las Olimpíadas. Innumerables topadoras y camiones, deambulan derribando viejos caseríos: los Hutongs; son los barrios de calles angostas, pequeñas casas de adobe y techos de chapas, son el pasado, son lo que hay que ocultar.

    En el año 221 AC, Shih Huang Ti; primero que se proclamó Emperador; hizo cerrar el Imperio. Había comenzado la construcción de la Gran Muralla para defensa de los ataques de los nómades mongoles, había que cerrar, pero hizo también quemar todos los libros anteriores a él.

    En 1950, Borges escribe “La Muralla y los Libros”, que luego se publicará en “Otras Inquisiciones” (1952). Ahí, Borges nos da noticias de infinitas historias, una de ellas es que al hacer quemar los libros anteriores a él, China ya tenía 3000 años de cronología; tenía al Emperador Amarillo que murió en 2597 AC, tenía a Lao Tsé filósofo 600 AC, a Confucio, filósofo, 500 AC y a Chuang Tsé, filósofo , siglo IV AC. Borges también nos dice que Shih Huang Ti había desterrado a su madre por libertina y que tal vez quiso abolir todo el pasado para abolir un solo recuerdo: la infamia de su madre.

    En 1919, Franz Kafka, también se aboca a la Gran Muralla China, y al iugual que Borges, dice muchas cosas; me interesan: a) el orgullo de los albañiles y obreros en participar en la construcción, -era una manera de pertenecer a un proyecto-, b) la comparación que hace Kafka, entre la construcción de la muralla y los juegos con otros niños en el jardín de un maestro. Tenían que construir un pequeño mundo con piedras. El maestro venía, inspeccionaba y destruía todo, sin importarle nada y los reprendía severamente al punto que los niños salían corriendo y llorando buscando a sus padres. Concluye Kafka “un incidente trivial, pero indicativo del espíritu de ese tiempo”.

    En 1966 Marco Denevi (1922-1998) publica “Falsificaciones” y en “El nombre del Emperador”, nos cuenta que Shih Huang Ti, que hizo todo lo que Borges nos dijo que hizo, un día, muy a pesar de sí, como todos, se murió en su palacio de A-Fang, pero como su pueblo estaba abocado a la construcción de la muralla, nadie se enteró, salvo el Primer Ministro, Li Ssu, tan ambicioso de poder, gloria y dinero, como el más insignificante político del más pobre municipio del más irrelevante país; ocultó por tanto el cadaver hasta que empezó a oler feo. Mató a un eunuco y lo exhibió como causante del al olor y firmó decretos y órdenes en nombre del Emperador muerto. Siguió matando eunucos y luego funcionarios y dignatarios, Cuando llegó a la víctima 6666, Li Ssu emitió un decreto por el cual se autoproclamaba heredero del Emperador y anunció oficialmente la muerte de su antecesor, pero al tener que mostrar al muerto, éste no era más que un puñado de huesos que se deshizo apenas fue tocado. Los señores del reino matan a Li Ssu y nombran a LiPang, quien funda la dinastía Han.

    Pienso en el libro de Daniel Schwatz, “The Great Wall” (1987-88) quien durante ocho meses camina parte de los 21.196 kilómetros que tiene la muralla. En el prefacio a su libro pleno de bellas fotografías Schwatz dice: “No hay tal cosa como la Gran Muralla, son varias construídas a lo largo de 2000 años por varias dinastías”. Agrega que el muro es esencial a la cultura China y separa “nosotros” de “ellos” y marca quien está “adentro” y quien “afuera”. Afirma que como elemento defensivo, las murallas no fueron efectivas, pero representaron un importante elemento de control social. Recurro a estos autores ya que sólo caminé 3 kilómetros por la muralla.

    En la muralla pienso en muchas cosas, pienso en la época que frente al Río de la Plata, el Uruguay parecía lejano, pienso en el muro de Berlín, pienso en el muro con que muchos países quieren blindar su territorio a la inmigración. Pienso en barrios cerrados, pienso en cuarentenas.

    Comemos en THE COURTYARD, elegante restaurante, frente a la Ciudad Prohibida: Foie Gras Creme Broulé

    Rib Eye (carne argentina)

    Catena zapata Malbec

    Pienso en la apertura comercial, en abrir la cabeza, en soltar las ideas.

    Volvemos caminando al Raffles, pasamos por un mercado callejero.

    Veo en la televisión a dos ancianos que se ataron al cabezal de su cama, son uno de los tantos que serán transportados por la fuerza a 1000 kilómetros de distancia, una vez que su Hutong sea derribado. Abuelos, padres, ellos, sus hijos y nietos vivieron entre esas paredes que tienen algo de barrio porteño alejado del centro, que es preciso erradicar. Las Olimpíadas son una ventana abierta al mundo, todo no se puede mostrar.

    Ciudad prohibida, ciudad sagrada, castillos, palacios,código,clave, QR, privacidad. Esas casitas de los Hutongs, las modestas casas de una planta de ciertos pasajes de Palermo, con sus ventanas pequeñas, cortinas en el interior y persianas y últimamente rejas. Parecía como que el infierno estaba afuera, y uno lo espiaba, desde ese pequeño ojo. La arquitectura de hoy, parece en cambio, como una gigantesca pantalla de TV (te veo, me ves, nos vemos), es una invitación a mirar, es también estar exhibido en una vitrina. No hay diferncia entre interior y exterior. ¿Es todo un infierno? Pienso en Lacan, pienso en su concepto de “Extimidad”; una suerte de intimidad y exterioridad; que se utilizó para localizar al inconsciente de Freud, que no está en un espacio anatómico (como el cerebro o el corazón), sino en el “exterior”,ajeno al sujeto pero constituyente del mismo, digamos como nuestro lenguaje.

    Vuelvo a Kafka y a su brutal maestro, que pateaba su muralla de piedritas. Comparo ese autoritario mundo en el que Franz vivía con el tweet que me envió Linda White, excelente profesora de español de una escuela pública primaria en las afueras de Lincoln, Inglaterra. Uno de sus estudiantes de 12 años al final de la traducción que les dio para trabajar, le escribió: Martín F. I will like to show you my grande pene.

    Vuelvo a The Wall, pero no la de China, ni a la ópera rock de Pink Floyd, sino al 11 de Wall Street, en Manhattan donde desde 1792 funciona NYSE (New York Stock Exchange), creado por un grupo de corredores de bolsa para poner cierto orden al movimiento de acciones que se comerciaban en las veredas de la calle de la Pared.

    Sesenta años más tarde, Hermann Melville (1819-1889) va a publicar “Bartleby, the scrivener: a story of Wall Street”. Siempre me pregunté por qué desde la segunda edición, (1856), eliminó el subtítulo.

    En varias bitácoras anoté mis caminatas por New York; leo en una de ellas: “Es hoy el último primer día del año del siglo XX; está helado. Camino por el Noho; entro en Great Jones Street, me detengo en el 57, la casa estudio de Jean Michel Basquiat (1960-1988), entre Broadway y el Bowery. Siento que las paredes extrañan los grafitis, que él firmaba SAMO (Same Old Shit).

    Basquiat, es un RAP de pintura. En su caso no es Rhythm And Poetry, ni Revolution, Attitude,Poetry, ni siquiera Respect And Poetry,; en él la sigla es RAGE, ATTACK, PAINTING.

    Llego a Wall Street; se mezclan en mí el Just Do It, con el I Would Prefer not To, el No Limits, con el I Would Prefer not To, el Impossible is Nothing, con la reiterada negativa de Bartleby. Estoy frente al edificio que es el mayor Mercado de Valores del mundo, desde el final de la Primera Guerra Mundial, cuando desplaza a Londres. El NASDAQ (National Association of Securities Dealers Automated Quotation), es el segundo Mercado, también aquí en New York, en Times Square. Fue creado por el Congreso en 1971 con el objeto de regular la seguridad de los mercados; pero el MERCADO dijo I WOULD PREFER NOT TO (BE REGULATED) y a partir del 2000 se convirtió en institución con fines de lucro y al igual que Martin F. nos shows su grande pene.