Prefiero el lago o el río al mar. La mayoría de la gente no comparte mi opinión, muchos otros sí, pero la mayoría; dicen; es la mitad más uno. Esa inmensidad, casi infinita que esconde tantos misterios bajo la superficie siempre inquieta. Por un lado me provoca cierto respeto, cercano al temor, que se transforma en algo que no llega a ser terror, pero siempre es amenaza, o un engaño; que 2/3 partes de la tierra sea agua y el planeta se llame tierra, ya se aleja de la verdad. También debo decir, para aquellos a los que les gusta inquirir en las razones personales de los que escribimos, que cuando yo tenía cinco años, a mi madre que era marplatense y gran nadadora, casi se la lleva el mar y no se ahogó porque con templanza se quedó flotando cuatro horas más allá de la rompiente impetuosa. En la India un enorme pez nos dio vuelta el frágil bote en el que pescábamos en noche sin luna y todo el tiempo que estuvimos en el agua los cuatro pensábamos que fuere quien fuere, volvería a atacarnos. En las Islas Galápagos, en Kicker Rock, haciendo snorkel, un Gran Tiburón Martillo se empezó a mover desde el fondo del mar y ascendió en mi dirección. Regresé de Europa después de cuatro años en barco desde Génova, quería habituarme a lo que encontraría. Todas las noches antes y después del baile salía solo a popa y me quedaba mirando la estela del barco, que era como un tajo en la oscuridad del Atlántico que para mí era como querer mirar adentro. Más allá de mis cuitas, el mar está habitado por seres que me resultan extraños: digamos, estoy acostumbrado a perros, gatos, caballos, vacas, ovejas, los animales del zoológico, los pájaros y habiendo viajado por el Amazonas, Alaska, India, Mongolia, Patagonia he visto serpientes (pitones, yararás, anacondas), osos, elefantes, tigres, camellos, variedad de monos, lagartos overos, cocodrilos, renos, cucarachas, ratas, arañas, gekos, murciélagos, mariposas, insectos raros, pero los habitantes del mundo marino me gustan calentitos en un plato, mirando el mar en un bar de la playa, tomando un Pinot gris chileno o un espumante francés.
Me he informado de algunas cosas; sé por ejemplo que las orcas (conocidas aquí como ballenas asesinas) son enormes individuos que forman familias y que se mueven en manada, sé que no tienen depredadores naturales y son conocidas por su astucia colectiva y además por algo que podríamos llamar diversidad cultural, por ejemplo las orcas de Noruega se alimentan de arenques, pero las de Nueva Zelanda de rayas y las de la costa patagónica de leones marinos, ¿o serán las mismas que viajan? y que al igual que yo que como empanadas y bifes de chorizo en San Isidro, langostas en Ecuador, Civet de Canard en París y lamb en Londres.
Casi en las antípodas de las orcas está el Gran Tiburón Blanco, que es la perfección solitaria. Su astucia radica en cientos de ampollas de Lorenzini, que son electro receptores que les permiten percibir hasta el latido del corazón de su presa con exactitud y luego es apuntar y como si fuera una lanza o jabalina salta sobre la misma y en un instante la destroza con sus tres hileras de filosos dientes en forma de triángulos, y que sin necesidad de odontología cambia sus dientes, se sabe que en su vida puede llegar a cambiar 20.000 dientes. Es una bestia de gran tamaño, puede pesar entre 700 y 3000 kilos y medir entre 5 y 7 metros. Me gusta esto de cazador de perfección solitaria. También está el Gran Tiburón Martillo que a mi me asustó. Por otro lado está el Tiburón Ballena que es el pez más grande del planeta, que mide 12 metros y puede llegar a pesar entre 15.000 y 34.000 kilos, imponente verlo en cine, pero en el mar ha de ser aterrador, aunque está desarmado, carece de dientes o colmillos, no tiene veneno alguno, tan sólo abre su enorme boca y succiona; es una aspiradora que traga su alimento. Para que ustedes puedan comparar: la suma de los 72 senadores nacionales más los 257 diputados nacionales, da un total de 329 sujetos, digamos que cada uno pese 80 kilos hace un total de 26.320 kilos de succionadores insaciables de dinero público, autos con chofer, asesores, café, té, agua mineral, papel higiénico, billetes de avión y las malas lenguas dicen que hasta cocaína, pero esto yo no lo creo, ya que Candela Arizaga explicó que la droga era de ella y no del Doctor Facundo Moyano que sólo es adicto al Cachamai y al estudio de las leyes. Está también el Pulpo; un invertebrado que posee 500 millones de neuronas, 1/3 de las mismas situadas en los brazos (un ser humano tiene alrededor de 86.000 millones). EL Pulpo tiene 3 corazones, 2 de ellos branquiales que mueven la sangre a las branquias y 1 sistémico que bombea sangre al resto del cuerpo. La hembra es una madraza que puede llegar a estar incubando a sus crías hasta cuatro años y cuando estos están listos para soltarse, la madre muere extenuada. Debo decir además que los pulpos tienen sangre azul; no los reyes; ya que su sangre utiliuza hemocianina en base a cobre que le da azul y no el rojo de la hemoglobina en base a hierro. El Hipocampo o caballito de mar, del que existen 46 variedades y son los machos los que después del apareamiento quedan preñados. Recibe los huevos de la hembra, se le hincha el abdomen y luego va largándolos por la panza de a cientos. Lo mismo sucede al macho del pez llamado Dragón de Mar Foliado.
Medusas, suerte de odaliscas, plenas de velos y misteriosas y bellas contorsiones. Carecen de cerebro, no tiene ojos, no necesitan pensar, hay muchas variedades, la que se acerca a la eternidad (¿a la divinidad?), la Turritopsis Dohrnii no muere sino que se transforma, es decir revierte su ciclo de vida cuando ya vieja y cansada se transforma en pólipo larval y vuelve a crecer, es lo que se llama la Transdiferenciación: envejecer y regresar a la juventud, en teoría se podría repetir sin fin, sin cerebro, sin corazón (en esto se parece a los diputados), la vencedora de la muerte.
¿Será acaso por todo esto que no me gusta el mar; años de lecturas filosóficas, varias vueltas al mundo de la superficie y ahí en el fondo del mar me encuentro con la inmortalidad y donde los machos quedan preñados? Miren ustedes mi ignorancia.

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